Hielo y Fuego están aquí… ¡Panini ha empezado a soltar las series inéditas en España durante la gloriosa época del Amanecer DC! Y semejante acontecimiento se celebra por todo lo alto, sí, sí… las míticas chicas de la Liga del BWHAHAHAHA de DeMatteis, Giffen y compañía. Ya sabéis, la famosa liga del riesgo, según cierta editorial que ya no está entre nosotros… salvo que saquemos la ouija.
Está claro que más de uno se estará preguntando: “¿Y estas dos quiénes son?”. Tranquilos, que hemos venido a daros todas las respuestas que podamos… Y no, no sabemos si alguna vez veremos la JLI completa. ¡No insistáis!
Así que ya sabéis, coged unos cubitos de hielo, cuidado con el fuego del exterior (Salir a la fresca con precaución, que no queremos sustos), ¡Allá vamos!
Origenes y relaciones
Todo tiene un origen, ya sea en el mundo de las viñetas propiamente dicho o a través de medios audiovisuales, y en este caso tenemos una mezcla de ambas. Beatriz DaCosta, quien luego sería Fuego, debutó en Super Friends #25, el comic complemento de la famosa serie de TV ideada graficamente por Alex Toth, que tenía lápices de la todoterreno Ramona Fradon. Bea, en ese momento conocida como Green Fury, era una heroína brasileña sin mucho trasfondo, con poderes de fuego, hija de un sacerdote brasileño y usada como heroína exótica sin mucho más que aportar. Entró en continuidad en DC Comics Presents #46 por E. Nelson Bridwell y Alex Saviuk -si, el que hizo maravillas en Spiderman-. Fue diluyéndose hasta que, tiempo después, entró en los Guardianes Globales, ese supergrupo de la ONU ideado en la misma serie.

Años después tras las famosas Crisis el origen de Fuego varió, ahora era modelo y agene de inteligencia de Brasil, obtuvo sus poderes piroplasmáticos en una misión, al final llegaría su oportunidad de brillar gracias a DeMatteis y Giffen en la JLE/JLI, que es donde apareció su eterna compañera y su otra mitad. Hielo, cuyo nombre era Tora Olafsdotter. Debutó en la JLI #12 como miembro de los Guardianes Globales, siendo la nueva Icemaiden, quien sustituyó a la primera que salía en Super Friends. Ambas se conocían y eran amigas, así que decidieron probar suerte en los pesos pesados uniéndose a la JLI como Fuego y Hielo en vez de Green Fury e Icemaiden. Cabe destacar que el poder de Bea que todos conocemos fué dado en el evento de Invasión al explotar la bomba genética.
Fuego y Hielo, como su nombre indica, eran polos opuestos. Bea era chispeante, irreverente, alocada y muy directa, que hacía las cosas sin pensar —echada para adelante, vaya. En cambio, Tora era tímida, contenida, siempre esperando a los demás y calmada frente a Beatriz. Un dúo como Booster Gold y Blue Beetle, fueron poco a poco siendo un alivio cómico y acabaron dentro del corazón de los fans, creando una de las relaciones de amistad y lealtad más bonitas del mundo del cómic. Todo ello entendiendo el cambio de los tiempos y sin tener competencias de feminidad entre ambas: eran orgullosas, seguras, y así se hacían ver.
Fueron momentos divertidísimos. Bea, además, fue uno de los pilares para Tora cuando ella empezó su famosa relación con el irreverente Lantern Gardner, un idilio en principio bonito pero sin dejar de lado lo tóxico que era por parte del policía espacial. Pero, como todo, al final lo bueno tiene que acabar, y a raíz de la muerte de Superman todo cambió. Los autores principales de la serie ya la habían dejado, la Liga no sabía muy bien por dónde tirar, primero fue comandada por Clark Kent y después por Diana cuando este pereció. Tora decide entonces dejar su vida superheroica, volver a su hogar en Islandia y ver que su hermano es un villano. Lo derrotan, como no, y vuelve al redil con sus amigos, hasta que en plenos noventa Overmaster, enemigo de la mítica Liga de Detroit la hace villana en JL #90. Tiempo después se desharía del hechizo y, buscando venganza, moriría a manos del mismo que la cambió, en el #104.
La amistad terminó para siempre… o eso creíamos. Muchos años después, Waid, el principal instigador de su muerte, se sinceró contando que fue una estupidez haber hecho eso, pero el daño ya estaba hecho. Fue Gail Simone quien, en su época en DC, estuvo desde el principio intentando enmendar todos esos follones contra las heroínas y parejas de héroes, dándoles dignidad, un lugar importante en el organigrama superheróico y mostrando en esa época ser una perfecta sucesora de Ostrander con sus Seis Secretos y Aves de Presa. Dos series muy importantes por lo que viene a continuación.

El cambio de los tiempos y la purga de la JLI
Es bien sabido por el fandom que hubo una vez cierto editor jefe en DC que no le gustaba nada la JLI, Wally y Nightwing un poco de mal gusto tenía, en mi opinión, pero oye, nadie es perfecto. En cambio, le fascinaba Kirby y siempre intentaba que estuviera presente en la editorial. Balance cósmico, supongo.
¿Por qué cuento esto? Bueno, porque con este liderazgo cambiaron muchas cosas para los personajes que eran afines a ese tiempo en el grupo justiciero. Siempre se recuerda a esa parte de la Liga como la sitcom, las risas y los líos, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que era su principal baza y la diferencia respecto al resto de colecciones de la época, pero también tenía sus momentos duros y complicados cuando se lo proponían, cosa que aumentaba cuanto más duraba la colección —todo sea dicho—, pero supieron cuándo parar y se fueron en el momento en que todavía quedaban buenos momentos en la serie.
Al final, como digo, se ha quedado en el imaginario las risas, Blue Beetle y Booster Gold, y eso hizo que durante un tiempo que confluyó con una de las veces donde DC estaba en una etapa creativa sin precedentes, fueran cayendo personajes de la JLI como fichas de dominó, uno a uno. Blue Beetle, Ralph y Sue Dibny, Red Rocket, Fuego estaba desaparecida y Hielo seguía muerta una década después….
Como hemos comentado antes, en esa época oscura para los que amábamos a estos personajes de la Liga de antaño (para este redactor sigue siendo la mejor Liga jamás creada, por encima incluso de la de Morrison, con sus claras diferencias tonales, y la de Detroit), afortunadamente llegó Gail Simone, que lo estaba dando todo con sus Aves de Presa y sus Seis Secretos, para darnos un poco de luz.
Devolvió a la vida a Hielo —estaba en coma, pues un general ruso la había resucitado con la magia de la familia de Rasputin y la mantenía en suspensión en una de las armaduras de Red Rocket—. Despertó cabreada por sus efectos al haber muerto por Overmaster, y tiempo después volvió a ser la de siempre, pero claro, faltaba su otra mitad.
¿Qué fue de Bea en esa época?
Beatriz DaCosta llevaba tiempo sin destacar. Apareció, cómo no, en la miniserie “homenaje/intento de relanzamiento” de la JLE de principios de los 2000, por los mismos autores, haciendo de canguro de Mary Marvel y creando situaciones un poco parecidas a las que tenía con Hielo, pero no era lo mismo.
Acabó volviendo a ser modelo, detective y agente secreto. Esto último es importante, porque cuando cada personaje del grupo iba cayendo por mandato editorial y las crisis acechaban, nuestra amiga brasileña pasó a formar parte de Checkmate, llegando a ser agente del Rey Negro —matando a gente en el proceso— y también agente de Waller.
Una vuelta al personaje bastante tortuosa, no nos vamos a engañar, pero por lo menos seguía apareciendo. No, de su paso por Convergencia no vamos a hablar.
Así, al final, los dos personajes volvieron a estar juntos.
Fuego y Hielo. La amistad como fuerza narrativa: sororidad, trauma y lealtad
Uno de los elementos más potentes de la trayectoria de Tora y Bea es que su vínculo fue creciendo mientras sus respectivas personalidades se afirmaban y complicaban. Fuego, desenfadada, impulsiva, coqueta y explosiva; Hielo, introspectiva, compasiva y muchas veces insegura.
Esa combinación de opuestos no sólo funcionaba narrativamente pues permitía explorar tensiones emocionales más ricas que las batallas convencionales. A medida que sus historias avanzaban, sus traumas individuales (el ser relevante de Beatriz; la autoexigencia paralizante de Tora) se convertían en pilares de una representación femenina que no dependía de la mirada masculina. No eran «el interés romántico de», ni la damisela en apuros. Eran dos amigas que cuidaban una de la otra en un mundo hostil, incluso cuando el resto del equipo las subestimaba.
Desde una lectura actual y gracias a autoras como Devin Grayson en Catwoman y Gail Simone en su titánico trabajo en DC este queridísimo dúo son un ejemplo fascinante de cómo los personajes femeninos pueden contener una complejidad emocional subestimada. Su narrativa articula cuestiones de identidad (racial, sexual, emocional), expectativas sociales y performatividad de género.
Beatriz, como mujer racializada, su fuego no es solo literal, sino también simbólico del «temperamento latino», lo cual refuerza estereotipos pero también abre la puerta a resignificaciones. Tora, por el contrario, es leída como el ideal rancio de feminidad blanca y recatada. Pero juntas rompen ese binarismo. su amistad, basada en el afecto mutuo y la validación emocional, construye una narrativa alternativa al individualismo heroico masculino y rompen con lo establecido.
DC Premiere. Hielo y Fuego: Bienvenidas a Smallville

Superamigas
«¡Pegue a un villano y ahora soy yo quien se ha equivocado!»
La historia comienza cuando Fuego y Hielo son enviadas a Smallville por Superman tras un altercado público con Guy Gardner. Allí intentan adaptarse a una vida más tranquila y trabajan en un salón de belleza. Sin embargo, las personalidades opuestas de ambas pronto entran en conflicto. Bea queriendo volver a estar en el meollo superheróico empieza a organizar peleas en directo transmitidas por internet para mantenerse relevante, mientras que Tora busca una existencia más pacífica y comunitaria. A lo largo de la serie Fuego intenta recuperar su estatus como heroína en el pueblo con la ayuda de personajes como Ambush Bug y Jimmy Olsen, mientras Hielo se relaciona con el pueblo, lo que le traerá problemas.
Evidentemente como buen comic hay más cameos y cada uno más loco que el anterior. La tensión entre ambas heroínas escala hasta poner en peligro su relación. La historia no solo profundiza en su amistad, sino que también confronta sus formas opuestas de ver la heroicidad. En los dos números finales, parte del pasado de Tora y cierto enemigo de la JLI sale a la luz lo que podría parecer cameos sin razón son decisiones muy bien estructuradas para el comic, Smallville se ve envuelta en el caos, y la amistad entre las protagonistas se pone a prueba de forma definitiva.
El estilo de Natacha Bustos es una de las mayores fortalezas de la serie. Su trazo es claro, dinámico y muy expresivo. Las figuras tienen una estética cercana a la animación moderna. Líneas suaves, poses exageradas y un enfoque muy visual en las emociones. Las escenas cómicas se benefician muchísimo de sus expresiones faciales como haría Kevin Maguire hace años — muecas teatrales, reacciones desproporcionadas—, lo que potencia el tono ligero y humorístico del guion. Bustos depura su estilo que a veces parece estar viendo un capítulo de los superfriends en versión moderna, reforzando más su estilo animado, las peleas están coreografiadas con ritmo visual, pero siempre con un enfoque en el humor o el absurdo, destaca especialemente en la construcción de escenarios llenos de detalles que refuerzan el tono kitsch y cómico de la serie.
Tamra Bonvillain, por su parte, utiliza colores saturados, vivos, con mucha luz y contraste. Esto le da a Smallville un aire encantador pero ligeramente caricaturesco, como una versión exagerada del típico pueblo americano. La coloración también ayuda a visualizar el contraste emocional entre las protagonistas. Un trabajo sublime como siempre viene haciendo.
El humor de la serie escrito por Joanne es una mezcla entre sátira, comedia física y referencias meta. Tiene mucho del espíritu de la JLI de los años 80 y 90. Exagerado, absurdo y con héroes actuando más como personas defectuosas que como arquetipos perfectos. Situaciones inesperadas que irrumpen con gags visuales, y diálogos llenos de sarcasmo. En general, el tono es más de comedia situacional que de acción tradicional, lo que la diferencia claramente de otras series actuales de DC.
Una de partes más divertidas es las apariciones de Martha Kent y el robot L-Ron, un clásico del grupo. La madre de casa perfecta con su tarta y hospitalidad tan típicamente americana aparece con un tono muy sarcástico, su forma de hablar, directa y sin filtros contrasta con el idealismo de otros personajes, pone los pies en la tierra tanto a Tora , Bea y al resto del pueblo que es, una autentica jaula de grillos. Martha actúa como conciencia externa, con sabiduría. Su sarcasmo se convierte en un motor cómico pero también en un punto de equilibrio para la serie.
En definitiva, es una comedia superheroica con fondo emocional que mezcla drama personal con momentos hilarantes. Joanne Starer desarrolla con fidelidad y profundidad a las protagonistas, mientras que Natacha Bustos y Tamra Bonvillain ofrecen un arte encantador, expresivo y perfectamente alineado con el tono camp, exagerado y autoconsciente de la historia. Es una lectura ideal para quienes disfrutan de historias centradas en personajes secundarios del universo DC, con un enfoque fresco, ligero, humano que no duda en reirse de todes y darnos un buen rato.
Lo mejor
• Ya ha llegado después de tanto tiempo.
• El humor y lo rocambolesco de muchas situaciones son impagables.
Lo peor
• Que no hayan más comics de este tipo.

















uffff esas viñetas de Adam Hughes del JLI 29 (numeración de acá Ed Perfil, no se USA), como que siempre volvía muy seguido a reverlas a los 10 añitos..
Fenomenal repaso. Tiene buena pinta este cómic, me alegro de que se recupere a Hielo y Fuego, además, en aventuras digamos «ligeras», en la Liga eran superheroínas pero también personajes frívolos, como lo eran un poco todos en esa serie, lo cual no tiene nada de malo. El tono oscuro que se impuso después no les iba nada.
Solamente espero que otra Gail Simone (o ella misma) se decida a recuperar a Sue Dibny, otro de los grandes personajes de la mejor JLA, que tuvo un final atroz. Crisis de Identidad me sigue pareciendo de los cómics más deleznables que he leído.
Excelente tomo.
¡Y sale L-Ron! Cualquier cómic en el que salga es oro.