Portada Sabò de Stefano Casini

Edición original: Sabò (Panini Cómics, 2026)
Guion: Stefano Casini
Dibujo: Stefano Casini
Color: Stefano Casini
Traducción:: José E. Martínez
Edición y revisión de textos: Elena Hernández
Dirección editorial: Daniel Díez
Formato y precio: Cartoné. 168 páginas. 36€

Vidas ante el abismo.

«Soy el hotel de las horas detenidas, de los días congelados, de las vidas perdidas.»

Si hay algo que tienen en cómic las obras editadas por Cartem (Mimbreños, Las espada y la lanza, ¡Hasta la victoria!) que hemos podido leer en España del autor italiano Stefano Casani (Livorno, 1958) es la variedad temática que nos hemos encontrado. La primera se podía considerar un western, la segunda una historia de capa y espada y la tercera un cómic histórico. Desde una factura clásica heredera del cómic de aventuras tradicional europeo, en las tres vemos la intención de buscar una aproximación personal a cada género, pero sin salirse del todo de los tópicos que han marcado ese tipo de historias desde hace décadas. Un ánimo de cambio mucho más radical no encontramos en Sabò, recién publicado por Cartem. Estamos ante el cómic más alejado de la tradición de Casini hasta la fecha, ya que se trata de un cómic mucho más difícil de categorizar en cualquier género y con algunas decisiones narrativas muy alejadas del clasicismo más formal.

Pagar, dormir y marcharse. Esas son las reglas que rigen en Sabò, un hotel de la periferia algo destartalado. Un refugio en plena huida que se convierte en el destino de varios personajes muy diversos en unos momentos vitales peliagudos. Siete personas, todos protagonistas, todos secundarios, que deambulan por las habitaciones del hotel atrapados entre el dolor, la pena y la culpa, mientras buscan encontrar un nuevo rumbo para sus vidas. Estamos ante una historia de vidas entrecruzadas, aunque unidas solo por ser huéspedes del mismo hotel, sobre varios personajes que han decidido romper amarras con su vida anterior. Pero todos lo han hecho sin tener un plan prefijado y están perdidos sin saber exactamente qué es lo que están buscando. El hotel les ofrece una tregua a sus problemas durante unos días como una especie de limbo en el que el tiempo se ha detenido, pero sus destinos terminan por alcanzarlos de forma inevitable. Si bien, su estancia servirá para que algunos encuentren un atisbo de esperanza para encontrar un nuevo futuro o hagan las paces con su pasado.

Sabò comienza con varias secuencias que sirven de presentación de cada personaje en las que Casini ha optado por prescindir de textos y diálogos dejando que sean los dibujos, las miradas y los silencios los que guíen la historia. Una economía de textos que está presente en el resto de la obra y obedece al estado emocional en el que se encuentran los personajes y que marca el ritmo de una narración pausada que buscar más mirar al interior de los personajes que hacia la acción, aunque está si está presente en el tramo final de la obra. En esa visión introspectiva de los personajes el autor italiano no cae nunca en la tentación de juzgar ni justificar en ningún momento a los personajes simplemente nos los nuestra con todas sus aristas y contradicciones, que no son pocas. Unos personajes tridimensionales llenos de capas capaces de todo tipo de actos, alguno brutales y otros totalmente desinteresados.

El propio hotel no es solo el lugar donde transcurre gran parte de la obra, también es un personaje más que tiene su propia voz ejerciendo como narrador en varios tramos de la historia. Quizás en algún momento su voz resulta algo reiterativa, pero lo que es muy interesante es como es totalmente diferente a la de los personajes con un matiz más poético y filosófico. Todo un acierto.

En el apartado grafico nos encontramos con estilo más depurado que en obras anteriores, pero que mantiene un nervio que parece sacado de esas emociones a flor de piel de los personajes. Unos personajes que resultan muy expresivos, no solo con sus facciones también con su lenguaje corporal, algo vital para transmitir sus emociones que marcan una obra en la que abundan los silencios. Otro recurso visual brillante es el que vemos en el final de las escenas de presentación de cada personaje en las que la última viñeta de su vida previa a su llegada al hotel esta desdibujaba y sin color. Un color que también tiene una enorme importancia narrativa donde abundan los tonos ocres, amarillos y azulados que reflejan esa tristeza y melancolía que recorre todo el relato. Al ser una obra que transcurre en un espacio cerrado nos encontramos con un gran uso de planos cortos y primeros planos, pero están muy bien combinados con una estructura de página que huye de unas formas que den la sensación de estar muy encorsetadas consiguiendo que la narración sea fluida pese a tener un ritmo contemplativo.

La edición de Cartem es similar a las que han realizado del resto de obras de Casini, con buen tamaño y reproducción y un diseño cuidado. Como extras tenemos abundantes bocetos e ilustraciones del autor italiano junto con un texto en el que detalla la génesis del cómic y unas notas aclarativas sobre la traducción de José E. Martínez. La única pega es el rotulado que tiene algo que no acaba de estar en sintonía con la obra.

Con Sabò Stefano Casini nos vuelve demostrar que estamos ante un autor que comprende lo que demanda cada tipo de historia y que no teme recorrer nuevos caminos. Se trata de la historia más sorprendente y ambiciosa de todas las que hemos podido leer en España del autor italiano. Un cómic coral que nos habla con sutileza y sensibilidad sobre la culpa, los remordimientos, los miedos y la soledad.

Lo mejor

• Las secuencias mudas de apertura del cómic.
• Los personajes.
• El uso del color.

Lo peor

• Hay algo en el rotulado que no acaba de funcionar.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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