INTRODUCCIÓN

Pablo Berger está orgulloso de ser de Bilbao y la capital bizkaina saca pecho de uno de sus «embajadores» más reconocidos internacionalmente. El pasado 21 de noviembre, el director de Robot Dreams recogió el Mikeldi de Honor en la 67ª Edición de Zinebi. En la víspera, un emocionado Pablo Berger Uranga recordaba sus primeros pasos en el mundo del cine acompañado de su inseparable Ramón Barea. No quisimos perder la ocasión para poder charlar con él sobre su carrera. Pablo derrocha amabilidad con una serenidad inusitada. Acabada la entrevista, me pregunta si escribo relatos. «Hace tiempo lo dejé», le digo. Tal vez sea el momento de retomar esa escritura para, en un exitoso futuro (los sueños, sueños son), poder decir que fue Pablo Berger quien me animó a ello.

ENTREVISTA A PABLO BERGER

ZONA NEGATIVA (ZN): Viajamos a finales de los ochenta. Poca gente lo recuerda, pero el primer trabajo de Pablo Berger fue un corto cuyo origen está en el mundo del cómic. ¿Cómo surgió la idea de hacer tuya aquella historieta de Philippe Vuillemin publicada en el primer número de la revista Makoki?

PABLO BERGER (PB): (Se ríe) ¡Wow! Estás muy bien documentado. Pocas veces me han hecho una pregunta sobre el corto Mama con referencia concreta, porque sí que es verdad que es el número uno de Makoki. Date cuenta que yo crecí a finales de los setenta y de los ochenta. Creo que aquella fue la era dorada del cómic. Yo devoraba Metal Hurland, «Víboras«… di la bienvenida a Makoki, el Cairo… Los cómics fueron, como, casi también una entrada al mundo del cine, y mis películas yo creo que viven mucho del cómic. Entonces cuando leí el cómic de Vuillemin, me apasionó. Me pareció delirante, divertido, trágico, cómico, transgresor… y, de alguna forma, no sé ni cómo, fue una manera casi intuitiva que me puse con ello. Obviamente, yo había hecho Super 8s, pero escribí el guion de la adaptación de este cómic, posiblemente, pensando que iba a ser un Super 8. Sin embargo, yo había conocido a Enrique Urbizu y a Álex de la Iglesia en la Universidad de Deusto. Con Álex montamos el Cineclub de la uni y Enrique, que era de nuestra generación, había hecho Tu novia está loca, la primera película producida por Creativideo. De repente Álex y yo dijimos «y si hablamos con Enrique, a ver si él nos puede ayudar» y, entonces, Urbizu fue un poco nuestra Celestina y con Creativideo produjeron Mama. Pidieron subvención al gobierno vasco que, para nuestra enorme sorpresa, nos la concedieron cuando salía Torrebruno y una abuela troceada. Y era como, yo creo, el primer gore, corto gore, antes de que la palabra gore se usase. Entonces ya utilizaba la palabra gore. Mama fue nuestro periodo punk. Era hacer películas sin saber cómo hacerlas y así salió. Mama sale de las entrañas.

ZN: Además de Ramón Barea, con quien has trabajado a lo largo de tu carrera, en aquel corto participó gente como Álex de la Iglesia (director de arte) y… el mencionado Torrebruno. ¿Recuerdas cómo entró a formar parte del proyecto?

PB: Totalmente. Mira, yo necesitaba unas imágenes de Torrebruno de un programa infantil. La película Mama se desarrolla en una distopía, en una España futurista que podía ser como en 2073. La productora había contactado con Televisión Española y para conseguir imágenes de un programa infantil de Torrebruno, nos pedían una barbaridad de dinero por los derechos, más que el presupuesto del corto casi. Entonces se nos ocurrió, «¿y si contactamos con Torrebruno?» No sé ni cómo conseguimos el teléfono de Torrebruno. Entonces él, de una manera muy generosa y muy amable, se citó con nosotros y no le importó que le grabásemos como si fuese un programa de los suyos. Entonces recreamos un programa infantil. A mí se me ocurrió, para darle un poco de movilidad «¿y si montamos a Torrebruno en un tiovio?» Entonces, grabamos unas imágenes de Torrebruno montado en un tiovivo y no se me olvidará nunca que, para hacer el playback, Torrebruno sacó un cassette con la canción que queríamos utilizar y la puso allí. En el tiovivo había un pequeño radiocasete donde estábamos. Todo la secuencia fue muy surreal… Torrebruno cantando, poniendo lips in quena: «mi querida mamá, te quiero tanto y tanto». Ya no recuerdo si fueron un plano o fueron un par de planos, pero lo que sí recuerdo es que fue muy amable y fue muy generoso.

ZN: Pasamos a Torremolinos 73, tu salto al largometraje. Una historia que giraba alrededor de una pareja que grababa porno casero para dejar de tener problemas económicos. Como Onlyfans, pero con la particularidad de estar en la España de los años 70. ¿Cómo surgió aquella idea?

PB: (Risas) Bueno, el germen de Torremolinos… yo creo que las óperas primas, los directores, nos las tomamos como que tal vez sea nuestra primera y última película. Entonces, en mi caso, fue como tener una coctelera y meter todas mis obsesiones. Estaba la España de los setenta en la que yo crecí. Estaba la alta cultura y la baja cultura. La alta cultura Bergman y la baja cultura podría ser Jess Franco. La mezcla de géneros, en este caso, la pornografía también, que en aquella época (el 73) fue un año clave tras El último tango en París, Garganta profunda, Detrás de la puerta verde… y, también, cómo hacerlo personal, no solamente porque yo crecí en los setenta, sino porque también deseaba tener un hijo con mi compañera y mi colaboradora Yuko Harami. Y un elemento también que a mí me inspiraba mucho, una imagen, era como, he hablado antes de Jess Franco, algo que me interesaba mucho es que él rodaba películas con su mujer. Esa imagen de que Jess Franco estuviese viendo a su mujer haciendo el amor con otra persona me apasionaba. Entonces, lo metes en un cóctel, lo agitas y ese es un poco el resultado.

ZN: Además de unos estupendos Javier Cámara y Candela Peña, en Torremolinos 73 tuviste la oportunidad de dirigir a Mads Mikkelsen antes de su explosión como estrella mundial. ¿Intuiste que aquel joven danés tendría semejante futuro?

PB: (Más risas) Torremolinos 73 es una coproducción hispano-danesa. Entonces, Nimbus, que era la productora de Thomas Vintemberg, el director de Celebration, nos puso a disposición actores daneses. Yo fui a Copenhague y me entrevisté con todos los actores daneses conocidos. Entre ellos, a mí uno me llamó muchísimo la atención, como fue Mads Mikkelsen. Mads, que no había trabajado fuera de Dinamarca, y que estaba dispuesto a participar en un papel secundario como actor porno, como una estrella del cine porno, y que no le importaba salir desnudo en la película. Porque había otros actores daneses que sí me habían puesto sus pegas. A pesar de la falta de experiencia, obviamente, se intuía que era un gran actor. Las secuencias que aparece Mads Mikkelsen en Torremolinos 73 brillan y él es una persona muy generosa. Él viene de la danza contemporánea, así que él ya había bailado. Todos se acuerdan ahora cuando él se pone a bailar en esa secuencia de Otra ronda. Yo ya lo había visto bailar. Incluso en alguna secuencia de Torremolinos baila un poquito. Mads es alguien con una gran presencia, así que no me sorprende nada. Curiosamente, Torremolinos 73 también era la segunda peli de Javier Cámara. Cuando él hizo Torremolinos 73, solamente había había hecho como película con un papel importante en Hable con ella. Eran los primeros años de Candela Peña también, que han acabado teniendo unas unas carreras muy largas, al igual que la de Fernando Tejero, que Torremolinos fue de sus primeras películas. Yo creo que es una película que, de repente, vista ahora, hay un reparto que parte del cine español estaba ahí.

Pablo Berger
Mads Mikkelsen junto a Candela Peña en Torremolinos 73.

ZN: A pesar del éxito de la crítica y de premios (mejor película, mejor director, entre otras, en el Festival de Málaga, 4 nominaciones en los Goya)… pasan nueve años hasta que estrenas tu siguiente película: Blancanieves. Estos intervalos de tiempo, entre trabajo y trabajo, son una constante en tu carrera ¿Por qué?

PB: (Risas) Mira, en mi caso es por hacer películas un poco a la contra. Mi primera película fue Torremolinos 73 de un presupuesto elevado para una ópera prima. Mezclaba costumbrismo, años setenta y pornografía antes del revival de Cuéntame. Fue costoso. Sí que es verdad que, afortunadamente, fue un éxito de taquilla y de premios. Incluso hay un remake chino del que me siento muy orgulloso. Yo en ese momento pensaba que en mi carrera no iba a ser tan difícil financiar mi siguiente película. Pero cuando mi siguiente película es una película muda, en blanco y negro… de repente me encontré que me convertí en un director «particular». De repente, mi productor pensaría «este tío se ha vuelto loco». La combinación de esos elementos (una película muda en blanco y negro y de gran presupuesto) hizo que fuese muy difícil. Ese es el coste de la libertad creativa. Yo, de alguna manera, asumo ese lugar de haber hecho muy pocas películas pero con control total en todos los niveles de control creativo y lo prefiero.

ZN: Una película muda en blanco y negro revisitando el cuento de Blancanieves… a la española. ¿Cuántas veces te dijeron que aquella idea no funcionaría?

PB: Mira, recuerdo perfectamente mi primer encuentro con el productor de Torremolinos 73, Tomás Cimadevilla. Después de leer el guion me dijo «Pablo, es maravilloso, quiero hacerla, blanco y negro va a ser difícil…» Me dice «eres un cachondo. Qué gracioso que al principio, en la primera página pone una nota que dice, esta es una película muda y blanco y negro, y los diálogos que aparecen serán intertítulos». Porque el guion parecía un guion normal, la única diferencia era que ponía que los diálogos eran intertítulos. Y le digo, «no, que es en serio, que eso es lo que más me interesa, hacer una experiencia sensorial». Le hablé de cuando vi Avaricia en el Festival de San Sebastián y tuve un éxtasis, con orquesta en vivo. Entonces él me dijo «Pablo, esto es imposible. Esto no se va a levantar nunca». Los productores de Nimbus de Thomas Vinterberg me dijeron «Pablo, te queremos. Ha sido un placer trabajar contigo. No la hagas porque, primero, ni la intentes porque no se va a hacer y, si se llega a hacer, no se va a llegar a estrenar». Pero sí es verdad que, si yo creo en algo, soy muy tozudo. Tengo una gran tozudez y soy muy monotarea, tanto yo como mi compañera de viaje, Yuko Harami, que es que también la razón principal por la que hago cine. No estaba solo. (Yuko y yo) creíamos mucho en el proyecto y no fue hasta que apareció un productor bilbaino, Ibon Cormenzana, que me dijo, «me vuelve loco el proyecto, no sé cómo lo vamos a hacer». Y fue eso, un vía crucis, un largo viaje, que, afortunadamente, tuvo un final feliz. Fue muy difícil levantarlo, pero sí que luego, una vez que la película se estrenó, tuvo un gran éxito.

Años antes de ser la madre de Flash, Maribel Verdú fue la madrastra de Blancanieves.

ZN: ¿Qué tienen de especial las historias mudas para que en dos de los principales trabajos de tu carrera decidieras que ibas a optar por dicho camino?

PB: Para mí el cine lo que lo hace único es escribir con imágenes. Me interesa el cine más como experiencia sensorial que como experiencia intelectual. Me gusta la idea de soñar despierto, de que el espectador, cuando se apagan las luces, entra en un viaje hipnótico, que se mete en la pantalla. Entonces, al hacerla de esa manera, se permite más ese viaje.

ZN: Más allá de la recepción que tuvo Blancanieves, aplaudidísima a todos los niveles, ¿de qué te enorgulleces más de una película que ya es historia del cine español?

PB: Todas mis películas tienen muchos momentos que han sido fantásticos pero mira, ahora que estamos aquí en Bilbao, te voy a contar una anécdota. En una proyección que tuvimos en Bilbao se me acercó una chica muy emocionada y me dijo «Pablo, no sabes lo que me gusta tu película y te voy a enseñar algo». De repente, me enseñó su carnet de identidad, y veo que pone Blanca Nieves. Me dijo «tú no sabes lo que yo he sufrido con este nombre y ahora me siento muy orgullosa de llamarme Blanca Nieves». Recuerdo que me emocionó mucho, nos dimos un abrazo, pero hay muchas anécdotas. Aunque ahora que estamos en Bilbao, me he acordado de esa.

ZN: En 2017 estrenas Abracadabra, una cinta con mucho humor negro que resulta hipnótica. ¿Qué significa para ti la magia?

PB: Todo. El origen del cine es el ilusionismo. George Méliès era antes mago, incluso Orson Welles. Entonces, con toda mi modestia, al nombrar a estos grandes nombres como aprendiz, me gusta ese elemento de el más difícil todavía. De Abracadabra hablo siempre de comedia hipnótica. Entonces, yo creo que los directores, de alguna manera, queremos ser hipnotizadores, queremos hipnotizar al público. No siempre lo conseguimos, como el hipnotismo en realidad no siempre puede, pero yo siempre lo intento.

Antonio de la Torre y José Mota en un fotograma mágico de Abracadabra.

ZN: En esta ocasión (Abracadabra) repetiste con Maribel Verdú y te estrenaste con Antonio de la Torre. En todos tus trabajos, además de que todos los intérpretes que he mencionado son de primerísimo nivel, o bien acaban siendo nominados, o bien ganadores de grandes premios. ¿Te consideras director de actores? ¿Cómo suele ser tu trato con ellos?

PB: Es verdad que yo he trabajado con grandes actores y actrices (Javier Cámara, Candela Peña, Juan Diego, Maribel Verdú, José Mota, Antonio de la Torre, Ramón Barea, Josep María Pou…), muchísimos. Cuando trabajas con grandes actores, algunas veces los directores lo que tenemos que hacer es sentarnos en el asiento de atrás. Yo creo que hay diferentes tipos de directores en cuanto a dirección de actores se refiere. Yo creo mucho en la foto de grupo. Creo mucho en el casting. Creo mucho en la química. Creo mucho en el tono. Creo mucho en la elección. En ese proceso, yo le dedico muchísimo tiempo. Esas decisiones de cuál es esa foto de grupo y, siempre, cuento con grandes directores de casting: Luis San Narciso en Torremolinos 73, Rosa Estévez en mis otras películas. Y yo creo que es encontrar ese lugar de hablar con los actores, encontrar el tono y dejar espacio, también. Hay otros directores que, a lo mejor, imitan como tiene que ser la interpretación o intentan manipular. Yo creo que gran parte del éxito de una buena dirección de actores comienza en el guion, y luego hay otra parte que es dejar espacio también y la elección.

ZN: En Robot Dreams adaptaste el cómic homónimo de Sara Varon. Al ser tu debut en animación, ¿fue como empezar otra vez, casi, de cero?

PB: Total. Para mí era como ser un director novel. Es decir, me rejuveneció muchísimo porque era una forma de hacer cine que yo desconocía. Entonces, ese elemento de riesgo era un aliciente. El viaje a lo desconocido tenía una red de seguridad, en el sentido de que tenía unos grandes jefes de equipo. Yo creo que un director es tan bueno como su equipo y, pienso, si yo tengo una cualidad o un superpoder es que olfateo el talento y me rodeo con el mejor talento posible. Tuve un director de arte como José Luis Ágreda que es fantástico. Tuve un director de animación como Benoît Feroumont que es fantástico también… y más gente. Gente que venía de trabajar conmigo en la imagen real como Fernando Franco como montador, Alfonso Vilallonga que había hecho la música de mis películas… Para mí, yo creo que tenía un director de animación dentro sin saberlo. Jamás pensé hacer una película de animación antes de Robot Dreams, pero como era una película con personajes antropomórficos pues no me quedaba otra cosa si quería contar esa historia de hacer la película de animación. Para mí fue una experiencia muy gozosa y me abrió como una especie de nuevo camino

Do you remember?

ZN: Robot Dreams consiguió colarse en la Fiesta de los Oscar. Los otros nominados en la categoría eran títulos muy potentes. ¿Estar nominado en la mayor Fiesta del Cine puede considerarse el momento álgido de tu carrera? ¿Qué recuerdos tienes de aquella noche?

PB: Bueno, la verdad es que la nominación a los Oscar es un premio en sí mismo. Incluso cuando en la comida de los nominados, un mes antes de la gala, la presidenta de la Academia nos dice a todos los que estábamos allí (yo veía a Martin Scorsese, a Ryan Gosling…). Era como una gran boda con todos los nominados. Lo primero que dijo es «ya sois ganadores porque, para el resto de vuestra vida, siempre seréis Oscar nominee». Y es verdad, yo creo que el premio estaba ya en la nominación. Para mí fue una montaña rusa divertidísima. Yo disfruté muchísimo el viaje. Casi, casi, el que estuvo en la gala era como un doppelgänger mío porque no era ni consciente. Era como «¿qué hago yo aquí?» Pero bueno, lo recuerdo como divertido, no lo recuerdo como presión. Y, luego, además, ganó el maestro Miyazaki (El chico y la garza), entonces era lo normal. ¿El punto álgido hasta ahora?, yo pensaba que Blancanieves iba a ser mi gran hit, pero resulta que Robot Dreams fue un poco más allá. Fue todavía más global, más universal, pero la verdad es que quiero pensar que lo mejor está por llegar. Creo que todavía tengo películas por hacer. No soy nada nostálgico en ese sentido, ni reveo mis películas ni releo las entrevistas que hago. Quiero pensar que todavía me queda alguna película mejor por hacer. Para mí el éxito se mide en llegar al público. Mi ambición es llegar al máximo número de público. Eso es lo que más me interesa, que mis películas las vea el mayor número de personas

ZN: Has comentado en alguna ocasión que tienes una colección de cómics mudos. ¿Qué nos puedes contar de tus próximos proyectos? ¿Algún cómic más que te gustaría adaptar?

PB: Soy muy misterioso. De verdad que me cuesta hablar de proyectos o de ideas que tengo, pero sí que es verdad que mi colección es amplísima. La empecé hace mucho tiempo y Robot Dreams lo encontré así, simplemente había leído que esta novela gráfica había tenido mucho éxito en Estados Unidos y por eso la adquirí. Pero es posible que en mi colección haya alguna otra película, no te voy a mentir (ríe) porque sí que la experiencia de escribir con imágenes a mí me encanta. Para mí es lo que hace al cine algo único y especial. Me gusta el mundo del cómic. Mi primera película está ahí, es una adaptación de un cómic. Compró cómics y puede ser que alguna de mis futuras películas sea una adaptación de un cómic.

ZN: He estado a punto de regalarte Un océano de amor para tu colección. Con las prisas me lo he dejado en casa. ¿Te suena?

PB: Sí, lo tengo. Mira, me lo regaló Benoît Feroumont y conocí al guionista (Wilfrid Lupano). Está muy bien. Ese es uno de los que tengo ahí…

ZN: ¡Qué bueno! Muchas gracias por todo, Pablo.

PB: Gracias a ti. Ha estado muy bien. Estaba todo preparadísimo.

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Linkin Boy
Linkin Boy
Lector
25 noviembre, 2025 22:59

Sin duda, uno de nuestros mejores directores