Una historia de sentais lleno de trasfondo social.
«¿Tu padre no fue sentai de joven?»
Aunque los occidentales siempre asociemos los superhéroes japones, conocido allí como Super Sentais, a la sonrojante serie de los noventa de los Power Rangers y sus bizarrisimas aventuras repletas de cartón-piedra que fueron increíblemente populares y marcaron a cientos de niños. Pero lo cierto es que no era el mejor ejemplo de lo que podía dar un subgénero del Tokusatsu que lleva existiendo en Japón muchas más décadas. Entre las obras más destacadas nos encontramos con la notable serie Kamen Rider del gran ISHINOMORI Shōtarō. Unas aventuras que, a pesar de tener los defectos propios de su concepción hace más de cincuenta años, hacen mucha más justicia a un género repleto de posibilidades a nada que los autores quieran atreverse a crear un producto que ofrezca algo más que fan-service para los nostálgicos. Justo esa visión diferente es lo que nos ofrecen en Shin Zero los franceses Guillaume Singelin (Rennes, 1987) y Mathieu Bablet (Grenoble, 1987), dos de los autores franceses que más están brillando en los últimos años gracias a obras como The Grocery (Nuevo Nueve), Loba Loca (Nuevo Nueve), PTSD (Grafito) o Frontier (Grafito) en el caso del primero y La Bella Muerte (Dibbuks), Shangri-La (Tengu) o Silent Jenny (Nuevo Nueve) en el del segundo. Han unido fuerzas encargándose

Bablet y Singelin nos trasladan a un mundo muy parecido al nuestro dónde en el pasado monstruos descomunales procedentes del mar (Kaijus) aterrorizaban a la población de Japón. Lo que provocó que el gobierno experimentara con voluntarios para poder combatirlos cambiando su ADN para hacerse tan grandes como ellos. El éxito posibilitó que la amenaza desapareciera hace varias décadas y esos héroes ya no sean necesarios. Pero en la actualidad, hay apps que han conseguido mercantilizar la nostalgia por esos tiempos cientos de jóvenes estudiantes aceptan trabajos como sentai para obtener unos ingresos. Pero en lugar de luchar de obtener poderes y luchar contras monstruos salvado la ciudad tiene encargos más mundanos como hacer de vigilantes de tiendas o guardaespaldas. Unas misiones con cierto peligro por las que son calificados con diferente puntuación en la aplicación en función de su desempeño. Entre esos sentai nos encontramos con cinco jóvenes muy diferentes que comparten piso y que son los protagonistas de la serie: Warren, Héloïse, Nikki, Satoshi y Sofia.
Aunque Singelin y Bablet por separado nos habían ofrecido excelentes resultados, una serie con un referente como los Power Rangers podía generarnos alguna suspicacia ante la posibilidad de encontrarnos ante un argumento maniqueo lleno de peleas, pero con menos profundidad que un charco. Por suerte, los autores han sabido crear unos personajes tridimensionales y con personalidades complejas que hacen que sus interactuaciones respiren una realidad que dota al conjunto de una capa de crítica social y un reflejo de los problemas habituales de la juventud que hacen que su lectura se convierta en apasionante. A lo largo de las páginas del cómic vemos como tienen que lidiar con problemas actuales como la precariedad laboral por la uberización de muchos empleos, la falta de oportunidades para los más jóvenes, la incomunicación y los problemas para acceder a una vivienda, un futuro incierto que les pesa como una losa y que es universal. Al igual que sucede con los problemas más personales como los amores no correspondidos o los problemas con los padres. Aunque en este primer tomo no tiene mucha importancia, también vemos cómo va sobrevolando un subargumento que pinta a que puede hacer que la serie evolucione hacia una trama más aventurero y de acción como se puede ver en el final del tomo. Una posible evolución que esperamos conocer con muchas ganas.
Otro de los puntos fuertes de la obra es el mundo que construye en el que Singelin puede dar lo mejor de sí mismo gracias un dibujo muy detallado y unos diseños muy acertados con mucha influencia del manga. Una influencia que es extensible a la fluida narrativa y la espectacular composición de página que saben integrar lo mejor de manga con lo mejor del cómic occidental creando un apartado gráfico imponente y lleno de personalidad propia como ya es marca de fábrica del autor. Además, hay que añadir a la mezcla unos personajes llenos de expresividad y dinámicos y un uso del color interesantísimo que solo aparece en los trajes de sentais de los personajes (verde, azul, rosa, rojo y amarillo) hace que esa parte de su vida llena de emociones contraste poderosamente con el blanco y negro de la vida real.

Mathieu Bablet y Guillaume Singelin han firmado con Shin Zero una primera entrega de una trilogía que es mucho más que un homenaje al subgénero Super Sentais construyendo una trama que nos mete de lleno en la vida diaria de cinco jóvenes que se enfrentar a problemas reales. Todo ello con un espectacular dibujo y diseño de un mundo muy verosímil.
Lo mejor
• El contenido social de la obra.
• Lo bien construido que está cada personaje y la forma en la que interactúan entre ellos.
• El dibujo de Singelin.
Lo peor
• El año que va a pasar entre entrega y entrega.













Un añazo?! Jolín, con lo que me ha gustado… Gracias por la reseña, Diego! Destacaría además lo grises que son algunos de los protagonistas. La tridimensionalidad ya lo suele implicar, pero aquí es en algunos casos turbador y absorbente.
Totalmente, alguno no está creado para que empatizar con él.