Los Morrison de King Mob
«Eres una m%&$da»
Introducción
Los Invisibles es posiblemente la obra más controvertida de Grant Morrison, la que genera más división, la más polémica por su aparente inaccesibilidad, y posiblemente la más querida por el guionista, la que representa de forma más prototípica su manera de entender los cómics y el género de superhéroes.
Sí, el género de superhéroes.

Antecedentes
Pero hagamos un poco de historia. Grant Morrison (Glasgow, 1960) formó parte de la segunda Invasión Británica del cómic (tras los Moore, Bolland y Gibbons, vinieron Gaiman, Milligan, etc). Su debut en DC fue Animal Man, donde reestructuró a un personaje del fondo del armario más recóndito de la editorial, para pasar después a la Patrulla Condenada y a escribir el especial Arkham Asylum y la miniserie de Kid Eternity.
A pesar de su estilo complejo y poco convencional, Morrison revitalizó las franquicias, consiguió cierta notoriedad y se “forró” gracias al superventas que supuso el especial de Batman.
El guionista se dedicó a gastar el dinero viajando por el mundo (Tailanda, Indonesia, Singapur, Java, Bali, Fiji, Australia, Los Angeles y Nuevo México). Experimentó con drogas, vivió diferentes experiencias extrasensoriales, se afeitó la cabeza y renació como “superhéroe” (tal cual lo explica Morrison en el indispensable Supergods).

En ese momento decidió plantear a Karen Berger la idea de Los Invisibles. Sobre el papel el proyecto de Morrison tenía una pinta espectacular. Morrison ofrecía su obra más ambiciosa, amplia, compleja, ideológica y personal. Donde lo iba a meter todo. (Por cierto, de dejéis de leer el fabuloso artículo de análisis de toda la obra que realizó José Torralba en el pasado).
La obra
Los Invisibles son unos superhéroes muy, muy poco al uso. Es un cómic de superhéroes muy, muy peculiar y morrisoniano. El propio autor explica que renace como superhéroe en la identidad de King Mob (el protagonista) en la inevitable Supergods.
El planteamiento de base es bastante simple: la lucha entre las fuerzas del bien y del mal, entre caos y orden, control y libertad, los de arriba y los de abajo…
Los Invisibles son el grupo que lucha por la libertad y la “realización” (empoderamiento, autoconsciencia) de los seres humanos. En el otro lado están las fuerzas del orden, del control mental, del dominio, del pensamiento único. Unas élites depredadoras de la “clase baja”.
Buenos contra malos.

Pero eso no es lo único de lo que quiere hablar Morrison; eso está en su obra anterior y en la de muchos autores (aunque no todos tan evidentes). Ese es el tapiz que decora con todas, TODAS, TO-DAS sus ideas, filias, fobias, vicios, manías, placeres culpables, unpopular opinions… y sobre todo muchísimas ganas de provocar. El guionista quiere ir a fondo con lo que le ha funcionado tan bien, ve la posibilidad de sacar todo lo que lleva dentro.
Por eso tenemos complicados juegos metatextuales, vudú, referencias literarias, chamanismo, drogas, magia, sexo, rock, moda, agencias secretas, contra espionaje, realidades paralelas, dimensiones, psicopatía, locura…
Todo lo que rodea a la obra es complejo y exigente. Es muy difícil seguir al pie las referencias culturales que Morrison nos plantea, pero es que igual no hace falta para disfrutarlas, no hay que saberlo todo, la magia está en el camino, en el aprendizaje.
Viendo los personajes de la serie, parece evidente que Morrison es King Mob, el mentor del protagonista (Dane McGowan, que viene a ser el “representante” del lector en la obra). Sin embargo, el propio Morrison dice que cada Invisible representa un aspecto de su personalidad, o de su “entidad”.

King Mob era el mago del caos, Ragged Robin representaba su sensibilidad (aunque el personaje por lo que parece es más cercano a Jill Thompson), Lord Fanny su travestismo como bruja indomable, Dane McGowan la rebeldía callejera postpunk, Boy era la voz de la razón y el pragmatismo.
Sin embargo, uno aprende de Morrison que las lecturas son personales y cada uno las tiene que hacer suyas. Los Invisibles es una obra tan personal, que uno no puede evitar acomodársela a su propia experiencia.
Leída en su momento, releída después y ahora (para esta reseña), uno no deja de ver a Morrison exclusivamente como King Mob. Es el eterno juego metatextual del autor que se mete en su obra (lo hizo en la primera, Animal Man, lo ha hecho en la última, el crossover Batman/Deadpool), donde hace de mentor de un joven inexperto en la “realidad” del universo, Dane McGowan. Es como si Dane (aka Jack Frost) fuera el lector al que Morrison (Mob) va ayudando a desplegar todo su potencial personal, a abrir su mente y sus sentidos, a tener otra visión del cosmos, a enseñarle a rebelarse contra las fuerzas del control.
Morrison además empezó a practicar magia en esa época. Su identificación con la obra es tal que ésta sirvió como “creadora” de la “realidad personal del autor” (o entidad preconsciente). Un insecto atacó ala mejilla de Morrison, dos meses después de que le King Mob tuviera la sensación de que le estaban devorando la cara. Tras sufrir una enfermedad bacteriana, el autor usó su experiencia (las bacterias) para inspirarse y crear villanos. Cuando Mob se emparejaba con una mujer de determinadas características, Morrison pasaba por una experiencia similar.
¿El guionista creaba la realidad? ¿la anticipaba? ¿Veía cosas donde no las había? ¿Simple casualidad? Sea como fuere él creía estar dibujando su propio destino escribiendo Los Invisibles, combatiendo la realidad mediante la escritura de un tebeo que veía como un artefacto mágico que podía alterar su universo.
Solo por eso, vale la pena leer este cómic. También es verdad que quien espere encontrarse al Morrison de la JLA, Batman o los XMen… se va a llevar una sorpresa gorda. Aunque todas sus obras tienen elementos comunes.
Pero vamos a los cómics en concreto, al tomo de Panini.
Los Invisibles de Gran Morrison Vol 1 (Panini, 2026)
Panini nos trae en este tomo los números del 1 al 12 (en nuestro país los trajo primero Norma en tomitos de dos en dos, más otro con cuatro números).
La serie empieza desde el punto de vista de Dane McGowan un joven rebelde desarraigado, que vive en un hogar desestructurado de Liverpool y que, a pesar de sus capacidades, no encuentra acomodo en la escuela.
Dane es un adolescente airado, descontrolado que se rebela contra la realidad. Su vida es puro realismo sucio de clase obrera británica.

Sin embargo, la realidad parece fragmentarse a su alrededor. Cruces con momentos de la historia pop inglesa, como el momento en que Stuart Sutcliffe le comunica a Lennon que deja los Beatles. A su vez, vemos pintadas sobre King Mob en las paredes de una Liverpool sucia y deprimente, arrasada por años de tatcherismo. La trama de Los Invisibles se va filtrando y cercando al joven McGowan.
La realidad se va rompiendo y Los Invisibles, con su líder King Mob (una referencia a un movimiento terrorista/anarquista inglés de mediados del siglo XX) a la cabeza, intentan reclutar a McGowan que se mete en un lío al robar un coche y provocar un incendio en la escuela. Muy evidente la referencia aquí de el rebelde libertario contra la educación convencional. El individuo contra la institución. La libertad contra el orden.
Perseguido también por las fuerzas del mal (que Morrison no deja de representar como legítimos miembros de la clase alta y dominante británica), Dane huye y se refugia en las calles de Londres. Pasa a ser un mendigo, testigo de la cacería que los pobres y desarrapados sufren por parte de las elites.
Los Invisibles siguen tras su pista y Tom O’Bedlam (otra referencia al folclore británico) un vagabundo anciano y sabio, medio chiflado y locuaz, lo acoge bajo su manto para ayudarle a ver la realidad, de manera que pueda desplegar todo su potencial y convertirse en Jack Frost (su identidad como Invisible).
Tom le enseña la magia, la realidad y el horror que anida bajo las calles de Londres. Es inevitable acordarse aquí del paseo en carro por la Londres mágica de From Hell.

Dane entra a formar parte del grupo cuando Tom lo ha dejado (más o menos) listo. Esto ocurre en los cuatro primeros números dibujados por un muy competente Steve Yeowell (compinche de Morrison en Zenith y en Sebastian O). Este arco se titula Sin Blanca en el Cielo y en el Infierno, referencia directa a la obra de Orwell (Sin Blanca en Paris y Londres), en la que relata sus experiencias como vagabundo.
Orwell es una de las referencias más evidentes en este inicio. Hay guiños a 1984, algo inevitable si tenemos en cuenta el subtexto de la obra, la crítica al control y a la opresión de los “de abajo” por una élite psicopática.
Otra referencia son los Beatles, no solo con el cruce en el espacio tiempo entre Lennon y Dane, si no por la conexión extrasensorial de Mob con el guitarrista del cuarteto de Liverpool. (El propio Morrison dijo haber contactado con Lennon mediante una experiencia parapsicológica).
Y así, referencia tras referencia. Morrison no fusila ideas, las coge, no esconde de donde las saca, las mezcla en un coctel infinito. Nunca elude sus influencias. La obra de Morrison es un resumen de sus lecturas, gustos y análisis.
Con Dane integrado como Jack Frost en el grupo, empezamos el segundo arco (Arcadia) con el dibujo de Jill Thompson.
Si el primer arco, trataba de dar a conocer a Dane (y al lector) la sociedad secreta de Los Invisibles y la guerra subterránea entre las fuerzas del bien y del mal. Los siguientes cuatro números veremos al equipo en funcionamiento. Mob y los suyos viajarán en el espacio y el tiempo para reclutar a un personaje real, el Marqués de Sade.
Aquí las referencias se multiplican y no sólo asistiremos a la revolución francesa y a su reverso horroroso, sino también al célebre cónclave de Byron, Percy y Mary Shelley, creadora del Mito de Frankenstein. Morrison subraya el subtexto libertario y reivindicativo de la obra, no en vano Mary fue hija de un conocido ideólogo anarquista británico William Godwin y de la filósofa y activista protofeminista Mary Wollstonecraft.
Morrison no deja de profundizar en estas referencias y guiños para subrayar otro de los temas, la rebeldía de la cultura frente a la imposición monolítica del conformismo. El arte y la creatividad como verdadera fuerza liberadora.

Aquí la narrativa se rompe y disgrega. El autor profundiza en la trama de agencias secretas que operan en diferentes planos de realidad, pero también estamos ya en un momento medio de la obra (finalizó la obligada introducción) y Morrison se explaya y muestra a sus anchas. Dedica el tiempo que le da la gana a los devaneos de Shelley y Byron, llenos de referencias y citas literarias y reales. Emerge Morrison como un prosista evocador, bello, detallado…
Entra en acción el agente rival Orlando, un asesino, un fantasma, un sádico psicopático (que nos puede recordar a El Corintio como elemental homicida) que amputa el dedo a Dane. Éste cabreado deja el grupo mientras los mirmidones (los anónimos agentes del orden atacan al grupo).
Este segundo arco (Arcadia) tiene un quinto número extra “Todo se desmorona” que supone el cierre de la “Primera parte de la serie”. Está también dibujado por una Jill Thompson bastante por debajo de su nivel y del global de la serie.
Es un arco importante, tanto para entender como para implicarse con la serie, para consolidar expectativas. Es una fase de “fidelización” de la serie y el dibujo de Thompson no ayuda, con un color muy plano por parte de Daniel Vozzo, hay errores de proporciones, de “encaje” de los personajes, fondos muy simples, la ambientación de época es casi indistinguible… puede que Thompson no tuviera mucho tiempo para las entregas o puede que se viera superada por la exigencia de los radicales cambios de escenario (revolución francesa, romanticismo inglés, modernidad discotequera, desierto postapocalíptico). Todo muy parecido y soso, y no es que la exigencia narrativa de la serie sea algo exagerado, más bien, la lectura es bastante lineal y “fácil”.
Cerramos el tomo con tres historias “sueltas”, tres fill-ins, del universo de Los Invisibles, cada uno con un dibujante diferente. Da cierta sensación irregular, pero le sienta bien el cambio de tono ya que cada historia es diferente y funciona como relato independiente de fantasía. Se pueden leer tranquilamente sin conocer la serie.
En el primero tenemos la presentación del lua vudú Jim Crow, un invisible haitiano, dibujado por el detallado y preciso Chris Weston. Morrison aquí nos hace una introducción a la cultura criolla y al vudú, con su crítica social y la función guerrillera de los invisibles.
Luego tenemos un número de tintes lovecraftianos, quizás el mejor número de la serie, donde asistimos a la humillación de Sutton, el mayordomo de una de las entidades rivales de Los Invisibles, cuya hija (Kate) fue compañera de Dane en las calles de Londres.
En este número, además de la maestría de narrativa de Morrison, con un tempo perfecto, unos giros medidos y una manera de presentar a los personajes de precisión suiza, el autor se desmelena con una crítica social despiadada contra las clases dirigentes en un relato de terror. Y es que Morrison es mucho más que un autor con tintes psicodélicos es un ferviente defensor de la clase obrera. De ahí su amor a la cultura popular y a querer mezclar el comic más mainstream con el arte y otros planos de consciencia.
Dibujada por un John Ridgeway más “limpio” que en Hellblazer, posee el estilo crudo y frío que requiere una desasosegante historia de terror como ésta.

Por último, tenemos el capítulo dibujado por Steve Parkhouse, en el que vemos la historia de Bobby un soldado de las fuerzas el mal. Asistimos a su biografía de forma desestructurada. Conocemos su vida, sus sueños, sus esperanzas y como estas se descomponen para transformarse en desilusiones y convertir a Bobby en un maltratador. Atrapado en una vida llena de fracasos es el recluta perfecto, es carne de cañón.
Una historia explicada de forma desordenada para que Morrison pueda ir a los puntos clave de la vida (pasamos por una crítica a la guerra de las Malvinas) de Bobby y enseñarnos los fuertes contrastes entre sus sueños y la realidad, en la desesperación que transforma un elemento de la clase trabajadora británica en un soldado de las clases dominantes. En Morrison hay empatía, afán documental y ninguna intención de sermonear y juzgar a Bobby. Solo exponer.
En estas tres historias de “complemento” para ampliar el universo de Los Invisibles, la presencia de la banda de King Mob es testimonial, apenas unas sombras.
Con esta se cierra el tomo y por tanto el que fuera el primer año de Los Invisibles. Una serie creada para continuar con la intención de llegar a los 75 números.
Conclusión
Acusada de incomprensible, cierto es que apabullan la cantidad de referencias culturales y metatextuales (Morrison se inventa su propia cultura de ficción con autores falsos trasuntos de él mismo como Kirk Morrison escritor de Howling Moon). Sin embargo, la trama es simple, el bien contra el mal. Son temas muy morrisonianos, agencias de espionaje, contraespionaje que operan en diferentes niveles de la realidad, estructuras que fusionan el cómic mainstream USA con la psicodelia, el surrealismo, el terror decimonónico, el vudú, el chamanismo o los Beatles.
Al cómic lo complican las referencias y los saltos, pero tanto la trama central como la narrativa, es más bien convencional (aunque no siempre).
Es como adentrarse en la mente del autor y asistir a como su curiosidad pasaba de un tema a otro de Bowie a Hendrix, de Dick a Orwell, de Lovecraft a Byron, de Kropotkin a Godwin, de Robespierre al antitatcherismo, de Buda a los faraones, de los Beatles al Liverpool FC…
Los Invisibles se mueven como un grupo de superhéroes, pero por su estética, actitud y hedonismo parecen más una banda de rock. Quizás la mayor pega es lo difícil que es identificarse con personajes tan antipáticos como Dane, tan inasibles como Tom o tan pedantes como King Mob. Quizás Morrison se vino un poco arriba al distanciarlos tanto del lector.
La obra esté llena de temas, subtextos, opiniones y reflexiones, llena de piezas que a uno le permiten proyectar, que le despiertan el hambre de informarse, de documentarse, de navegar por otras obras y autores… sin embargo, posee un tema central y capital, recurrente, que emerge una vez y otra en la obra de forma poderosa y es la cultura como elemento liberador de la clase obrera.

Por tanto, es un cómic profundamente político.
Muchos lectores se han aproximado a la lectura de los Invisibles y han dicho que no les “ha llegado su propuesta”, no los ha captado a pesar de lo que les gusta Morrison. Cada lector es un mundo, pero quizás lo que haya ocurrido es que es muy difícil hacer una aproximación controlada a este cómic. Es difícil lograr asir un tebeo como Los Invisibles de esta forma. Morrison nos lo dice constantemente, hay que rechazar el control, huir de la fantasía del control. Esta obra está escrita contra todo tipo de control, hay que hacer una aproximación abierta, curiosa, renunciando a la parte más racional y dejarse llevar por la lectura más libre. Si no, es bastante indigesta.

Respecto a la edición de Panini, destacar el texto de Milligan (rescatado del tomo americano) en el que explica una anécdota junto con Morrison en las ramblas de Barcelona con referencia a sus desaparecidos exuberantes quioscos. Nadie mejor que el críptico guionista inglés para prologar a su amigo. Ambos son autores de obras estimulantes y exigentes. Panini añade además la mini historia dibujada por Fregedo omitida en los tomitos de Norma. Se agradece.
El tomo en su conjunto es muy resultón, jugando con la estética pop-collage de referencias de la obra. Lástima que la belleza impactante del formato contraste con buena parte del dibujo de la obra que es bastante ramplón. Sin embargo, se echan de manos los extras que tanto abundaban en alguna edición anterior.
Destaca también el traductor Ernest Riera por la infatigable tarea de traducir una obra que requiere pillar las decenas de referencias.
Lo mejor
• La libertad que respira la obra.
• Tener un Morrison tan morrisionano.
• La obra está llena de detalles y relecturas obligadas.
Lo peor
• La parte de Jill Thompson.









La primera vez que leí estos arcos, no conecté y dejé la colección aparcada. 10 años después (y con 10 años encima de madurez), decidí darle una segunda oportunidad y me leí la colección entera en 1 mes. Desde entonces, es uno de mis tebeos favoritos, un viaje loquísimo como pocos; me dejó un poso y unas sensaciones como sólo Sandman, Predicador y, ya fuera de los cómics, Perdidos o Expediente X habían hecho antes. Lo tengo marcado a fuego y no puedo evitar preguntarme: ¿qué sentiré cuando lo lea de nuevo dentro de 15 años?
A mi le gustó la primera vez… Los primeros números. Luego perdí un poco el hilo por como se publicó, pero los primeros los leí varias veces. Siempre me gustó el inicio. Siendo una lectura parecida a Doom Patrol, sí q es verdad q uno se identifica menos con los personajes, al menos a mi me pasa.
La lectura q he hecho para esta reseña es la q más me ha gustado. Ayudan 30 años más de lecturas y «madurez»
Muy buena reseña, por cierto. A ver si se compra la colección más gente y crecemos los Invisibles.
Muchas gracias, y, por ciert, gracias por comentar 😉
Gracias por la reseña Roman. Ya describí mi experiencia en el último DC Magazine. Quería agregar algo a ver si le pasa a otros: siempre desde chico me dio mucho placer buscar lo más raro, desestructurado, psicodélico, abstracto, en todas las artes. En la música y el cine, yo siempre lo viví fácil y muy placenteramente: no necesito entender tiempos de 7/8 o que se yo para disfrutar como loco a Zappa, el krautrock, la música contemporanea, el free jazz, etc. Lo mismo el cine: por más que no sepa que carajo quiso decir Lynch, Jodorowsky, Fellini, etc, disfruto terriblemente ese «no entender», especialmente cuando es presentado con belleza. Mirás relajas y listo, goce 100%
Pero la literatura…es otro cantar. Las temáticas no son el problema, si no las estructuras, por ejemplo en el modernismo y el posmodernismo. Varias veces intente completar Ulises de Joyce o El Arco Iris de Gravedad y es una experiencia muy, muy complicada. Percibo, sin ser un experto, la intención rupturista que tuvieron. Pero se hace tan abrumador seguirlo…que es realmente dificil disfrutar. Bueno con todo esto iba a que, a diferencia de Moore que puede hablar de las cosas más extrañas, y siempre es tan fluido leerlo, incluso en cosas tan complejas como Promethea o From Hell, lo de Morrison a veces es no se…como si faltaran paneles y personajes. Pienso en El Asco, este Invisibles, el último Linterna Verde (100% disfrutable por el dibujo). Y lo que remarcas de los personajes: a veces es como si le importaran 3 pepinos, solo están metidos en el lio loco y ya. Bueno todo eso para decir que igual le voy a volver a entrar a esta obra jeje
Pues mira… he pensado un poco al respecto desde el comentario q nos hiciste en el magazine… y te voy a decir q Los Invisibles es un poco de la cuerda de la Patrulla condenada. Pero en la Patrulla, Morrison, se inspira en Borges, no solo como referencia, si no que hace una cosa muy borgiana que es inventarse una cultura de ficción que usa como referente para su obra (se inventa escritores, pintores… ) eso, a mi modo de ver, le da una magia especial. En los invisibles lo hace menos, la mayoria som referencias reales y puede quedar un poco pretencioso. Pasas de la creatividad de la Patrulla a la mente-biblioteca d Morrison… y eso a uno lo aleja un poco de la obra.
Y luego están los personajes (que ya salió en los comentarios del magazine)… en la Patrulla son mucho más cercanos, sobre todo Robotman que le da un toque «de barrio» que en Los Invisibles, primero porque Dane es un chico airado, q está contra todo y a veces se hace antipático, y porque King Mob es muy altivo.
Quizás el tratamiento d los personajes refleja un poco el momento vital de Morrison. En la Patrulla estaba empezando, quizás estaba un poco más inseguro e hizo personajez más de «pies en el suelo» y en LosInvisibles el guionista ya es una estrella y se le nota cierto ego… algo de lo que siempre se le ha acusado.
Lo que yo te aconsejo es q empieces por los números 11 y 12, que son dos números sueltos, dos historias bastante independientes (y son las que cierran este tomo) y si te gustan, empieces ya por el número uno, creo que así te vas a enganchar desde un inicio.
Gracias por comentar, como siempre
Muchas gracias Román! Otro gran análisis. Y si, con la Patrulla tuve una sensación similar, los primeros números son los que más me gustan (los que salieron en DC Premiere), para mi a la altura de Animal Man. Son obviamente extraños, esotéricos, pero siguen siendo historias relativamente cerradas y comprensibles. Después se va desatando cada vez más, las multirreferencias estallan, pero nunca (como Borges!) pierde de lado la historia y los personajes. Leí casi todo, creo, lo que hizo después, por lo menos en DC, y cada vez se acentúa más esto de mil ideas enrroscadas, y personajes que parecen pasear por ahi. Incluidas las cosas más «normales» como Batman, JLA o All Star Superman. Sigue teniendo ideas geniales, pero nunca volví a conectar igual que con sus primeras obras.