Edición original: DC Comics – octubre 1995
Edición España: Ediciones Zinco – febrero 1996
Guión: John Byrne
Dibujo: John Byrne
Entintado: John Byrne
Color: Rick Taylor – Electric Pickle
Traducción: Ernest Riera
Rotulación: María Teresa Barreda
Portada: John Byrne
Precio: 575 pesetas (tomo en formato prestigio de 575 páginas)

 

Prólogo: por la senda de Jack Kirby (y Stan Lee).

A la hora de abordar la reseña de un tebeo realizado por John Byrne, la tarea implica inevitablemente echar una mirada a la vida y milagros de la persona en su dimension autoral y del personaje que se ha construido en torno a ésta, el cual parece haberla sustituido en la percepción de quienes crecieron leyendo las historias creadas durante una carrera que abarca medio siglo de historia del tebeo estadounidense de pijamas y que en fechas relativamente recientes ha llegado a su fin.

Hablar de John Byrne es tener que tocar sus entradas, sus salidas y sus trifulcas con colegas, editores o gente que pasaba por allí -a editar su entrada en la Wikipedia, por ejemplo-. Un carácter fuerte y una actitud que bien puede calificarse de beligerante y vindicativa han sido el santo y seña de un autor que en su momento de mayor reconocimiento por parte del público tenía en su haber la condición de ser capaz de producir cien páginas mensuales -como autor completo, escritor o dibujante y, hay que decirlo, con ciertos matices- y el hecho de saberse deseado por la parroquia lectora de cualquier colección del género. La noticia de que «Pataletas» Byrne iba a aterrizar en tal o cual serie o a abordar un proyecto con este, ese o aquel personaje era motivo de constantes comentarios en los correos de las colecciones de Forum o Zinco. Otra consulta recurrente en esas secciones solía ser la posibilidad de que el caballero desembarcara en la serie de turno o retornara a la misma. En la década de los ochenta del siglo pasado hablar de este autor británico-canadiense era hacerlo sobre una de las estrellas del momento.

Las causas de la fama alcanzada son bien conocidas: Byrne ha sido uno de los autores completos más prolíficos de su generación y en su primera época firmó trabajos que siguen considerándose etapas referenciales en las colecciones que los albergaron. El señor de los cabreos transitó buena parte de los senderos abiertos por Stan Lee y Jack Kirby, de una forma que su labor se considera equiparable a la de ellos y en bastantes ocasiones, insuperada. El mejor ejemplo se puede encontrar en la serie de los Cuatro Fantásticos. La piedra angular de la edad de plata tuvo durante la estancia de Byrne un segundo periodo de gloria que sus sucesores no han podido igualar. El cuarteto familiar de desafiantes exploradores de lo desconocido parece haber quedado reducido a la condición de propiedad secundaria, con periodos en los que ni siquiera tuvo cabecera propia, por aquello de que los derechos de transformación al plano audiovisual no estaban en manos de la productora de la casa de las ideas. Si tenemos en cuenta que el abrupto final de esa etapa se produjo hace casi cuarenta años, poco más se puede añadir. Los Cuatro Fantásticos han tenido desde entonces etapas entretenidas y monótonas; más largas o más cortas; más esperanzadoras o más generadoras de suspicacia, pero en estas cuatro décadas ninguna se ha aproximado al listón que dejó marcado maese John.

En la perenne discusión en torno al nivel de aportación al éxito de Marvel que tuvieron respectivamente Stan Lee y Jack Kirby, soy de la opinión de que don Byrne se decanta más por el dibujante que por el guionista. Si se echa una mirada a la trayectoria del autor tanto en la propia casa de las ideas como en la distinguida competencia, no sería desacertado indicar que hizo lo posible por recalar en aquellas colecciones en las que el Rey dejó su imborrable huella, con independencia de que fueran de éxito comercial o tuvieran la vitola de series de culto. Curiosamente y con alguna excepción, personajes punteros en los que Kirby no estuvo directamente implicado no han contado con una presencia notable o con una aportación memorable. Partiendo de esta premisa, resulta comprensible que en el periodo de entendimiento marveliano-deceero de mediados de los noventa del siglo pasado -motivado en buena medida por la existencia de un rival común en la forma de Image Comics- fuera un John Byrne que se hallaba en aquellos días en segunda etapa en DC el que se encargara de juntar a varios de los personajes más emblemáticos creados por don Jack para una y otra editoriales.

Deidades y fuerzas de la naturaleza.

La historia presentada en el tebeo parte de la premisa de considerar que los universos rivales son uno solo, siguiendo la tradición iniciada con el primer encuentro entre Spider-Man y Supermán. Los protagonistas del drama han oído hablar los unos de los otros, pero por cosas de la vida sus caminos todavía no se habían cruzado. El tiempo en el que la aventura tiene lugar es el pasado: Galactus aún va en pantalón corto y Estela Plateada es su frío y leal heraldo. Darkseid es el señor de Apokolips y maquina constantemente para doblegar a sus oponentes en Nuevo Génesis y descifrar el enigma de la ecuación de la anti-vida. El oscuro señor es uno de los nuevos dioses surgidos del Götterdammerung que destruyó un antiguo panteón y el devorador de mundos es una fuerza de la naturaleza. Las deidades comandan a estas últimas pero ¿puede un dios, incluso uno tan poderoso como Darkseid doblegar un poder como el de Galactus?

La pregunta resulta ociosa, pues es bien sabido que en tebeos de este jaez no pueden quedar cambios reseñables. Si todo parece cambiar, todo debe quedar tal y como estaba al inicio de la historia. Veterano en estos asuntos y buen conocedor, Byrne aprovecha la ocasión para encajar la aventura dentro de la continuidad marveliana y para reflexionar sobre la naturaleza de amos y esclavos. No hay que olvidar que durante su etapa como narrador de las aventuras de la familia Richards el autor había restaurado a Galactus como el elemento de poder inconmensurable que desarrolla un papel fundamental en el equilibrio cósmico. Por su parte, los Nuevos Dioses son seres muy poderosos que también están atados a un sino de eterno conflicto y la aparición del devorador dejará patente que su pretendida condición divina no implica la omnipotencia. En la historia se deja caer otro aspecto de la dicotomía entre los reinos del Alto Padre y de Darkseid. El primero es luminoso y eminentemente pacífico, pero no está exento de cierta doblez, como queda patente cuando Nuevo Génesis es ocultado de los ojos del segador galáctico. El segundo es tenebroso y cruel, pero su amo se enfrenta bravamente al visitante, pese a que libra una batalla que parece perdida. Ninguna de las dos partes es pura en su posición, como queda patente cuando Orión, hijo adoptivo de Izaya y vástago natural de Uxas cuestione la decisión de no intervención de su pueblo de acogida y considere que aun un planeta tan corrompido como el que le vio nacer debe ser socorrido en una hora de necesidad.

El resultado es una historia en la que hay batallas espectaculares, un gran despliegue de poder y unos parlamentos enfáticos sobre el sentido de la vida que recuerdan que Byrne podía dar cierta solemnidad shakespeariana a las declamaciones de seres cósmicos, recordando de algún modo a la grandilocuencia de los discursos firmados por Stan Lee. Los distintos personajes aparecen bien caracterizados, según sus versiones más clásicas, que eran las que correspondían al momento en el que el autor decidió situar la obra.

Epílogo: finales anunciados y decadencias percibidas.

El ansia es desde mi punto de vista un tebeo interesante, no tanto por la historia que alberga o por el valor artístico intrínseco a la misma como por las circunstancias y el contexto en el que se publicó por primera vez.

Para empezar, es la muestra de un periodo en el que, como se ha indicado previamente, hay un entendimiento entre Marvel y DC que se traduce en la recuperación de los cruces entre editoriales, después de diez años de guerra fría. Estas colaboraciones se prolongarán durante otra década hasta culminar en el ansiado encuentro entre los Vengadores y la Liga de la Justicia, aportando propuestas que fueron de lo memorable a lo olvidable, pasando por la curiosidad.

Para seguir, tenemos una nueva visita de John Byrne al legado de Jack Kirby en Marvel y DC. En ese momento, el autor está en su segunda etapa en DC, siendo su presencia signo de que artistas consagrados estaban volviendo al redil de las editoriales más grandes, después de unos años de experimentación y aventura concretados en iniciativas de todo tipo y suerte dispar. En ese momento don Berrinche es aún un autor que atrae con su presencia a parroquia lectora a la colección de turno, pero aquí queda patente que ha iniciado una línea de decadencia que ya no abandonará. El autor dejará paso al personaje y de forma creciente será más noticia por la revisión de controversias pasadas que por la aportación en la forma de obras presentes. Con todo, hay que reconocer que aquí está en su salsa -como se le verá también en la aventura que unió a Batman y al Capitán América– y logra transmitir la necesaria majestuosidad inherente a los Nuevos Dioses y a Galactus. A nivel gráfico sigue siendo la persona que no tiene problema en experimentar con las nuevas tecnologías -como se vio durante su estancia como autor completo en la colección de Puño de Hierro, perdón, de Namor– y vemos lo que para aquellos días era un novedoso uso del color por ordenador que, contemplado con la perspectiva que dan treinta años, no ha envejecido excesivamente bien.

Para terminar, es menester apuntar el detalle de que se trata de uno de los últimos tebeos de DC publicados por Ediciones Zinco. 1996 fue el último año en el que este recordado sello publicó los tebeos de la casa de Superman, Batman o la Mujer Maravilla. Eran meses que anunciaban el próximo macro-evento entre editoriales, así como obras llamadas a traer de vuelta a la luz al panteón deceero. Sin saberlo, quienes como fue mi caso nos acercamos a este tebeo no éramos conscientes de que iba a ser una de las últimas publicaciones de una casa que forma parte de la historia de los tebeos en nuestro país.

Portada y contraportada de la edición española.
Ilustración completa de John Byrne y Rick Taylor.

  Edición original: DC Comics – octubre 1995 Edición España: Ediciones Zinco – febrero 1996 Guión: John Byrne Dibujo: John Byrne Entintado: John Byrne Color: Rick Taylor – Electric Pickle Traducción: Ernest Riera Rotulación: María Teresa Barreda Portada: John Byrne Precio: 575 pesetas (tomo en formato prestigio de 575 páginas)…
Guión - 7.4
Dibujo - 7.5
Interés - 7.5

7.5

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Sith
Sith
Lector
9 septiembre, 2025 20:29

Gracias por la reseña.

Discrepo en varias cuestiones, este comic al día de hoy y luego de varias decadas lo considero como uno de los mejores crossovers entre DC y Marvel, aparte que uno de los mejores trabajos de Byrne tanto en guión como en lápices, e incluso me parece que el color digital empleado le hace mucha justicia y envejeció muy bien.

Dejando de lado las locuras y rabietas del autor, es innegable que aquí demostró todo su talento y como bien dices en la reseña quiso seguir los pasos de Kirby y redoblar la apuesta al lograr algo que El Rey núnca pudo realizar como es un cruce entre algunos de los personajes más emblemáticos.

Dato curioso si mi memoria no me falla es que graicas a este trabajo el tomo la rienda de los Nuevos Dioses donde realizó un trabajo interesante, aunque el evento relacionado (Genesis) no fue gran cosa, pero que sirvió para darle paso a la exclenete etapa de Walt Simonson en Orion.

En mi caso pude adquirir en su momento esa edición de ZInco que aún conservo, lo más gracioso es que fue mi primer crossover entre editoriales que agregue a mi colección..

Suso1975
Suso1975
Lector
10 septiembre, 2025 21:16

Yo soy muy fan de Byrne. Alegró mi infancia y mi adolescencia. Aún así muchas obras suyas me decepcionan profundamente y este es el caso. Copio y pego aquí mi opinión, en la app de whakoom, tras releer este tebeo en 2023:
«Byrne empieza fuertecito soltando «un lugar que no es un lugar, un tiempo más allá del tiempo» que viene a ser como no decir nada de forma grandilocuente. Luego tenemos muchas páginas de peleas insulsas y de personajes siendo hieráticos y serios porque bueno, porque es lo que se espera de ellos. Todo para no ir a ningún sitio ni añadir nada a la historia de los personajes. Es lo que tiene ser fan de Byrne: que también te comes sus ñordos.»
Es mi opinión, puedo estar equivocado y nadie tiene porque compartirla.