
Oscuridad interior y exterior.
«¿Su afirmación es que lo que produce la fiebre de los perros no afecta al cuerpo de los contagiados, sino a sus mentes?»
Independientemente del medio en el que se cuenten, cada año tenemos una gran cantidad de historias de supervivencia en entornos postapocalípticos, así que es difícil encontrarnos con alguna que nos ofrezca algo novedoso, ya sea en lo formal o en lo argumental. Ciñéndonos al cómic en los últimos meses destaca sobre todo la sublime adaptación que Manu Larcenet hizo de La carretera que apareció el año pasado. Un cómic que nos trasladaba a un futuro donde las atmósferas llenas de negrura se habían tragado cualquier atisbo de esperanza y humanidad. Algo que también nos encontramos en Bruma, el nuevo cómic del peruano Martín López Lam (Lima, 1981) asentado desde hace muchos años en Valencia que acaban de publicar en coedición Aristas Martínez y Ediciones Valientes.
Martín López Lam nos traslada a un mundo en donde una extraña bruma cubre todo haciendo que quienes la respiren sufran alucinaciones. Allí nos encontramos con tres niños que tratan de sobrevivir en un pueblo abandonado. Un entorno enormemente hostil en el que tratan de discernir si las voces que oyen son las de sus familiares desconocidos o las de un ente omnisciente que les observa y manipula. Una pregunta que flota durante una historia que transcurre en un entorno rural orbitando entre el thiller sobrenatural, la ciencia-ficción y el relato de supervivencia postapocalíptico.
Quienes se hayan acercado ya a cómic anteriores de Martín López Lam como Parte de todo esto (Edicions De Ponent), Sirio (Fulgencio Pimentel), El título no corresponde (Ediciones Valientes) o Las edades de la rata (Salamandra Graphic) saben que estamos ante un dibujante de un estilo expresionista lleno de manchas y tintas muy sueltas que dotan de sus cómics siempre de una potencia visual volcánica y unas atmósferas pesadas, terrible y opresivas. Una combinación que la va como anillo al dedo a la historia que nos quiere contar en Bruma que aborda algunas de las preocupaciones atávicas de la humanidad con la existencia de seres superiores o la de la otra forma de existencia tras la muerte. Pero no lo hace de manera directa de forma que somos los lectores quienes a lo largo de la trama elegimos si hacernos esas preguntas. Algo que hace que la historia pueda ser algo criptica por momentos, pero que resulta una bendición en estos tiempos en los que buena parte de la cultura mainstream ofrece productos sobre explicados para que quienes se acerquen a ellos no tengan que hacer ningún esfuerzo intelectual.
Y es que, aunque el cómic aborde diferentes cuestiones tan interesantes como las mencionadas o el desplome del orden social ante cualquier catástrofe o algunas de las amenazas a las que se enfrenta hoy en día el mundo como las pandemias o el cambio climático, lo que busca su autor es hacernos sentir diferentes emociones, incluso alguna que nos genere una sensación de incomodidad. El fantástico uso de un blanco y negro muy opresivos hace que la sensación de inquietud y amenaza latente nos mantenga en todo momento en tensión, pero sin desviar la atención de los misterios que son los que hacen avanzar la trama. Unos misterios que no se quedan sin solución ya que hacia el final hay un cambio que no vamos a revelar que nos permite poder atar cabos, pero sin que Martín López Lam no lo dé todo mascadito. Una suerte para quienes no disfruten de las historias que nos las historias que no revelan sus misterios y también para los que no que quieren todo perfectamente cerrado.
Este brutal impacto visual del blanco y negro que tiene la obra se ve potenciado por el colorido contraste que supone las páginas del tramo final en el que Martín López Lam da rienda suelta a su parte más artística y plástica para ofrecernos unas coloridas páginas llenas de luz, pero que no ocultan el pesimismo de una obra que, pese a transcurrir en un mundo devastado, sirve para plantarnos delante un espejo que nos muestra algunos de los problemas más acuciantes de la actualidad. Todo sin dejar de lado una trama absorbente que nos mantiene interesados en todo momento en las vivencias de los tres niños que la protagonizan.
Bruna es un cómic intenso que no hace ninguna concesión con el lector y que nos traslada a un mundo oscuro y lleno de misterios donde seguimos las peripecias de unos niños que tienen que sobrevivir es unas circunstancias de lo más complicadas. Un disfrute visual en el que Martín López Lam se nos nuestra como un autor capaz de conjugar una trama llena de ecos de la actualidad con un apartado gráfico en el que demuestra por igual su enorme capacidad para el blanco y negro con las páginas de colores más vibrantes, sin dejar de lado una narrativa exigente pero muy clara.
Lo mejor
• Un historia dura y criptica en la que no encontramos ningún atisbo a la esperanza.
• La potencia visual del blanco y negro mezclado con un dibujo sintético en el que podemos ver trazas de maestros como Breccia o Muñoz.
• La explosión de color del final.
Lo peor
• Aunque a rotulación mecánica tiene sentido en el último tramo de la obra, resulta demasiado fría en la historia de los niños.



















Interesante propuesta que no tenía en el radar. Me la apunto. ¡Gracias por la reseña!
Muchas gracias, compañero. Es muy disfrutón.