V de Vigilantes: El placer de leer y la búsqueda de llaves

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Todos somos lectores. Sí, hoy comienzo así de categórico, pero no creo que a nadie le sorprenda mi afirmación. Después de unas cuantas semanas escribiendo sobre la escritura de cómics, esta vez me he levantado con ganas de pergeñar un texto sobre la lectura. Resulta que, además, todo el tema de lo leído está cambiando. Los libros tradicionales están dejando paso a los nuevos e-libros (e-books) y hay muchos, autores y consumidores, que comienzan a hablar del principio del fin. Todo esto se aplica por igual al libro tradicional y al cómic tradicional, ya que también hay aparatos, programas, aplicaciones y ofertas editoriales destinadas a este nuevo mercado de lo online y lo digital (relativamente nuevo).

Estas nuevas tendencias lectoras, potenciadas por los avances tecnológicos, están modificando también los hábitos de los consumidores. Cada vez son más los que pasan del papel a la pantalla; cada vez son menos los que aluden a la comodidad de leer en papel o al placer del tacto de un libro (o de un cómic) o, incluso, al olor de la tinta en las páginas, que alegarían los más románticos.

Lejos de hablar de precios (sí, es cierto, los libros no son baratos y los tebeos, tampoco; al dejar el formato físico se abaratan los costes y, así, los precios, en teoría), hoy intentaré haceros partícipes de algunas meditaciones propias con forma de texto. También citaré el último “problema” derivado de la SGAE, uno relacionado directamente con la lectura, más que nada para abrir una especie de debate. Y terminaré con un escrito de Vicente Verdú, procedente de El Boomeran(g), un blog literario en español repleto de plumas ilustres, que me parece especialmente interesante y hermoso. Comencemos.

La lectura comprende “la capacidad de discernir una letra sobre otra”. Leer es uno de los ejercicios más completos y complejos que el ser humano puede realizar con su mente. “Frente a otras formas de percepción cultural, es la que más esfuerzo exige del cerebro, y más participación del lector en aquello que lee. De ahí que se diga, y es cierto, que hay tantas novelas en una novela como lectores tiene; o un poema, etcétera. Pero cuando la lectura es placentera, es decir, que agrada al intelecto o a los sentimientos, todo ese esfuerzo es recompensado”, explica el escritor Antonio Rodríguez Almodóvar en una entrevista. Ese ejercicio se puede realizar igual tanto con un libro en papel, como con un libro electrónico.

Lo primero, la definición de “libro electrónico”: se entiende como tal la versión electrónica o digital de un libro (por ende, un “cómic electrónico” es la versión electrónica o digital de un cómic). Hasta aquí, nada nuevo. El problema terminológico nos viene derivado de la ambigüedad; y es que, tanto el formato, como el dispositivo para leerlo, llevan esta misma denominación. Los cómic electrónicos, además, se han transformado también en los motion cómics que se basan en los tebeos originales pero incluyen audio y algunos efectos de animación (un ejemplo cercano aquí mismo).

Los libros electrónicos (dispositivo y formato) han evolucionado ya hasta el punto de resultar prácticos y rentables, tecnológicamente hablando, aunque pueden mejorar y evolucionar más. Quizá, su mayor valor sea el relativo al espacio. Los libros, como cualquier bien cultural y artístico, ocupan un espacio determinado (que suele ser bastante grande) y como el espacio disponible no es infinito, hay momentos en los que no se cuenta con sitio suficiente (esto pasa en las casas particulares y en las bibliotecas o archivos). En un libro electrónico tienes todos los ejemplares que quieras compilados, la falta de espacio ya no será un problema relativo al afán lector.

La lectura viene asociada también a lo que llamamos “Sociedad de la Información”. Ahora no sólo generamos ingentes cantidades de documentos y libros, sino que se han recuperado gran parte del acervo producido en épocas anteriores. Todo ello se está pasando al formato digital, se está “pasando” a la Web, además de llevar un tiempo formando parte de archivos y bibliotecas.

Llegados a este punto debemos mencionar esa intención de la Sociedad General de Autores relacionada con los préstamos en las bibliotecas. La SGAE lleva tiempo pretendiendo que en las bibliotecas (tanto las públicas como las privadas) se tenga que pagar un “canon” de veinte céntimos por cada libro prestado para resarcir su uso a los autores. Entiendo que los autores tengan derechos sobre sus creaciones (en futuras semanas os hablaré de los Derechos de Autor aplicados al cómic), pero hay medidas que pueden ser más perjudiciales que beneficiosas para el mundo del libro (si llegáramos a este punto, la búsqueda y el auge de libros electrónicos sería mayor).

Actualmente cientos de usuarios visitamos las bibliotecas con cierta asiduidad, muchos debido a la posibilidad de poder sacar libros, consultar manuales, buscar información, acceder a servicios… sin ningún tipo de coste. Además, en las bibliotecas también se encuentran materiales interesantes. El siguiente texto de Vicente Verdú lo descubrí concretamente en una de esas publicaciones gratuitas que se suministran en las redes de bibliotecas municipales de mi ciudad, Salamanca. Fue escrito por este autor el 26 de Marzo de 2008, hace casi dos años, y publicado también en El País. Aún hoy sigue manteniéndose de plena actualidad. Se titula: “¿Para qué tanto leer?”. Aquí os lo dejo:

¿Para qué tanto leer?

El libro constituye un bien tan significativo de una determinada cultura que esperar a que se lea cuando su sistema desaparece es lo mismo que reclamar que perviva una hormiga sobre una superficie de alquitrán. La vida de la hormiga es tan improbable en la Gran Vía como la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio de la cotidianidad

El insecto queda exterminado sin infligirle un mal directo, pero no se reproducirá en la ciudad. Igualmente, el fin del libro y su lectura no proceden, en especial, de la educación deficiente, la impericia de las editoriales o una siembra de cizaña (¿televisión?, ¿videojuegos?) que lo matan directamente y de raíz. Simplemente, la lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse.

La actualidad del mundo, la realidad de los intervalos de trabajo y tiempo libre, coinciden con una disponibilidad para leer tendente a cero. Y no se diga ya para leer a fondo. Los momentos en que aún se lee se obtienen de intersticios de una construcción cuya fachada central repele lo libresco como materia ajena a su iluminación natural. Se lee, efectivamente, en los cantones del sistema, en los estrechos itinerarios de transporte público, en los puentes o en las vacaciones, en los tiempos muertos.

Todo tiempo oreado y candeal se ocupa, generalmente, en otros gozos, sean los viajes, el sexo, Internet, las copas, los juegos en las pantallas, las cenas o los cines. ¿Tiempo para leer? Quien lee se extrae literalmente de la cadena nutricional reinante para insertarse en un nicho marginal. Todo lector, y tanto más cuanto más lo es, traza su fuga y, a su pesar, se convierte en fugitivo de la contemporaneidad.

Efectivamente, los lectores de Harry Potter y otros best sellers internacionales no abandonan el reino, pero ¿quién puede decir que encarnan al profundo lector? Son lectores mutantes que como la presunta clase de himenópteros futuros hallará albergue en el asfalto. No ya en la fisura del asfalto sino en el mismo piso puesto que esta tipología no alude a un lector convicto, sino al libro de recreo importado de lo audiovisual. Son lectores de letras pero no letrados, siguen la línea de la página pero según los patrones del hilo cinematográfico o del musical.

El resto, los lectores conspicuos que aún permanecen, son hoy trabajadores autónomos, artistas profesionales, jubilados, impedidos, enfermos, críticos literarios, editores, directores de colección, traductores, autores. Fuera de ese ejército marcado y en declive creciente, apenas unas unidades más pueden sumarse al mundo lector.

Los libros, infantiles, juveniles, de autoayuda, de intriga, de salud, de consejos prácticos, de empresa, de texto, etcétera, componen la mayoría del tonelaje que trasladan todavía los contenedores del sector editorial y que pronto serán reemplazados masivamente por la superior eficiencia de las pantallas. No hay ocasión, pues, para complacerse en los libros literarios o en los libros del saber, ni tampoco una razón firme para confiar en su ventaja utilitaria.

En consecuencia, toda lectura de El Quijote con el ánimo de propagar la lectura como signo de salvación social no será sino la chusca representación de una función agotada y la teatralización de la impotencia. No se lee por El Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer.

Sin embargo, para ello no basta cualquier tiempo marginal, contaminado o intersticial, ni tampoco el tiempo urgido o el intervalo fatigado del fin del día. Quienes leemos y leen el libro no se alistan entre quienes se integran más y mejor, sino entre los que añoran ese producto que aprendieron saludablemente a paladear.

¿Escuelas gastronómicas para la lectura? Todas las escuelas gastronómicas se dirigen a acrecentar la variedad de los restaurantes, esos espacios donde efectivamente el mundo joven acude con insólita frecuencia y cuyo disfrute pertenece de pleno derecho a los entretenimientos de esta cultura reinante que atiende, en sus acortados tiempos libres, a las benditas sensaciones del cuerpo y no a los enrevesados ejercicios que a menudo exige la degustación mental.

Comentario

Degustación Mental, me encanta. Simplemente me encanta. Se desprende del anterior texto la siguiente máxima: Para poder leer hay que saber leer. La lectura es una habilidad muy desarrollada, realmente es la suma de habilidades psicológicas y perceptivas que se adquieren y se ejercitan desde una edad muy temprana, que luego se mantienen a lo largo de toda nuestra vida.

Entonces, ¿con qué nos quedamos?, con lectura virtual o con lectura tradicional, pues la respuesta es sencilla. Las equivalen a lo mismo, ya sea mediante manchas de tinta sobre papel o puntos en una pantalla, las historias que los autores escribieron seguirán llegando a las mentes de los lectores. Yo lo tengo claro, siempre escogeré leer; siempre me quedaré con el placer de la lectura, sin importarme el medio, porque, en el fondo, todos somos lectores. Y lo seguiremos siendo.

Un personaje de Lovecraft buscaba desesperadamente una ciudad de cúpulas doradas con la que había soñado en muchas ocasiones. Mediante una llave mágica consigue atravesar la puerta que le separaba de esa ciudad, sólo para descubrir que era su ciudad natal bañada por una nueva luz. Nosotros buscamos conocimiento y dicen que la llave mágica del conocimiento es la lectura, sobre todo en la sociedad de la información (y también, seguramente, en lo que los expertos comienzan a llamar “Sociedad Red”).

¿Habéis encontrado vuestra llave particular?

Nos leemos.

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skyfire
skyfire
31 marzo, 2010 8:13

por ESO eres mi idolo, saludos desde mexico

Manuel
Manuel
Lector
31 marzo, 2010 8:24

Aplausos

Manuel
Manuel
Lector
31 marzo, 2010 8:24

Esto merece ser guardado en mi disco duro

Gerardo
Lector
31 marzo, 2010 10:03

Felicidades. Pero tengo tres puntualizaciones, la lástima es que no las puedo documentar aunque sé que estoy en lo cierto:

1) El canon de 20 céntimos lo pagaría la Biblioteca por cada libro que ponga a préstamo. Pero sólo por cada libro, no por cada usuario que coja en préstamo dicho libro. A los usuarios no les afecta ese canon… pero de todos modos los gestores Bibliotecarios no están de acuerdo en que se aplique.

2) Ya hay Bibliotecas Públicas que tienen en préstamo el visor de libros electrónicos.

3) Ya hay Bibliotecas que tienen en préstamo los propios libros electrónicos, con medidas antipirateo y sabiendo que como es sólo un préstamo, el libro desaparece/se inutiliza en X días.

WWfan!
WWfan!
31 marzo, 2010 10:47

La máxima es de cajón.
Si en la biblioteca tiene un presupuesto de X para comprar libros y le reducimos por canon, es evidente que se comprarán menos y lo normal, los menos solicitados, los más minoritarios, los que no le guste al bibliotecario, etc., etc.

lagrannube
lagrannube
31 marzo, 2010 10:58

Creo -y eso que está difícil- que este es uno de los artículos que has escrito que más me ha gustado.
Como avída devoradora de libros (de momento, tradicionales) estaría dispuesta a pagar 0,2 cent gustosamente si ese dinero fuera para cada biblioteca para ampliar fondos, personal ,actividades, etc. Pero a lo que me niego rotundamente a que ese dinero sea para una nueva y estúpida artimaña de la SGAE.

lagrannube
lagrannube
31 marzo, 2010 10:59

avída=ávida

John Space
John Space
31 marzo, 2010 11:38

?Y si se estropea el aparato? 😉

carlos
carlos
31 marzo, 2010 12:13

Bien, buen articulo y gran dominio del lenguaje, cuidada escritura, que en estos medios se cuida poco, sigue  asi

Askani
Askani
31 marzo, 2010 12:27

El tema del canon de la SGAE ya se aplica en la mayoría de países de Europa, a mi personalmente me parece una aberración que las bibliotecas publicas tengan que pagarlo ya que se trata de instituciones dedicadas a formar, extender y preservar la lectura y cultura impresa.

En otro orden, yo estoy encantado con los e-books lo único que aun me retiene para comprarme uno es que me gustaría que fueran un poquito mas grandes en cuanto a pantalla. Pero cualquier dia de estos paso por una tienda y me hago con uno, cuando viajo siempre voy cargado de libros y ese aparato me ahorraría muchísimo peso. Ahora solo falta que las editoriales lo hagan bien y no me «obliguen» a buscar los títulos «piratas», a mi personalmente no me importaría pagar un importe mensual de 10 o 15 euros para descargar libros, en Estados Unidos hay servicios de descarga de películas por tarifa plana de 12 dolares mensuales…

En fin ya veremos que hacen.

otelo
otelo
31 marzo, 2010 15:24

excelente texto, se va a mi disco duro; y definitivamente voy a buscar ese libro de vicente verdu. Asi deberiamos de ser los lectores de comics, cultos.

desde mexico

JAVIE
JAVIE
Lector
31 marzo, 2010 15:42

Un artículo delicioso de leer como ya es costumbre en esta sección,para empezar me parece fatal que la sociedad general de autores (empresa privada,que no se nos olvide)quiera clavar los colmillos sobre cualquier medio que sirva de acceso a la cultura y esta conducta viene precedida por un miedo atroz a lo que es inevitable,es decir,el fin del soporte fisico para los productos audiovisuales o literarios en este caso.

http://www.youtube.com/watch?v=Dm4QEsme__A.

Frasier Crane
Frasier Crane
1 abril, 2010 4:13

?Y si se estropea el aparato?

¿Y si se te cae el café encima del libro? 😉

Muy interesante el artículo.

JAVIE
JAVIE
Lector
1 abril, 2010 17:11

Me encantan tus articulos DIEGO,como siempre tocas temas muy interesantes y lo haces de una forma extremadamente agradable de leer,ami personalemente,me gustaria bastante que siguieras el camino que ya empezaste con el guión y abordaras los demas aspectos del comic,en lo que seria un especial V,de cuatro textos,3 si contamos que el guion ya esta resuelto,faltaria el lapiz,la tinta y el color.
Bueno ahi dejo mi sugerencia,recalcando el hecho de que no considero que necesites de mi ayuda para hacer la sección,ya que semana a semana te vas superando tu solito,eso si yo lo dejo por si cae,xdd.