Tekkon Kinkreet

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Edición nacional/ España: EDT
Guión: Taiyou Matsumoto
Dibujo: Taiyou Matsumoto
Formato: Rústica con sobrecubierta, 17×24 cm, 616 pág, B/N
Precio: 20€

 

Seguramente, si le preguntamos a algún aficionado medio al manga si le suena el nombre de Taiyou Matsumoto, la respuesta sea rotundamente negativa. En cierta parte es lógico, ya que se trata de un autor poco mediático –si podemos llamarlo así- que se ha desvinculado completamente de los estándares que imperan actualmente en el cómic nipón. Ésto sumado a que su estilo de dibujo no sólo se desmarca del típico japonés, sino que podríamos decir sin temor a equivocarnos que ha creado un estilo completamente único en lo que a manga se refiere, ha provocado que se convierta en un autor poco atractivo para exportar a occidente.

Así pues, hasta octubre de 2008 no pudimos disfrutar de las páginas de Taiyou Matsumoto en nuestro país. Y precisamente lo hizo con las páginas de Tekkon Kinkreet, el manga que hoy tratamos en esta reseña. Recientemente, este tomo se ha vuelto a editar para cumplir el contrato que EDT firmó con Glénat Francia, por el cual a partir de junio de 2015 no puede ponerse a la venta ningún tomo en España con el logo de Glénat. A continuación pasamos a comentar la obra.

Tekkon Kinkreet nos sitúa en un estado ficticio del barrio tokiota de Takara-chô, donde la violencia callejera y las mafias están a la orden del día. Desde un inicio nos presentan la figura de Kuro y Shiro, dos niños huérfanos de unos 10-13 años –suponemos, ya que no se especifica su edad- y que serán los conductores de la obra. Estos niños, conocidos por todo el barrio y apodados Los Gatos, sienten una especial atracción por la violencia, ejerciéndola como modo de vida. Este peculiar perfil de los niños hace que no sólo se mezclen con las altas esferas de Takara-chô, sino que en determinados casos son capaces de plantarles cara y pararles los pies. Los Gatos aman a su barrio, y no van a permitir que nada ni nadie intente cambiarlo.

Bajo esta premisa se va sucediendo la presentación de personajes, gracias a los cuales podemos observar el verdadero espíritu de Takara-chô y cómo va transformándose. Debido a la llegada de Hebi –literalmente, serpiente-, un extranjero que está aliado con la mafia imperante en el barrio, la vida de los niños estará en peligro.

En Tekkon Kinkreet, Taiyou Matsumoto juega con algunos conceptos tales que no queda más remedio que etiquetar a esta obra bajo el sello de corte psicológico. El más evidente de los casos es la personalidad de ambos niños, Shiro y Kuro –Blanco y Negro-, a los que el autor dota de las cualidades que nosotros, lectores, le asignaríamos a ambos colores.

Shiro, aparentemente el menor de los dos Gatos, es un niño inocente con un mundo que descubrir. Debido a que nunca ha ido al colegio, no sabe leer ni escribir, y apenas puede contar hasta diez. Su inocencia choca brutalmente con la oscuridad del barrio de Takara-chô y gracias a esto se convierte en un personaje empático y al que se le coge cariño muy rápidamente. La personalidad de Shirô parece ligada al barrio, y los cambios que en éste se suceden también le afectan al crío.

Por el contrario, Kuro conserva una personalidad muy adulta dentro de su cuerpo de niño. Esto es así porque siente la necesidad de proteger a Shiro de los peligros del barrio, y ha ido endureciéndose con el paso del tiempo. Kuro ya no siente remordimientos al ejercer la violencia cuando sea necesario, y mucho menos si es para proteger o darle lo mejor a Shiro.

Si bien Shiro es, en parte, hilo conductor del cambio del barrio, Kuro actúa también como guía de la obra, pero en su vertiente más oscura. Se relaciona más con la mafia y la policía de Takara-chô, actúa a espaldas de Shiro, roba y actúa siempre en base a la ley del más fuerte. Sin embargo, pese a todas estas diferencias entre ellos, no pueden vivir separados. Cada uno es el complemento vital del otro. No hay ninguna duda, Taiyou Matsumoto ha empleado la filosofía china del Yin y el Yang para estos dos carismáticos personajes.

La carga psicológica de la obra va in-crescendo a medida ahondamos en las páginas de Tekkon Kinkreet, siendo destacable el importante clímax del final. Sin embargo, no desvelaremos más sobre este tema por si alguien todavía quiere descubrir este gran tomo.

Otro aspecto a comentar es el propio dibujo de Taiyou Matsumoto, y es que es uno de los puntos más importantes de la obra. El autor, como hemos comentado anteriormente, se ha desmarcado de los estándares japoneses y ha creado un estilo muy peculiar. Sus viñetas, todas y cada una de ellas, están dotadas de una fuerza especial. Sus trazos gruesos y perspectivas imposibles dan lugar a una parada obligada para observar detenidamente el dibujo, y cada página en conjunto crea una composición única. Ahondar en las páginas de Tekkon Kinkreet es entrar en un mundo desconocido para los lectores de manga.

Esta obra fue adaptada a la animación en el año 2006 bajo el sello del prestigioso Studio 4ºC, convirtiéndose en el enésimo manga pasado al anime. Nos encontramos en esta ocasión con una reproducción más o menos fiel, donde se narran casi todos los hechos acontecidos en el manga, pero que personalmente no me dejó el mismo sabor de boca que la versión en papel, siendo ésta mucho mejor. Si bien esta película es un buen complemento para el cómic, no es un sustituto de éste.

Tekkon Kinkreet se presenta como una obra muy peculiar, tanto en guión como en el apartado artístico, pero sin duda hará las delicias de los lectores más exigentes. Su especial atmósfera te atrapa fuertemente en la lectura, un aspecto crucial para toda buena obra. Personalmente me ha parecido una de las lecturas más enriquecedoras que he tenido desde hace tiempo, y he empezado a sentir bastante interés por Taiyou Matsumoto y su obra en conjunto. Esperemos ver más obras suyas publicadas por aquí –recordemos que EDT también ha traído Takemitsu Zamurái-, aunque esto se aventura difícil. Taiyou ha sabido ganarse un hueco entre los lectores más experimentados, pero no ha logrado colarse entre las compras del fandom habitual.

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Presentándome como uno de los más jóvenes del equipo, empecé a colaborar en el proyecto Zona Negativa en octubre de 2011 gracias a una recomendación del propio Marc Bernabé. Actualmente cubro –o intento cubrir– todo lo que tiene que ver con el manga publicado en España, tratando tanto noticias como reseñas. Mis andanzas en el mundo del cómic nipón empezaron relativamente tarde, aproximadamente en septiembre de 2007. Sin embargo, rápidamente me desvinculé de lo que serían los gustos típicos de los aficionados al manga. Actualmente soy un apasionado del manga clásico y con cada lectura intento no sólo entretenerme, sino aprender un pedazo de la historia del cómic nipón en todas sus vertientes: autores trascendentes, obras padres de cada género, etc. Y, con más o menos éxito, estos conocimientos que adquiero son los que intento trasladar a mis textos.
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David Fernández
5 octubre, 2012 10:57

 Tebeazo. Matsumoto tiene un talento increíble: entre Tekkon Kinkreet -a mí sí me gustó, y mucho, el anime- y Takemitsu Zamurai, se ha convertido en uno de mis autores preferidos.

Buena reseña, Alberto!

Sputnik
Sputnik
Lector
5 octubre, 2012 18:35

Lo vi hace unas semanas en la librería y pregunté por él.

Le tengo unas ganas locas.

Jose Angel Ares García
Lector
5 octubre, 2012 20:49

Está genial, vi la película hace tiempo y en cuanto salió la reedición en papel no dudé en comprarla y cumplidas las expectativas