
Guión: James O´Barr
Dibujo: James O´Barr
Edición España: Ediciones Glénat (EDT)
Colección: El Álamo
Contiene: The Crow USA
Formato: Tomo cartoné tapa dura de 248 páginas
Precio: 19,00 €
En el mundo del cómic, así como en cualquier otro medio de representación artística, la figura y personalidad del autor es un elemento determinante y decisivo para el devenir mismo de la obra. Este principio, totalmente de perogrullo, puede ser más difícil de percibir en el cómic mainstream moderno por los vastos condicionantes e intereses más allá de lo puramente creativo que se mueven en las grandes editoriales pero el cómic underground y alternativo, más propenso a la introspección y la variedad temática en sus publicaciones, es un escaparate en donde la libertad e intenciones del creador se hacen más evidentes y cómplices con el lector. Actualmente, con más de 750.000 ejemplares vendidos, The Crow de James O´Barr sigue ostentando el honroso título de ser la novela gráfica independiente más vendida de la historia del cómic. Un relato que su valedor confiesa haber escrito “como forma de terapia” para dar salida a todo su dolor y frustración ante la pérdida trágica y prematura de su prometida por culpa de la imprudencia de un conductor borracho. De esta manera, The Crow “es esencialmente”, como ha declarado más de una vez James O´Barr, la historia “de mi relación con mi prometida, con la de violencia y sed de justicia que me hubiera gustado usar para apaciguar mi rabia”.
En 1989 se publicaba el primer número de The Crow por parte de la editorial Caliber Press después de una larga procesión que James O´Barr había realizado por otras editoriales en las que su historia sería rechazada una y otra vez por los editores de turno que consideraban su propuesta “demasiado extravagante”. La posterior adaptación del cómic a la gran pantalla por parte de Alex Proyas y con Brandon Lee como principal reclamo de la misma, con su propia y conocida tragedia en el set de rodaje, acabarían por inmortalizar The Crow en una de las historias de culto más influyentes de las dos últimas décadas. El éxito del personaje, todo un icono del gothic-punk con una simbología muy poderosa a sus espaldas, propiciaría la aparición de diversas continuaciones de la serie tomando como punto de partida la mitología que James O´Barr, casi sin proponérselo, había desarrollado en la historia original pero ambientando estas en épocas históricas y regiones diferentes y con otros protagonistas tomando la voz principal del relato. De esta manera, a la largo de los años noventa y al amparo del sello Kitchen Sink Press, verían la luz títulos como The Crow: Dead Time con un reparto de lujo formado por James O’Barr, John Wagner y Alex Maleev; The Crow: Flesh and Blood en la que repetían James O´Barr y Alex Maleev y a los que se sumaría el escritor James Vance; y ya sin James O´Barr llegarían The Crow: Wild Justice con el guionista Jerry Prosser y el arte de Charlie Adlard y The Crow: Waking Nightmares con guiones de Christopher Golden y con Phil Hester encargándose del apartado gráfico.
Este tipo de explotación también se daría en el cine donde la primera película del personaje se había convertido de la noche a la mañana en una película de culto que en términos generales, dejando a un lado la leyenda negra ligada a la muerte de Brandon Lee, supo resumir y adaptar perfectamente los puntos claves de la obra de James O´Barr a pesar de un tono más amable y menos sórdido que el presente en el cómic de referencia. En 1996, intentando aprovecharse de la popularidad de la película de Alex Proyas, se estrenaba The Crow: City of Angels, una continuación directa de la historia que habíamos visto en el cine y protagonizada en este caso por Vincent Pérez que posteriormente daría lugar a una serie de televisión, The Crow: Stairway to Heaven, con el actor Mark Dacascos en el rol principal. Ya llegado el siglo XXI se estrenarían directamente en vídeo The Crow: Salvation y The Crow: Wicked Prayed y con la intención de recuperar la saga para una nueva generación en Hollywood llevan unos años planeando un remake de la obra de James O´Barr a la que se han asociado directores como Stephen Norrington o el actual encargado del proyecto Juan Carlos Fresnadillo. Esto último viene a refrendar el interés por una historia que sigue de plena vigencia en gran parte por los temas universales que en ella se tratan definidos por conceptos tan etéreos y vitales para el ser humano como el amor y la muerte; The Crow es “fundamentalmente”, como comenta el mismo James O´Barr, “una historia de amor que viene a decir que las cosas que amas nunca mueren”.
El autor estadounidense James O’Barr estuvo por primera vez en España el pasado año con motivo del II Festival Gótico y de Terror de Málaga, celebrado entre los días 4 y 6 de Febrero de 2011, y en conmemoración del vigésimo aniversario de la publicación de su magna obra sobre la que aprovechó para realizar en perspectiva algunas declaraciones para La Opinión de Málaga. “He escrito otras historias que guardan cierta relación con The Crow, pero no habrá más capítulos sobre él”, aseguró en referencia al cómic original protagonizado por su álter ego de papel Eric Draven, porque para él resulta “una historia terminada” y a día de hoy se declara “un hombre feliz”. De esta manera, James O´Barr decide pasar página en este apartado concreto de su obra y de su vida, siendo consciente de los propios límites de su creación; para la posteridad queda un relato oscuro y marcado por el dolor, un sentimiento que sobrevuela opresivamente toda la trama de The Crow y que se traslada al lector de una manera totalmente desgarradora, irracional y visceral a través de su argumento, sus diálogos y el desgarbado dibujo de su autor. En The Crow existe una extraña y curiosa sacralización del amor perdido y un sugerente y odioso coqueteo por la muerte y la injusticia con las que resulta imposible no identificarse a diferentes niveles; y todo esto a pesar del crudo y psicológico tratamiento de la violencia y una estética poco abierta a todo tipo de públicos.
“Los libros y las películas no poseen el poder para cambiar la naturaleza de la gente”, defiende su creador ante las acusaciones de que su obra pueda ser una mala influencia por lo macabro de algunos de sus pasajes, “la violencia está en ellos antes de que lean una historia o vean un filme. Si alguien no puede diferenciar entre ficción y realidad es que tiene un problema”. De lo que sí parece tener la capacidad The Crow es de estremecernos y lograr tocarnos la fibra sensible de una forma malsana, aunque también la de sorprendernos y desconcertarnos con un relato mudable y ambiguo, con un ritmo pretendidamente inestable, una montaña rusa de emociones en la que la descarnada y catártica acción, de muy leves resonancias superheroicas, puede transformarse en momentos de verdadera introspección y reflexión determinados por la esquizofrénica representación y la personalidad de su personaje protagonista. En ese sentido, James O´Barr logra hacer palpable el dolor, la desesperación, la ira y la locura de su propia situación personal y nos golpea con ella con fuerza. Por otro lado, las frases lapidarias, los diálogos centrados en la muerte y las citas bíblicas revisten la estética punk del relato y en el transcurso del mismo consiguen dotar a la mítica obra de James O´Barr de una simbología y mitología imperecederas que ha logrado hacerse un hueco en el imaginario popular, especialmente gracias a la mencionada película de Alex Proyas, sin que por ello la categoría y perfil underground de The Crow haya jugado a favor o en contra suya.
En relación al apartado gráfico, el dibujo de James O´Barr transmite una sensación burda y tosca, un trazo de tendencia feísta aparentemente poco apropiado para la temática y las repercusiones que The Crow pretende tratar, pero pasado el primer contacto y siendo capaces de percibir el valor de lo personal que entraña el experimento no puede uno por más que aceptarlo aún cuando persiste en nosotros la voluntad manifiesta de rechazarlo. Para bien y para mal The Crow de James O´Barr es un clásico underground con un poder subversivo y un nervio emocional seguramente inesperado incluso para su propio autor. Esto no quiere decir que The Crow sea una obra apropiada para todo tipo de lectores, ya puntualizábamos en su momento que su estética era ya de por sí poco abierta en este sentido, pero incluso en su contenido, estructura y puesta en escena, dejando a un lado su capacidad expresiva y otros valores ya comentados, estamos ante una historia difícil y en cierta medida hermética que puede resultar poco accesible para un determinado público; sobre todo si no estamos acostumbrados a las pautas del cómic underground y tenemos excesivamente presente la versión cinematográfica de Alex Proyas eventualmente más diregible y abierta. Por lo tanto, la única manera de acercarse a The Crow es con la mente abierta y liberada de prejuicios, lo contrario sólo puede acarrearnos una sonora y sentida decepción e impedirnos disfrutar de un cómic que está dispuesto a decirnos muchas cosas importantes sobre nosotros mismos.






ha comentado el 15 marzo, 2012 a las 9:05h
Siempre me pareció sobrevalorada