Mundo Independiente: Micronauts #1

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1974
 
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Edición original: Micronauts #1 USA (IDW Publishing).
Guión: Cullen Bunn.
Dibujo: David Baldeon.
Entintado: David Baldeon, Max Dunbar, Jack Lawrence y Fico Ossio.
Color: David Garcia Cruz, Joana La Fuente, Thomas Deer y John-Paul Bove.
Formato: Comic-book USA, 40 páginas.
Precio: 4,99 $.

 

Recapitulemos brevemente: Micronautas era una línea de juguetes de los años 70 con temática de ciencia ficción. Estaba compuesta por muñecos articulados con partes intercambiables fabricadas en diversos tipos de plásticos y metales, y por naves espaciales en las que estos encajaban como si fuesen sus pilotos. En la navidad de 1977 el guionista Bill Mantlo vio cómo a su hijo le regalaban uno de esos juguetes e inmediatamente quedó fascinado con ellos mientras su imaginación se disparaba. Contactó con las oficinas de Marvel, editorial para la que desarrolló el grueso de su trabajo, y les convenció para que adquiriesen la licencia de Micronautas y lanzasen una serie de cómics basada en ellos. Y así, en 1979 aparecía el primer número de su colección regular, escrita por el propio Mantlo y dibujada por un debutante pero ya asombroso Michael Golden.

Mantlo integró a los Micronautas en la continuidad del universo Marvel de lleno. Les dotó de un background (bastante inspirado en el de Star Wars, para ser honestos) y creó varios personajes que no aparecían en la línea de figuras de acción. La serie de cómics fue un relativo éxito, duró hasta 1986 en dos volúmenes, mientras que la línea de juguetes en cambio fue cancelada en 1980, y muchos lectores añejos la recordamos con muchísimo cariño. Y aquí es donde las cosas se empiezan a complicar, ya que igual que pasase con ROM (otro juguete llevado al cómic Marvel por Mantlo) aunque la editorial perdiese la licencia en su día, muchos de los conceptos y personajes de la serie fueron creados independientemente de las figuras de acción, y la Casa de las Ideas retiene sus derechos intelectuales. Eso por no hablar de las interrelaciones con el resto del universo Marvel, empezando por el hecho de que el mismísimo Microverso en el que se desarrollaban sus aventuras estaba ya establecido como parte del cosmos ficticio de la editorial desde que Stan Lee y Jack Kirby presentasen en Los Cuatro Fantásticos al villano Psycho-Man en 1967. O que una de sus mejores y más trascendentes historias fue una miniserie coprotagonizada por los X-Men.

Por tanto, a lo largo de los años se han hecho alusiones veladas a los Micronautas en los cómics Marvel (hacerlas directamente incurriría en violación de copyright) y algunos personajes básicos de la serie como Bug, la princesa Marionette o Arcturus Rann han podido aparecer en diversos títulos de la editorial ya que legalmente fueron creados por esta y son propiedad suya. Y claro, esta situación afecta exactamente a la inversa a los derechos de Micronautas: aunque quien los posea puede usar éste nombre, el concepto central y los personajes que aparecían en la línea de juguetes, no le está permitido referenciar aquello que fue creado por Marvel.

¿Consecuencias? Pues que cada vez que la licencia ha vuelto a ser lanzada para el cómic por otras editoriales (Image en 2002 y Devil’s Due en 2004), han tenido que reinventar desde la base todo el universo de Micronautas prescindiendo de muchos de sus elementos más atractivos y sin poder hacer referencia a aquellas notables historias publicadas por Marvel en los años setenta y ochenta. Les quedan, eso sí, algunos de los nombres con más fuerza de la licencia, como Acroyear, Microtron, Biotron, Space Glider y el Barón Karza. Y con esta nueva encarnación de la que venimos a hablarles hoy, sucede exactamente lo mismo.

El muy competente guionista Cullen Bunn nos presenta una serie de ciencia ficción en la que el cosmos en el que se desarrolla está amenazado por una ola de entropía que lo devora todo, un poco como la antimateria de Crisis en Tierras Infinitas o La Nada de La Historia Interminable. Planetas habitados enteros caen mientras en Micropolis —la capital de la civilización intergaláctica afectada— el Ministerio de Ciencia y el de Defensa (éste último dirigido por el malévolo Barón Karza) han iniciado una guerra civil abierta, como si las desgracias de la población no fuesen suficientes.

En ese escenario, Oziron Rael tiene un negocio de transportista espacial, ayudado por su fiel Acroyear, su primer oficial Microtron y su socia Phenolo Phi. Es muy sencillo trazar algunos paralelismos entre esta tripulación y varios personajes de Star Wars, inspiración que cómo decíamos ya estaba en la serie de cómics de finales de los años 70. Oz, como es comúnmente conocido el protagonista, es una especie de Han Solo, un hombre con principios éticos que a pesar de ello no resulta bisoño ni moralista al tener también un lado encantadoramente canalla. Acroyear vendría a ser su Chewbacca, y parece que en esta encarnación en lugar de ser miembro de la raza Spartakiana como en su equivalente de Marvel, es un androide. Microtron vendría a ser R2-D2, aunque aprovechando que el lector sí puede entender lo que dice al no hablar éste en pitidos, se le ha dotado con un punto sarcástico, muy como el Alfred que Frank Miller nos presentó en Batman: The Dark Knight Returns. Phenolo Phi, que viene a ocupar el lugar del Space Glider de los juguetes, quizás escape de este paralelismo con la franquicia de George Lucas. Y claro, el icónico Barón Karza salvando las distancias va ser el Darth Vader de la saga.

A Oz y sus compañeros les proponen un negocio arriesgado, dudosamente legal pero que a pesar de reportar beneficios económicos éticamente es intachable. Su contratador les asigna otro miembro más en la tripulación para supervisar el encargo, una mujer llamada Larissa. Pero claro, hay detalles en la misión de los que no han sido informados, y esta se torcerá abriendo la trama de lo que vendrá siendo la serie o como mínimo el primer arco argumental de la misma, dejando el final de este debut en un adictivo cliffhanger.

Lo cierto es que siendo objetivos hay poco que objetar al enfoque de Bunn para la cabecera. Le toca reinventar sin poder hacer referencia a gran parte de lo que muchos aficionados consideramos básico de aquella mítica serie, y con ese lastre, consigue realizar su función de manera bastante solvente. Pero, claro, no consigue aportarnos ese sentimiento de maravilla que buscábamos los entusiastas de la versión de Marvel. Para ser justos, no tenía manera de hacerlo, sus manos estaban atadas ya de entrada. Probablemente para nuevos aficionados que no tengan apego emocional con aquella primera encarnación estemos ante un producto totalmente correcto, pero este redactor confiesa que se ha visto incapaz (por mucho que lo ha intentado) de ser imparcial, y el resultado le resulta algo frío a pesar del ritmo trepidante genuinamente aventurero de la entrega. Es el problema de la nostalgia, claro.

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El apartado gráfico subraya esta sensación. David Baldeon realiza los rediseños actualizados del mundo y personajes, así como los bocetos de toda la entrega. Lo hace con un estilo algo cartoon que le distancia de la labor de Michael Golden y de nuevo tratando de ser justos no deberíamos poder ponerle pegas a este respetable enfoque. Pero en el tránsito se ha perdido un punto de la disfrutable oscuridad y truculencia que encontrábamos en los años ochenta. El hecho de que los acabados hayan sido realizados por varias y distintas manos le hace un flaco favor a este primer número. Cada pocas páginas el estilo parece cambiar un tanto a pesar de que la base sea obra de un mismo autor. No es que el resultado parte por parte sea malo, para nada, pero hay poca uniformidad visual global.

En fin, que como en realidad era lógico esperar, estamos ante unos nuevos Micronautas que aunque interesan no emocionan. Quizás en siguientes entregas, ya asumido esto del todo, como en realidad deberíamos haber hecho desde el principio, esta nueva versión nos enganche por sus propios valores. El talento está ahí, pero lamentablemente nuestros prejuicios han pesado demasiado y estos Micronautas a pesar de ser correctos no nos aportan nada especial de entrada. Yo, por si acaso, seguiré dando una oportunidad a la serie tratando de mantener la mente abierta y buscando que se nos suscite un nuevo interés que nada tenga que ver con aquella saga que tanto me emocionó de niño. Y esperando que al Barón Karza le reviertan a un diseño más similar al anterior, que aunque la portada lo respete, al que nos encontramos en el interior se le ha despojado de ese añejo aire de Mazinger Z mezclado con Anakin Skywalker, y el nuevo aspecto amalgama al Lord Sith con algo que parece un guerrero sacado de un videojuego. El signo de los tiempos, supongo.

Y por soñar, dada la aparentemente buena relación entre Marvel e IDW, seguiremos cruzando los dedos para que todo funcione, lleguen a un acuerdo, y se pueda reeditar por fin la serie original.

  Edición original: Micronauts #1 USA (IDW Publishing). Guión: Cullen Bunn. Dibujo: David Baldeon. Entintado: David Baldeon, Max Dunbar, Jack Lawrence y Fico Ossio. Color: David Garcia Cruz, Joana La Fuente, Thomas Deer y John-Paul Bove. Formato: Comic-book USA, 40 páginas. Precio: 4,99 $.   Recapitulemos brevemente: Micronautas era una…
Guión - 6
Dibujo - 6
Interés - 6

6

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