La década de los 2000 vivió la explosión de un revival sin precedentes de la «ficción zombie» que se extendió del cine a la televisión, los cómics y la literatura. Desde películas como la segunda trilogía del subgénero acuñada por el padre del mismo, George A. Romero, con La tierra de los muertos (2005), El diario de los muertos (2007) y La resistencia de los muertos (2009) , el remake de Amanecer de los muertos (2004) a manos de unos debutantes Zack Snyder y James Gunn, la muy expliot y loquísima Planet Terror (2007) de Robert Rodriguez a The Walking Dead en los cómics para más tarde convertirse en una franquicia de series brutalmente exitosa a manos de la cadena AMC pasando por libros como Guerra mundial Z, de Max Brooks, convirtieron los zombies (oficializados como tales en la seminal La noche de los muertos vivientes del ya citado Romero allá por 1968) en una moda global que todavía hoy persiste. Pero posiblemente la película que dio el pistoletazo de salida a esta fiebre fue una producción británica, medianamente humilde, llamada 28 días después (2002), dirigida por Danny Boyle (Trainspotting), escrita por Alex Garland (Aniquilación) y producida por Andrew MacDonald (Shōgun). Con una reformulación de los zombies o infectados en los que se convertían en brutales criaturas que se desplazaban a velocidades sobrehumanas contagiando rápidamente a sus víctimas, un uso de las, por aquel entonces, novedosas cámaras digitales que le daban un sucio look visual cuasi documental y una carga sociopolítica visceral 28 Days Later se convirtió pronto en una obra de culto, un referente y todo un sleeper que abrió las puertas a otras muchas producciones del corte que tomaron su testigo.
Cinco años después, en plena efervescencia zombie, Alex Garland, Andrew MacDonald y Danny Boyle se asociaron con el productor Enrique López Lavigne y el director Juan Carlos Fresnadillo, ambos españoles, para llevar a las pantallas 28 semanas despues, una brillante secuela a la altura de su predecesora y si bien el film primigenio tenía en su cast a Cillian Murphy, Naomie Harris, Brendan Gleeson, Christopher Eccleston o Megan Burns, esta segunda entrega presumía de contar en sus filas con Robert Carlyle, Rose Byrne, Jeremy Renner, Idris Elba, Harold Perrinau, Imogen Poots o Catherine McCormack entre otros. Esta secuela contó con un cortometraje promocional titulado 28 Weeks Later: Jelous Rage dirigido por Phil Stoole y Damien Sungque que sirvió para publicitar el estreno en dvd del film. Cabe mencionar que el universo de 28 días después también se extendió al mundo del cómic con 28 days later: The Aftermath (Fox Atomic Comics, 2007), escrito por Steve Niles y dibujado por Dennis Calero, Diego Olmos y Nat Jones, que servía como puente entre los dos largometrajes, al igual que 28 days later (BOOM! Studios, 2010) con escritura de Michael Alan Nelson y los lápices de Declan Shalvey, Malek Oleksicki, Leonardo Manco, Alejandro Aragon, Ron Salas y Pablo Peppino.

Volviendo a la franquicia cinematográfica esta permaneció más de quince años en letargo mientras Danny Boyle y Alex Garland luchaban por sus derechos tras el cierre de Fox Atomic con distintas ideas para una tercera entrega, como una tal 28 Months Later: The Outworld que nunca fructificó, hasta que en enero de 2024 guionista y director confirmaron la pre producción de lo que sería una nueva cinta titulada 28 years later, que no solo daría continuidad a las otras dos propuestas, sino que sería el inicio de una nueva trilogía centrada en dicho universo con dos films dirigidos por el mismo Danny Boyle, el primero y el tercero, y uno a manos de la cineasta estadounidense Nia Dacosta (Candyman, The Marvels). Con Sony Pictures detrás del proyecto, Andrew MacDonald repitiendo como productor y Cillian Murphy como productor ejecutivo, la cinta cuenta en su reparto con Alfie Williams, Jodie Comer, Aaron Taylor-Johnson, Ralph Fiennes, Jack O’Connell, Erin Kellyman, Chi Lewis-Parry o Angus Neill entre otros.

Finalmente 28 años después llegaba a los cines el pasado 20 de junio con una gran promoción por parte de Sony Pictures en la que se hacía especial hincapié en cómo Danny Boyle había rodado la película haciendo uso de uno o varios, dependiendo de la secuencia, iPhone 15 Pro con la intención de que, un cuarto de siglo después de la primera película, este nuevo trabajo heredara la revolución de aquella desde una perspectiva audiovisual, algo que, como veremos un poco más adelante, juega tanto a favor como en contra del film. Tras su estreno la recepción por parte de la prensa especializada fue bastante dispar, ya que unos la consideraban una secuela radical y muy arriesgada, mientras otros afirmaban que era «más de lo mismo, pero peor». El público tampoco ha ido en masa a los cines, ya que si obedecemos a los números actuales la recaudación asciende a 145 millones de dólares, mientras que su presupuesto se ajustó a los 60 millones.

No podemos echarle en cara a Danny Boyle ser un director acomodaticio, aunque su estilo muy esteticista y deudor de la publicidad y el videoclip no ha cuadrado siempre con los proyectos en los que se ha embarcado. Por eso se agradece que a sus 68 años de edad siga queriendo experimentar con el lenguaje cinematográfico y las últimas tecnologías en lo referente al medio audiovisual, pero en esta ocasión era innecesario y el resultado es bastante irregular. Es cierto que el uso de los iPhone 15 Pro ofrece no pocas secuencias impactantes, cuya dureza y explicitud dan un realismo a la propuesta del director digna de elogio, pero también es ineludible que en muchas otras situaciones, las que requieren de efectos generados por ordenador en exteriores con planos generales, dan lugar a un feísmo digital que adentra las imágenes en el terreno del artificio y el capricho estilístico sin que aporten nada nuevo a una franquicia que no requería una vuelta de tuerca en cuanto a su siempre interesante puesta en escena.

Otra de las señas de identidad de la obra heredada por las anteriores visiones del mismo Danny Boyle y nuestro Juan Carlos Fresnadillo es utilizar la velocidad de los infectados y la facilidad del contagio como recursos narrativos para construir set pieces de una brutal tensión en las que los personajes ponen en peligro su integridad física. A estas situaciones ejecutadas con su habitual pericia por el director de Slumdog Millionaire (2008) se suman añadidos interesantes como la presencia de los Alpha, infectados evolucionados que, de manera intencionada o no, nos retrotraen a los cruzados inteligentes con los que Alan Moore reformuló otra franquicia zombie, esta del mundo del cómic, como la Crossed ideda por Garth Ennis y Jacen Burrows para Avatar Press, con su arco argumental Crossed + 100, que, posteriormente, continuaron guionistas como Simom Spurrier, Christos Cage o Pat Shand con resultados menos reseñables. Pese a que su labor no alcanza el nivel de 28 días después o 28 semanas después, nada se les puede reprochar a guionista y director con respecto a su talento para poner al espectador contra las cuerdas y su tendencia a ser inmisericordes con sus personajes.

En lo referente al argumento y su desarrollo narrativo, así como su adhesión al lore propio de la franquicia que los mismos Danny Boyle y Alex Garland asentaron hace 23 años, un servidor ha leído en la red, por parte tanto de prensa especializada como de espectadores, términos como «rupturismo», «riesgo», «osadía», «autoparodia». Lo cierto es que debemos haber visto una película distinta, porque 28 años después me parece una secuela rotundamente continuista con sus dos predecesoras, que transita los lugares comunes de las mismas extendiendo, moderadamente, el microcosmos iniciado en 2002 y continuado en 2007. De lo poco, o único, que tildaría de controvertido con respecto a mantener o traicionar la esencia de la saga sería ese final que rompe con el tono más solemne de la propuesta, casi cayendo en la comicidad, y que puede descolocar tanto al espectador generalista como al conocedor de este universo ficcional. En lo concerniente a esos personajes que hacen acto de presencia en el cierre del film ya se han planteado algunas teorías bastante interesantes y que podremos ver desarrolladas en la siguiente entrega.

Como toda película de la franquicia ideada por el tándem Boyle/Garland la lectura social y política está presente y en esta ocasión se atenúan (que no eliminan) señas de identidad de las anteriores propuestas como el antimilitarismo o la supervivencia de un gran número de personas en enormes urbes por una historia más autocontenida en un Reino Unido aislado del mundo cuya alegoría sobre el Brexit no solo es bastante clara, sino que ha sido explicitada por el mismo director durante la promoción del film. El retrato sobre como la isla en la que se desarrolla la historia se convierte en un equivalente a pequeña escala de cualquier sociedad occidental con sus reglas, jerarquías, leyes y perfiles psicológicos nos permiten empatizar con los protagonistas del relato, pese a que todos ellos, al ser humanos, son falibles y no siempre obran con raciocinio, aunque nunca llegan a caer en la estupidez propia de muchas de las «víctimas» de este tipo de largometrajes abordadas desde la escritura con una tendenciosidad por el blanco y negro que, afortunadamente, aquí se elude con sumo acierto.

En lo referente al reparto tenemos claroscuros, pese a que en conjunto funciona notablemente bien. Aaron Taylor-Johnson hace lo que mejor sabe, entregarse a una labor física de la que su personaje sale airoso al protagonizar algunos de los mejores pasajes de acción del film. Con respecto a Jodie Comer es una pena que una actriz de tanto talento (nunca me cansaré de alabar su infravalorada y superlativa labor en la magistral El último duelo) tenga que defender un personaje que, pese a su poso dramático, caiga en tantos tópicos, aunque su última escena sea, posiblemente, la mejor de la película, junto a la del peculiar parto. Ralph Fiennes brilla con un secundario cuya extrañeza se mimetiza perfectamente con el tono del film siendo él la pieza clave, a un nivel narrativo, para redimensionar en cierta manera el trasfondo de la franquicia. Por último el pequeño Alfie Williams acomete con oficio su rol protagónico, pero a un servidor le transmite cierta sensación de antipatía que no me permite conectar totalmente con su extrema situación personal.

28 años después es una notable secuela que, pese a lo que se ha comentado en redes, respeta el legado de la franquicia a la que se adhiere y sale airosa como obra cinematográfica de la irregularidad adscrita a su apartado técnico que, en última instancia, se posiciona a favor de la propuesta de Danny Boyle y Alex Garland. La segunda entrega de esta nueva trilogía, titulada 28 Years Later: The Bone Temple, llegará a los cines el próximo 16 de enero de 2026 y contará de nuevo con el autor de Ex Machina al guion, con la cineasta Nia DaCosta detrás de las cámaras y recuperará, por fin, al personaje de Jim, interpretado por Cillian Murphy en el primer largometraje que repetirá aquí su labor. Esta segunda parte ya está rodada y esperemos que después de los discretos números de la cinta que nos ocupa en esta entrada la taquilla responda lo suficientemente bien como para que Danny Boyle pueda cerrar esta nueva trilogía que ojalá nos depare algún que otro momento memorable más en las multisalas.
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Dirección - 7.5
Guión - 7.5
Reparto - 7.5
Apartado visual - 7.5
Banda sonora - 7.5
7.5
Mucho más continuista con la franquicia de lo que se ha dicho, con una apuesta estética arriesgada e irregular y unos resultados que la dejan por debajo de sus predecesoras, funciona a casi todos los niveles y es una digna tercera entrega.









Me ha recordado a la serie del canal SyFy «Helix», donde la primera temporada ocurría en el Ártico, y la segunda temporada cambiaba radicalmente el registro para irse a una isla tropical.
Ciertamente la escena final me dejó patidifuso, pero ahora sabiendo que está previsto que sea una trilogía, cobra más sentido y tengo curiosidad de ver la segunda parte, a ver como lo van encajando todo.
Ciertamente el final descoloca considerablemente, pero sabiendo que es el final del primero de tres episodios deja más margen para ver lo que nos depararán las otras dos películas.
¡Gracias por comentar, Jordi!
Me decepcionó bastante… mira que la primera me flipó en su dia pero esta nada de nada.
A mí no me ha decepcionado, pero sí la veo por debajo de las dos anteriores, de hecho podría afirmar que 28 semanas después me gusta incluso más que 28 días después.