#ZNMesMorrison – Las nuevas aventuras de Hitler

La obra más desconocida (y polémica) de Grant Morrison. Soledad, alienación, Margaret Thatcher y Adolf Hitler.

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Sobre Adolf Hitler se cuentan muchas historias. Algunas son ciertas y otras no. Entre estas últimas se encuentra la difundida por Bridget Dowling, la esposa del medio hermano de Adolf, Alois. Según Bridget, Adolf (quien en 1913 buscaría eludir el servicio militar obligatorio en su patria natal, Austria) habría pasado un año con su esposo y con ella en Liverpool. Bridget también dijo haber sido la profesora de astrología de Adolf y la que le recomendó recortarse el bigote.

Con el estallido de la 1ªGuerra Mundial, Alois Hitler marchó al frente. Cuatro años después, Bridget recibió una carta en la que se comunicaba el fallecimiento de su marido. En 1924, se descubrió que Alois había escrito esa carta bajo una identidad falsa. Los tribunales alemanes le acusaron de bigamia. Bridget crio a su hijo (William Patrick Hitler) sola. En 1939, se mudó a Estados Unidos y empezó a dar conferencias en contra del nazismo y de su cuñado. En 1942, la casa que había compartido con Alois fue destruida por el último bombardeo de la Luftwaffe sobre Liverpool.

Margaret Thatcher nació en Grantham el 13 de Octubre de 1925. En su juventud, el bombardeo sobre Londres y las ideas antiautoritarias de Friedrich Von Hayek (economista que en obras como Camino de servidumbre considera que la intervención del estado en asuntos económicos es un paso previo y necesario para el totalitarismo) dejaron una huella indeleble en su espíritu.

En 1979, Maggie Thatcher se convirtió en la Primera Ministra del Reino Unido. Ocuparía el cargo hasta 1990. En esos diez años largos, Thatcher destruiría con una saña inusitada lo que se había dado en llamar “estado del bienestar”. Con Maggie el neoliberalismo descarnado entraría en Inglaterra. Las privatizaciones y las huelgas estarían a la orden del día. El desempleo y la desesperanza, el racismo y la homofobia, camparían a sus anchas. La guerra volvería a convertirse en el último recurso de los hombres desesperados.

Por supuesto, todas estas cuestiones son fundamentales a la hora de entender la vida y la carrera de Grant Morrison. En cuanto a su vida, prácticamente desde los comienzos de la misma: el padre de Grant (Walter) era un decidido activista en contra de la energía nuclear, y a menudo su hijo le acompañaba en expediciones de sabotaje y exploración.

El divorcio de sus padres (por culpa de las reiteradas infidelidades de Walter) marcó de forma profunda al joven Morrison, quien buscó refugio en sus queridos libros de ciencia ficción y en sus amados cómics.

La adolescencia de Morrison no fue fácil, y su futuro se pintó de una gama particularmente oscura de negro al llegar a la veintena. Morrison anhelaba con verdadera desesperación entrar en la escuela de arte, pero todos sus sueños se quebraron con unas simples y pocas palabras de rechazo. Morrison era un joven inteligente y cultivado, pero no podía o no quería acceder a la educación superior; para colmo, el desempleo hacía estragos entre los empleos no cualificados, en gran parte por culpa de las políticas conservadoras de Margaret Thatcher.

Sin embargo, y gracias a la máquina de escribir que le regaló su padre y a su talento natural, Morrison pudo sobreponerse a estas dificultades. Su carrera en la industria del cómic comenzó con modestos encargos en periódicos locales y en subproductos bizarros a más no poder para Marvel UK, como Zoids, serie que narraba las aventuras y desventuras de unos juguetes perdidos en un planeta inhóspito. Con la cancelación de la serie, Morrison propuso una continuación ilustrada por Steve Yeowell pero esta nunca se materializó.

La primera obra importante de Morrison en su primera etapa (su etapa británica) sería Zenith, para 2000 A.D. El protagonista de la serie pertenecía, como novedad destacada, a la generación X y sus aventuras fueron dibujadas por la mano experta de Steve Yeowell.

Zenith fue un éxito temprano, y Morrison no tardó en escuchar los cantos de sirena de América. Karen Berger (quien al alirón del éxito de figuras como Alan Moore, Dave Gibbons o Brian Bolland buscaba importar para los USA talento británico) le propuso resucitar a algún viejo personaje del fondo de armario de DC. Morrison recordó la pasión que de niño sentía por un superhéroe capaz de robar las habilidades de cualquier animal. El superhéroe se llamaba Animal Man y el resto es historia del medio.

Entre Animal Man y el resto de obras mayores que estaban por venir (Doom Patrol, Arkham Asylum, Kid Eternity), Morrison encontró tiempo para colaborar en un pequeño proyecto para el mercado inglés con su amigo Steve Yeowell.

En cuanto a este pequeño proyecto, lo primero que hay que destacar en el doble sentido del título: Las nuevas aventuras de Hitler es una manera sarcástica de proclamar a los cuatro vientos que, sí, en efecto, los tiempos de Maggie Thatcher son los tiempos del nuevo fascismo. La aparición de John Bull (el trasunto inglés del Tío Sam) en la obra es, por tanto, de todo menos casual.

Esta puede ser una obra menor dentro de la bibliografía de Morrison, pero este sentido sin duda es la que navega con mayor facilidad entre la época en la que fue concebida y nuestra época. Al fin y al cabo, nuestros tiempos son tiempos de inestabilidad económica y de resurrecciones de movimientos políticos que creíamos olvidados.

Las nuevas aventuras de Hitler nace de la vertiente más gamberra de Morrison. La premisa es sencilla: un Adolf Hitler desempleado recorre las calles de Liverpool avergonzando a su familia, sufriendo por algún tipo de trastorno mental y encontrándose a Morrissey dentro de los armarios.

“Mañana seré famoso” dice Adolf en una de sus primeras intervenciones en la historia. Es difícil no ver que Adolf Hitler es el alter-ego de Morrison, y es fácil pensar que semejante opción responde a una cuestión de notoriedad y provocación gratuita. Sin embargo, también es posible que utilizar a Hitler para hablar de uno mismo (Karl Ove Knausgård también lo hizo en la sexta y última parte de Mi lucha) implica ciertas consideraciones acerca de la condición humana, todas ellas oscuras.

Morrison todavía no había optado por refugiarse dentro de su cabeza para escapar de nostalgia y la alienación (una postura muy criticada por los popes Moorcock y Moore, y presente en toda su bibliografía desde Flex Mentallo). Al plantear que el motor de Hitler y el motor de un genio funcionan prácticamente de la misma manera (con combustible refinado a partir de soledad, paranoia y tristeza), Morrison parece abandonarse a la terrible música del azar.

Steve Yeowell (quien posteriormente dibujaría guiones de Morrison en Los Invisibles y en Skrull Kill Krew) nunca ha sido considerado un gran dibujante. Como mucho, ha estado a la sombra de compatriotas ilustres como Brian McCarthy o Frank Quitely. Pero en esta pequeña obra, Yeowell se aproxima con confianza, rigor y aplomo al grafismo postmoderno y autoreferencial de Bill Sienkiewicz y Dave McKean.

Como no podía ser de otra manera, la polémica acompañó al cómic desde su misma publicación. La primera entrega se publicó en la revista escocesa Cut. Cuando el editor se negó a seguir publicando un cómic con Hitler de protagonista, la prensa sensacionalista acusó a Morrison de bufón (en el mejor de los casos) y de neonazi (en el peor).

Una polémica inflada de manera absurda. Por encima de todo, Las nuevas aventuras de Hitler es una obra contestataria y critica con la sociedad de su tiempo. Describe a la perfección como la soledad, la alienación, el desamparo, el No future del punk (temas recurrentes en la obra de Morrison) son el caldo de cultivo perfecto para un cierto tipo de mentes, para un cierto tipo de líderes.

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Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
17 marzo, 2021 19:37

Otro gran pendiente morrisoniano, ya va a caer, gracias.

Lord_Pengallan
Lord_Pengallan
Lector
17 marzo, 2021 20:13

Sí, es una pena que esto no se haya editado por aquí. Ahora lo dificulta que tiene pocas páginas para unas editoriales que sólo si mueven si hay tomos.

Drury Walker
Drury Walker
Lector
18 marzo, 2021 21:47

Me maravilla que esto no se publique en España…