V de Vigilantes: Avalancha de novedades y la esencia de la lectura

“Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballería en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos”.
Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Dicen que acumular no es bueno, las aglomeraciones, los tumultos, ya bien sean de gentes o de cosas, siempre resultan contraproducentes. Cervantes comenzaba la narración de su obra literaria universal describiéndonos a su protagonista: un hombre que de tanto leer y compilar novelas de caballería perdió el juicio, sí; pero también encontró algo más.

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Con motivo del próximo (y digo próximo como sinónimo de cercano, ya que no queda prácticamente nada para su celebración) Salón del Cómic de Barcelona, las editoriales han querido mostrar sus mejores galas rebosando las librerías especializadas y los kioscos con más novedades que en ningún otro mes del año. Los aficionados tenemos que luchar contra la tentación, contra el impulso irrefrenable de querer un tebeo y quererlo ya, porque adquirir todas las historias que nos gustaría se convertiría, este mes, en un gasto insalvable.

Lucha de intereses, poder de decisión y saber que lo que no se compre ahora se podrá pedir más tarde. Éstas son las claves para poder enfrentarse a ese difícil dilema que nos acoge a todos, esa dicotomía entre el gusto ilimitado por leer y coleccionar tebeos y el espacio para colocarlos (las estanterías siempre son limitadas, muy a nuestro pesar).

“Tantas novedades de golpe en tiendas, normalmente pequeñas y casi siempre a tope, tiene como consecuencia la imposibilidad de exhibir correctamente todos los titulos, por lo que los cómic menos comerciales son devueltos casi de inmediato. Tambien hay muchas tiendas que para el Salón no lo piden todo, sólo lo que les parece más vendible”. Parece que el problema del espacio no sólo lo tenemos los coleccionistas, sino también las propias librerías especializadas, tal y como explica Rafael Sabater, de Norma Cómics Sabadell, que se enfrentan, además, a la tensión de tener que hacer un desembolso mayor debido al mayor número de novedades que sacan cada una de las editoriales.

“Son cerca de 281 novedades, lo que supone un gasto, si nos hiciéramos con todas a nivel individual, de unos 3.427,25€, hay descuentos y demás, sí, pero tenemos que ser realistas: tenemos que ser conservadores con algunos títulos, y más liberales en otros que sabemos que van a venderse con más facilidad. Multiplica esa cantidad por el número de ejemplares que quieras traer (las cifras son escalofriantes)”, explica Raúl J. Sinovas, más conocido como Raúl Shogun (por su tienda Shogun Salamanca), librero y especialista en cómic colaborador del programa de radio de Onda Cero La Rosa de los Vientos. “El problema del espacio es brutal, nosotros tenemos prevista una zona de novedades como para doscientos títulos cada mes, divididos en su salida durante las cuatro semanas, ahora nos llegarán casi ochenta más de golpe, ¿dónde metes tanto?”, continúa. Sabater añade, “nosotros como tenemos venta por correo nos vemos obligados a pedirlo todo para ponerlo en la web, eso sí, en cantidades mínimas. Si se venden, se piden mas ejemplares“.

¿Dónde metes tanto? Es una buena pregunta que de seguro más de uno se habrá hecho en alguna ocasión; yo mismo me la hago cada cierto tiempo, quizá un par de veces al año. Cuando pienso en ello siempre me digo lo mismo: todo es culpa del “chico amarillo”. El 26 de octubre de 1896, The New York Journal publicó por primera vez The Yellow Kid, de Outcault, la que se considera la primera historieta, el germen del cómic actual. Sin este simpático personaje y su cierto éxito no se hubieran seguido creando tiras para los periódicos, no se hubieran dejado espacios para el humor, ni se hubieran compilado después. Y no se hubiera llegado a una situación como la actual donde el tebeo ha empezado a conseguir la categoría que se merece (noveno arte, premio nacional del cómic en España, cómic en bibliotecas, exposiciones, moda, cine…).

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El aficionado del mundo del cómic ya no se esconde, ya no hay esa tendencia, que reinaba hasta hace relativamente poco en nuestro país, que lo consideraba un género menor o exclusivo para un público infantil. Y las editoriales lo saben y quizá se aprovechen un poco. “Las editoriales esperan el Salón para publicar los títulos arriesgados, porque tienen un gran margen de maniobra. Al ahorrarse la distribuidora y la librería, aunque sólo vendan unos cuantos ejemplares en el Salón, ya cubren gastos. Eso significa que pocas de las novedades son buenas (económicamente hablando) para la librería”, afirma el librero especializado Rafael Sabater.

Podríamos hablar ahora de técnicas de ventas; de actitudes y de aptitudes del mercado; de las leyes de la oferta y la demanda… y aún así no podríamos entender las tendencias de los últimos años a sobresaturar al consumidor, de atacar al lector de cómic con una avalancha tal de novedades que no puede abarcar ni aunque quiera. Y tenemos suerte, porque en las grandes convenciones americanas todavía salen más productos relacionados tangencialmente con los cómic, como pueden ser las figuras articuladas, las camisetas, los bustos… ¿alguien dijo crisis?

“El aficionado medio suele gastarse el doble de su presupuesto de cómic del mes en las fechas cercanas al Salón, lo que ocurre es que se ha notado todo el tema de la crisis. En una época de crisis no se pueden sacar tantos tomos interesantes de 20€ o más, porque nadie puede comprarlos todos. Lo que han hecho muchos es bajar sus compras regulares de los meses anteriores, para así tener ahorrado un dinerito para hacerse con las novedades más jugosas”, comenta Raúl Shogun.

“Bueno, quizá pueda hacer una llamada. Pero los números atrasados de una serie como ésta no son baratos…”. Estas palabras las escribe Millar en su primer número de la serie limitada 1985, y las pone en boca de un librero que charla amistosamente con uno de sus clientes, el niño protagonista. Es una gran frase que resume ese miedo que todos compartimos, el temor de que si no nos hacemos con un volumen ahora, quizá no podamos conseguirlo más tarde, o sino conseguirlo a distinto precio.

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“No me importa. Cuando más lo deje, más caro va a ser, ¿no? Pídeme todos los números que han salido y apúntame para los que faltan”, contesta el crío en el tebeo de Mark Millar y Tommy Lee Edwards.

Afortunadamente cada vez es más sencillo conseguir un cómic atrasado, tu librero puede pedírtelo (siempre y cuando no esté descatalogado o en reimpresión), también puedes dejarlo reservado con antelación, facilitando a la tienda la cuenta de los cómic que debe pedir, sabiendo sobre seguro cuántos van a venderse, y normalmente los precios se mantienen (salvo que haya cambios en los formatos…).

Eso sí, hay que tener paciencia, la distribución no es inmediata la mayoría de las veces, y los aficionados que solemos querer determinado número lo queremos al instante, lo queremos tocar, lo queremos oler, y, por supuesto, lo queremos leer. “Pero tengo que tener esto, ¿para qué sirve coleccionar tebeos si me pierdo la serie donde están pasando todos los cambios importantes?” (1985).

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Raúl J. Sinovas me contaba que “el Salón genera un ansia especial”. Lo que ocurre es que otros años la gente ha estado más desahogada de dinero y podía permitirse más “caprichos”, aunque en sus estanterías no entrara ni un tomo más. Es algo que me recuerda vagamente a la sensación que pudo tener Don Quijote, que tenía tanta curiosidad y tal ansia por leer libros de caballerías que malvendió sus tierras para hacerse con todos los que podía, aunque no creo que ningún aficionado del noveno arte llegara nunca a tales extremos.

“En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”. (El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha).

Dicen que los lectores de tebeos leemos más del doble que un lector normal, quizá estemos más acostumbrados a la lectura, algo raro en un mundo en el que la tendencia viaja más por el lado de lo audiovisual, algo que se debería preservar. Muchos nos consideraran como a Don Quijote, unos locos enfrascados en mundos extraños donde se cuentan historias por medio de las viñetas. Me sentiría halagado si me comparasen con Alonso Quijada o Quesada, un personaje inmortal, un hombre que de tanto leer novelas de caballería, dicen, perdió el juicio, sí; pero también encontró algo más. Se encontró a sí mismo en el trayecto, y encontró también una razón para vivir. Una razón íntimamente relacionada con el acto de leer; con la lectura, en esencia.

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“…y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”.
Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha

Nos leemos.