Edición original:Police Comics 1-36 y Plastic Man 1-2 USA
Edición nacional/España: Panini
Guion:Jack Cole
Dibujo:Jack Cole
Entintado:Jack Cole
Traducción:Bárbara Azagra
Formato: 584 páginas. A color. Rústica.
Precio:49.95 €

El hombre de goma india

«Qué arma tan poderosa sería… ¡Contra el crimen!»

Es muy difícil ser conscientes de la Edad de Oro del cómic estadounidense. No por nuestra distancia cultural, pues estamos más que invadidos por su historia y modas. Sino por la distancia temporal (hablamos de cómics de hace más de 80 años). Por lo que supuso ese nuevo medio de sueños infantiles en una época pobre y sombría, de inmigración galopante y muchas promesas en el aire.

Salvo por novelas como Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay del premiado Michael Chabon o el ingente trabajo de recuperación del malogrado Gerard Jones en Men of Tomorrow, no somos capaces de imaginar el fulgurante torbellino de éxito que de la noche a la mañana transformó un negocio de segunda fila en una fuente de trabajo (para muchos) y riqueza (para pocos).

Plastic
El comienzo

Y desde luego, pese a ser capaces de vislumbrar el triunfo incipiente de los grandes héroes como Superman, Batman o el Capitán Marvel, jamás asimilaremos como llegaron los otros miles de variaciones de este medio embrionario y en especial una en concreto. La mezcla de policiaco, humor y, claro que sí, también superhéroes, llamada Plastic-Man.

Un cómic y un personaje diferente que marcó a más de un chaval de por entonces y que como adultos no han parado de intentar expresarlo. Genios como Steranko, Spiegelman, Kurtzman, Crumb o Griffith alaban a su autor y lo consideran no sólo un grande del Hall of Fame, sino un pilar del futuro comic underground. Hablamos, claro está, de Jack Cole.

Cole nació en 1914 en Pensilvania, EEUU. Segundo hermano de seis (aunque el mayor moriría muy joven atropellado), desde la tierna infancia se interesó por la tira cómica, quedando marcado por los autores más originales de su país. Parece que más que por los diferentes estilos de Segar, Dirks, McManus y, en especial, Goldberg, lo que verdaderamente le prendó fue su singularidad.

Primera página de Plastic Man

Porque la originalidad marca la vida de este personaje viviente. Un chaval inquieto capaz de pasar de Boy Scout a espía telefónico de su hermana (con gadgets propios a juego), de comprarse su curso de dibujante por correo con lo ahorrado del comedor (a base de prepararse nocturnos bocatas en secreto y esconderlos en un libro) a publicar su propia y exitosa revista escolar.

Y, sobre todo, por ese viaje en bicicleta (apodada Betsy) de una veintena de días de una punta a otra del país para disfrutar de unos Juegos Olímpicos, a los que la ruina del propio trayecto le impidieron finalmente la entrada. Es tronchante todo su recorrido que incluye bajadas sin frenos, caridad, arrojo, encuentros humanos y animales… Volvió con otra bici sufragada por sus tíos y al menos en su pueblo fue recibido como un héroe (aunque mejor si no hubiera echo la broma de colarse en su casa por la puerta de atrás y salir a recibir los fastos en batín).

Retrato de la realidad de la época: Plastic Man disfrazado de adicto al opio

Planeando un segundo viaje en canoa por el Mississippi con su hermano, lo dejó tirado para casarse con el amor de su vida, Dot. Fue con ella que decidió abandonar el pueblo (vivir en casa de los padres de ella después de que se descubriera su boda secreta también ayudó) y probar suerte en la meca de Nueva York para plasmar su entusiasmo en ese medio que adoraba.

Mientras dedicaba continuas muecas en el espejo para aprender a dibujar, la pareja se gastó hasta el último penique en el sueño de Cole de triunfar. Es famosa la anécdota en la cual el artista gastó lo que le quedaba en un billete para cobrar la deuda de un editor, para encontrarlo arruinado, siendo la esposa del éste la que se apiadó y le regaló un pedazo de tarta.

Racionamiento en Estados Unidos: contrabando de mantequilla

Comienza a partir de ahí un esfuerzo continuo en busca de la efímera fama que le hizo crear una y otra página de humor (en Funny Picture Stories o Star Ranger Funnies), policiaco (para Blue Ribbon Comics, entre otros) o vigilantes (the Comet), todos para el estudio de Harry Chesler, niños inventores (en Silver Streak Comics) y enemigos fantásticos como The Claw, grotesca representación del peligro “amarillo” que creó para Funnies Incorporated. La inacabable reinvención, suya es la frase “se original en todo lo que hagas – nunca copies”, le lleva al fin a Quality Comics.

Allí, gracias al editor Everett Arnold, siguió creando personajes locos y excesivos entre Wun Cloo (the Defective Detective), Midnight (un clon de Spirit, también financiado por el editor) y, gracias a su colaboración con Will Eisner (al que llegaría a suplir en The Spirit), una Death Patrol de excriminales en misiones suicidas en las que eventualmente morían miembros ¿os suena?

Primera portada dedicada

Cole mantenía su sentido del humor y carácter único en las oficinas de Quality, haciendo bromas tan elaboradas como pegar un diminuto pero largo mensaje en un moscardón cual avioneta publicitaria, para disfrute del agobiado personal. Además, perfeccionista irremediable de procrastinación demostrada, se quedaba a dormir en el edificio con frecuencia para completar el trabajo a tiempo.

En este ambiente en el que por fin encuentra amistad, confianza y éxito, llegamos al motivo de nuestra reseña. El 11 de mayo de 1941 (con fecha de portada de agosto) sale a la venta Police Comics #1, en la cual, a los deceítas (pese a que aún no pertenecieran a la editorial) les gustará saber que nacen el primer Firebrand (de hecho, el personaje de Randall era la estrella en portada), Phantom Lady, la Bomba Humana… y el Plastic Man de Jack Cole.

«¡Dadle más porros!¡Quiero que esté bien colocado cuando lo soltemos!»

De nuevo vuelvo al comienzo de esta reseña, para que intentemos entender qué supone este personaje en el que nuestro artista aprovecha todas sus fortalezas. Un criminal, un superhéroe, unos poderes alucinantes, una mezcla de la narrativa auto-aprendida, de su creatividad desbordante, de slapstick en estado puro.

En un mar de superhéroes con la National de Superman y Batman dominando junto con su compañera All-American, Fawcett compitiendo con Capitán Marvel, Timely naciendo con la fuerza del Capitán América… además del Blue Beetle de Fox, otros tantos de Archie, Harvey o Dell, más Daredevil, Catman y varios héroes militares.

En ese caldo de patriotismo, testosterona, deseos infantiles frustrados y competitividad aplastante por conseguir subirse al carro del éxito más azaroso. Quizá podamos ya entrever lo que significa ser realmente original, tener una idea brillante pese al muro de oportunismo, jerarquización editorial y un público tan hambriento (hablamos de ventas millonarias) como saturado (entre cientos de títulos).

Ahí nace y se hace un hueco Plastic Man. Ahí nada el delincuente Patrick “Anguila” O’Brian por salir de su pasado criminal y emerger entre los buenos. Ahí podemos empezar a entender la proeza de este cómic único.

Un comic que por fin llega a nuestras manos en un arriesgado movimiento editorial que debemos agradecer a Panini, la cual nos deleita en su línea DC Finest con los primeros 36 números de Police Comics y los dos primeros de Plastic Man. Me cuesta encontrar ejemplos de cómics de la Edad de Oro USA publicados en España como no sea en antologías. Viniendo además con estupenda reproducción, sus portadas y hasta una muy buena introducción de Bamf!

En ésta, por cierto, nos comenta el curioso pero lamentable detalle de que en dichas portadas (la mitad de Gill Fox) muchas veces se borra o se desplaza sutilmente la figura y el rostro de Spirit. Como comenté, Arnold tenía cierto derecho editorial sobre el personaje y con el tiempo fue uno de los atractivos de Police, pero la DC actual no los tiene y han tenido que pasar por el aro (pero, pss pss, ¡secreto! Mirad la primera solapa del tomo y encontraréis las miniportadas sin modificar.)

En la primera, Plas (como pronto aprenderemos a llamarlo cariñosamente) sólo aparece como invitado, pero en el interior tenemos todo un origen como corresponde. Ya algo bizarro, por ese pasado criminal, pero con su baño en productos químicos y monje misterioso para enderezar al personaje. Sigue destacando, sin embargo, que aproveche su antiguo alter ego para atrapar a sus excompañeros.

Primera portada de Cole

Pero esos poderes, ay, una auténtica gozada de la que sólo llegamos a ver el potencial con estiramientos de brazos, disfraz de alfombra y rebote cual bola de goma. De hecho, Cole quería llamarlo India Rubber Man, que era como se conocía por entonces al caucho, pero Arnold le convenció para darle un apodo mucho más atractivo (aunque el plástico no se estire necesariamente).

En el segundo ya se crea una absurdez considerable, al pedirle la policía a Plastic Man que les ayude a atrapar al Anguila. Ya aparecen también las primeras caras de estilo burlesco y exagerado, algo de humor (lástima del racismo imperante) y siguen las demostraciones de flexibilidad entre resistencia a las balas, trampas y algo que será marca de la casa, modificar el rostro y cuerpo para disfrazarse.

Plastic Man cual Mortadelo

El dibujo de Cole se muestra aún algo rígido y feísta, pero en esas escenas de elasticidad se deja llevar. Sus perspectivas en las persecuciones son arriesgadas, los rostros son tremendamente expresivos y las onomatopeyas se comienzan a salir de cuadro. Recordemos que guioniza, dibuja, entinta (ni los lápices se dejaba borrar por otros) y hasta rotula, experimentando en todas las facetas.

El cambio es evidente para los lectores y, en cuanto se comienzan a recibir sus opiniones, la revista es consciente. Para el 5 la portada es de nuestro héroe (aunque no la primera historia del tebeo), la cual copará para los restos. En el 9 el contenido de Plas pasa de las 12 a las 16 páginas. Y para el 10, la primera página de la historia, que ya lo es también de la propia grapa, es siempre una impresionante Splash Page.

Cole por Cole

Poco a poco comienza la sátira más estrambótica con esa Escuela del Crimen para Chicas Delincuentes, los Ladrones Unidos de América, Manos Ladronas o Manos Peludas. Los enemigos son cada vez más deformes y las femmes fatales más exageradas. Las viñetas comienzan a poblarse de detalles y Cole se atreve discretamente con la rotura de la cuarta pared.

El personaje festeja su propio éxito, se ríe de sus ilogicidades (los criminales comienzan a tildar al Anguila de cenizo, porque siempre que se juntan con él acaban atrapados por Plastic Man) y en el 20 ¡se cuela el autor en su propia obra!
-Lo… lo siento, Winks, ya t-tengo un empleo… y-y-y gano MILLONES…
-…Le daré un dólar… ¡en efectivo!
-¿EN EFECTIVO? ¿C-cúal es s-su… proposición?

Otro atractivo es la tipografía de la primera página, la cual, aunque varía desde el inicio, sube en espectacularidad a cada número. Para cuando ésta es ocupada por una viñeta entera, cada vez es más exagerada, las composiciones llegan a ser absolutamente memorables.

Tanto como el dominio de la viñeta de Cole. Para demostrar la capacidad de Plastic Man, pese a la restricción de las habituales tres filas por página, las perspectivas se retuercen sin sentirse forzadas y los planos se abren o se cierran sin afectar a la narrativa. Igualmente, para potenciar el humor, aparecen recursos sorprendentes entre planos detalle, viñetas oscuras, que se tuercen, con formas distintas…

En el 13, se suma un secundario que se convertirá prácticamente en co-protagonista de la cabecera. Woozy Winks, un ladronzuelo con el extraño poder de ser protegido por la naturaleza. Aunque ese nivel de seguridad varía según las conveniencias, lo importante será el humor que aporta como contrapartida cobarde y oportunista.

Unos guiones incombustibles junto con las mil innovaciones pictóricas formaron un éxito sin precedentes. En el 17, las portadas le son concedidas por fin al propio Cole y, por fin, el febrero de 1944 llega la propia cabecera para el personaje. Un número dedicado totalmente a Plastic Man con cuatro historias distintas (y hasta un relato corto que no está incluido en el tomo), 54 páginas más portadaca (la que sirve al tomo), todas perpetradas por el artista, de la cabeza a los pies.

Tal esfuerzo supone que no veamos el segundo ejemplar hasta agosto del mismo año. Por eso en la compilación seguimos disfrutando de más Police Comics. Lo que si ha cambiado es que la nueva cabecera ha “ascendido” a Plas de ayudante de la policía a miembro en pleno derecho del FBI bajo las órdenes del jefe Branner.

Las historias siguen con el policial (hay referencias a los clásicos con crímenes en el tren, habitaciones cerradas…), tontean con el bélico, tienen trazas de terror y hasta se atreven con el western. Sigue el humor esperpéntico, el número de los clones de Plastic Man o cuando Woozy hace de jurado son buenos ejemplos, y los personajes demenciales, como Ojitos, Número Siete o el Despedazador.

Portadaca (con Spirit animando)

Pero el que se ha salido ya de madre es el dibujo. El lápiz de Cole es suelto, su entintado ha pasado de burdo, después refinado y ahora se aplica cada grosor donde hace falta. Los rostros, aunque cartoon, no desentonan exageradamente con el resto. Las viñetas rompen las filas, las cuales cambian de número según convenga.

Y el slapstick es perfecto, lo suficientemente descontrolado como para hacer reír mientras que se contiene lo justo para que no estorbe a la historia. Los coprotagonistas se complementan salpimentando las bromas, los enredos se resuelven en una carrerilla de absurdas coincidencias. Para cuando llegamos al último número del tomo (de noviembre del 44) estamos listos para más.

Eso contando que tampoco ha sido un viaje fácil. He insistido tanto en hacerse a la idea de la época y las circunstancias porque los gustos actuales son muy distintos. Tampoco es el Superman de los 50, claramente dirigido a un público infantil, pero son cómics muy primigenios que trataban de encontrar el éxito entre compradores muy variados.

Hay de todo, pero eso incluye también un comienzo dubitativo, puro entretenimiento para unos estándares que no son los mismos ahora, y una visión muy autodespectiva del propio medio. Es mejor disfrutar del tomo poco a poco, saborear la oportunidad que se nos permite y no pretender que nos entre por los ojos como si fuese un producto de calidad intachable.

Valor y al toro

Lo maravilloso es asomarse a esa ventana de una época fantástica. Apreciar la evolución progresiva de Cole hasta encontrar su sitio, su singular nicho en un vendaval de capas fortachonas. Dejarse llevar y reír con las tonterías, emocionarse con los misterios pueriles y enamorarse de las chicas y chicos del maestro.

Porque todavía todo es puro Cole. Los sueños del artista se hacen dolorosamente reales, pues tiene que trabajar sin parar para mantener control absoluto de su criatura en una carrera de esfuerzo inaguantable. La editorial comenzará a contratar otros autores para mantener la producción, pero eso todavía no ocurre en este tomo.

A Plas le encanta travestirse

Igual que está lejos el aciago futuro del artista, que quizá tratemos de explorar con más detalle en futuras entregas… ojalá. Por ahora demos gracias por este cachito de aquellos tiempos. En los que los chicos avezados creaban un nuevo medio para sus sueños más locos. En el que el fantasma de la guerra era rechazado con la comedia más humana.

Lo mejor

• Edad de Oro en vena

• El trabajo de un genio

Lo peor

• Muy fuera de época

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Enrique Doblas
Cordobés del 77, afincado en Barcelona y biólogo de profesión. Me gusta entender el mundo en viñetas desde pequeño. Fogueado con Ibáñez, Hergé y compañía, terminé enamorado, a la vez, de los mutantes Claremont y los adolescentes de Wolfman. Luego Zinco terminaría de conquistarme con crisis, ligas, legiones, Miller, Moore, Morrison, Gaiman... Tras los apabullantes años noventa terminé apartándome un poco del cómic, pero con el tiempo me volvió la locura. Con la madurez he sabido ampliar mis gustos, filias, críticas… y de hecho en los últimos años lo que más me gusta es la teoría e historia de los cómics.
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NicolasM
NicolasM
Lector
26 enero, 2026 22:47

Permitanme la burrada, pero
El Deadpool de la Edad Dorada
Cole satirizó los cliches del género de superhéroes simultaneamente con la conformación del género mismo
Ojalá Panini despúes saque el PlasticMan de Kyle Baker