La esencia de la Patrulla X. ¿Escuela para jóvenes o grupo de liberación mutante?

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Si hacemos un análisis simple de la estructura editorial en Marvel veríamos que uno de sus ejes fundamentales en la historia reciente ha sido los mutantes. Extraños seres que nacen con poderes latentes de los que el humano corriente suele recelar al ser consciente de que son el próximo paso evolutivo, uno que anuncia la extinción del Homo Sapiens en favor del Homo Superior. Producto básico e inherente de la era nuclear, no en vano son también conocidos como hijos del átomo, su sino ha quedado reducido a ser odiados y temidos. Desde que el concepto fue creado a principios de los años sesenta por la dupla formada por Stan Lee y Jack Kirby como la Patrulla X (X Men, en versión original), no ha dejado de crecer y crecer, llegando en instantes puntuales (léase, los años noventa) a prácticamente dominar la compañía con variadas colecciones. Un monstruo con muchas cabezas que por momentos fue imposible de controlar. Pero esto no fue siempre así. Cuando echaron a andar en septiembre de 1963 (fecha de portada) no eran más que un pequeño grupo de chavales inexpertos, entrenados por un enigmático personaje al que consideraban su mentor y enfrentándose a congéneres que apostaban por dominar a la raza humana. De entre ellos, apenas un puñado de malvados, destaca el más peligroso y temible de sus enemigos, Magneto. El concepto no tuvo la continuidad esperada pues, tras unos años de aparente consolidación, el título fue cancelado a inicios de 1970, aunque la cabecera se mantuvo activa reimprimiendo material hasta 1975. Esa fue la fecha elegida por un renovado equipo creativo que creía en los valores innatos de los hombres y mujeres X; con el lanzamiento del legendario Giant Size#1, Len Wein, Dave Cockrum y, sobre todo, Chris Claremont, convertirían a la Patrulla X en todo un fenómeno, la colección que marcaría una época y el motor para un cosmos tan rico como extenso de ahí en adelante. Obviamente, el concepto fue renovado de arriba abajo; ya no encontramos a jóvenes intentando controlar sus poderes sino a un grupo curtido y preparado para defender a los portadores del gen X ante la gran cantidad de peligros dispuestos a asolarles.

Como se puede apreciar, la Patrulla ha tenido esas dos vertientes, academia de aprendizaje y grupo defensor de los mutantes a la vez que favorable a la integración pacífica con los humanos, lo que representaba el sueño de su fundador, Charles Xavier, punto de unión de ambas concepciones. Con la recuperación de los X Men primigenios iniciada por Panini en formato Omnigold, nos acordamos del entonces sencillo nacimiento mutante, de cómo funcionaba siendo una serie de adolescentes, el papel de Xavier como Profesor X y todo ello en contraposición con la más afamada época de los Hijos del Átomo, cuando rompieron todos los techos y barreras posibles. Tampoco nos vamos a olvidar de los recurrentes intentos de montar “academias para mutantes” a lo largo de la historia, recuperando el sentido original de la serie, que, por cierto, han sido unos cuantos.

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El hecho de que a día de hoy tengamos en cartelera una nueva cinta sobre el universo mutante, X Men Apocalipsis, es otro punto a tratar ya que la franquicia comandada mayormente por Bryan Singer ha sabido alternar esa doble condición en la mayoría de sus producciones. Por lo que un repaso al universo fílmico puede resultar de interés. Por último, dejamos como fin de fiesta la reseña del citado volumen que contiene el nacimiento de la primera Patrulla X, a cargo de Stan Lee, Jack Kirby, Roy Thomas o Werner Roth.

The Mutants; una idea de Stan Lee y Jack Kirby

Veamos cómo estaba el panorama en la Casa de las Ideas a la altura de 1962. Con la salida al mercado de los 4 Fantásticos, a mediados de 1961, se había producido el pistoletazo de salida para la Era Marvel. Montones de aficionados giraron su mirada hacia una editorial entonces menor que empezó a presentar un renovado catálogo protagonizado por superhéroes, a cada cual más singular. Comenzamos con un grupo de aventureros de lo desconocido unidos por lazos familiares, para seguir con una versión de Jekyll y Hyde de la era atómica, un dios nórdico condenado a vivir a doble vida en la Tierra, un científico capaz de reducir su tamaño al de una hormiga, un muchacho mordido por una araña radioactiva o un industrial de éxito embutido en un traje tecnológico. Todas estas ideas representaban la savia nueva de la editorial regentada por Martin Goodman, un empresario que se había hecho un nombre en el negocio no sin un gran empeño por su parte. De hecho, durante una buena temporada, no le tembló el pulso al advertir a sus creadores, básicamente un Stan Lee ascendido a editor jefe desde mediados de los años cuarenta, que copiaran descaradamente la moda del momento. Desde la salida al mercado de los 4F, con una gran recepción por parte del aficionado, había dejado a Stan que manejase la división del noveno arte a su antojo…hasta que comenzó a percibir cierto estancamiento en las ventas. Goodman era un tipo que no tenía especial interés en el mundo del cómic más allá de que le reportaran los beneficios esperados. Famoso es su desprecio para con el género de los superhéroes en particular. Así que cuando Lee, en calidad de editor, fue llamado a filas por el gran jefe ya sabía que algo tramaba. Efectivamente, Martin le solicitó a Stan otra cabecera que recordara subrepticiamente a la de los 4 Fantásticos, el mayor éxito de la compañía en cuanto a empijamados. A estas alturas, con tantos años de tratos entre ambos, al editor no le sorprendió el requerimiento del dueño por lo que decidió afrontarlo a su manera, aquella que había sacado a la editorial Atlas del ostracismo para darle la oportunidad necesaria de brillar.

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Lo primero que se le vino a la cabeza es quienes eran y como consiguieron los poderes aquellos personajes. Tras haber agotado el recurso de accidentes varios, activos exógenos y elementos pseudocientícos, a Lee le pareció una buena idea quedarse en el tratamiento más simple posible: sus dones les vienen de nacimiento. Sin comerlo ni beberlo (o sí, vaya usted a saber) Lee estaba entroncando con una tradición muy cercana a la ciencia ficción de base realista y abría una caja de pandora de lo más interesante. Si volvemos nuestra mirada a las distintas teorías evolutivas, el concepto mutación aparece de manera habitual. Por tanto, no podemos hablar de genialidad ni de algo inventado. Lo que añade el guionista a la ecuación es el concepto atómico, que aceleraría hasta niveles exacerbados esos cambios, todos ellos de clara raíz sobrenatural. De ahí que estos personajes fueran definidos como “Mutantes” (The Mutants, en versión original). Cuando el editor se acercó a Goodman con la idea, éste no le dio el visto bueno. Según el gran jefe, el consumidor habitual no sabría cómo interpretar el sentido del título. Lee tuvo que darle una vuelta de tuerca y saltó a la palestra con el sugerente nombre de X-Men, enigmático y poderoso. Contrariamente a lo esperado, Martin aceptó la sugerencia de su editor jefe y la cabecera tuvo vía libre para su publicación.

Tras la preparación inicial, nomenclatura y origen de los personajes, el bueno de Stan recabó los servicios de Jack Kirby, una garantía al tablero de dibujo. Un artista cuya extraordinaria rapidez no restaba un ápice de calidad a las páginas entregadas. Delante suya tenía un esbozo de lo que Lee había calibrado hasta ese momento. Su labor era imprimir las definitorias características gráficas de cinco jóvenes mutantes y su severo profesor, al que se le pondrá el nombre de Xavier, Charles Xavier (por lo de la X en el título; asociaciones rápidas e intuitivas). Los poderes vendrían definidos desde el nacimiento, por alteraciones genéticas que harían acto de aparición en la adolescencia, y la personalidad de cada uno de nuestros protagonistas se iría forjando con el paso de las páginas:

 Scott Summers; el alumno aventajado de la clase. Huérfano (en principio, con el discurrir de los acontecimientos sabremos su verdadera filiación, hijo del mítico pirata espacial Corsario, miembro de los Saqueadores Estelares), meditabundo y siempre presto a seguir la línea trazada por el profesor. Su habilidad consiste en disparar poderosos rayos por los ojos, con lo que adoptará el nombre de Cíclope.

 Hank McCoy; aquí tenemos al erudito del grupo. Estudioso y experto en un sinfín de materias, su robusto aspecto contrasta con su esmerado vocabulario, propio de un intelecto muy avanzado. Se comenta que para disociarlo de la figura de la Cosa, un claro referente para el personaje, “The Man” le otorgó un hablar refinado y ampuloso. Todo un intelectual, vaya. Aun así, como joven y alocado que es, no podrá evitar entrar en los juegos de sus compañeros. Su agilidad y fuerza sobrehumanas le convierten en una Bestia, apodo que asumirá con honor. En las habituales investigaciones personales sobre la raza mutante, Hank utilizará su cuerpo de cobaya y obtendrá una mutación secundaria, una que conlleva un aspecto mucho más cercano a su nombre de batalla que a su imagen inicial.

 Bobby Drake; el benjamín del grupo y como tal el más inmaduro de estos primigenios mutantes. Quizás, y decimos quizás, esa inmadurez se debe a cierto secretito que escondía al mundo entero y a sí mismo. Hemos descubierto recientemente que Bobby es gay y que siempre lo ha sido. Una Jean Grey venida del pasado le ha tenido que abrir los ojos a tal evidencia en el reciente periplo de Brian Michael Bendis en los mutantes. El hecho de que Bobby haya flirteado todos estos años en busca de amor femenino no debía ser obstáculo para la comentada revelación pues es bien sabido que en el tema de la sexualidad ha existido un alto grado de represión, y mucho más si nos retrotraemos a épocas como los años sesenta. Sus poderes relativos al frío le permiten asumir la imagen de un Hombre de Hielo, cuya evolución gráfica irá de un émulo de muñeco de nieve con botas a su más actualizado aspecto vítreo.

 Warren Worthington III; elegante, aristocrático y todo un seductor. A Warren se le puede considerar la esencia del triunfador, a pesar de su corta edad en estos inicios mutantes. Para redondear esa imagen cuasi perfecta, se le dota de un par de ostentosas alas, que le permiten surcar el ancho cielo. Un Ángel en territorio terrenal.

 Jean Grey; la fémina del grupo, la Chica Maravillosa. Definición simplista y errónea como pocas pero debemos asumir que las superheroínas no han tenido un camino fácil y en los años sesenta todavía se les reservaban clichés bastante poco reconfortantes como ser interés amoroso de alguien o damisela en apuros. A pesar de esto, Lee y Kirby saben dotar de una personalidad potente al personaje. Sí, es el interés amoroso de toda la Patrulla (ejem, incluido el profesor) pero también es capaz de dar una lección a la Bestia a su llegada a la escuela, dejando bien claro su intención de tener un rol predominante en el grupo. Y no dejará de hacerlo durante todo este periplo inicial de los X Men. Mucho camino por recorrer le queda a Jean, uno de los caracteres más poderosos del Universo Marvel.

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Mención aparte es y debe ser Charles Xavier. Sobre el Profesor X y su actitud para con sus pupilos se ha escrito mucho y variado. En cierto sentido, ha sido una figura a la que no se ha tenido reparos en retorcer, sobre todo en tiempos recientes, buscando cadáveres en oscuros armarios, y como tales se puede citar el caso de Génesis Mortal de Ed Brubaker o el más cercano arco relacionado con Original Sin, denominado el Testamento de Xavier. Del análisis negativo del Profesor X no se ha librado ni su primigenia encarnación, dando a entender, de manera exagerada, que nos hallamos ante poco menos que un abusador, debido a su autoridad con los chicos, o, ya rizando el rizo, un pedófilo. Bien, sin tratar de hacer una retrospectiva del personaje, y ciñéndonos a estos compases iniciales, los autores trataron de trasladar la figura de Xavier como la de un severo preceptor. Algo que debiera ser lógico y normal cuando tienes que enderezar a los superhéroes más extraños de todos, publicidad que acompaña a la cabecera a lo largo de los años sesenta. Recordamos también que no hablamos de niños, sensu estricto, sino de jóvenes de una edades comprendidas entre los quince y los dieciocho, una etapa compleja donde las hormonas y actitudes del todo alocadas campan a sus anchas. Charles es consciente de los peligros a los que deben enfrentarse sus estudiantes; él mismo ha sufrido los rigores del sacrificio exigido pues perdió la movilidad en sus piernas debido a un encarnizado enfrentamiento con un peligroso alienígena llamado Lucifer. Por eso es un profesor adusto, inflexible y exigente, pues sabe que en una milésima de segundo se puede jugar la vida y la muerte. Es extraño que la imagen de maestro intransigente llame la atención del lector actual. No nos movemos en los tiempos de la nueva pedagogía, con los Cesar Bona y demás como adalides de renovadas vías de enseñanza. Las tramas están centradas en la década de los sesenta y, además, realizada por autores criados en los años treinta, nuestros Lee y Kirby, que debían tener abundantes recuerdos de maestros de corte dictatorial.

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Otro de los temas polémicos que recorren la biografía de Charles Xavier es su aparente “enamoramiento” de Jean Grey, su joven alumna. Sin entrar todavía en el terreno de la valoración, que retrasamos para las postreras líneas del artículo, hay que admitir que la colección de Patrulla X original no comenzó con pulso firme, tal y como nos tenían acostumbrados dos grandes como Stan y Jack. Todos sabemos el gusto por el melodrama de Stan Lee, tendente a crear lazos muy cercanos entre sus personajes. En X Men#3 tuvo la ocurrencia de poner en un globo de pensamiento del profesor las siguientes palabras: “Cómo si pudiera evitar inquietarme por mi amada – en referencia a Jean -. Pero no puedo decírselo, jamás. No tengo derecho; no mientras sea el líder de la Patrulla X y esté confinado en esta silla”. El guionista hizo un tanteo referente al uso de una posible deriva romántica de Xavier. También hay que decir que fue el típico tanteo que no paso a mayores, por lo menos en la etapa inicial de la Patrulla. Siendo su amor codiciado por todo el plantel de jóvenes, la chica tendrá en su punto de mira a Scott Summers, el más recatado y taciturno de los estudiantes, acercando posturas con el llamado Cíclope. Y el tema Xavier se olvidará por el momento.

Tampoco debemos esconder la sensación de frustración que nos transmite de manera velada el personaje. Lo podemos apreciar desde diversos ángulos. Por ejemplo, en lo referente al aspecto físico. Pese a ser de los telépatas más poderosos del mundo, Charles no puede obviar su invalidez física, una que le oprime y le aplasta el espíritu mal que le pese, y de la que parece que únicamente se libra cada vez que se pone al frente de los X Men para defender al mundo de la amenaza de rigor. Ese lastre se une a una infancia complicada. Bueno, su nacimiento ya de por sí fue bastante traumático, tal y como nos trajo a colación Grant Morrison, con una lucha a muerte en el útero materno por la supervivencia contra Cassandra Nova. Hay que reconocerle a Xavier que tuvo que superar importantes envites desde el mismo comienzo. Como decíamos, tuvo una infancia bastante dura, con fallecimiento prematuro de su padre, Brian Xavier, y no aceptando la nueva familia surgida alrededor del matrimonio en segundas nupcias de su madre con Kurt Marko, básicamente porque nos encontramos ante un maltratador de manual. Y sí ya es complejo para un chaval sufrir vejaciones de su padrastro o de su “hermano político” Cain, imaginen descubrir el don de la telapatía en tu temprana adolescencia. Contra todo pronóstico, no se detuvo ante nada. Se especializó en genética, en busca de conocer todo lo referente al genoma humano. Tampoco se cerró al amor y tras una tumultuosa relación con Moira Kinross, prestó ayuda a una mujer llamada Gabrielle Haller, con la que tuvo varios escarceos sexuales, dejándola embarazada sin ser consciente de ello. Es curioso como Xavier busca una relación estrecha con sus pupilos, por momentos, por la devoción que le profesan, casi paterno-filial, y que él mismo sea prototipo de padre que abandona a su hijo biológico, el pobre David Heller, cuya psique fracturada será un problema constante para el buen profesor. Todo un bagaje de experiencias que forjaron la compleja personalidad de Charles Xavier.

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De todos modos, pese a quien pese, tengamos la imagen que tengamos de él, Xavier es un héroe en la interpretación de Stan Lee y Jack Kirby. Su rigurosidad y exigencia, además de alguna treta más bien barriobajera (como por ejemplo, fingir tu muerte o algún borrado de cerebro arbitrario) son totalmente entendibles en un contexto agresivo para con el Homo Superior. Era necesario estar preparado ante cualquier posible peligro. Y para ello era preceptivo entrenar duro.

Podemos rastrear un modus operandi similar en esta primera Patrulla X, pues las primeras escenas de cada tebeo suelen transcurrir en la llamada Sala de Peligro. Este concepto, invento que podemos atribuir sin peros en exclusividad al genial Rey de los cómics, viene a reforzar el esquema de escuela y aprendizaje de los mutantes. Xavier ha seleccionado un exclusivo grupo de jóvenes nacidos con poderes singulares. Estos alumnos se desplazan de manera interna a su elegante mansión situada en el 1407 de Graymalkin Lane, localizada en Salem Center, oriunda del condado de Westchester, a unos pocos kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York. La tapadera nos dice que se denomina Escuela Xavier para Jóvenes Talentos; en realidad nosotros descubrimos que, bajo su aparente normalidad, se halla un lugar muy especial, pertrechado con tecnología punta y una de sus joyas más valoradas es la citada Sala de Peligro. En ella, los estudiantes sortean todo tipo de artimañas bajo la atenta mirada del Profesor X, en aras de controlar y dirigir sus poderes contra las amenazas que están por venir. Después de la sesión de entrenamiento, un poco de vida cotidiana y lucha con el malvado de rigor.

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Es difícil olvidar que nos hallamos ante la típica producción Marvel superheroica. Y el deber de estos cómics es regalarnos la cantidad necesaria de acción, adrenalina y disfrute correspondiente. Para ello necesitamos obstáculos, piedras en el camino de estos jóvenes superdotados. Hablando en plata, villanos. Charles Xavier sabe de buena fuente que hay unos cuantos mutantes desperdigados por el mundo que no comparten sus intenciones de convivencia pacífica. El Profesor X es un claro partidario de acercar posturas con el resto de la raza humana, a pesar de ser el próximo escalón evolutivo: “Todos sois más que meros Homo Sapiens, sois los precursores del Homo Superior. Cada uno de vosotros tenéis un invaluable poder mutante para usar en bien de la humanidad…”. El hombre de la calle no lo tendrá tan claro y la persecución será una constante para nuestro grupo. De todas formas, hay que puntualizar el carácter errático de la narración inicial pues ese mantra no se hará efectivo hasta casi un par de años después de echar a andar la serie.

Para dar comienzo las aventuras de la Patrulla X tenemos a Magneto, el antagonista por antonomasia de los X Men, como primer rival. También mutante, como Xavier y sus chicos, sus intenciones son más bien aviesas pues parece empeñado en utilizar su gran poder para arrebatarle el control del planeta a los atrasados sapiens. Para ello se sirve de sus habilidades en el campo del magnetismo para provocar una crisis que nos recuerda, de forma vaga, al incidente histórico acaecido en Cuba por aquellas fechas (la famosa crisis de los misiles del año 1962). Algo que la Patrulla X no va a permitir. Unos inexpertos chavales, utilizando sus poderes de forma combinada, consiguen vencer al amo del magnetismo. Final feliz para esta primera incursión e, incluso, al final del episodio reciben el aplauso unánime de los estamentos militares. Recordamos que el “odiados y temidos” será desarrollado a posteriori. Magneto no se tomará esta derrota muy bien y volverá de cuando en cuando, ya sea en solitario, ya sea liderando la Hermandad de Mutantes Diabólicos, una contra-Patrulla X formada por elementos de poco fiar: Sapo, Mente Maestra, Mercurio y la Bruja Escarlata.

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Abriendo el camino de forma pionera en la mitología mutante, surgirá un buen puñado de personajes alrededor del sexteto inicial. Ya hemos hablado de Magneto y su hermandad. De momento, es un villano plano, megalomaniaco y con muy poco temple. Bastante lejos queda el gran personaje que reconocemos en épocas posteriores, estableciéndose entre él y Xavier una dinámica tan compleja y estimulante que será uno de los pilares fundamentales del discurrir mutante. Debido a este dato, postergamos el hablar en profundidad sobre la relación entre Charles y Erik, dos caras de una misma moneda. Por el camino vemos como los X Men van mejorando sus habilidades para confrontar peligrosos mutantes como el Desvanecedor, la Mole o Unus el Intocable, muchos de ellos localizados por un eficiente aparato tecnológico ideado por el Profesor, Cerebro. Concebido como un potenciador de las energías mentales de Xavier, debuta en X Men#7, justo el episodio en que los cadetes se licencian, y será un activo muy importante en el universo de la Patrulla X. Pero no solo de hijos del átomo vive la serie. Seres de allende de las estrellas como el Extraño o Lucifer, el enemigo de Xavier venido de Dominus (esto hay que atribuírlo al guionista sucesor, Roy Thomas, pues en su primer enfrentamiento el Profesor se dirige a él como un “simple humano”), clásicos de la editorial como Namor, Ka-Zar (este reciclado de la Golden Age y con regalo de la Tierra Salvaje) o los Vengadores, junto con la llegada del potente Juggernaut son algunos de los hitos de estos primeros compases con la Patrulla. Pero si hay un punto donde debamos parar nuestro relato es en la espectacular entrada en escena de los peligrosos Centinelas, robots creados por un humano receloso del avance de los portadores del gen X, lo que nos lleva a analizar el famoso tema de la persecución y su importancia en la cabecera.

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Tenemos más que aprendido el axioma. Si hay un grupo que representa una analogía con el mundo “real” respecto al tema de la persecución a las minorías, ya sean raciales, religiosas o sexuales, esos son los X Men. Eso ha sido así desde tiempo inmemorial, pero ¿ocurre desde el minuto uno de la colección? Taxativamente, hay que contestar que no. Debemos hablar de un proceso paulatino, que pasó por diversas fases, hasta asentar el tema de los mutantes como sosias del perseguido por antonomasia. Ya hemos hecho referencia líneas arriba que en el primer número reciben parabienes de las altas instancias militares por evitar los planes de Magneto. No hay una clara sensación de que sean más odiados que cualquier otro ser con superpoder. A pesar de ello, los integrantes del equipo ocultan sus dones al ojo público y mantienen sus identidades en secreto. Todo cambia en The X Men#14, donde por primera vez conocemos a Bolívar Trask y con él los autores traen la histeria anti-mutante. Presentado como un eminente antropólogo preocupado por la expansión de estos extraños seres, se dedica a generar desazón en la opinión pública, por lo que el Profesor X se ve obligado a intervenir.

Un debate televisivo a nivel nacional, Trask vs Xavier, debe dirimir cuál de los dos tiene la razón cuando el antropólogo, sin mediar explicación, presenta al mundo a los Centinelas. Estos robots de batalla están habilitados con la mejor de las tecnologías para enfrentarse al peligro mutante. Sobra decir que esta primera hornada sale más bien defectuosa por lo que toman el control de la situación, obviando a su creador, dispuestos a someter a toda la raza humana. Contra todo pronóstico, serán los hombres X los que libren de la peligrosa situación a los humanos, demostrando que Trask estaba equivocado. De todas formas, la primera piedra estaba puesta, A pesar de deshacer el camino al final de la trilogía de los Centinelas, se volverá una y otra vez a la histeria anti-mutante como un tema fijo en la colección de aquí en adelante.

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La lucha y consecuente victoria contra unos enemigos tan terribles y grandiosos como los Centinelas denota que el Profesor X ha hecho bien su trabajo. Retornando al tema escolar, Lee y Kirby hacen un seguimiento realista de su periplo académico y terminan por licenciarlos en The X Men#7 (Roy Thomas, dando un paso más al frente, llevaría a Jean Grey a la universidad). Después de años de estudio y entrenamiento, Xavier admite que ya no puede enseñarles más. Tras la ceremonia de graduación de rigor, parece que el líder natural decide abandonar la formación y deja al cargo a Cíclope. Aunque los entrenamientos continúan en la Sala de Peligro, revestidos de curso de postgraduado, al mando de Scott Summers, la colección abandona el tono pedagógico para centrarse en el aspecto aventurero.

Como hemos advertido, aparte de la acción y el concepto de escuela, la vida cotidiana de los cinco jóvenes es otra de las patas de la mesa de estos primigenios X Men. Mayormente centrados en temas amorosos, con el corazón de la Chica Maravillosa codiciado por todos, también vemos aspectos coetáneos de la vida americana del momento. Aquí, Lee y Kirby se hacen eco del movimiento beatnik con la representación del Café A-Go-Go. Parroquianos habituales del lugar son Bobby y Hank, y en este sitio tan especial da comienzo la ampliación de secundarios con la introducción de las muchachas Zelda Kurtzberg(cuyo apellido homenajea al mismo Kirby) y Vera Cantor, intereses románticos del Hombre de Hielo (sic!) y la Bestia. Para el bueno de Stan Lee esta parte era tan importante como la correspondiente a la acción.

Tras unos inicios singulares, quizás la deriva de la cabecera a la aventura pura y dura fuera la que le pasase factura. Si tomamos como espejo a los Vengadores, que nacieron el mismo día y a la misma hora, con una clara tendencia ascendente, mientras que los X Men tuvieron una estrella descendente, reflejaba un claro estancamiento de ideas y una ostensible falta de rumbo. El equipo titular no se mantuvo unido más allá de once números. Jack se vio obligado a abandonar la cabecera por sobrecarga de trabajo. Aun así, fue el encargado de dejar abocetado los guiones por orden expresa de Lee hasta el #17, terminando la faena un efímero Alex Toth (#12) y un más consistente Jay Gavin (#13-17). Este nombre, en realidad, es el pseudónimo de Werner Roth, incapaz de firmar con su nombre por realizar este trabajo “bajo manga”. Llegado el momento, sería el artista titular de los X Men. El bueno de Stan aguantó un poco más, hasta el #19, el episodio de presentación del Mímico, cediendo el testigo a Roy Thomas. Un Thomas con escaso bagaje a sus espaldas y claramente poco entonado se dedicó a emular el estilo de Lee en aventuras bastante fallidas, apelando a villanos de poca monta como la Langosta o Kukulcán, un personaje que apela a tópicos mexicanos de baja estofa. Hay que reconocerle a Roy una idea interesante en la forma de dar salida a pequeños relatos complementarios donde inició la tradición de investigar los primeros pasos de los cinco originales, aunque no logró su propósito de aumentar las ventas. Esa tendencia a la baja no fue revertida con el cambio de guionista en la figura de Arnold Drake; ni siquiera mejoró con la vuelta de un Thomas con las ideas más claras y el vendaval creativo de Neal Adams, uno de los mejores artistas de finales de los sesenta (sí, el mismo Adams que en 2012 nos ilustró con The First X Men, un intento de montar una Patrulla X con Lobezno y Dientes de Sable como líderes; sí, el mismo). Tras un rediseño de uniformes, añadir personajes interesantes como Kaos o Polaris y hacer partícipe al equipo de tramas más grandes que la vida, la colección echa el cierre en The X Men#66 (fecha de portada 1970). Todo indicaba que no había conseguido recabar la atención del aficionado, por lo que un panorama aciago se cernía sobre los mutantes.
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La Segunda Génesis. Los mutantes cambian para siempre

La última etapa mutante, a cargo de Thomas y Adams, supuso un empujón importante a la franquicia. El problema es que los datos de las ventas llegaban tarde a las oficinas de Marvel y la idea de cancelar la serie ya estaba tomada de antemano. Bastantes elementos del Bullpen fueron conscientes de que los hijos del átomo tenían tirón, y más si consideramos que la cabecera continuó sacando material antiguo durante los primeros setenta con aceptables resultados. No pocos miembros del staff tenían serias esperanzas en reflotar la colección, posibilidad en la que se estuvo trabajando desde 1972. En ese año Roy Thomas era el Editor Jefe y se había propuesto relanzar a los X Men bajo la batuta de Mike Friedrich y Dave Cockrum, dibujante recién recalado en la editorial tras haberse hecho un nombre en DC Comics. Este camino se truncó debido al abandono de Friedrich de la Casa de las Ideas y la renuncia de Thomas al máximo puesto editorial. Fue sustituido por Len Wein, que heredó las ideas de Roy en cuanto a los mutantes, por lo que decidió ponerse al mando de la nave. El fenómeno Giant Size, un rutilante formato que estaba triunfando en la época, fue el elegido para darle un remozado lavado de cara a los X Men. Poco o nada se parecían los nuevos protagonistas a los integrantes del grupo de los sesenta.

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Para empezar, los antiguos pupilos de la escuela Xavier serán dejados de lado a excepción de Cíclope y, añadida de manera algo posterior, Jean Grey. Se hace un grupo de corte internacional, bastante versado en todo tipo de andanzas, del que se rescata a antiguos villanos de la “vieja” Patrulla X como el irlandés Banshee o el japonés Fuego Solar, o se ficha a cierto correoso canadiense, un tal Lobezno, que había sido presentado como enemigo de Hulk. Por otro lado, la impecable capacidad de Dave Cockrum para generar personajes nos traería el resto de la Segunda Génesis: Coloso, el mutante metálico venido de Siberia; Rondador Nocturno, con aspecto de demonio pero corazón cristiano, directo desde Alemania; Ave de Trueno, nativo americano para más señas; y Tormenta, la diosa del clima africana (aunque, como luego sabremos, nacida en los EEUU). El nexo de unión entre ambos grupos es, como no podía ser de otra forma, Charles Xavier. El Profesor se encarga de reclutar a tan singular alineación para una misión muy concreta, rescatar a gran parte de sus veteranos estudiantes, presos de la isla viviente Krakoa.

Tras compartir unas pocas viñetas, los viejos alumnos abandonan el lugar, exceptuando a un Cíclope que retoma su rol de líder de una renovada Patrulla X. Son momentos definitorios para la colección pues Len Wein tenía unas ideas por dónde tirar pero finalmente no pudo hacerse cargo de la serie tal como estaba previsto. Tomaría las riendas su ayudante, un joven de origen inglés llamado Chris Claremont. Y la historia del cómic de superhéroes cambió para siempre. Terminó el enfrentamiento planteado con Nefaria por parte de Wein y Cockrum (algo que ya había hecho Roy Thomas en el año 1966), y se apresuró a definir un camino propio para los mutantes. Se borra cualquier atisbo de enseñanza o tutorización con los nuevos reclutas. El Profesor X es el alma espiritual del equipo, el faro que los guía en los momentos de oscuridad, pero nada más, por lo que su rol pasa bastante desapercibido frente a la entidad de las amenazas que están por llegar. En realidad, esto no es nuevo. En la primera etapa de Thomas, incluso ya en la parte final de Lee, se había dado carpetazo al elemento pedagógico. Y todavía se hizo más patente con la llegada de Neal Adams, que compuso una serie de aventuras donde las amenazas cada vez eran más importantes. Se podría decir que era un paso lógico y normal. Una transición hacia una época que se tornaría más oscura, paso a paso.

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El guionista planteó su trabajo en base a una tridimensionalidad sin paragón en los personajes y tocando temas que afectaban a los lectores a varios niveles. Cuesta no ver en esa vía profunda un giro hacia historias más oscuras, más duras. Valgan ejemplos como la Saga de Proteo, la Saga del Club del Fuego Infernal o Días del Futuro Pasado. Los mutantes se enfrentaban a auténticas pruebas de fuego, algunas de las cuales afectaron terriblemente a los personajes principales. Otro eje primigenio que volvió renovado fue el primer gran enemigo de la Patrulla X, Magneto. Y más que nunca su relación con Xavier se convirtió en oro puro.

La presencia de Charles y Erik se ha interpretado desde el inicio de los tiempos como una versión light de dos luchadores por la libertad del “mundo real”, Martin Luther King y Malcolm X. Ambos líderes espirituales tenían el mismo objetivo, acabar con la injusta segregación racista en muchos estados americanos. Solo que tomaron posturas distintas ante la situación. King, pastor bautista, abogó por la protesta pacífica y la no agresión. Malcolm X, en cambio, estaba convencido de que los afroamericanos tenían derecho a defenderse de las vejaciones del hombre blanco, además, “por cualquier medio necesario”. Esta diferencia de criterios ante una situación que ambos denunciaban como abusiva, se puede extrapolar a nuestros dos personajes. Los hijos del átomo son arrinconados y perseguidos por el Homo Sapiens (y ya hemos visto el futuro, donde directamente se ha decretado su extinción). El Profesor X pone todos sus esfuerzos en demostrar que sus congéneres y el humano promedio pueden convivir pacíficamente, mientras que Magneto tiene claro que para que haya un futuro mutante, el Sapiens debe extinguirse. Dos formas antagónicas de afrontar el problema.

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Para que ese debate cobrase sentido, una auténtica diatriba que superase el claro bien vs mal, necesitamos un Amo del Magnetismo alejado del histrionismo y la postura del malo de opereta que tenía en su periplo inicial como enemigo de los X Men. Era obligada una profunda operación de lavado de cara, otorgando unas cuantas capas de profundidad al personaje. Y para ello Chris Claremont giró hacia una especie de sionismo. Si echamos un vistazo a los primigenios creadores del noveno arte norteamericano vemos la importante raíz judía de gran parte de ellos. Joe Shuster y Jerry Siegel, los creadores de Superman, el primer superhéroe, eran dos muchachos de origen judío que plasmaron una gran cantidad de esa carga mítica en el origen del kryptoniano. Jack Kirby y Stan Lee también lo eran, aunque el segundo fue mucho más prosaico con el tema, no así el Rey de los cómics, todo un entusiasta de las religiones y su mitología. Claremont no tuvo dudas y se propuso remozar a Magneto por esta vía.El objetivo era convertirlo de manera efectiva en una alternativa a Xavier. Así, conocemos el pasado de Erik como un judío que ha sufrido los horrores de los campos de concentración nazis en los tiempos de la II Guerra Mundial; la persecución, la incomprensión de sus convecinos, la miseria humana han golpeado y forjado la personalidad del futuro villano. Y este trasfondo lo catapulta a los puestos de cabeza entre los malvados más interesantes de la editorial, con esos intentos de redención y ese caminar por los tonos grises. Uno de esos cúlmenes en cuanto a profundidad lo tenemos en tiempos recientes con la publicación de Magneto, una serie a cargo de Cullen Bunn y Gabriel Hernández Walta, recomendable a más no poder.

Hemos hablado de personajes, de su profundidad, del drama mutante, de la trascendencia cada vez mayor de las historias. Pero ¿Qué pasa con la escuela en sí? Parece mentira que hubiera gente que todavía se acordara de la Escuela para Jóvenes Talentos, ya que la Patrulla X estaba en un proceso de ascensión evidente. En realidad, alguno de esos suplicantes lo tenía el guionista muy cerca, dentro del mismo Bullpen. Es el caso de Jim Shooter, a la sazón editor jefe de la editorial. Este obliga al bueno de Chris a introducir mutantes en edad de aprendizaje para devolver algo sentido al personaje de Xavier. Claremont, que estaba inmerso en una expansión paulatina de la cabecera junto a John Byrne, acepta a regañadientes y presenta en X Men#129 a Kitty Pride. Adolescente (trece, casi catorce años)y oriunda de Chicago, descubre sus extraños poderes (es capaz de atravesar en fase cualquier objeto solido) y se convierte en objeto codiciado entre dos “academias especiales”, la regentada por Xavier o la capitaneada por Emma Frost, entonces una malvada villana. Kitty se unirá al grupo del Profesor X, dando inicio a un adiestramiento para prepararla ante cualquier eventualidad y estableciendo una estrecha relación con Lobezno, su principal referente junto a Tormenta.

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Claremont y Byrne pensaban que con la salida a escena de Kitty Pride el editor jefe calmaría sus ansias de estudiantes. No podían estar más equivocados. Shooter seguía teniendo entre ceja y ceja que en los X Men era fundamental el tema estudiantil. Durante una temporada la colección se transformó en toda una montaña rusa por lo que apaciguó sus ánimos hasta que fuera el momento idóneo. Este pareció manifestarse a la altura de 1981. En una conversación entre Tom DeFalco y el propio Shooter se barajaba la posibilidad de dar luz verde a una segunda colección para Spiderman. Pensando, pensando… la cabecera más vendida de la editorial era X Men, ¿por qué no dársela también a los mutantes? Dicho y hecho. DeFalco se reunió con Mark Gruenwald para que fuese el artífice de esa hipotética cabecera mutante. Todo esto estaría muy bien si no fuera por el hecho de que era una operación orquestada a las espaldas de Chris Claremont. Aprovechando una ausencia por motivos editoriales, Shooter estaba dispuesto a saltarse al guionista de la principal cabecera de la editorial. Sobra decir que el bueno de Chris entró en cólera cuando se enteró de la maniobra y se propuso, con la ayuda de su editora, Louise Simonson, mantener el control sobre todo el entorno mutante. Trabajaron sobre la idea de un retorno de Xavier a su rol inicial de profesor; si Shooter quería una escuela y alumnos, lo iba a tener. El Editor jefe, con evidente criterio, se quedó con la propuesta de Claremont, con lo que se abría la expansión de la franquicia con el nacimiento de los Nuevos Mutantes. Y con ella una floreciente cantidad de renovados intentos por mantener la imagen de academia para jóvenes hijos del átomo. Y este aspecto merece algo más atención, que le vamos a dedicar en el siguiente punto.

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A modo de despedida, resaltar que la doble vertiente escuela-grupo de liberación mutante ha pervivido a lo largo de los años en las series principales. Desde la conversión de los New Mutants en X Force, cortesía de Rob Liefeld, donde Cable actúa como mentor de un puñado de Hombres X, hasta la refrescante etapa de Grant Morrison en New X Men, con la Academia Xavier repleta hasta la bandera de vida estudiantil, son buenos ejemplos de esa convivencia de ambos estatus. Nosotros, por ahora, vamos a centrarnos en cabeceras mayoritariamente adolescentes, donde mejor se puede calibrar el papel maestro-alumno dentro de la franquicia.

Las diversas escuelas mutantes a lo la largo de la historia

Ya sabemos las razones que llevaron a Chris Claremont a abrir una segunda cabecera mutante a inicios de los años ochenta. Todo el empeño que había puesto el guionista en mostrar la profundidad del “odiados y temidos” era menospreciada por su editor jefe simple y llanamente porque los integrantes de la Patrulla X ya no lucían como estudiantes. De mala gana, tuvo que poner en marcha The New Mutants, nombre que homenajea el título original que había pensado Stan Lee en los sesenta. Esto no quiere decir que Chris no pusiera sus mejores esfuerzos en que la colección funcionase. De hecho, fue una cabecera señera y los bebés X, nombre cariñoso con que les conocían los aficionados, llegó a vender más que personajes plenamente reconocidos. Lo más importante es que con los Nuevos Mutantes se abre el camino de los X Men para convertirse en franquicia. Variadas colecciones irían surgiendo con el paso del tiempo. Y entre ellas, casi siempre encontramos alguna que tiene su foco principal en jóvenes aprendices de superhéroes. Ahora toca glosar alguna de esas cabeceras, comenzando por la más prestigiosa y longeva.

Nuevos Mutantes: la Tercera Génesis nos trajo un grupo renovado de portadores del gen X con raíces internacionales, tal y como manda la tradición. El Profesor X abandonaría la Patrulla para dirigir los entrenamientos de Xi’an Coy Manh (Karma), Sam Guthrie (Bala de Cañón), Roberto DaCosta (Mancha Solar), Rahne Sinclair (Loba Venenosa) y Danielle Moonstar (Espejismo). El equipo debuta con grandes fastos en una Novela Gráfica Marvel, a cargo del propio Claremont y del dibujante Bob McLeod, primer artista oficial de la cabecera, para luego continuar su periplo de manera habitual. Rápidamente se apresuran a separar sus caminos de sus hermanos mayores pues Charles Xavier no está dispuesto a que sean un segundo equipo de superhéroes. Son un grupo de alumnos que van a descubrir cómo hacer funcionar sus poderes. Parece evidente que el guionista se pliega a los designios editoriales, una nueva escuela para jóvenes talentos. En principio pues poco a poco, con su habilidad característica, irá dotando a los personajes de un trasfondo propio que dejará en segundo plano el tema de la enseñanza. Nuestros chicos comienzan a evolucionar a pasos agigantados, les vemos sufrir peligros, enfrentarse a amenazas considerables y llegado el momento, incluso prescindirán de las enseñanzas de Xavier.
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La llegada de nuevos miembros a la formación, entre los que hay que citara a Magma, Magik, Cifra o Warlock, supo generar nuevas dinámicas de grupo entre los chavales. Y la entrada en la parte gráfica de un dibujante legendario como Bill Sienkiewicz provocó reacciones encontradas entre los aficionados, dotando de una fina aura de serie culto el trabajo de la dupla creativa. Todo esto no afectó a Claremont que aposó por cimentar unas bases firmes que se mantuvieron casi inmutables inclusive cuando se vio forzado a ceder el testigo a su editora, Louise Simonson, en los guiones. Tras muchos años trabajando juntos, no había mejor sucesora en la editorial. La trasformación más drástica vino por parte de un hambriento dibujante llamado Rob Liefeld ya en pleno año 1990. Su llegada supuso un aumento significativo de ventas y el concepto se le quedaba pequeño, por lo que puso sus empeños en remozarlo de arriba abajo, saltándose a la guionista titular. En New Mutants#98 comienza un ciclo que terminará en un número tan redondo como el #100, trayendo un cambio radical a la cabecera. Ésta pasaría a retitularse a partir de entonces como X Force, convirtiéndose en símbolo de los mutantes más proactivos en el Universo Marvel. Un misterioso personaje conocido como Cable, venido del futuro, mostraría la dura vida militar a unos cadetes que desconocían los importantes peligros que estaban por venir. Y es que daban comienzo los años noventa, una década plena de agresividad y testosterona.

Una tradición centenaria deja en la editorial la sensación de que el concepto ha calado en el aficionado. Así, a inicios del siglo XXI se pone en marcha el volumen dos de los Nuevos Mutantes. Muchísimo más breve, pues apenas fueron trece números los que vieron la luz entre 2003-2004, traía de vuelta la Escuela Xavier para Jóvenes Talentos y nueva hornada de estudiantes. Por sus páginas veríamos a los miembros de la Patrulla X junto a clásicos integrantes de la formación, como Danielle Moonstar, que se encontraba en la obligación de transmitir el legado como antigua alumna. Como colofón final a la cabecera seríamos testigos de una nostálgica reunión de los Nuevos Mutantes originales, pues la serie echaría el cierre y pasaría a renombrarse como New X Men volumen dos.
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Todavía nos queda otro intento de reflotar el equipo. En 2009 se decidió que era prioritario agrupar a la mayoría de los miembros originales, que colaboraban en diversos aspectos de la expansión mutante, para intentar dar el lustre necesario a tan apreciado título. Con tramas que hunden sus raíces en muchos casos en la cabecera primigenia, este volumen tres de New Mutants llegó a contar con cincuenta números, gracias al buen hacer de guionistas como Zeb Wells, Dan Abnett y Andy Lanning. También tuvieron que estar atentos a los importantes cambios que estaban ocurriendo en la franquicia, por lo que se vieron sumergidos en crossovers de todo tipo. Los diversos autores pasaron por alto el tema enseñanza y pusieron sus esfuerzos en seguir el credo “claremontiano”: acción, drama y mucho desarrollo de personajes.

La colección cerró sus puertas en 2012, justo al inicio de ese gran movimiento editorial que fue Marvel Now! Desde entonces, hemos podido ver a sus reconocidos miembros por variadas colecciones, saliendo incluso de la franquicia mutante, pero de Nuevos Mutantes no tenemos noticias, ni información al respecto de que vaya a retornar a corto plazo. Pero no se preocupen, aunque sea de forma circunstancial, volverán.
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X-Terminadores: este curioso concepto surgió como mini serie a raíz de los acontecimientos de Inferno, un evento orquestado por Chris Claremont en 1988. Pero sus orígenes y trasfondo habría que retrotraerlo unos años antes. La vuelta de Jean Grey al panorama editorial por todo lo alto supuso la reunión de los cinco miembros originales de la Patrulla X. Su discreto propósito, ya que pululaban unos X Men oficiales salvando la papeleta, era recoger mutantes perdidos, incapaces de controlar sus poderes, y enseñarles, tal y como hizo con ellos el legendario Profesor X. Pero desde un pretendido anonimato, trabajando como el grupo X Factor, no podían dejar que el mundo les descubriera por lo que adoptaron el rol de cazadores de mutantes. Raro, pero cierto. Como X-Terminadores aparecían en escena pero sus intenciones reales eran salvar a los jóvenes hijos del átomo que localizaban. Poco a poco fueron conformando un pequeño grupo de alumnos que convivían con los originales, entrenando sus poderes y aprendiendo que el mundo es frío y áspero. Llegado el momento, esos chavales fueron licenciados por X Factor, adaptándose a la vida normal, entre cuyos objetivos entraba asistir a la escuela junto a humanos sin poderes. Justo en ese momento se produce una invasión desde el Limbo, provocando que tengan que dejar de lado la normalidad y sacar a la luz lo aprendido. X-Terminators apenas duró cuatro números, además circunscritos al citado crossover Inferno, y no se ha vuelto a utilizar desde entonces. Pero nos parecía el pie justo para recordar la labor de los alumnos primigenios y su compromiso con el sueño de Xavier.
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Generación X: ya hemos comentado que los años noventa entraron con unas actitudes agresivas. No se estilaba la tranquila vida estudiantil. Que se lo digan a los abnegados miembros de Nuevos Mutantes, reconvertidos en un grupo paramilitar. Pero si algo hemos aprendido hasta ahora es a apreciar la enseñanza de jóvenes mutantes como símbolo de supervivencia y desarrollo. La franquicia se había convertido en la más popular de toda la editorial, por lo que había hueco para una serie juvenil con reminiscencias de tiempos pasados. Se aprovechó el evento de turno, Alianza Falange en este caso, para convertirlo en kilómetro cero de esta andadura. Se recupera a dos personajes que tenían tradición como tutores: Banshee ayudó a Moira en su momento y Emma Frost había regentado la Academia Massachusetts. Con esos mimbres, Scott Lobdell y Chris Bachalo articularon la colección juvenil mutante por antonomasia durante los noventa. Júbilo, M, Cámara, Vaina…son algunos de los nombres que se convertirán en populares durante este periodo. La serie se inició en 1994 y estaría en activo hasta el año 2001, con guionistas como el citado Lobdell, el veterano Larry Hama o el menos recordado, Jay Faerber. A inicios de siglo se produjo un intento de agitar, renovar y atraer nuevos lectores a ciertas cabeceras que parecían estancadas. Warren Ellis se puso al frente de este movimiento conocido como Contra X y Generación X no fue ajena a él. Ellis de manera conceptual y Brian Wood a los guiones trataron de reflotar a estos jóvenes pero solo consiguieron aguantar algo más de un año. La cabecera fue cancelada para no volver.
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Nuevos X Men. Academia X: series como Nuevos Mutantes o Generación X habían asentado el tratamiento juvenil en la franquicia durante los años ochenta y noventa. Llegado al nuevo siglo, con el fallido intento de Contra X, todavía se seguiría intentado y para ello que mejor que contar con un nombre con solera que trajera el prestigio necesario. De ahí, que se optara por iniciar un nuevo volumen de New Mutants. Como hemos visto líneas arriba, la serie no atrajo al público necesario, por lo que se optó pura y llanamente por cambiarle el nombre. Continúa el mismo equipo creativo, Nunzio DeFilippis y Christina Weir, y se mantiene a la totalidad del plantel anterior, exceptuando quizás alguna aparición de antiguos alumnos de Xavier, más que nada por justificar el nombre de Nuevos Mutantes. A partir de ahora hablamos de New X Men vol. 2, volumen que adopta el título que portara la alabada etapa de Grant Morrison en la franquicia. En estas aventuras se abandona la Academia en sí, a pesar de su título inicial, y los autores tienden claramente a la acción pura y dura. No en vano fueron ellos los que tuvieron lidiar con las consecuencias del Día de M.
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Justo a continuación nos encontramos con cambio de equipo creativo. La entrada de Craig Kyle y Christ Yost asienta la cabecera en su tramo final, con aspectos tan importantes como el fichaje de X23, la vuelta a la acción de Illyana Rasputín o su participación en el evento Complejo de Mesías. A partir de aquí, los guionistas pondrían sus esfuerzos en temas mayores como reflotar otro concepto muy noventero, X Force. Cuarenta y seis números para una cabecera al estilo clásico pero donde el tema estudiantil, por mucho que sus protagonistas sean jóvenes mutantes, prácticamente brilla por sus ausencia.
Jóvenes X-Men: siguiendo el periplo juvenil, con el cierre de New x Men vol.2, hemos llegado al año 2008. Y aunque no lo parezca, todas estas colecciones del nuevo siglo están interconectadas. Desde New Mutants Vol. 2 hasta la ya citada Academia X son continuaciones naturales una de otra y tienen su cierre definitivo con Young X-Men. Esta breve colección, de doce números de duración, recoge a un pequeño grupo ya conocido por nosotros y los pone al servicio de Cíclope para misiones concretas. Scott Summers adopta aquí un papel muy similar al que tuvo Xavier en su día, solo que ahora los mutantes viven horas oscuras. Marc Guggenheim y Yanick Paquette fueron sus principales responsables y trataron de jugar con sugerentes conceptos de la mitología mutante, con poco éxito hay que remarcar. Jóvenes X-Men tampoco ha sido una marca que se haya recuperado en posteriores intentonas.
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Generación Hope: tras el duro golpe del Día de M, que trajo consigo la diezma de mutantes, los tiempos habían pasado a ser realmente oscuros, con el fantasma de la extinción al fondo. Todo cambió con el nacimiento del primer bebé con mutación tras las infaustas palabras de la Bruja Escarlata. Tras librarse una guerra por hacerse con el recién nacido, una niña a la que se llamaría Hope como clara alusión a la esperanza en el futuro mutante, Cable apareció en escena y logró llevarla al futuro donde, en apariencia (condenado Bishop), estaría segura. La niña fue creciendo, aprendiendo todo lo necesario de un soldado como Nathan, del que no tardaría en tomar el modelo de padre. El hijo de Askani sabía que tarde o temprano debía regresar para adoptar el rol de Mesías Mutante. Y una guerra al respecto da buena fe de ello. El caso es que al poco de su retorno, se rompió el maleficio y nuevos congéneres empezaron a surgir. Kieron Gillen trató el tema en su Patrulla X, en el arco conocido como las “Cinco Luces”. Jóvenes mutantes que descubren sus poderes y son puestos bajo la tutela de Hope. A pesar de permanecer como fijos en las series principales, el guionista decide darles una cabecera propia a los chicos para continuar con la exploración de los interiores de la Mesías, en el fondo una muchacha, y los nuevos reclutas. Generation Hope consta de doce números, obra de Gillen y el dibujante español Salva Espín, y en ellos se establece la dinámica de este renovado grupo y sus conexiones con el resto del entramado X. La serie cerró en mayo de 2012 (fecha de portada) debido a la cercanía de los acontecimientos de Avengers vs X Men, a cuya conclusión el papel de Hope sería reformulado para los restos.
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Lobezno y la Patrulla X: subirse en la montaña rusa que suponen los mutantes puede provocar efectos secundarios en según qué guionistas. Algunos entienden su idiosincrasia; otros se pierden en ideas peregrinas. Jason Aaron, guionista entonces de Lobezno, pensó que sería interesante plantear una separación en la Patrulla X, tras llevar una temporada asentados en la ciudad de San Francisco. Ese Cisma venía de la diferencia de criterios entre el líder natural, Cíclope, y el propio Logan con respecto a los jóvenes estudiantes. El canadiense comienza a ver con malos ojos que Scott presione y utilice a los chavales en las distintas contiendas. Esto desembocó en enfrentamiento personal, con violencia de por medio, porque claramente no había otra forma de solucionarlo. La conclusión general es que se produjo una fractura entre los hijos del átomo; unos se quedaron con Summers y otros marcharon con el canadiense. Lobezno, que siempre ha sido un tipo meditabundo y reflexivo, decide montar una escuela donde antes se situaba la vieja Mansión X. Además, le pone el nombre Escuela Jean Grey, porque ese nombre le pertenece en propiedad.
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Dejamos aparte el dislate que supone Cisma y nos centramos en una de sus consecuencias fundamentales, la salida de Wolverine and the X Men, colección iniciada por Jason Aaron y Chris Bachalo. En ella seremos testigos del funcionamiento de esta renovada escuela y veremos de cerca toda una nueva hornada de estudiantes, trabajando con fuerza el concepto de academia mutante. No todo será vida estudiantil, más estando el mutante de las garras de adamantium como protagonista esencial. Pero es innegable que nos hallamos ante la más apreciada colección sobre estudiantes mutantes en lo que va de siglo. Tanto es así que, a la salida de Aaron en 2014 de la cabecera, se propuso un segundo volumen a cargo de Jason Latour, que apenas contó con doce entregas. E incluso, ya rizando el rizo, llegamos a contar con Spiderman como profesor de los estudiantes a la muerte de Lobezno. Una curiosidad en forma de mini serie previa a Secret Wars.

Como se puede apreciar, la enseñanza, alumnos y profesores, han tenido su importancia durante todos estos años, recordando aquel axioma inicial de la patrulla ideada por Lee y Kirby. Entre las ocurrencias más llamativas de la actualidad estuvo el traer al presente a los cinco originales, cortesía de Brian Michael Bendis, para demostrar al Cíclope veterano que era necesario cambiar (curioso movimiento cuando se está viendo de forma más clara aquello de que “Cyclops was right”). No es que fuese el culmen de la originalidad, pues series con los primeros alumnos de Xavier hemos tenido recientemente. Hablamos de First Class, que empezó como mini serie y terminó por asentarse hasta dar lugar a spin offs y todo. O la excelente obra de Joe Casey y Steve Rude, Hijos del Átomo, donde se alumbraba cierta luz en años oscuros, siguiendo la senda de Roy Thomas en los sesenta. Ambos casos son distintos pues son tramas planteadas fuera de continuidad. Los cinco originales, a día de hoy, todavía permanecen en Tierra Primordial. Y parecen no decididos a abandonar nuestra línea temporal, convertidos en protagonistas de la pertinente cabecera juvenil, All New X Men vol.2, escrita por Dennis Hopeless y dibujada por Mark Bagley. Ahora, como antaño, disfrutamos del equipo original, rememorando los días de los X men de Stan y Jack.

El tema escolar en la franquicia cinematográfica

Puede que alguien no lo crea pero hubo un tiempo en que Marvel se encontraba en bancarrota técnica y no se le ocurrió mejor idea que vender los derechos de sus personajes a diestro y siniestro para explotar en el séptimo arte. Se puede argüir que nadie hubiera imaginado el éxito sin parangón de Marvel Studios, aunque un servidor prefiere pensar que los que regentaban la compañía en aquellas fechas no tenían muchas luces. El caso es que los mutantes cayeron en manos de 20 Century Fox, al igual que 4 Fantásticos o Daredevil. Dentro de esta compañía estaba la productora Lauren Shuler Donner, esposa del mítico director de Superman, que puso mucho empeño en sacar adelante una cinta con los X Men de protagonistas. Después de tentar a directores como Robert Rodríguez, el encargo recaló finalmente en Bryan Singer, un joven realizador con una muy alabada Sospechosos habituales en su haber. Para empezar, el director no tenía ni idea de quienes eran esos personajes. ¿Los X Men? ¿Mutantes? Poco a poco fue introduciéndose en su complejo mundo y pudo encontrar algo con lo que relacionarse. Singer, como judío y homosexual, era especialmente sensible al tema de la persecución hacia las minorías. Todo ese entorno opresor del “odiados y temidos” podía resultar muy interesante explorarlo por lo que se a decidió a dar el paso. Pudiera ser que la facción que más atrajera a director y productores fuese el aspecto de grupo de liberación mutante. Pero, contrariamente a otros temas que resultaron polémicos en su tiempo (entre ellos, el estético, con la ausencia de los uniformes clásicos, o redefinir personajes a su antojo), Singer sí tuvo en cuenta el rol de la Escuela Xavier para mutantes y le dio una importante visibilidad en la cinta.

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Debemos hacerlo bien. Sí comenzamos una historia es obligado hacerlo por el principio. El equipo responsable de X Men, título definitivo con el que se estrenaría la película, puso su mira principal en determinados personajes. Ahora es fácil hablar de Hugh Jackman y su aportación a la franquicia en su papel de Wolverine (Lobezno, para los amigos). Por aquellos días era un actor australiano poco conocido que trataba de labrarse un camino en Hollywood. Él va a ser nuestro eje conductor durante toda la acción. Uno de sus características más recordadas en los cómics es haber hecho de mentor en buen puñado de chicas jóvenes, desde Kitty Pride hasta X23, pasando por Júbilo. Pensando en ese detalle, se introduce a Pícara. En el noveno arte se trata de una muchacha que comenzó en el lado incorrecto de la ecuación pero que el Profesor X supo redimir, formando parte de los X Men a todos los efectos. Su adaptación al cine en más bien libre, solo respetando su habilidad de absorber el poder de otros mutantes. El resto, muy distinto. Aquí es casi una niña, un alma confundida al descubrir su verdadera esencia, que busca el amparo de alguien más experimentado, el ya citado Lobezno. Interpretada por Anna Paquin, una estrella en ciernes, ganadora de un Oscar por El Piano, su relación con Logan será uno de los baluartes que sustenten la trama que está por venir.

El buen Lobezno tendrá a bien cobijar bajo su manto a la inexperta Pícara cuando la realidad les golpea de frente. Existen dos grupos antagónicos de mutantes que ansían hacerse con sus servicios; dos visiones contrapuestas en las figuras de Charles Xavier (Patrick Stewart) y de Magneto (Ian McKellen). Magnífica traslación de las viñetas al celuloide. El grupo del Profesor X, mucho más amigable, acerca a nuestros protagonistas a la Mansión para descubrir algo tremendamente interesante. Bajo sus imponentes muros se encuentra una escuela para jóvenes con talentos especiales repleta de vida. Singer supo comprender que el proceso de aprendizaje es fundamental para conservar el futuro de los hijos del átomo. A la vez que se intentaba poner freno a los planes de Erik, Pícara se adaptaba a la dinámica de clases dirigidas por Xavier, haciendo nuevos amigos como el Hombre de Hielo (interpretado por Shawn Ashmore). La Escuela para Jóvenes Talentos permanecería como parte inalterable en la primera trilogía, aunque muchas veces en un discreto segundo plano.

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X2 no dejaría mucho espacio para el sector juvenil. Logan, su origen relacionado con Arma X y la histeria anti-mutante ya eran suficientes temas y de lo más interesantes como para desviar la atención del espectador. A pesar de esta afirmación, hay una escena de lo más espectacular que merece ser recordada, el asalto de las fuerzas del Coronel Striker a la Mansión repleta de chavales. Con un Wolverine tratando de salvar a los asustados alumnos de los asaltantes mandados por el taimado oficial, recibiría ayuda de alguno de los estudiantes, entre ellos un Coloso de nuevo cuño (con el rostro de Daniel Cudmore que retomaría su papel en posteriores entregas, no así en Deadpool donde ha sido sustituido por puro CGI),. En X Men 3 La Decisión Final el grupo de hombres X tiene que lidiar con la pérdida de alguien muy apreciado pero aun así observamos el típico funcionamiento de clase en la Sala de Peligro, Centinelas incluidos. No se puede negar que esta tercera parte, la que pone fin a la primera trilogía mutante, con una singular mezcla de arcos comiqueros muy conocidos como la “Saga de Fénix Oscura” de Claremont y Byrne, y “El Don” de los Astonishing de Joss Whedon y John Cassaday, no permite lucir el concepto de escuela mutante. Su principal interés es plantear una historia épica como potente colofón a una franquicia cinematográfica realmente exitosa. Solo podemos hacer referencia a la búsqueda de Erik y Xavier de jóvenes con poderes a los que enseñar, la aparición de Kitty Pride de una forma relevante (en la primera hubo un cameo más bien fugaz; en esta ya la tenemos como parte del casting en la cara de Ellen Paige) y que el fin de todos los males para la raza mutante sea un niño, una libre adaptación del personaje que los aficionados conocemos como Sanguijuela. Poco más nos interesa de ella, si acaso asistir al modesto fin de ciclo reservado para Pícara, que había comenzado siendo alguien importante en el elenco, y cuya falta de relevancia paulatina la convirtió en esta última cinta en casi parte del atrezo.

X Men 3 supone la conclusión de una de las primeras trilogías de superhéroes. Finiquitada por Brett Ratner, tras la salida de Singer hacia Warner Bros para rodar un nuevo renacimiento de Superman, es una película que raya en perfecta sintonía con las anteriores, ya que contiene los elementos habituales exceptuando al citado realizador. Los mutantes y sus problemas, el sueño de Xavier, la Escuela… comenzaron a formar parte del imaginario colectivo. En Fox se habían dado cuenta, hacía ya algún tiempo, que en sus manos tenían un filón importante y que había que aprovecharlo. Se dio luz verde para una serie de proyectos en forma de spin off, siendo los primeros personajes barajados los más populares, Wolverine y Magneto. La buena taquilla de “La Decisión Final” tuvo como consecuencia directa el empezar a trabajar en la del mutante canadiense, no en vano había sido la pieza fundamental en el cimentar de la franquicia. Sin perder tiempo, la productora nos presentó X Men Orígenes: Lobezno y casi terminan con todo el prestigio que habían conseguido hasta el momento.

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La cinta de Gavin Hood apenas nos importa para el tema que estamos tratando, obviando la parte que demuestra que hay jóvenes mutantes en los que hay intereses puestos (unos Cíclope y Emma Frost imposibles de casar con la cronología), lo que incluye a los malvados responsables de Arma X. Pero sí supuso un replanteamiento por parte de Fox de lo que estaba por venir. Sin tener una mala taquilla, pues recaudó más del doble de lo que costó realizarla, dejaba muestras de que no había sido tan bien recibida como la productora esperaba. Esto, unido al batacazo de otras producciones marvelitas como Elektra o la segunda de los 4 Fantásticos, hizo que las máximos responsables variasen la hoja de ruta. Para empezar, el resto de spin offs en preparación, entre los que destacan el de Magneto y uno que trataba sobre los Nuevos Mutantes, quedaban cancelados. Todo el trabajo de guionistas realizado durante meses parecía que se tiraba directamente por el retrete, buscando una mejor solución para la franquicia.

Esta solución pasaba por la vuelta de Bryan Singer con el que se estuvo tratando de cuadrar agendas pero cuya dificultad lo hacía algo imposible. Sí que tuvo tiempo de presentar un tratamiento de guion donde se refundía trazas de la hipotética película de Magneto con una vuelta a los orígenes del Profesor X. La trama se retrotraía a los años 60, con unos Charles y Erik (James McAvoy y Michael Fassbender, respectivamente) en sus inicios, como protagonistas casi absolutos, acompañados de una plantilla de hijos del átomo recogidos de diversos periodos históricos. Y es que después de usar a los más reconocidos mutantes en la anterior trilogía tocaba tirar del armario de los personajes menos populares. A esto hay que añadir el recolocación de Mística (con la cara de una rutilante Jennifer Lawrence), una especie de hermana-confidente para Charles, y de la Bestia (encarnado por Nicholas Hoult) como el abnegado amigo del futuro Profesor X. La película sería dirigida finalmente por Mathew Vaughn y producida, entre otros, por el propio Singer.

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X Men: Primera Generación es la perfecta traslación de lo que representa esa dualidad entre escuela y grupo comprometido con los mutantes. Aparte de la brillante relación Xavier-Magneto, todo la cinta versa acerca de la capacidad del Profesor en enseñar a un grupo de inexpertos pupilos el camino de la convivencia pacífica con los humanos. Mención especial a esos entrenamientos en una versión arcaica de la Sala de Peligro que nos recuerdan los momentos en que Stan y Jack fogueaban a los adolescentes más extraños de todos. First Class fue muy bien recibida por público y crítica, lo que posibilitó el esperado regreso del hijo pródigo. Brian Synger recogió lo narrado por Vaughn y se propuso conjuntar esta última cinta con su trilogía original. Para ello se sirvió del celebérrimo arco argumental “Días del Futuro Pasado”, con viajes a través del tiempo incluido y una trama central situada en plenos años setenta. En el futuro, como pueden imaginar, con el peligro que suponen los Centinelas, no hay academias ni mutantes que enseñar de por medio, aunque sí aparecen muchos de aquellos que figuraban en la Escuela Xavier. En los setenta nos encontramos a un Profesor X alicaído, hundido, alguien que ha perdido la pasión por el sueño que le había llevado a fundar una academia para jóvenes dotados. De alguna forma, debe recuperarse para afrontar los retos que un Lobezno llegado del futuro le comunica que está presto a acometer. De todos modos, es significativo que el cierre de la obra, el final feliz, sea la vuelta a la vida de la escuela que conocimos en el año 2000, lo que supone un broche perfecto a esa identificación entre enseñanza y futuro mutante.

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Peldaño a peldaño hemos llegado a Apocalipsis. De nuevo el Profesor Xavier está preparado para acometer la importante misión de liderar el camino de jóvenes portadores del gen X. Así, ya sabemos que por sus fotogramas desfilan destacados personajes como Jean Grey, Scott Summers o Kurt Wagner, entre otros, como la nueva clase de 2016. Con ayuda de clásicos como Moira, Kaos, la Bestia o la recurrente Mística, estos alumnos deberán hacerse cargo de un aprendizaje exprés pues en el horizonte se otea la figura de En Sabah-nur, el primero de todos, y no va a ser nada fácil superar tamaño envite. El futuro pertenece al Homo Superior. No sabemos hasta qué punto lo seguirán comandando Simon Kinsberg, Bryan Singer y compañía. Lo que tenemos bastante claro es que han sabido adaptar, de forma muy libre hay que decir, muchas de las esencias básicas de la Patrulla X en gran parte de sus películas. Por ellas circulan la acción desenfrenada, las referencias al “odiados y temidos” y la épica a gran escala. De facto, son los temas principales a tratar durante el largo recorrido, dieciséis años ya y sumando, de la franquicia. Pero se agradece que en todo ese entramado se haya generado un hueco para la Escuela Xavier. Y como tal, así lo hemos dejado patente en estas breves líneas.

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La Patrulla X original. Volumen uno
 
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Edición original:. The X Men 1-26
Edición nacional/ España:. Panini Cómics
Guion:.Stan Lee y Roy Thomas
Dibujo:. Jack Kirby y Werner Roth
Entintado:.Paul Reinman, Chic Stone y otros
Color:.V.V.A.A.
Formato:.Tomo en tapa dura
Precio:.

39,95 euros

 

Hubo un tiempo en que nadie sabía quiénes eran los mutantes. Solo unos pocos afortunados que decidieron poner su punto de mira en una colección donde hacían gala de sus poderes los superhéroes más extraños de todos. Cinco adolescentes y su severo profesor luchando en solitario contra amenazas de lo más variadas. Decimos “unos pocos” porque X Men no es una de las cabeceras más recordadas del inicio de la Era Marvel. Ideada por Stan Lee y Jack Kirby, tampoco podemos decir que se considerara un batacazo total pues se mantuvo activa durante la década de los sesenta, con sus cambios y altibajos, llegando a la nada desdeñable cifra de sesenta y seis números. El caso fue que, debido al relanzamiento acaecido a mediados de los años setenta, la fuerza de la Segunda Génesis, casi nadie considera prioritario el conocer las bisoñas andanzas de la primigenia Patrulla X. Y como tal, esas aventuras no han contado en España con reedición acorde desde que aquí salieron a la luz en los tiempos de Vértice. Panini ha decidido poner fin a ese injusto ostracismo y ha preparado la publicación íntegra del primer volumen de The X Men, planificado en tres voluminosos tomos, contando como disponible en tiendas con el primero de ellos. Este, en concreto, cubre los inicios del equipo original formado por Lee y Kirby, más las adiciones de Jay Gavin, pseudónimo de Werner Roth, sucesor del Rey a los lápices, y el paso del testigo a nivel de guion a Roy Thomas a la altura de 1966. En total veintiséis números donde conoceremos algo mejor al Profesor X y a sus alumnos: el Ángel, el Hombre de Hielo, Cíclope, la Chica Maravillosa y la Bestia.

Hay que precisar que la editorial italiana tuvo la idea de publicar hace unos años el formato Masterwork en España, tan popular en los USA, con aciagos resultados. La Patrulla original, los Vengadores y los 4F contaron con sendos volúmenes para ser cancelados al poco tiempo y dejar colgados a los inocentes compradores que se hicieron con aquellas ediciones pensando que era el camino a seguir. También es interesante recordar que la mejor parte de este primer volumen, la realizada al alimón por Roy Thomas y Neal Adams, vio la luz en el antiguo formato Marvel Héroes, por lo que se puede decir que han se han ido recopilando etapas en forma de puzle incompleto. Ahora, desde las altas instancias, se nos asegura la total recuperación de este periodo, alternado con los consabidos y populares Omnigolds de Uncanny X Men. Esperemos que no sea un camino truncado tal y como ocurrió con los tristemente cancelados Masterworks, que, por cierto, recopilaron hasta el #15 USA.

X1

La historia, conocida por todos, es que Charles Xavier, uno de los telépatas más poderosos del mundo, recluta a un grupo de adolescentes para adiestrarles en sus recién adquiridas capacidades y además conformar un movimiento de convivencia pacífica con los humanos, pues ellos son el siguiente paso evolutivo en el planeta. Mutantes. Y como bien sabe el Profesor, hay muchos de sus congéneres que solo piensan en dominar la Tierra. Comienza así el periplo de cinco jóvenes que harán todo lo posible por contentar a su mentor, a la vez de que serán conscientes del rechazo sufrido por humanos que no comprenden su singularidad. Esa aura de incomprensión, del que trata de ayudar y no solo no es agradecido sino que además es perseguido por ello, será una constante para los hijos del átomo en aventuras venideras.

De todas formas, a Stan y Jack le cuesta coger el ritmo en esta singladura inicial. No se ve atisbo de explorar el concepto mutante y plantean aventuras autoconclusivas durante casi dos años donde el entrenamiento, la vida cotidiana (básicamente flirteo entre los chicos) y la lucha contra el malo de rigor (ya sea Magneto, la Mole, Unus o el Extraño) centran los esfuerzos de la dupla creativa. No será hasta la llegada del potente Juggernaut donde Lee y Kirby metan una velocidad extra a la cabecera. El descubrimiento de Cain Marko y su relación fraternal con Charles nos abre las puertas al origen del profesor, que los autores tienen el orgullo de presentar en The X Men#12. Y no solo eso. La tensión narrativa que aplican a esta saga de dos números se encuentra en consonancia con el prestigio de nuestros apreciados creadores. El paso firme del Juggernaut, tirando abajo todo lo que le envían los X Men, hace incluso que Xavier busque ayuda en otros superhéroes, acudiendo a la llamada de auxilio la Antorcha Humana de los 4 Fantásticos. Con el uso combinado de los poderes de nuestros protagonistas consiguen reducir al temible Cain.

A renglón seguido comienza un ciclo en tres partes que nos presenta a los Centinelas. Esta trilogía compone lo más interesante del tomo y la cima artística de los creadores originales. La cantidad de conceptos que destilan estos números, a pesar del simple Deus ex machina que se articula para terminar con la trama, es del todo elogiable. Una primera piedra de toque importante en la confección de la mejor tradición mutante (The X Men#14-17).Una pena que, tras la recorrido para llegar a este punto, la cosa no vaya a más. Los inicios de la Patrulla tienen el encanto de ir descubriendo a los mutantes pero no hay ninguna historia potente que la haga destacar. Son básicamente tramas sencillas y procedimentales. Hasta la llegada de los Centinelas ( y el adelanto del Juggernaut). Gran parte de ese bajón vendría dado por el paulatino abandono de los creadores originales, comenzando por el responsable gráfico.

X2

Aunque aparece acreditado en varios ejemplares posteriores, desde el #11 el trabajo de Jack Kirby en la serie ya no era del todo suyo. A pesar de contar con una cadencia bimestral, Kirby fue incapaz de seguir el ritmo vertiginoso. Tenemos que advertir que realizaba múltiples series al mes en la editorial, por lo que en un momento dado decidió abandonar aquellas que menos le interesaban. Está claro que la Patrulla X fue una de esas damnificadas. Como contribución del bueno de Jack nos quedamos con algunos elementos bastante personales como la tecnológica Sala de Peligro, la introducción de la estimulante Tierra Salvaje como paraje ignoto y la aparición de un personaje como el Extraño, que con el paso del tiempo sería conocido como uno de los Primigenios del universo. Stan se hallaba realmente preocupado pues consideraba al Rey como insustituible, por lo que le propuso abocetar las siguientes entregas (del #11 al #17). Para acabar esas páginas se contó primero con Alex Toth, que no quiso saber nada más allá de un número, y con Jay Gavin. Bajo este misterioso alias se encontraba Werner Roth, antiguo asalariado de Atlas, que se reencontró con Stan en el momento justo para que le ofreciera redondear los bocetos de Kirby. Por aquellos días trabajaba en otros proyectos para la Distinguida Competencia por lo que decidió firmar con pseudónimo. Finalmente, sería instaurado como artista oficial de la cabecera, dejando bien patente su nombre en los créditos.

Jack no sería el único en ceder el testigo. Tras diecinueve ejemplares firmados, The Man también abandona a Xavier y sus chicos, tomando el mando de la nave un joven licenciado en literatura con mucha fe en los cómics. Hablamos de Roy Thomas, recién aterrizado en la Casa de las Ideas. Entre ambos firman todos los guiones encontrados en este volumen y no se puede decir que sean de sus mejores trabajos. Lee planta muchas semillas en el inicio de la Patrulla, eso es algo innegable, induciendo la dinámica de los chicos con el profesor y su entorno. Pero las tramas pecan de simplistas, con casi nula búsqueda de motivaciones, cediendo casi toda la fuerza a la acción donde un Kirby imbatible daba lo mejor de sí. Tardaría en llegar a momentos destacables, las ya comentadas sagas del Juggernaut y los Centinelas, para terminar por dejar este apartado en algo más que correcto. No así el bueno de Roy que apenas aporta nada a la mitología mutante y que solo inventa alguno de los villanos más lamentables de la historia de los X Men.

En el apartado gráfico contamos al inicio con el buen hacer de Jack Kirby. Solo por eso ya merece la pena este tomo. Entintado por Paul Reinman y por Chic Stone, hay que apuntar que le queda mejor los acabados del segundo, aportando un empaque mucho mayor como podemos apreciar en el feudo con los Vengadores o la visita a Tierra Salvaje. Werner Roth sería el sustituto asignado y trataría de mantener esa personalidad gráfica tan propia del Rey, y no solo en los episodios previamente abocetados. Poco a poco iría soltando ese yugo para ofrecer su propia manera de afrontar los X Men, obviando las figuras más contundentes tan características de Jack Kirby para ir paulatinamente dejando una definición de personajes más refinada. Narrativamente sólido, sin destacar en demasía, pero siempre profesional es el mejor piropo que le podemos dejar al bueno de Werner, un artista que ha pasado bastante desapercibido por suceder al gran Jack y preceder al talentoso Neal Adams, pero que cubrió con soltura el largo periodo intermedio.

X3

A modo de conclusión, resaltar el interés que suscita tener completa una etapa clásica como esta de la Patrulla X disponible en el mercado. Lástima que no sea una dechado de virtudes pues son historias que en muchos casos se le ven las costuras, pero no se puede negar el valor histórico que traen consigo. Para todos los completistas mutantes debe ser una compra asegurada, no tanto indicado para buscadores de calidad per se. El verdadero salto de calidad se produjo con la Segunda Génesis, unos tebeos imprescindibles que distan mucho de hundir motivaciones o incluso personajes (con las salvedades ya conocidas) en estos primigenios X Men. Aun así, nos parece conveniente y necesaria esta recuperación, pues es justo recordar que antes de la grandeza existió un periodo muy modesto donde cinco mutantes y su mentor trataban de salvar un mundo que no les aceptaba. Desde aquí vaya nuestro reconocimiento por ello.

Si hacemos un análisis simple de la estructura editorial en Marvel veríamos que uno de sus ejes fundamentales en la historia reciente ha sido los mutantes. Extraños seres que nacen con poderes latentes de los que el humano corriente suele recelar al ser consciente de que son el próximo paso…

La Patrulla X original 1

Guion - 5
Dibujo - 6.5
Interés - 6.5

6

Valoración Global

Un volumen que nos enseña cómo eran los primeros mutantes, bastante alejados, eso sí, de la grandeza que consiguieron en épocas posteriores

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Mimico
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¡Articulazo! Excelente como acostumbra, Sr. Porras. Pero este lo he disfrutado más que los anteriores por tratar sobre mis personajes Marvel favoritos.

A pesar de ello, y con el modo de lector exigente ON, hacerle un par de observaciones:

En los grupos sobre academias o escuelas de mutantes, ha obviado a los Ángeles Caídos (Fallen Angels) un spinoff de los Nuevos Mutantes que duró ¿9 números?

Y los Masterworks de Panini sólo alcanzaron el número 15 (no el 16), dejando cortada la saga de los Centinelas. Además de las historias complementarias del 38 al 47 con los orígenes y poderes de Cíclope y el Hombre de Hielo.

Y también ha obviado el brevísimo paso de Gary Friedrich por la serie (entre Thomas y Drake). Y se le ha caído un “T” en un “aposó” que he leído en la parte de Los Nuevos Mutantes.

molon labe
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molon labe

Grandisimo articulo Sr Porras, este si que no es de luego me lo leo. Mastodontico, acojojante. Un 6,7 para el autor.

Save
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Save

¿Escuela para jóvenes o grupo de liberación mutante?

Ciñéndonos a la Patrulla-X, que no a la franquicia mutante, diría que ninguna. X-Men= aventuras + melodrama, fórmula ganadora.

Pulque Vengador
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Pulque Vengador

Muy buen artículo. Aquí en México los X-Men fueron quienes construyeron toda una generación de lectores de comics, entre los que me incluyo. La industria nacional nunca se consolidó y a pesar de que existían publicaciones de la distinguida competencia y del “hombre araña” entre otras, estas no permearon en los niños y preadolescentes de los noventas, existía una concepción de los padres de aquel entonces de que los comics eran lecturas para vagos, por decirlo de alguna manera, pero una serie animada, caricatura llamada en este país, que presentaba a guepardo (lobezno), titania (pícara) y a otros coloridos mutantes comenzó a atraer al público infantil, y de pronto anunciaban los comics de estos personajes en tu puesto de revistas favorito, en mi caso comencé leyendo Uncanny, X-Men y X-Men Adventures, de ahí a dar el salto a otras colecciones en español primero y al ver limitada la oferta e incrementada mi demanda, optar también por publicaciones en inglés. Los Hombres X en México no han perdido a sus fieles lectores a pesar de los cambios y saltos de editoriales, de los malos argumentos y errores en el manejo de personajes, tan es así que casi 20 años después de aquella serie animada, aún continúa su publicación, esperando que Marvel recapacite y le regrese a los hijos del átomo el futuro brillante que en el pasado tuvieron. Saludos desde el otro lado del Atlántico.

chinchi
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chinchi

Grandísimo artículo, mi más sincera enhorabuena. Desde aquí rompo una lanza por Generación X, serie muy noventera pero con unos diseños de Bachalo tan impresionantes que hacían olvidar el guión de Lobdell.
Y no has mencionado la “Escuela” que montó Cíclope en la reciente serie de SHIELD escrita por BENDIS! … pero has hecho bien, aquello no pasó, fue algo que comimos y debió sentarnos mal.
Pd: La Patrulla X es tan grande que puede ser Escuela, grupo de renegados, y lo que les dé la gana.

Dynamo
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Dynamo

Pues dos años que llevamos disfrutando con sus artículos, Señor Porras. Dando alegrías desde el primer momento, con aquel artículo sobre ¿los saqueadores estelares?. Aunque veo que comienza su cuenta como redactor el plantilla y olvida su artículo de Warlock amigo de mi, como firma invitada.
En fin, hablando del actual, excelente repaso, soy de los que se subió al carro con el Giant Size, y disfrute de la larga etapa Claremont. Es un manual de evolución de personajes que veo complicado que se repita en la actualidad en una colección. Cálida más emoción más épica más nostalgia, esta Patrulla X es una colección única. Ya lo de los 90 me lo perdí, así que me viene excelente este repaso. Enhorabuena de nuevo .

frankbanner49
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frankbanner49

arturo empezó siendo “uno de los nuestros”,uno de esos comentaristas de a pié, que cayó bien siempre desde el principio,que hacia que, nada más ver su firma, pinchases en su avatar para ver que se contaba.y,de repente,un dia se destapa con un articulo que nos deja ojiplaticos a los que ignorabamos esa faceta de narrador del estado de animo de las mejores épocas de marvel,y encima para más recochineo,la cosa no queda aquí y vuelve a hacerlo una y otra vez con articulos cada vez más currados y profusos en información de lo más interesante.

y sigue.y sigue.

y nosotros que lo celebramos.

y de que manera.

Igverni
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Enhorabuena Arturo.

¡Otro increíble artículo para enmarcar! y van…

Omar Little
Lector
Omar Little

Impresionante, Sr. Porras. Una gozada, como suele ser habitual, de artículo.

j1n0u
Lector
j1n0u

Genial. Si aún leo cómics es por los X-men, la verdad poco me importan otros títulos y editoriales.
Además extrañamente a mí me encanta la primera patrulla-X, los 5 originales, creo que es la única publicación que no me incomoda repetir en cualquier idioma. En cuanto a esta nueva mutante pelirroja que Bendis se trajo de quien sabe dónde, aún falta mucho para suplantar a mi heroína favorita Jean Grey. Y lo mismo sucede con el mini Cíclope.
Y ya en un tema muy personal, agradeciéndole a “Pulque Vengador” le tengo mucha nostalgia a la ediciones mexicanas, en especial de la (creo) desaparecida Editorial Vid, mi papá me compraba una gran cantidad de esa editorial cuando era muy pequeño.

TheBaldRocker
Lector
TheBaldRocker

“Un volumen que nos enseña cómo eran los primeros mutantes, bastante alejados, eso sí, de la grandeza que consiguieron en épocas posteriores”

Totalmente de acuerdo con esta apreciación tuya al respecto de estos tbos.
Para mi, lo mas flojito en su conjunto, que no malo, del inicio de Marvel. Y aun así, leídos ahora me resultan en muchos aspectos entrañables. Eso sí, de momento me quedo con la BM, que esto ya sabes tú que es un no parar y funciona por prioridades. Y más teniendo en cuenta nuestros modestos ingresos.

Lo que vino luego, a partir de la Segunda Génesis, Claremont, Cockrum, Byrne, Romita Jr,
Paul Smith… Eso, amigo, ya es otra historia, otro nivel 😉