Dragon Head

Por
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Edición original: Doragon Heddo (Young Magazine, Kōdansha, 1994-2000).
Edición nacional/ España: Dragon Head (Glenat, 2001).
Guión y Dibujo: Minetarô Mochizuki.
Color: B/N.
Formato: tomo rústica 13×18 cm., 224 pág.
Precio: 8’95€ c/u.

Empiezo por admitir que tenía un mejor recuerdo de este manga de Minetarô Mochizuki, también autor de La mujer de la habitación oscura o Maiwai, o, más precisamente, de los primeros volúmenes de la obra, que leí hace años y que me sorprendieron con una situación claustrofóbica y un cierto “mal rollo”. Desde entonces me prometía una y otra vez que había de completar la lectura y, por fin, lo hice este fin de semana. Pero, claro, en estos diez años o más, uno ha seguido leyendo, quiero creer que madurando: lo que antaño me parecía fresco, más por probable ignorancia que por probada virtud del tebeo, hoy se destapa como un relato bastante convencional, algo errático, salvado, in extremis, por un dibujo atractivo en su meticulosidad, eficaz en el retrato de caracteres distintivos, más certero en adrenalíticas secuencias de acción que en la creación de atmósferas malsanas o terroríficas.

Sinopsis: Tres adolescentes (Teru, Ako y Nobuo) sobreviven al misterioso descarrilamiento del tren bala que los llevaba de regreso a casa tras las vacaciones de verano. Atrapados en un túnel asfixiante, rodeados de cadáveres, sin apenas agua ni alimentos, poco a poco les domina la certeza de que su situación no es única y que el mundo de fuera ha sido destruido por un terrible cataclismo. Nadie acudirá en su ayuda, por lo que han de aprender a valerse por sí mismos si quieren sobrevivir.

Ocurre en (casi) todas las historias largas, más si proceden del país del Sol Naciente: la trama, según avanza, va corrigiéndose, incorporando elementos insospechados en el punto de partida, expandiendo (o diluyendo) la fuerza de la premisa original. Mochizuki no saca ningún conejo de la chistera. Saquea de los relatos de apocalipsis y las películas de catástrofes las situaciones principales, incluso el subtexto -tan insistente en los últimos años- de que el hombre es un lobo para el hombre y que la autoridad -al contrario que en los relatos anteriores a la revolución contracultural- es fuente de sospecha, inoperancia o directamente responsable, por avaricia o por maldad, de la desolación desatada. En la mayoría de estos aspectos Mochizuki está más cerca de Katsuhiro Otomo, el célebre autor de Pesadillas y Akira (es decir: de la ciencia ficción), que de los cultivadores del horror, como Suehiro Maruo (La sonrisa del vampiro, DDT), Hideshi Hino (El niño gusano, La serpiente roja), Shintaro Kago (Fraction) o Junji Ito (Uzumaki, Gyo, Black Paradox). Por momentos, se diría que se atreve a remedar El Eternauta, la obra maestra de Oesterheld y Solano López, con los escasos supervivientes respirando en máscaras antigas para evitar las mortales cenizas que caen de las alturas, pero si todas las comparaciones son odiosas, esta sería, además, delirante, apreciado el abismo de calidad entre una y otra propuesta.

Teru camina por un Tokio arrasado y sepultado en ceniza
Teru camina por un Tokio arrasado y sepultado en ceniza

Bastante fiel a su reducido elenco principal, la motivación del título no se descubrirá hasta la mitad de la serie, con la aparición de un misterioso joven trepanado que cita crípticamente al renombrado pintor Katsushika Hokusai (1760-1849), autor de La gran ola de Kanagawa, y que semeja un homenaje de Mochizuki a los niños-viejos de Otomo. Cada capa que se introduce en Dragon Head, aun cuando tenga interés por sí misma, como es el caso del episodio en la península de Izo (con interesantes soluciones autorales como dejar a los “salvajes” en sombras, deshumanizados), desdibuja la trama central, cada vez más alejada de los campos de la lucha por la supervivencia y entregada a unas filosofías de baratillo sobre la naturaleza del miedo, cuya conclusión -que no revelaré- es vergonzosamente evidente para cualquier estudiante de primaria. Mochizuki dota a sus personajes de una pretendida ambigüedad, destacando al desertor Nimura, pero, como acaba por reconocer en boca de ese mismo personaje, “¡No he cambiado absolutamente nada! ¡Ni siquiera después de todo lo que ha pasado!” (tomo 10). Este es uno de los aspectos más frustrantes del tebeo: la resistencia de los personajes a evolucionar. Más de 2000 páginas después no se nos ha contado nada esencial de los personajes que no estuviera prefigurado en los dos primeros volúmenes. Un bello título como de canción pop (No quiero estar sola cuando se acabe el mundo) concluye arbitrariamente la historia en el último capítulo (el 89) del tomo 10, con varios hilos por ahí sueltos que tampoco es que importen demasiado en la odisea de los protagonistas.

Nominalmente, Dragon Head es un manga para adultos (o seinen), aunque se mueve en unas coordenadas más cercanas al público juvenil, con sus homenajes a los grupos de moda en las camisetas de los chavales protagonistas o sus tímidos escarceos con lo que ahora etiquetan de “fan service”, para que la palabra “pajillero” no agreda nuestros pulcros oídos. Un drama sin dolor verdadero, un fin del mundo contado como una aventura donde triunfan los buenos sentimientos, un relato de horror donde el escalofrío está sospechosamente ausente. Queda el dibujo, la habilidad de Mochizuki tanto para retratar los distintos caracteres -sagazmente perfilados, con apuestas interesantes y arriesgadas (¡esa intrépida heroína con narcolepsia!)- como para hilvanar electrizantes viñetas repletas de acción y movimiento, a la postre, bastante plausibles: persecuciones, tiroteos, combates cuerpo a cuerpo, supervivencias a accidentes, etc. Una espectacularidad algo vacía, sí, pero espectacularidad, al fin y al cabo.

Dragon Head gozó de un éxito inmediato en su país de origen. Contó, incluso, con adaptación cinematográfica en 2003. A España llegó en 2001 de la mano de Glenat, actual EDT.

Edición original: Doragon Heddo (Young Magazine, Kōdansha, 1994-2000). Edición nacional/ España: Dragon Head (Glenat, 2001). Guión y Dibujo: Minetarô Mochizuki. Color: B/N. Formato: tomo rústica 13x18 cm., 224 pág. Precio: 8'95€ c/u. Empiezo por admitir que tenía un mejor recuerdo de este manga de Minetarô Mochizuki, también autor de La…

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Guion - 4
Dibujo - 8
Interés - 5

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Jose Angel Ares
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En cuanto lo leí lo declaré como un ‘porn-disaster’ en toda regla.
A ver si alguna editorial pilla los derechos y la reedita, porque en su día me quedé sin ella y perdí la oportunidad de los saldos.

billyboy
Lector
billyboy

Pues totalmente de acuerdo con el comentario,la obra merece la pena pero…..parece que no hay evolucion alguna con los protas y despues esta la trama y como termina todo.

Aviso de Spoiler

En serio palman todos?,joer de verdad,mas anticlimatico imposible

Dillinger
Lector
Dillinger

El primer tomo en el tunel tras elcataclismo, me encantó pero a partir de ahí fue descendiendo en interes y calidad.
Y el final, como suele ser tipico en los mangas, pésimo.

TheBaldRocker
Lector
TheBaldRocker

Sres. Feliz Año 2015!!!
Y muchos, muchos cómics para todos 😉
https://www.youtube.com/watch?v=SMzqkLGlhGw
Rockeros Saludos