V de Vigilantes: Sobre autores, personajes y superproducciones

Decía Will Rogers, el famoso humorista, comentarista y actor estadounidense, en una de sus columnas: “Todo lo que sé, es simplemente lo que leo en la prensa”. Y tenía razón, la mayoría de la gente sólo “sabe” lo que lee, lo que oye o ve en los medios de comunicación, o lo que aprende de la gente en la que confía.

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Actualmente la realidad se ha modificado un poco y también tienen mucho peso los medios digitales y las páginas web para formar una opinión positiva o negativa sobre determinado producto o determinada marca. Y las empresas también se han dado cuenta de ello. La vida es complicada. ¿Quién tiene tiempo para comprobar de forma independiente la calidad de determinada historia, o de determinada serie, o incluso de todas las novelas gráficas que salen a lo largo de los meses en los distintos países (no olvidemos que nos encontramos en un mercado global)? Simplemente nos dejamos guiar.

Nos dejamos guiar por los consejos que nos dan nuestros libreros, nos dejamos guiar por las opiniones de quienes consideramos más preparados o con un buen criterio (los denominados especialistas), nos dejamos guiar por nuestros amigos; de eso no cabe duda, pero también hay otro criterio que nos moviliza a comprar y leer una historia o un cómic en concreto: su equipo creativo.

La teoría de las Relaciones Públicas explica que “la mayoría de la gente decide qué es mejor, averiguando lo que los demás piensan que es mejor”. En el mundo del cómic los lectores no tenemos problema en averiguar lo que los demás piensan y ante la creación de algunos autores, todos intuimos que serán obras de sobrada calidad.

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En esta ocasión aprovecharé este espacio para disertar sobre autores, personajes, series regulares, miniseries y temporadas. En estas líneas pretendo movilizar el debate de todos en relación a dos estilos que en el panorama actual del noveno arte se alternan: la de los autores que se mantienen durante un tiempo al frente de una cabecera concreta y la de aquellos que prefieren crear etapas breves en las series y luego dedicarse a otros menesteres.

Esto último le pasa, por ejemplo a Mark Millar, al que en este mes tenemos por partida triple en Marvel (continúan sus 1985 y Cuatro Fantásticos, y comienza El Viejo Logan), al guionista no le gusta quedarse mucho tiempo ligado a un personaje en concreto. “Elabora etapas en las que explora los elementos definitorios del icono que haya caído en sus manos, para luego saltar al siguiente proyecto”, explica Julián Clemente en el tebeo de Lobezno de este mes.

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Resulta, que lejos de ser una práctica poco extendida, la tendencia es cada vez más fuerte. Al pensar estos días en este texto me venían a la mente muchos ejemplos de duplas (Morrison y Quitely, o el propio Millar con Hitch, por poner un par de ejemplos), guionistas (Frank Miller, Joss Whedon, Alan Moore, Neil Gaiman), o dibujantes (Jim Lee, Neal Adams, Dave Gibbons…), que al ser considerados como artistas hot y tener cierto remanente de éxitos, son capaces de movilizar por sí solos a un gran número de lectores y de curiosos. Además, son todos tipos muy mediáticos, que han coqueteado con otras formas culturales (cine, televisión, literatura…) lo que hace que se generen también muchas noticias al respecto de ese lanzamiento.

No podemos olvidar que las dos principales fuentes para tomar una decisión ante determinado producto son los medios de comunicación y el boca a boca. Al tener equipos creativos de estas características, aunque sea durante un breve espacio de tiempo, ya consiguen “manejar” a esas dos fuentes principales.

La razón de ser miniseries o tramas argumentales más cortas dentro de una serie regular es simple: captar a los nuevos lectores que se sientan atraídos más por los autores que por los personajes; con la esperanza, eso sí, de que se enamoren de los protagonistas y se queden, al menos un poco más, en la cabecera. Además, los autores “sueltan” sus mejores ideas sin quemarse, quedándoles siempre ganas de volver a contar aventuras de ése personaje cuando la ocasión (o los expertos en marketing y RR. PP. de la editorial lo consideren) y este tipo de productos suelen contar también con un gran dibujo y están tratados con más mimo aún que las series regulares.

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Con todo, se crean así grandes productos que consiguen, en la mayoría de los casos, convertirse en enormes bestsellers. Estamos llegando a un punto en el que la cultura se está ligando completamente, algo que los expertos ya venían augurando desde hace tiempo. Me explico: cada vez es más fina la barrera que separa a los productos culturales. Nadie negará las relaciones que existen entre cómic y literatura; entre tebeos y arte pictórica; entre literatura y cine; entre cine y televisión… Ahora también se han creado relaciones muy intensas entre cómic y televisión, más concretamente entre cómic y las series de televisión.

Las modernas series de televisión recogen su esencia de las novelas por fascículos que se incluían en los periódicos y revistas más importantes durante el siglo XIX. Alejandro Dumas fue uno de los autores pioneros en esta práctica, apareciendo publicados los capítulos de su obra más famosa (Los tres mosqueteros) por primera vez en forma de series para el periódico francés Le Siècle entre marzo y julio de 1844. Ahora estamos viviendo lo que algunos llaman la “Edad de Oro” de las series de televisión, cada capítulo de Perdidos o de Los Soprano son una obra de arte individualmente, pero no es hasta que está la temporada completa que recogen su sentido pleno.

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Algo parecido pasa con los tebeos, el lector quiere tener la sensación de haber podido disfrutar de un arco argumental completo, de haber leído una historia con principio, nudo y desenlace, y esa sensación se consigue mejor con las miniseries. Continuando con el símil entre las series de televisión y los tebeos; las primeras han recogido del cómic mucha de sus estética, de sus planificación y de sus historias (véase, por ejemplo, Los 4400, The Pretender, Héroes…) en todas ellas se tratan historias de personajes con poderes especiales; mientras que los tebeos han recogido también algunos usos y términos que históricamente han estado asociados a las series, quizá el más utilizado sea “temporada”, que se usa para definir la etapa completa, con principio, nudo y desenlace, que un autor hace sobre unos personajes. Un buen ejemplo de temporadas que se me ocurren a mí son Los Ultimates y Astonishing X-men (aunque seguro que a vosotros, queridos lectores, se os ocurren muchos más). También podemos encontrar cliffhanger en los tebeos, incluso el término spin off, por citar otro par de palabras en común al hablar de tv y cómic. Muchos cómics incluso parecen capítulos pilotos que en función de las ventas y el interés de los lectores pueden configurarse como futuras series regulares o miniseries especiales.

Al contar con autores que sólo se concentran en determinado personaje durante un tiempo, corto y concreto, nos estamos encontrando cada vez más con un estilo de lectores literarios, similares a los que compran libros al uso, novelas concretas, y lectores cíclicos, los que van tanteando todas las series cuando un autor en concreto toma las riendas. Esto no es del todo malo, aunque quizá el punto más negativo es que se estén “perdiendo” (lo pongo entre comillas porque aún hay muchos, no creo que seamos una especie en extinción, aún…) los lectores de personajes, poco a poco, las publicaciones nos están convirtiendo en lectores de autores.

Antes, autores como Chris Claremont o Alan Davis se dedicaron prácticamente en exclusividad a contar las historias de sus series regulares. La etapa del patriarca mutante en los X-men es una de las más recordadas (y longevas) y tanto el Capitán Britania como Excalibur acogieron guiones de Davis durante años. Algún tiempo más atrás, los equipos de Jack Kirby y Stan Lee, Bob Kane y Bill Finger, Jerry Siegel y Joe Schuster, entre otros, se dedicaron con mimo a contar cientos de aventuras protagonizadas por sus creaciones. Aún hoy, casos como el de Ed Brubaker (Daredevil y Capitán América) podrían entroncarse dentro de esta otra vertiente, la de los autores que se mantienen perennes en su serie regular. Vertiente que también tiene sus ventajas.

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La mayor ventaja de todas es a su vez el mayor inconveniente: el tener un equipo creativo estable. Sí, al planificar una serie a largo plazo se pueden aportar más matices a los personajes secundarios, añadir cierta riqueza y coherencia a los protagonistas y desarrollar tramas mucho más complejas; pero a veces no funciona del todo. Hay que tener mucho control sobre la continuidad, conocer muy bien al personaje o grupo que estás manejando, así como a los villanos de la función. Y, además, ante la constancia, si el status quo siempre se mantiene igual, si sólo son los personajes los que evolución y nos los autores ni las formas de trabajar en esta industria, los medios de comunicación dejarán de hacerse eco, y el boca a boca empezará a silenciarse.

En el mundo moderno no se puede vivir observando la realidad solamente a través de los propios ojos y oídos. Hay que depender de “lazarillos”, de los ojos y los oídos de terceros, que se encuentran entre la realidad y uno mismo, siendo una especie de mediadores. Vivimos en un mundo en el que la “telecracia” tiene mucho más poder que muchos partidos políticos y en el que los anuncios y noticias pueden modificar nuestras intenciones.

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Por eso es necesario que se hable de las colecciones de cómic, porque para que un anuncio sea efectivo generalmente se necesita de validación externa. El mensaje debe hacer referencia a algo sobre lo que el cliente haya oído en los propios medios especializados.

Se está empezando a reemplazar la habilidad de vender que solía otorgársele a la publicidad, por los valores del boca a boca (o boca a oreja, como también se le conoce en el argot comunicativo) y de la publicidad gratuita (relacionados de manera directa con la vertiente de las Relaciones Públicas de las empresas). Y no hay mejor publicidad gratuita para las ventas de tebeos que las relacionadas con sus guionistas y dibujantes estrella, con sus productos más personales y con sus versiones de los personajes; sus grandes superproducciones. El público sólo sabe lo que lee, lo que oye o ve en los medios de comunicación (en nuestro caso medios especializados en tebeos o generalistas), o lo que aprende de la gente en quien confía. “Todo lo que sé –decía Will Rogers- es simplemente lo que leo en la prensa”. Y tenía razón.

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“De los creadores de Civil War llega su siguiente obra maestra’. Si Lobezno: El viejo Logan fuera una película, esa frase estaría en la carátula. Y quizá no sería mala idea colocarla en la portada del cómic, porque Mark Millar se ha convertido en lo más cercano que puede haber en esta industria a un creador de grandes superproducciones”
Introducción del primer número español de “Lobezno: El viejo Logan” (Panini Comics).

Y vosotros, qué sois, ¿lectores de autores, de superproducciones o de personajes?

Nos leemos.