Historietas desde Latinoamérica #115 – 10 años del Día de la historieta argentina

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El pasado domingo 4 de septiembre se celebró por décima vez el Día de la historieta argentina. En ocasión de esa fecha, el periodista Andrés Valenzuela escribió una reseña del panorama del cómic en ese país, comparando en qué situación se estaba en 2006 y cuál es esa al presente. Por esas vueltas de la vida, ese texto del colega encontró su hogar en esta sección y lo recibimos con brazos abiertos, presentándolo a continuación seguido de otro texto de opinión, del mismo periodista.

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10 años del Día de la historieta argentina, por Andrés Valenzuela

Era un grupito apretado en el sótano de una librería especializada. Brindaban. Habían discutido bastante y terminaron por declarar el 4 de septiembre como el Día de la historieta argentina. Por El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, que salió por primera vez para esa fecha. Eran dibujantes, libreros, guionistas y lectores quienes hace diez años celebraron por primera vez la efeméride. Visto en perspectiva, no fue una tontería. Los años trajeron la “legalización del festejo”, primero a nivel porteño y luego a nivel nacional. Durante los primeros años, antes de su oficialización, la fecha era una excusa para armar actividades. A la del grupo organizador se sumaban las bibliotecas de la Conabip y distintas instituciones que buscaban visibilizar el noveno arte. No había muchas actividades del palo esos primeros años. Hoy hay eventos de todo calibre durante todo el año y los festejos de turno se trasladan más a las redes sociales. El décimo aniversario del primer festejo, en tanto, sí puede seguir siendo una excusa: para repasar la última década de historieta argentina.

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En 2006 se publicaban, en una estimación muy optimista, no más de 40 títulos de historieta de autores nacionales: menos de la tercera parte de los que llegaron a las bateas locales en 2015. La mayoría eran recopilaciones de clásicos, bastante de humor gráfico y alguna historia que esperara en un cajón. Casi nadie producía algo nuevo pensando en publicarlo en Argentina para meterlo en un circuito de ventas. En 2006 Historietas Reales, un blog (¡los blogs eran relevantes aún!) colectivo, sacudía el mapa local, exponía en el Centro Cultural Recoleta y publicaba un libro. Y eso era una sorpresa.

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En septiembre de ese año todavía faltaba un mes para que la revista Fierro volviera a los kioscos. Sale todos los meses desde entonces y se publicaron no menos de 30 libros con parte de las series que nacieron en sus páginas. En 2006 apenas había editoriales. Diez años más tarde hay cantidad de sellos de todos los tamaños publicando historieta de acá y de afuera. Son tantas (más de 30) que, en aras de visibilidad y mejorar su acceso al mercado, muchas se fueron agrupando en colectivos editoriales. Además, ahora también existe una Asociación Argentina de Editores de Historieta, que tiene reuniones regulares, aunque aun lucha por encontrar el camino entre las realidades dispares que viven sus miembros, que van desde pequeñísimos sellos de un título por año hasta editoriales pequeñas, pero con un catálogo que ya es autosustentable. Y eso considerando que no incluye a las editoriales medianas y transnacionales del sector, como Ediciones de la Flor por un lado o Sudamericana y Planeta, por otro.

Cuando se realizó ese brindis fundacional, el Estado no atendía a la historieta. Con suerte, declaraba personalidad destacada a un dibujante. Además de la efeméride, durante la anterior presidencia se conformó el Archivo Nacional de Historieta y Humor Gráfico en la Biblioteca Nacional. La actual, lamentablemente, canceló Comicópolis y la Ciudad limita su apoyo a un paseo con estatuas de endeble factura que apenas sirven para la foto, pero no promueven nada.

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En 2006 la historieta indie local todavía penaba el fracaso de la AHI (Asociación de historietistas independientes) y soportaba como único discurso de las generaciones precedentes el lamento de “las viudas de Columba” y los “huérfanos de La Urraca” sobre el mercado perdido. Hoy el paradigma de la autogestión y la asociación entre pares domina la escena y la mayoría de los historietistas se concibe como autores antes que como obreros del plumín. El que puede pagar el alquiler con las viñetas lo celebra y el que no, dibuja igual. Cuando llega la hora de repartir la mesa en el festival, discuten de par a par –con las (des)honrosas excepciones que desprecian a quien no trabaja para editoriales extranjeras o no “vive” de la historieta, claro–.

Invitados Crack Bang Boom 6
Invitados Crack Bang Boom 6

Hacia fines de 2006 el festival Leyendas, en Rosario, daba sus últimas señales de vida, tras largos años como uno de los pocos referentes locales en materia de eventos. Poco después apareció Viñetas Sueltas, que catalizaba la emergencia de la producción más autoral y los vínculos con América Latina y Europa. La edición 2009 aún merece destacarse como un hito. Al año siguiente apareció Crack Bang Boom con una edición que ya tiene carácter mítico, ocupando así la vacante rosarina, y al día de hoy sigue siendo un espacio indispensable para la escena local. Parte del colectivo Viñetas Sueltas, junto a otras personalidades del sector, se unieron para coordinar tres gloriosas ediciones de Comicópolis, en el predio ferial de Tecnópolis. Entretanto, hay eventos en todo el espectro posible: hipercomerciales, como Argentina Comic Con y alternativos, como Dibujados. Y eso sin contar las decenas de presentaciones de libros que se hacen cada año, pues los editores luchan por visibilizar sus lanzamientos. En cambio, los festejos oficiales aparecieron y se esfumaron pronto: este año la única celebración del circuito se realizó en la Universidad de Palermo, el lunes 5 y martes 6, con feria de editoriales, talleres, conferencias con autores consagrados y homenajes a instituciones claves del circuito: Ediciones de la Flor, la revista Fierro, el festival internacional rosarino Crack Bang Boom y el movimiento cultural Banda Dibujada, que lleva diez años dando charlas en escuelas y edificaron un premio que goza de respeto y –razonable- consenso en el sector. Si en 2006 encontrar cómic para niños era tan difícil como dar con el Santo Grial, la diversidad actual se debe en buena medida a su labor de difusión.

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Es cierto lo que dicen los recalcitrantes: la historieta argentina ya no es la que era. No es la de los 200.000 ejemplares de una sola revista vendidos en una semana rapiñando los derechos de sus autores. No es la de las aventuras que imaginaban los Oesterheld ni los Robin Wood, porque hoy se viven aventuras de otro modo. Tampoco es el desierto editorial de los ’90, aunque en ese vacío germinó la libertad artística de la que se nutre la producción actual. La historieta de 2016 es la historieta de hoy. Existe y está viva porque tiene lectores y autores. Y porque tiene gente que hizo y hace todo (y bastante más) lo que se señaló en los párrafos anteriores. La historieta argentina está viva. Festejen.

Opinión – ¿Por dónde pasa la historieta argentina hoy?

Hace no mucho escuché a un veterano guionista y escritor (de esos prestigiosos) declarar que la historieta nacional de ahora era toda “autobiografía y experimental”. Al señor se le notaba que hacía mucho que no entraba a una comiquería, no pisaba un festival y, ciertamente, tampoco leía historieta. La declaración podía sostenerse hace diez años, con el boom de las tiras autobiográficas en Internet y los ensayos con la difusión por el “nuevo” medio. Pero lo cierto es que si uno acude al papel, quienes experimentan con las formas del lenguaje apenas circulan y la autobiografía no llega ni al cinco por ciento de lo publicado.

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¿Por dónde, entonces, pasa la historieta argentina de hoy? La respuesta no es cómoda: pasa por la diversidad estilística. Debe haber, entre los centenares de títulos que se publican al año, al menos uno que se ajuste al interés de cada lector. Pero hay que salir a buscarlo. Como con la música, es fácil decir que “se murieron” porque los fundadores ya no sacan más discos. Pero el rock y el tango siguen ahí, en sus circuitos de bares y tugurios, en sus festivales, en los músicos jóvenes que componen, escuchando o rompiendo con las bandas que los precedieron. Y en la historieta (para dibujantes y guionistas, en realidad) pasa lo mismo. Decretar su muerte es estar extraviado de la realidad.

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Y sí, muchos tratan de colgarse el cartelito de “la historieta argentina” (a la Fierro suelen atacarla por eso, pero también al colectivo editorial Nueva Historieta Argentina y a la antología rosarina Informe). Pero lo cierto es que la disciplina los engloba a todos y los excede. En la producción de hoy sí hay experimentales y autobiográficos, pero también hay aventureros, reflexivos, cuentacuentos, investigadores de crímenes, viajes alucinados, humor gráfico del de hacer reír y del de plantear ideas, páginas para chicos y páginas con genitales erectos o babeantes, hay dibujantes que abrevan en el manga y rigurosos seguidores del academicismo de la edad de oro de Columba, hay quienes dejan un brazo antes que soltar el plumín y otros que no entienden la vida sin la wacom para digitalizarlo todo, quienes usan acuarelas y acrílicos, los que compran tinta china de a bidones y los que ahorran tiempo con un mash-up de imágenes de Internet. ¿Quiénes entre ellos, puede decir con justicia que son más “historieta argentina” que los demás? Ninguno. Están (estamos, divulgadores y lectores también) todos en la misma.

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Krokop
Krokop
Lector
8 septiembre, 2016 23:54

Pues qué alegría saber que la historieta argentina funciona a su manera después del reconocimiento que suponen esos diez años con día nacional dedicado al medio.

Siento casi tan cercanos los cómics hispanos del otro lado del charco como los que se hacen aquí, aunque, evidentemente, no pueda seguir tanto la escena más allá de lo que publica ‘001 ediciones’.

Lo ideal, supongo, sería que ocurriese un poco como en el cine, donde hay un montón de coproducciones y se pudiera, si no ‘explotar’, que es una palabra muy fea, optimizar editorialmente el hecho de tener tantos lectores potenciales con la misma lengua y muchos referentes compartidos.