#ZNLibros – Ready Player One

Reseña de la primera novela de Ernest Cline, Ready Player One, una distopía repleta de referencias a la cultura pop de los años 80.

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Edición nacional/ España: Ediciones B
Autor: Ernest Cline
Formato: Rústica
Páginas: 464
Precio: 18€

 

Seguramente Ernest Cline (Ohio, 1972) jamás hubiera imaginado que su primer libro de ficción iba a convertirse, no sólo en un enorme best seller o una especie de icono que reivindica distintas vertientes de la cultura geek, sino también una de las primeras obras dirigidas al gran público que apelaría por recuperar mediante la nostalgia el espíritu de esa década de los años 80 en la que el ocio poseía un rostro considerablemente diferente al que porta ahora mismo a inicios del siglo XXI y que invade el cine (Super 8, Turbokid, It), la televisión o variantes (Stranger Things, Dark) o el cómic (Paper Girls). Después de una infancia rodeado por literatura y cine de ciencia ficción o videojuegos y de haberse dedicado durante años a la poesía, a escribir fan fics e idear guiones para la pequeña (Red vs. Blue) y gran pantalla (Fan Boys) en 2011 Ernest Cline editó su primer libro titulado Ready Player One y como previamente hemos apuntado el éxito fue total, tanto como para abrirle a su autor las puertas de Hollywood, algo a lo que volveremos más adelante.

La historia de Ready Player One está localizada en el año 2045 retratando una ciudad de Oklahoma devastada por la contaminación y la crisis económica global. Allí, viviendo en la inmundicia con su tía en un decadente parque caravanas, se encuentra Wade Owen Watts, un adolescente que al igual que la mayoría de personas de su generación se evade de la cruda realidad por medio de un programa de realidad virtual llamado Oasis en el que toma el control de un avatar personalizado llamado Perzival. Oasis fue creado por James Halliday, conocido por su avatar Anorak, con la ayuda de su amigo y colaborador Ogden Morrow y tras su propia muerte dejó publicado un vídeo en el que afirmaba que en Oasis había escondido un “Huevo de Pascua” que una vez encontrado permitirá heredar toda su inmensa fortuna, amasada a lo largo de los años gracias a su empresa GSS, al que logre tan complicada gesta. Perzival y algunos de sus presentes y futuros aliados gunter (así se conoce a los cazadores del Huevo) como Hache, Art3mis, Daito o Shoto unirán fuerzas para recorrer todos los mundos de Oasis con el fin encontrar el codiciado legado de Anorak, pero la intervención de la empresa criminal IOI y sus secuaces, los sixers, no pondrán nada fácil a los protagonistas la búsqueda del famoso Easter Egg.

Ernest Cline decide debutar en la literatura de género adentrándose en el mundo de las distopías al que podemos adscribir piezas clave como 1984, Un Mundo Feliz (Brave New World) o Fahrenheit 451, pero con la intención de diseñar un producto más dirigido a un lector medianamente joven que pueda digerir sin demasiados problemas su propuesta sin apelar demasiado a la crítica política y al contexto espaciotemporal más sórdido de George Orwell, Aldous Huxley o Ray Bradbury. En ese sentido entra en escena el más famoso recurso del autor de Armada a la hora de dar forma a Ready Player One utilizando la excusa de que el creador del programa Oasis, James Halliday, era un amante enfermizo de la cultura pop de los años 80 para así meter en imparable sesión continua de incontables referencias a cine, videojuegos, música o cómics pertenecientes a aquella década e ir dando forma al relato que tiene entre manos. De esta manera el protagonista también se convierte en un ducho conocedor de los entresijos del decenio en concreto y gracias a dicha información se revela como un perfecto candidato para encontrar el Huevo de Pascua de Anorak mientras seguimos sus pasos y Cline va diseñando de manera elegante y con sucintas pinceladas el microcosmos que sustenta el entramado de la historia y que se irá desarrollando a lo largo de la propuesta.

Este recurso narrativo con el que Ernest Cline introduce un copioso catálogo de homenajes o tributos a productos que todos recordamos de nuestra infancia o adolescencia demuestra un conocimiento impresionante por su parte llegando a abordarlo con un detallismo intachable que consigue empatizar con el lector por medio de la consabida nostalgia, haciéndolo partícipe del relato. Pero no es menos cierto que en ocasiones esta intencionalidad tan referencial parece denotar ciertas carencias por parte de su autor, no sólo en el sentido de que está tomando material ajeno para enriquecer su propia obra (algo que es muy libre de hacer, por otro lado) sino porque en varias ocasiones Ready Player One transmite la idea de que sin esa inabarcable táctica de tomar detalles y señas de identidad sacadas de películas como Regreso al Futuro o Juegos de Guerra, música del grupo de rock canadiense Rush, videojuegos como Black Tiger, Pac-Man o el pionero Tennis For Two todo se vería reducido a una distopía muy genérica mil veces vista, como si de una versión descafeinada de obras de William Gibson o la vertiente sci-fi de Stephen King (imposible no pensar durante la lectura en La Larga Marcha, el mejor libro del autor de Maine escrito bajo el pseudónimo Richard Bachman y uno de sus más reivindicables trabajos) dejando notar sus lógicas carencias como novelista prácticamente novato.

A pesar de ello Ernest Cline demuestra unas sobradas dotes como narrador para idear una novela de ritmo trepidante, personajes carismáticos y entrañables adecuadamente perfilados si tenemos en cuenta su naturaleza bidimensional que los convierte en esterotipos más o menos reconocibles, pero sin caer en demasiados clichés. Como autor sabe transmitir con considerable eficacia los entornos espaciales en los que se mueven sus criaturas (nos ofrece sustanciosa información para que nos hagamos una idea de cómo son los distintos mundos que dan forma al entorno de Oasis) e imprime con dinamismo y sabiduría los pasajes en los que más prima la acción como esa batalla final, todo un homenaje al género kaiju, en la que demuestra unas dotes como narrador impropias de un escritor tan bisoño en estas lides literarias. Por otro lado también sabe jugar a placer con los clichés de la ciencia ficción apelando a algunos recursos del género considerablemente manoseados que después retuerce para su propio beneficio y con ello sorprender a un lector que ya había hecho previamente unas cábalas que finalmente no son tan acertadas cómo él creía, recurriendo mínimamente a recursos como el deus ex machina, aunque haberlos halos hay, y siempre entregándose a una fluidez que permite la rápida lectura de su novela sin transitar lugares comunes demasiado molestos que ralenticen el ritmo del conjunto.

Poco tiempo después de su publicación Ready Player One se convirtió en un best seller que lógicamente no se escapó de las garras de Hollywood, siendo Steven Spielberg el primer interesado en impulsar una adaptación cinematográfica de la que se encagaría Warner Bros, productora que compró los derechos del libro de Ernest Cline. El presente 2018 verá la luz el largometraje del que ya hemos podido ver un par de trailers que transmiten sensaciones contradictorias, por un lado un exceso de CGI que parece jugar contra el proyecto y por otro la mano de un maestro como el director de Los Archivos del Pentágono (The Post) que nos llena de esperanza con respecto a poder encontrarnos con una buena traslación de las aventuras de Perzival y sus compañeros al celulouide, aunque las referencias a la cultura pop de las que hace gala el libro se perderán en su mayoría por problemas de derechos. Por el momento sólo nos queda reivindicar Ready Player One como una lectura amena, ligera, agradable y con un subtexto bienintecnionado, pero algo “fast food”, con respecto a reivindicar todo lo bueno que puede haber en la realidad aunque la misma esté aposentada en el egoísmo y la perversidad del ser humano, afirmándonos que hay “luz natural” al final del túnel y con ella algo de esperanza para nuestra sociedad.

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Nací en Linares (Jaén) en 1982, desde bien temprano sentí la llamada del cine y los cómics. En 1994 mi vida cambió cuando Philadelphia de Jonathan Demme me hizo interesarme por primera vez por la gente que había detrás de las cámaras. Mis directores favoritos son Luis Buñuel, David Cronenberg, Paul Verhoeven, Oliver Stone, Stanley Kubrick, Terry Giliiam, David Lynch, Quentin Tarantino o Roman Polanski entre otros. Dentro del mundo de las viñetas guionistas como Alan Moore, Grant Morrison, Warren Ellis, Frank Miller o Garth Ennis me iniciaron en el cómic de autor que me trajo a Zona Negativa.
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ZombieSquirtle
ZombieSquirtle
Lector
2 febrero, 2018 1:43

Me encanta este libro. Me dan igual las críticas sobre fan service y demás cosas que se leen sobre el. Es superadictivo ( yo me lo leí en un día) y me siento identificado con el autor ya que hemos mamado la misma mierda. La película tras ver el primer trailer me interesa más bien poco pero el libro es totalmente recomendable. Gracias por la reseña.

Knopfler
Knopfler
Lector
2 febrero, 2018 10:03

Yo nací en el año 1975, así que soy “público objetivo” de este libro… y tanto que lo fui. Lo disfruté con locura, y me lo pasé bomba con él. Claro, se lo recomendé a mis amigos de la infancia… y todos lo disfrutaron igual. En su campo, un libro genial.

Con Armada trató de repetir la fórmula… pero no le salió igual de bien. Aunque esa, es otra historia.

AlbierZot
AlbierZot
Lector
2 febrero, 2018 17:11

Yo creo que la peli va a hacer bueno al libro, que me pareció sosete. Potencial para que Spielberg haga de las suyas tiene.