Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris

A la espera de un segundo volumen que ponga fin a la historia de Karen Reyes, echamos la vista atrás para analizar Lo que más me gusta son los monstruos, la multipremiada obra de Emil Ferris.

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Edición original: Fantagraphics.
Edición nacional/ España: Reservoir Books.
Guion: Emil Ferris.
Dibujo: Emil Ferris.
Rotulación: Emil Ferris.
Color: Emil Ferris.
Formato: Tapa blanda con solapas, 416 páginas.
Precio:.

“Esa será la diferencia… un monstruo bueno a veces asusta porque tiene un aspecto peculiar y colmillos… algo que no puede controlar… en cambio los monstruos malos quieren tener el control… que todo el mundo esté asustado para que puedan llevar la batuta.”

Una reseña nunca llega tarde, ni pronto. Llega exactamente cuando se lo propone. En el pasado mes de octubre, con motivo de la iniciativa #LeoAutorasOct, en Zona Negativa quisimos repasar las carreras de algunas de las autoras más relevantes en el mundo de las viñetas. A pesar de contar con solo una obra publicada, Emil Ferris debía estar, sí o sí, entre las elegidas. Sin embargo, por una serie de catastróficas desdichas, Lo que más me gusta son los monstruos no había tenido su espacio en esta Santa Casa. Debíamos enmendar ese error y de ahí, amigo lector, que estés leyendo estas líneas.

Aunque en la citada iniciativa abordamos la biografía de Emil Ferris, es necesario volver a refrescar la vida de esta autora por la estrecha vinculación que tiene con su novela gráfica. Ferris nació en el corazón del Estado de Illinois (Chicago) en 1962. Sus primeros años auguraban un futuro lleno de obstáculos que, desafortunadamente, se fueron materializando. Sus padres, artistas, le transmitieron una destreza que con el tiempo fue puliendo. Al disponer de pocos recursos económicos, Ferris apenas contaba con dos libretas y un par de bolígrafos por curso con los que comenzó a dar rienda suelta a su creatividad. Como consecuencia de un problema de escoliosis, sufrió bullying en el colegió y ya más mayor padeció en sus propias carnes la bajeza de la homofobia. El drama no finaliza aquí.

En el año 2001 una picadura de mosquito le produjo la (tan de actualidad) Fiebre del Nilo, por lo que perdió la movilidad de cintura para abajo, así como el movimiento de su mano derecha, con la cual dibujaba. Este hecho no impidió que Ferris dejara a un lado sus sueños. Aún en silla de ruedas decidió matricularse en el Art Institute de Chicago. Allí comenzó a gestar Lo que más me gusta son los monstruos, obra que vería la luz tres lustros más tarde, no sin antes encontrarse con más barreras.

Como si un genio malvado hubiese querido trastear con su destino, Emil Ferris se topó con la negativa de 48 editoriales que no vieron porvenir a la publicación. Finalmente fue The Other Press quien accedió a llevar a buen puerto su edición, pero, tras cinco años, tuvo que bajarse del proyecto ante el tamaño que estaba tomando. Así apareció Fantagraphics, recogiendo el guante y encargando 10.000 ejemplares a una compañía china. Sin embargo, la empresa asiática quebró quedando toda la tirada atrapada en el Canal de Panamá. Todos estos contratiempos no impidieron que fuera publicado en el país del Tío Sam en 2017. Como Job en el Antiguo Testamento, Ferris superó todas estas duras pruebas para finalmente convertir los fracasos en éxitos.

A la vejez, viruelas. Con 55 años, la otrora desconocida Emil Ferris entró por la puerta grande del noveno arte sorprendiendo a propios y extraños. La crítica aplaudió a rabiar lo que much@s consideran una de las obras maestras de los últimos años. Con una única novela gráfica Ferris ha conseguido lo que muy pocos logran en toda una carrera. A saber, mejor novela gráfica, mejor artista y mejor coloreado en los Eisner, dos premios Ignatz, el premio fauve D’Or en el Salón de Angouleme, el premio Gran Guinigi en el Festival de Lucca, el premio al mejor Cómic Internacional del Salón Internacional del Cómic de Barcelona… y unos cuantos más. Gracias a Lo que más me gusta son los monstruos, Emil Ferris ha cosechado multitud de elogios procedentes de colegas como Alison Bechdel, Chris Ware o Art Spiegleman. La crèmè de la cremè.

Ambientada a finales de los años sesenta, Emil Ferris se abre el corazón para ofrecernos una obra con tintes autobiográficos. Su protagonista, Karen Reyes, es una proyección de la propia autora y aunque los hechos sean ficción tanto el contexto como a nivel emocional nos encontramos con un relato que rezuma un gran verismo. El Uptown de Chicago, viejo conocido de Ferris, es el escenario en el que Karen hará su particular gincana a modo de investigación. Con una vieja gabardina, como si de Colombo se tratase, esta preadolescente tratará de descubrir si la muerte de su vecina fue en realidad un asesinato y no un suicidio como aseguran las fuentes policiales.

De esta forma, para conocer la vida de la malograda Anka, Ferris utiliza el viejo recurso de contar una historia dentro de otra. Sin embargo, su principal virtud es cómo lo lleva a cabo. Karen va recogiendo sus vivencias mediante dibujos y anotaciones en un cuaderno que hace las veces de diario. La propuesta juguetona de Ferris hace que cuando tengamos un ejemplar en las manos de Lo que más me gusta son los monstruos parezca que, en realidad, estemos abordando el diario de la protagonista. Cada página simula ser una hoja propia de un cuaderno de anillas gracias a sus líneas horizontales y los agujeros dibujados en cada lateral. Una delicatessen que, como veremos más adelante, se completa con un dibujo magistral.

Más allá de Karen y Anka, Ferris nos presenta una pléyade de secundarios de lo más variopinto. La primera vive con su madre y con Deeze, su hermano mayor. A pesar de tener una estrecha relación, la pequeña Reyes comprobará que los secretos y las mentiras están a la orden del día en su querido hogar. El resto del edificio está compuesto por una comunidad de vecinos que haría las delicias de Alex de la Iglesia. El Sr. Chugg y sus muñecos, todo un jefecillo del crimen organizado como el Señor Gronan y su mujer, o Sam Silverberg, viudo de Anka, están perfectamente construidos pese a sus breves apariciones.

Karen es un alter ego de la autora y una persona excepcionalmente madura para su edad. Se ve a sí misma como una niña-lobo. Los constantes cambios físicos propios de la edad, así como el desarrollo de su propia identidad convierte a Lo que más me gusta son los monstruos en un tour de descubrimiento. Pese a saberse diferente, Karen no busca aceptación social. En las más de 400 páginas que tiene la novela, tan solo en una de ellas veremos el verdadero rostro de su protagonista. Karen experimenta sentimientos de desamor, de pérdida… la tragedia revolotea acechando su día a día. Pese a que Emil Ferris nos cuenta una historia desgarradora, no se recrea en el drama. Para esta autora estadounidense, sufrir es parte del regalo de estar vivo. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Añadiremos, pues, que el dolor es su principal sintomatología, pero Ferris no lo evita. Todo lo contrario, lo abraza cariñosamente. Ferris fusiona realidad y ficción en un ejercicio de superación y comparte con Karen su propia personalidad.

A modo de cajón de sastre, multitud de elementos tienen cabida en Lo que más me gusta son los monstruos. Sin embargo, lo que puede parecer un totum revolutum por parte de la autora no lo es tal. Temas como la muerte, el holocausto nazi, el racismo o la pedofilia ponen de manifiesto que para Ferris hay dos tipos de monstruos: los buenos y los malos. No es de extrañar que la autora denuncie la situación de los hispanos, los negros o los indios americanos en su barrio natal. Así pues, Ferris hace una radiografía sociológica de los convulsos años 60 utilizando el asesinato de Martin Luther King o el movimiento hippie (coqueteo con las drogas de la jovencísima Karen incluido) como motor cuando la trama lo requiere.

Si Karen está representada como una niña-lobo, su amigo Franklin es un trasunto de Frankenstein. No es casualidad que los dos únicos personajes homosexuales de la obra sean quienes están caracterizados como monstruos. Por terminar de presentar al círculo cercano de la protagonista, afirmaremos que Karen crea a Sandy para que sustituya a su querida Missy. El dolor producido por el rechazo de su antigua alma gemela provoca que Karen construya una amiga imaginaria. Si hay un momento en el que Karen corta el lazo con la realidad (más allá de su apariencia física) es, sin lugar a duda, este.

A nivel gráfico, Lo que más me gusta son los monstruos es una obra deslumbrante. Con la mera ayuda de bolígrafos Bic, Ferris realiza un trabajo tan original como encomiable. La composición de las páginas, el juego de perspectivas o la expresividad de los personajes son solo algunos de los puntos por los que esta obra ya merece cualquier tipo de elogio. Los rostros que forman parte de la narración están inspirados en personas que Ferris conoció a lo largo de su vida. No solo eso, sino que mediante un crowdfunding realizado mientras gestaba la novela, Ferris ofreció como incentivo incluir las caras de los potenciales patrocinadores. Ni que decir tiene que la iniciativa fue un rotundo éxito. Para escribir los textos y los diálogos, la artista estadounidense optó por utilizar rotuladores. Además, a modo de huevo de pascua, Ferris explica en la propia historia como utiliza formas geométricas para llenar la composición del plano con el objetivo de que el lector no se percate de ello. En definitiva, Lo que más me gusta son los monstruos es una obra artesanal creada con muchísimo esfuerzo pero cuya siembra ha dado un fruto de absoluta autenticidad.

A lo largo de la obra vemos portadas de publicaciones inventadas por la propia Ferris. Por una parte, sirven como homenaje a las series de terror publicadas entre los años 40 y 50 por la editorial Entertaining Comics (y su archiconocido sello EC) y, por la otra, funcionan a modo de metáfora de lo que nos vamos a encontrar en las páginas siguientes. Puede que en una primera lectura se nos pasen otro tipo de detalles que Ferris fue dejando, como si de miguitas de pan se tratase, a lo largo de la novela gráfica. El reflejo en la pupila de Anka en la portada, diversos rostros ocultos o manchurrones de tinta, claro indicativo de que alguien más ha leído el diario… las relecturas se antojan necesarias para comprender la grandeza de Lo que más me gusta son los monstruos.

En conclusión, Lo que más me gusta son los monstruos es una obra nada convencional que nos presenta a una protagonista (alter ego de Emil Ferris) a las puertas de la adolescencia. La antigua diseñadora de juguetes se toma su tiempo para contar una historia con un contexto riquísimo. Ferris construye un drama disfrazado de género detectivesco que se caracteriza por su profundidad y capacidad para conmover. La artista norteamericana traspasa su obsesión por los monstruos de la Hammer y los estudios Universal a Karen, quien los utiliza a modo de paraguas para soportar la crudeza de su día a día. Refrescante y tremendamente original, Lo que más me gusta son los monstruos pone en relieve diferentes tipos de abusos, así como la situación de las minorías. Un relato sincero que se ha convertido en un clásico contemporáneo y cuyo único hándicap es que desconocemos su resolución. Hasta entonces, esta joya del noveno arte oposita para entrar en un Olimpo ávido de autoras. Llegó la hora.

Edición original: Fantagraphics. Edición nacional/ España: Reservoir Books. Guion: Emil Ferris. Dibujo: Emil Ferris. Rotulación: Emil Ferris. Color: Emil Ferris. Formato: Tapa blanda con solapas, 416 páginas. Precio:. "Esa será la diferencia... un monstruo bueno a veces asusta porque tiene un aspecto peculiar y colmillos... algo que no puede controlar...…
Guión - 9
Dibujo - 9.5
Interés - 10

9.5

Monstruosa

Reservoir Books publica en España una preciosa edición a la altura de la calidad literaria y gráfica de la obra. El Libro Uno de Lo que más me gusta son los monstruos pone de manifiesto que la perseverancia es una de las mayores virtudes del ser humano. Con unos cuantos bolis Bic y grandes dosis de imaginación, Emil Ferris construye una obra para el recuerdo.

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