The Grocery. Una sociedad en acoso y derribo
¡Nadie es inocente! ¡¡¡Lo llevamos en los genes!!!
El hombre nace así y luego se inventa grandes principios para disculparse, pero todo el mundo es culpable.
Hace unos años dijimos que lo que perpetraban los componentes del sello Label 619, con RUN a la cabeza, iba a marcar una parte importante del futuro del cómic franco belga. Y así ha sido. Primero bajo el paraguas de la editorial como Ankama y últimamente más relacionados con el sello Rue de Sèvres.
Afortunadamente para los lectores en castellano no fuimos los únicos en verlo; especialmente la editorial Nuevo Nueve, pero también otros sellos avispados están publicando en España las principales obras de este colectivo; tanto las que son más de género como LowReader y Midnight Tales o también las iniciativas de autor como pueden ser Hoka Hey! de Neyef, Frontier del mismo Singelin y Silent Jenny de Bablet.
The Grocery de Aurélien Ducoudray y Guillaume Singelin es un ejemplo muy significativo de la evolución de este colectivo que partía de unas posiciones algo marginales (grindhouse, exploitation, serie Z…) para, con el paso del tiempo, ir asumiendo un cierto grado de convencionalismo.
The Grocery narra las experiencias y las vicisitudes de un extenso grupo de seres que se mueve por un barrio marginal al oeste de Baltimore, más concretamente en los alrededores de la esquina del colmado que da nombre a la serie. Nos encontramos en la primera década del siglo XXI, la tensión social, las desigualdades económicas y la violencia urbana son casi insoportables. La droga vertebra las relaciones de casi todos los componentes de esta comunidad, por lo que los traficantes y sus satélites dominan las calles. La policía es ineficaz, los empresas de seguridad privada solo buscan su beneficio a cualquier precio y los medios de comunicación están supeditados al espectáculo sin rozar siquiera la realidad. En este entorno se cruzan las vidas de Elliot Friedman y su padre Milton – el nuevo tendero del barrio – también la del cabecilla mafioso Ellis One y su banda de sicópatas asesinos, de Sixteen y los pequeños traficantes de la esquina, de Marnie Adams con la comunidad de Reclaim Our Homes, de Washington, de Vicki, de la agente Fisher, los Black Clouds, la Mara, la Fraternidad Aria… El relato incide de una manera cruda y muy violenta en la imposible convivencia entre estos personajes, entre las bandas, las grandes corporaciones y los grupos sociales, pero no se circunscribe solo en el barrio oeste también visitamos la zona residencial de Richmond, el centro con la sede del ayuntamiento, la cárcel de Baltimore Maryland incluso algunas zonas de Irak…
The Grocery, sin embargo, se centra básicamente en los personajes, se mueve a ras de asfalto y a pie de cornisa. Es una obra coral que mezcla el thriller y el melodrama con la crónica social y que nos conmueve con las azarosas existencias de sus protagonistas. Los mejores momentos de la saga son los que explican de manera dolorosa y cruel las desigualdades, las injusticias y las maldades de una sociedad en descomposición; cuando los crímenes son palpables y nos sorprenden, nos indignan, nos duelen.
Otro punto fuerte de la serie son los momentos en que se describen la vida del barrio, sus mecanismos internos y sus rutinas cotidianas. En cambio, toda la parte de denuncia social, de crítica al sistema ultra capitalista ha quedado – desgraciadamente – bastante obsoleta. La realidad de los últimos cinco años ha superado con creces las atrocidades descritas en las páginas por Ducoudray y Singelin. La obra se empezó a publicar a principios de la década pasada y quizás aquí nos ha llegado algo tarde. Las actividades ilícitas e inmorales de las corporaciones de seguridad privada, los escándalos políticos, morales y sobre todo económicos han quedado superados. Solo la iniciativa del senador Hadrians parece seguir el signo de los tiempos que corren; construir un muro de segregación entre los barrios ricos y los pobres es algo que el actual inquilino de la Casa Blanca patrocinaría de buen grado.
Como en la mayoría de obras del colectivo Label 619, el argumento lineal viene enriquecido por numerosas escenas adicionales, por hiatos narrativos a modo de cuadernos escolares, reportajes televisivos o folletos de publicidad que enriquecen la narración y aportan un colorido especial a la todo el conjunto.
En el apartado artístico, The Grocery presenta una característica fundamental; su artista, Guillaume Singelin, utiliza como personajes a unos seres antropomórficos que están a medio camino entre los muñecos articulados y los animales. Son criaturas de características completamente humanas, cuya morfología nos muestra sus principales rasgos sicológicos; sus virtudes y sus peores debilidades. La ingenuidad, la sicopatía, la crueldad, la obsesión o la estupidez se reflejan no solo en sus rostros sino también en la forma de sus cuerpos. A diferencia de lo que ocurre en Frontier, un relato de anticipación científica, Singelin describe un entorno sucio, utiliza unos trazos secos, nerviosos, algo desaliñados para delimitar una realidad en derribo, para mostrarnos un entorno y unos personajes en perpetua descomposición.
El autor de P.T.S.D. distribuye su página en una cuadrícula de tres tiras con dos o tres viñetas cada una. Es un esquema predominante e irregular que varía ocasionalmente función de la historia para incluir en sus planchas algunos cuadros más amplios en las escenas de acción o una sucesión de viñetas menores en las más cotidianas. Su descripción del entorno, de los vehículos, del mobiliario urbano, de las casas es modélica y las escenas de violencia están descritas de una manera espectacular y con tremenda crudeza.
El coloreado está a caballo entre lo funcional y lo descriptivo, aunque en algunas escenas le confiere un leve halo poético. Su gama incluye los azules, los ocres, los marrones y los verdes, sustancialmente dejando el amarillo, el naranja y el rojo para las escenas de violencia y explosiones o para algunos uniformes.
La realización técnica y material del álbum a cargo de Nuevo Nueve Editores es muy correcta. El tomo es en rústica con solapas, tiene un tamaño suficiente para su correcta lectura, cuenta con un buen papel y una buena impresión. Al final del volumen se incluyen las portadas de los cuatro números originales y algunas páginas con bocetos, ilustraciones e historias breves. El precio es elevado pero justificado por la cantidad y la calidad de material que acaba ofreciendo.
En el mercado franco belga, esta obra se dividió en cuatro tomos que se publicaron del 2011 al 2016. Un año más tarde salió el tomo integral y un número 00 con la precuela de la serie que no está incluida en este recopilatorio ni en el francés; un prólogo que cosechó críticas bastante desfavorables.
The Grocery es un proyecto monumental y de denuncia al que la realidad ha acabado por superar. Al tardar cerca de cinco años en realizarse y, sobre todo, unos diez años más en llegar a las librerías españolas, su análisis y reprobación de un sistema en descomposición ha quedado algo superado por los acontecimientos. En cambio las historias particulares que teje Aurélien Ducoudray, los dramas cotidianos y los crímenes comunes – pero dolorosamente salvajes – siguen conservando su vigecia argumental y su repercusión emocional. Y, ante todo, el descomunal trabajo de Guillaume Singelin nos sigue sorprendiendo, admirando y emocionando como el primer dia consolidando el estatus de The Grocery como una obra coyuntural, pero importante y colosal; algo superada por la realidad, pero inmensamente emocionante.
OTRAS RESEÑAS EN ZONA NEGATIVA DEL COLECTIVO LABEL 619
– Reseña de los primeros números de LowReader, de VV AA
– Reseña de Blood Moon, de Bones
– Reseña de Frontier, de Guillaume Singelin
– Reseña de Hoka Hey!, de Neyef
– Reseña de Mutafukaz, de RUN
– Reseña de Bastardos del Bayou, de Armand Brard y Neyef
– Reseña de Mutafukaz’ Puta Madre, de RUN y Neyef
– Reseña de Freaks’ Squeele. Masiko, de Florent Maudoux
– Reseña de South Central Stories, de Neyef
– Reseña de La bella muerte, de Mathieu Bablet
– Reseña de DoggyBags, de VV AA
– Reseña de Shangri-La, de Mathieu Bablet
Salut!… y ¡¡¡Felices Fiestas!!!
Lo mejor
• Unas historias particulares que emocionan e indignan.
• El universo creativo de Singelin.
• La ambición artística y social de los autores.
Lo peor
• Que la realidad ha superado la ficción de una manera irremediable, lamentable e insoportable.
Guion - 7
Dibujo - 8.5
Interés - 8.5
8
Colectiva
Una obra coral y monumental que describe una sociedad en descomposición con un brío narrativo y artístico descomunales























Ha sido una sorpresa maravillosa y brutal. Gracias Tristan