
devorada por las circunstancias
«esto no es un cuento de hadas»
Hiedra Venenosa, Pamela Isley, ha sido muchas cosas a lo largo de los años; Terrorista, villana, femme fatale, una excusa para la sexualización y los deseos del patriarcado, mujer independiente, novia y protectora. Pero nunca ha sido capaz de llevar una serie regular como su pareja Harley, ni de ser analizada y llevada a un nuevo rumbo desde su concepción, a raíz del cambio de los tiempos, las sensibilidades y la revolución humana. Para ser representante del Verde y del crecimiento continuo de la flora allá donde esté, demostrando lo bello y terrorífico que es el planeta Tierra, ella estaba siempre estancada, aplastada por los estereotipos machistas y clasistas, como las briznas verdes que intentan crecer en las grandes ciudades y se ven machacadas por el asfalto y la polución del hombre.
Como ya explicó mi compañero Román en un extenso y recomendado texto sobre el personaje, su actual etapa y la concepción de esta, Hiedra volvió a raíz de un microrrelato de Willow Wilson y una miniserie a raíz de los eventos de Estado de miedo. Esto sirvió tanto para DC como para ver cómo funcionaba el personaje en solitario, más allá de Gotham, el murciélago y su pareja Harley. La cosa salió tremendamente bien; no por nada se convirtió en 12 números y, a día de hoy, en una serie regular con 37 números actuales, más anuales y descansos de los autores entre arcos para dar lo mejor de sí mismos.
Willow Wilson y Takara nos ofrecen una Pamela rota psicológicamente, muriéndose y sin poderes, que sabe que le queda poco tiempo. En lugar de vivir tranquila con su mujer, decide irse y recuperar lo que era suyo por derecho: los poderes de una diosa. Sin ellos, su existencia no representa nada; sería solo una vida sometida al yugo de los hombres que la han destruido una y otra vez. Sus poderes simbolizan ese cambio en su vida, un largo camino que Willow Wilson estructura en arcos con una trama general, la recuperación de sus habilidades mediante una droga-hongo que la va matando poco a poco, hasta que logra encontrar su verdadero yo. En el proceso, la autora nos ofrece incluso una lección de anatomía que se desarrolla de forma gradual a lo largo de la serie.
Esta Hiedra deconstruida desde el inicio es la excusa perfecta para recorrer toda América en una misión radical, acabar con todo, un genocidio global a través de las esporas para purificar la Tierra. Es una Hiedra sin frenos, arrasando con todo lo que encuentra al percibir el daño que provocan las personas… y ella misma, como consecuencia mientras busca al hombre que lo comenzó todo. En este viaje por la América profunda, la historia se impregna de denuncias sociales: machismo, obreros explotados por sus patrones, mujeres acosadas como Pamela en su juventud… pero también nos deja entrever un rayo de esperanza en el ser humano.
Nuestra pelirroja amiga aprende que no todos merecen ese final; algunas personas son bondadosas por naturaleza o, al menos, intentan dejar algo bueno tras de sí, en medio de tanta destrucción y vejación. ¿Sirve para algo? Se pregunta Willow, a través de Hiedra. Y la respuesta es que sí: si mejoras lo que te rodea, aunque el resto del mundo no cambie, en parte eres feliz y creas una pequeña comunidad donde las personas se cuidan unas a otras: Hiedra, la jardinera, Harley y las compañeras que va salvando y conociendo en su peregrinación.
No todo es descubrimiento existencial. También, como buen personaje único del Verde desde la creación de Wein y Wrightson en La Cosa del Pantano y luego continuado por Moore —de quien Wilson y Takara retoman y actualizan ideas en Pamela, con modernidad y cierta mejora en la profundidad—, hay mucho terror. Momentos de desasosiego con Hiedra totalmente desatada, como un monstruo en esas estampas bellas y terroríficamente repulsivas de hongos que recrea Takara, y la sensación de que, en cada instante, todo puede explotar y acabar con las comunidades estadounidenses donde va parando Hiedra de la peor forma posible.
El terror no son solo sustos y monstruos; también es el jefe abusador, la mujer retraída por miedo a empeorar su situación, el miedo a ser como se quiere ser, el esconderse de todes. Eso también es miedo, y horror a lo desconocido. Willow lo recrea muy bien en muchas conversaciones, acompañado por el ambiente que generan los lápices turbios de Takara, que en ocasiones hace lo contrario y nos ofrece a una Pamela jovial.
Todo viaje tiene un final, y como Willow Wilson, nos lleva a lo que iba a ser al enfrentamiento final de Hiedra con sus traumas hechos carne y flora. Nos conduce a Woodrue, el hombre florónico, mítico enemigo de la Liga de la Justicia y de La Cosa del Pantano, que aquí es profesor tanto de ella como de Alec. Se crea así una dinámica tóxica entre él, la Jardinera y Pamela; el típico hombre que abusa de la confianza de sus estudiantes, yendo más allá y creando auténticos monstruos antisociales que, al salir al mundo real, no saben controlarse y cargan con traumas, cicatrices y heridas que casi nunca sanan.
El abuso del hombre hacia la mujer se reproduce como una espora: va invadiendo poco a poco el cuerpo hasta que lo controla por completo. Eso es Woodrue, y eso son la gran mayoría de abusadores y violadores del día a día. Perfectamente recreado por la escritora y el dibujante, lo convierten en algo más perverso y asqueroso que el resto de personajes del cómic.
En definitiva, un comienzo de serie muy inusual, donde nos presentan a una villana con cierta razón de ser, pero sin justificarla ni convertirla en una antiheroína “para quedar bien” y así vender más. Hiedra tiene sus claros y oscuros, ella lo sabe, Willow Wilson lo sabe, y nos lo muestra. El ser humano es perfectamente imperfecto, y de ahí nace la belleza de intentar desentrañar la psique desde lo más profundo: saber quiénes somos, qué nos ocurre, morir en el plano metafísico y renacer desde cero en una nueva persona más allá de los traumas, sin callar, mostrando con crudeza y crítica el lugar en el que vivimos y a quienes empeoran todo, ahogándonos como un aguacero a una planta recién salida de la tierra que nos da calor y nos hace crecer.
La muerte del individuo a favor de un gran plan mayor. Secarnos hasta ser carcomidos por el duro asfalto y el metal, sin que crezca ninguna brizna de esperanza, mientras los cerdos y poderosos siguen a manos llenas.
Lo mejor
• Una reconstrucción de Hiedra espectacular.
• Wilson y Takara en estado de gracia.
• Por fin tenemos la serie en nuestro país
Lo peor
• No gustará a cierto sector añejo «fan» del cómic. Alejaos esto no es para vosotros.
Guión - 9.4
Dibujo - 9.2
Interés - 8.2
8.9
La mejor serie de DC en años.















Lo compré y lo leí con muchas expectativas por las buenas críticas recibidas y tengo que decir que me ha encantado. Tanto a nivel de guión, como de dibujo y color.
Me ha parecido más una serie de Vértigo que de la propia DC dada la complejidad de los temas tratados y también por la manera de contarlos. La serie es también un auténtico goce visual.
Deseando leer el segundo, un saludo.
Es una serie en algunos aspectos Vértigo desde luego, es maravillosa y conforme más avanza mejor se vuelve.
Me alegro que te haya gustado
¡Gracias por leernos!
Leído el primero y engancha. Esperando el segundo que sale en unos días. Habrá que ver cómo se desarrolla, pero para ser un arco de presentación es bastante sólido. Desde luego mucho mejor que las colecciones actuales de Harley y Catwoman. El formato temporada se ajusta al consumo de series actual, lo que también ayuda a conectar.
Lo de la evolución de Hiedra como personaje (que ha sufrido modificaciones importantes a lo largo del tiempo) ya lo expresé en un comentario e la página hace años. Lo único recordar la importancia de los Conway-Englehart-Wein en la recuperación y puesta a punto del personaje en la Edad de Bronce, dándole el estatus que lleva gozando desde hace medio siglo, y de la reinterpretación sobre todo de Paul Dini que transformó todas sus motivaciones y relaciones (con O’Neil haciendo un protointento de conciliación comiquera entre ambas versiones).
Lo de que hay cierta mejora en la profundidad de Moore yo no lo tengo tan claro. Diría que se centra más en unos temas que tienen más relevancia social actual (cada obra es hija de su tiempo) pero la Cosa del Pantano de Moore es como una sinfonía de Beethoven: tienes muchos temas aque se pueden desarrollar en múltiples direcciones por si complejidad tanto temática como formal dentro de una idea fuerza (qué es Swampy y su relación o cómo encaja con Abigail y el Verde, sus dos facetas que equilibrar).
El punto más fuerte es el tratamiento de villana (por el momento) y no como antiheroina, lo que da a la historia una madurez poco frecuente (como la muy recomendable Deathstroke de Priest. Panini, reedita todo lo DC de Priest). Cómo única pega es que está primera aparición de Woodroe es de poca potencia para alguien de su bagaje, a ver cómo se desarrolla. Y que aparezca Janet, que es una gran ausencia.
Saludos!