Orbitador

Un trabajo mayúsculo de narrativa y puesta en escena que merece la pena descubrir. El sleeper del mes.

Por y
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Orbitador

Edición original: Orbiter USA
Edición nacional/ España: ECC Ediciones
Guión: Warren Ellis
Dibujo: Colleen Doran
Entintado: Colleen Doran
Color: Dave Stewart
Formato: Cartoné, 112 págs. A color.
Precio: 13,50 euros

 
ORBITADOR, según Pedro Pascual

“Space: the final frontier. These are the voyages of the starship Enterprise. Its five-year mission: to explore strange new worlds, to seek out new life and new civilizations, to boldly go where no man has gone before.”

La mítica frase inicial de Star Trek es la clave para entender que nos quiere decir Warren Ellis en El Orbitador. El hombre ha presentado siempre un espíritu aventurero, de conocer siempre “el más allá”. Podríamos retroceder hasta su época más primigenia y observar al hombre al final de la era Paleozoica cuando existió el supercontinente conocido como Pangea. Claro que el hombre se desplazaría a otras tierras por cuestiones de aclimatación, disputas, alimentación, etc, pero seguro que aún en esa época habría ya pioneros que buscaban la “exploración de mundos desconocidos, el descubrimiento de nuevas vidas y nuevas civilizaciones, hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar.”

Y desde aquel momento el hombre no ha dejado de hacerlo de la mano del desarrollo tecnológico. En cuanto pudimos nos echamos al mar para descubrir nuevas tierras, nos introducimos en ella para conocer el mundo oceánico, y de igual modo, ascendimos a las más altas montañas y alcanzamos los polos de la Tierra.

¿Qué más quedaba por descubrir?

El espacio.

En el 2014 pudimos disfrutar de la fabulosa película de Nolan, “Interestelar”, la cual presentaba dos premisas ya utilizadas en el 2003 por Ellis en el cómic El Orbitador: un mundo que ha abandonado la exploración del espacio y el accidente de un transbordador.

Y si es impactante el inicio de Nolan mostrándonos en lo que se ha convertido la tierra: una decadente sociedad agraria. Más lo son las directas páginas iniciales del cómic: un campamento de chabolas en el Centro Espacial Kennedy.

Tanto Interestelar como El Orbitador van de lo mismo: la necesidad y obligación del ser humano por explorar. Y aunque en el desarrollo de ambos es diferente e incluso opuesto, durante el primer tercio de la película de Nolan, hay una escena muy interesante que podría formar parte de El Orbitador.

Todos recordaréis el momento en que Cooper tiene que ir al instituto para hablar con los tutores de Murphie:

– “Murphie es una buena chica, muy inteligente. Pero ha tenido más de un problema. Trajo esto para enseñárselo a sus compañeros. El capítulo sobre aterrizajes lunares.
– Es uno de mis libros de texto. Siempre le han gustado las fotos.
– Es un viejo libro de texto federal. Los hemos reemplazado por las versiones corregidas.
– ¿Corregidas?
– Que explican que las misiones Apollo fueron simuladas para llevar a la ruina a la Unión Soviética.
– ¿No cree que llegáramos a la luna?
– Creo que fue una magnífica propaganda para que los soviéticos se arruinasen despilfarrando recursos en cohetes y otras máquinas inútiles.
– ¿Máquinas inútiles?
– Y que si no queremos volver a vivir el exceso y el derroche del siglo 20 entonces hay que hablarle de este planeta. No de como abandonarlo.
-Una de esas máquinas inútiles que construyeron se llamaba IRM y si nos quedara alguna, los médicos habrían detectado el quiste en el cerebro de mi mujer antes de que muriera y no después y entonces habría sido ella la que estaría escuchando esto y no yo, que sería lo ideal porque ella tenía más paciencia.”

Como ya hemos indicado, El Orbitador tiene unas páginas iniciales espectaculares, narración puramente visual, sin apenas diálogos, que finalizan en una estupenda splash page, que hace que nos maravillemos con el dibujo de Collen Doran y el color de Dave Stewart, pues ambos mantienen un alto nivel a lo largo de todo el cómic.
Tras ello, en una sola página, Ellis nos explica que es lo que está pasando:

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“El programa espacial tripulado se canceló por culpa del transbordador Venture. También es el mayor misterio de la historia de los vuelos espaciales tripulados. No en vano, desapareció de la órbita terrestre hace 10 años con una tripulación de siete personas. El último desastre de la Nasa hizo que la tierra se centrará solo en programas de vuelos de exploración con robots. Hace una década que no va ningún humano al espacio. El Venture ha regresado a la tierra 10 años después”

Mejor sinopsis sobre El Orbitador no puede existir, y no hay lector de cómics al que no le pueda aparecer atrayente. Aun así, se ha de reseñar que es un argumento ya explorado por Warren Ellis en varias ocasiones: en la obra maestra Planetary, hay varias muestras, y entre ellas podríamos destacar su número 18, el emotivo y nostálgico “El club del cañón”, así como el siguiente número, “El misterio del Espacio”. Y aunque en menor medida, me ha venido a la memoria el último número de Global Frecuency, “Arpón”.

Las siguientes páginas son de presentación de personajes, una para cada uno de ellos:

-La Dra. Anna Bracken, que estuvo en el equipo de evaluación psiquiátrica de la Nasa
-El Dr. Terry Marx, del equipo de propulsión de avance de la Nasa.
-La Dra. Roberson, antes era astronauta.

Y de este modo es como son presentados por quien les ha reclutado, el Coronel Bukovic, del mando espacial de EE.UU. Aún hay dos personajes más, uno de ellos es el transbordador, el Venture, pero de una manera muy diferente a como lo es el Enterprise en Star Trek. Además, Ellis no escogió el nombre de Venture a la ligera, pues lo podríamos traducir como: atreverse, arriesgarse, aventurar, animarse. Toda una declaración de intenciones.

Y sobre el personaje que nos falta, lo mejor es que lo descubra el lector.

Se podría decir que es ahora cuando comienza la historia que Ellis nos quiere contar, aunque en verdad ya nos ha ido diciendo varias cosas. Se relata cómo los tres doctores investigan cada uno en su campo lo que ha pasado con el Venture durante estos 10 años. Y lo que se van encontrando es misterioso, incomprensible y fascinante, y Ellis nos lo intenta ir explicando, no con sus palabras de guionista, sino con las palabras de un “astrofísico”, pues gran parte del peso del desarrollo del cómic recae en Terry Marx más que en la bióloga Roberson. Es decir, son páginas con un vocabulario científico (ficción) que puede que eche para atrás a algunos, pero para ello está el Coronel Bukovic, que al escuchar las explicaciones de los tres sobre el misterio del Venture, nos lo traduce a un lenguaje coloquial y comprensible. A continuación, de manera vertiginosa nos dirigimos a un final fascinante a la par que emotivo, de la mano de la Dr. Anna Bracken, la cual, a pesar de que la hemos mencionado poco, asume a lo largo de todo el cómic un papel fundamental. Además, se podría decir, que es el personaje por el que Ellis más se identifica (e intenta que el lector también lo haga), haciendo suyas, y nuestras, muchas de sus palabras. Y es que Terry y Roberson aman el espacio porque es su profesión, pero en el caso de Anna, psiquiatra (de Ellis, escritor, o de nosotros, lectores) lo ama por la fascinación que supone las historias de exploración espacial. Y en relación a esto, señalar que Ellis, aunque como mero esbozo, apunta que este amor incondicional tiene sus consecuencias en el amor de pareja.

Para terminar ¿Me esperaba ese final? Ni por asomo, aunque es perfecto para la historia que Ellis quiere transmitir. Dicho lo cual, qué mejor que acabar la reseña con las propias palabras de Ellis en el epílogo que presenta la edición de ECC:

“…el espacio se ha ido volviendo más lejano desde que yo tenía 17 meses…Estamos perdiendo el espacio cuando ahí fuera hay tantas cosas para nosotros.
Esté cómic habla de volver de volver al espacio y de afrontar el miedo y la adversidad. Es un cómic sobre la gloria, sobre volver al espacio porque nos está esperando y porque es allí donde debemos estar. No podemos consentir que la exploración humana del espacio se convierta en historia”

Espero que todo aquel que haya leído esta reseña le dé una oportunidad a El Orbitador.

Se la merece.

ORBITADOR, según Gustavo Higuero

El espacio. Ese lugar infinito, inhóspito, helado, mortal pero absolutamente fascinante. Un espejo que sirve para poder mirarnos de vez en cuando y recibir una buena cura de humildad que sirva para bajarnos el ego, como especie que se cree el ombligo del universo. Somos cortos de miras, cortoplacistas, que gozamos con lo inmediato y parecemos haber perdido con los años el espíritu sacrificado de los grandes exploradores. Puede que llegáramos a la Luna por intereses políticos y no científicos, pero llegamos, mientras que ahora solo sabemos poner plazos para futuras misiones tripuladas que nunca llegan a materializarse.

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Las estrellas nos miran y nosotros la ignoramos. Tal vez por eso Warren Ellis, del que se descubre en el epílogo de esta obra es un verdadero creyente de los viajes espaciales, escribe esta novela gráfica como toque de atención, un grito de auxilio, para que quienes estén al otro lado de las páginas puedan reflexionar sobre las metas que ahora parecen atenazar a toda la humanidad.

Al final todo se reduce al dinero. Pero el dinero es como el tiempo. Se tiene cuando se quiere. Los gobiernos aluden el parón espacial a la falta de fondos, a que no se puede costear una expedición espacial y por tanto maquillamos la escena con el lanzamiento de sondas y robots que vayan hasta otros planetas y nos manden algunas fotos. Hay dinero para seguir financiando guerras. Hay dinero que seguir robando a los contribuyentes. Hay dinero para inventar nuevas formas de matarnos, pero no hay dinero para encontrar una cura para el cáncer, el SIDA, salvar a cientos de miles de refugiados o invertir en alcanzar nuevos planetas. Así es como somos.

Orbitador es la historia de una ilusión. Es volver a entusiasmarse con los vuelos tripulados y sentir dentro, en las tripas, la emoción más primaria, más pura, que podemos sentir cuando estamos cara a cara a un reto que no solo es personal, sino que atañe a toda la humanidad. El transbordador espacial Venture, el último que despegó, regresa a la Tierra tras estar desaparecido 10 años. Su aterrizaje pone en marcha una investigación que acabará mezclando ciencia ficción clásica, misterio y ciencia a partes iguales, en una obra que no se puede dejar de leer.

Warren Ellis ha demostrado en numerosas ocasiones su valía como escritor. De su mano hemos gozado con Transmetropolitan o Planetary, por citar dos ejemplos, por lo que es probable que muchos puedan pensar que Orbitador se trata de una obra menor, con menos profundidad, una curiosidad simpática dentro de la obra de este guionista. Pero no es así en absoluto. Ellis nos quiere contar algo muy personal. Puede que lo disfrace de historia de ciencia ficción y misterio, pero en el fondo se trata de decirnos que hay que empezar a ser más ambiciosos como sociedad, que nuestro tiempo en la Tierra está en cuenta recesiva y que nuestro lugar está en las estrellas, surcando galaxias y cabalgando cometas.

Ellis desarrolla la trama de una manera magistral. Su primer truco es dejarnos caer de primeras la pregunta clave que mueve la historia: ¿Dónde ha estado el Venture? A partir de este punto nos muestra, con tan solo cinco personajes, como es esa pasión por descubrir que todos hemos perdido. El ritmo narrativo es dinámico, dejando caer la información poco a poco, mientras que con cada nuevo dato aparecen nuevas preguntas. Tan absorbente resulta la lectura que uno se sorprende en varias ocasiones intentado dilucidar una teoría que pueda dar explicación a todos los extraños fenómenos que rodean al Venture.

Aquí es necesario hacer un pequeño alto y analizar con detalle como Ellis se inventa teorías científicas, que se enlazan con lo que sabemos sobre física, para unirlo todo en una densa trenza que llega a confundir entre lo que es realidad y lo que es ficción. Uno llega a fascinarse con términos tan maravillosamente atractivos como Unidad de Sesgo o como se detallan teorías de forma tan cercana y simple que hasta puedes sentirte como un pequeño aprendiz de astrofísico.

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Orbitador tiene dos defectos. El primero es su duración. Duele llegar la final. El segundo se produce cuando uno llega al final y lo hace de la forma que lo hace. Orbitador atrapa tanto que uno desea poder seguir metido en ese mundo donde la pasión y la ilusión por lo desconocido pueden más que cualquier otro caso. La obra pide a gritos una continuación, está más que justificada, mucho más que otras que nos hacen sufrir con segundas y terceras partes. Ellis nos lleva de la mano hasta el final, nos hace querer a unos personajes a los que hemos conocido brevemente, nos arrastra por toda la historia movidos por la curiosidad, la misma que llena de vida a los protagonistas, para dejarnos con un enorme coitus interruptus que, por bien construido que está y adecuado que sea, no deja de molestar. Algunos comics uno desea que terminen, pero Orbitador es de esos en que cada página llena y convence.

Ellis no nos ha escrito una obra maestra, ni mucho menos, pero si nos ha regalado uno de los mejores comics de ciencia ficción que pueden leerse. Su trabajo no es a gran escala, sino que se limita a contarnos la historia que quiere y lo hace tan bien que no puedes escapar. Orbitador es tremendamente entretenida, escrita con talento, bien dosificada, atractiva narrativamente y apasionante por el misterio que envuelve al Venture.

En el otro lado de la balanza tenemos el trabajo de Colleen Doran. La dibujante se muestra muy suelta en cuanto a cómo nos sabe impresionar con escenas muy impactantes del transbordador, mientras se mueve con soltura en las escenas de diálogos, de vital importancia para poder seguir manteniendo el endiablado ritmo de la trama. Su estilo de trazo recto y oscuro, junto con la escasa paleta cromática con la que Dave Stewart adorna el lápiz de Doran, hacen del conjunto un retrato en sepia de lo que como humanos somos capaces de hacer.
Un relato de esperanza. Una viaje que empieza en nosotros mismos y que para empezarlo solo debemos ser capaces de pararnos, mirar a las estrellas y preguntarnos por qué seguimos todavía aquí, perdidos en estúpidas ambiciones que nos están llevando a perder nuestra propia identidad.

Con el Venture vuelan nuestro sueños.

  Edición original: Orbiter USA Edición nacional/ España: ECC Ediciones Guión: Warren Ellis Dibujo: Colleen Doran Entintado: Colleen Doran Color: Dave Stewart Formato: Cartoné, 112 págs. A color. Precio: 13,50 euros   ORBITADOR, según Pedro Pascual “Space: the final frontier. These are the voyages of the starship Enterprise. Its five-year…
Guion - 9
Dibujo - 8.5
Interés - 9.5

9

Adictiva.

Interesante reflexión sobre las limitadas expectativas de la humanidad. Un paseo directo que mira al universo como el próximo objetivo de la humanidad.

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Pedro Pascual Paredes
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Gran y atrayente reseña, Gracias Gustavo.
El tema de los viajes tripulados al espacio siempre genera cierta polémica y más en épocas de crisis. Incluso en algún momento de vida llegue a pensar que había que mirar más a la tierra que al cielo, pero ¡se puede y se deben hacer las dos cosas! Porque ambas se complementan y se ayudan. Y además, la vida necesita de sueños, de ilusión, de exploración.
Sé que lo de las notas es algo particular, yo le pondría un 8.
Tienes toda la razón en que “la obra pide a gritos una continuación”, pero parece que ello es marca de la casa, pues lo mismo se podría decir de “Global Frecuency”, incluso de su Caballero Luna, sobre las cuales podría y debería haber profundizado más, y con ello lograría hacer aún más grande esas obras, (hecho que sí logró, pero buen tiempo le llevó, con Planetary).
A pesar de lo dicho, creo que Ellis, escribió lo que quería escribir; en esta ocasión le importaba menos la aventura espacial, como el señalarnos las consecuencias de que no lo haya, así como la necesidad de que las haya. En definitiva, quería transmitirnos que es vital la realización viajes espaciales tripulados, y lo consigue.
Lo que ocurre en el espacio es otra historia (que me encantaría leer, pero que en parte ya nos lo podemos encontrar en otras obras)

De nuevo, muchas gracias Gustavo.

dhaldon
Lector
dhaldon

Pues me la he comprado, y una vez leída tengo que decir que me ha decepcionado. No me la compre nada más salir porque no me llamó la atención, pero después de leer la crítica le he dado una oportunidad y sin ser una historia mala me ha parecido muy básica y sencilla, sin chicha vamos, me parece mucho más interesante “Ministerio del espacio” del mismo Ellis, tanto el argumento el desarrollo de la trama y sobre todo los personajes que aquí menos el físico apenas están esbozados. Ministerio está saldada cuatro duros, sí la veis, no dudéis. En fin, el fin de semana le daré otra oportunidad a ver si con una segunda lectura mejora…

MrCervero
Lector

Respecto a la opinión de Pedro Pascual, aunque coincido con mayor parte de sus palabras, he de reconocer que el comic no me entusiasmó tanto, y donde menos coincido es con el final, para mi completamente predecible y esperado casi desde el principio. Y lo mismo puedo decir respecto a las palabras de Gustavo Higuero respecto a esta obra.
Eso no quita que el comic es entretenido, se lee de un tirón y el mensaje de Ellis te llega, eso si se lo reconozco. Pero es una gran obra ? Para mi no. Está bien para mandar ese mensaje que el propio Ellis reconoce querer mandar con este comic, y lo dicho, lo consigue, pero no pasa de ahí.

Por señalar un poco lo que a mi parecer destaca diría que lo mejor es el mensaje. Ese sentimiento que te queda de que Ellis tiene razón, ese sentimiento de impotencia y fascinanción que provoca el espacio y cualquier noticia relacionada con su exploración. Hay que explorarlo, debemos explorarlo.
Y por otro lado para mi lo peor es el dibujo, sencillote y soso. Tiene alguna viñeta que realmente si está muy bien, pero muchas otras donde omite los fondos o directamente les mete colores planos difuminados, que en un principio no molesta, pero luego cansa. También tiene algo que ver la paleta de colores utilizada y un entintado quizás demasiado recargado para mi gusto.

Pues eso, un comic entretenido sin más. Me llega el mensaje, pero sus formas no pasan de lo correcto y el dibujo aprueba raspado. Para mi un 6/10.

Un saludo.