Oda a Kirihito, de Osamu Tezuka

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ODA A KIRIHITO de OSAMU TEZUKA

Sinopsis: En uno de los mejores hospitales universitarios del país, un brillante e incontestado médico con aspiraciones a dirigir el consejo general estudia una extraña enfermedad que produce un cambio en los huesos, acorta las extremidades y transforma el hombre en algo parecido a un perro. Kirihito, un miembro de su equipo, no está de acuerdo con su tesis y viaja al alejado e incomunicado pueblo donde en principio se desarrolla la enfermedad de forma exclusiva. En su afán de demostrar que su mentor está equivocado, sufrirá su particular travesía del desierto, intentando salvar su vida de afectado por la enfermedad y convirtiéndose en nexo de varios personajes que reaccionarán de distinta forma al encontrarse con él. Por otro lado, Urabe, un amigo suyo también doctor con un temperamento algo desequilibrado, intentará ayudarle desde Japón, aunque a veces no de la forma más ortodoxa… ¿Quién tendrá razón sobre el origen de la enfermedad? ¿Sobrevivirá Kirihito a su infierno particular? ¿Que busca realmente Urabe?

Entre líneas: Esta obra de tres volúmenes la hizo Tezuka en un momento crítico de su vida profesional, cuando se le acusaba de no poder realizar cómic adulto. Se inspiró en sus conocimientos de medicina, ya que en su juventud estudió ésta carrera por deseo de su padre, y que también le sirvió para crear otra obra cumbre en su historial, Black Jack. Concibió una historia donde se mezclan investigaciones científicas, el drama de verse degradado y humillado, la delgada línea que separa el bien del mal, desestructuración psicológica, entre otros.

La obra trata globalmente de, primero, como te puede cambiar la vida por circunstancias ajenas, pasando de una tranquilidad rutinaria del primer mundo al infierno de la esclavitud, humillación y rechazo, en forma de viaje a los infiernos y una vuelta en forma de venganza más psicológica que física. Durante este viaje, el protagonista conocerá varios personajes, buenos y malos, con claroscuros, como el mercader, la contorsionista, los habitantes del pueblo, la hostilidad en contra de los japoneses en muchos de los sitios donde va a parar, etc. Mientras, el otro hilo del argumento, el que intenta averiguar el origen de la enfermedad de Monmo, nos describe el autoritarismo del sistema medico japonés, y sirve sobretodo para desarrollar el importante personaje de Urabe, el compañero médico de Kirihito. Como segundo punto, también nos muestra el largo proceso de preparación de las elecciones a presidente del colegio de médicos, no con artimañas ilegales por parte del mentor de todos, pero sí usando su influencia y con el objetivo de usar la enfermedad de Monmo como gran noticia que lo catapulte hasta la dirección. En ésta empresa le ayudará un magnate político, que apuesta económicamente por él para recabar dinero, fama y escalar posiciones. Su hija se vera involucrada en la narración a través de Urabe, con lo que tenemos un tercer escenario donde se mezcla el amor, el dinero y la búsqueda de la verdad, aunque sea a costa de perder la silla del poder.

En el plano médico, también podemos ver una leve crítica al sistema japonés, en el que el médico experto no admite segundas opiniones del grupo de aprendices e inexpertos, aunque al final vemos que es éste grupo de becarios los que acaban dictaminando el por qué y origen de la enfermedad. Es una reivindicación de los médicos que aun no son o no han llegado a ser primeros espadas. El médico titular, ese que ha ninguneado las tesis del protagonista y la ayuda de su séquito, acaba en sus manos arrepintiéndose de todo lo que ha hecho. Este personaje hace de malo (aunque a simple vista sea otro personaje, el amigo de Kirihito, el que se lleva nuestra primera mala impresión). De todas maneras tampoco es un malo arquetípico: pese a su tozudería en cuanto al origen de la enfermedad, también vemos su lado humano en casa, o preocupándose de las elecciones que quiere ganar. Pero si tuviésemos que adjudicar la etiqueta de malo a alguien, sería a él. Aunque el amigo del protagonista tampoco se queda a la zaga, violaciones incluidas (que las hay). Esta crítica al sistema médico japonés no pasa de argumento secundario en la narración, aunque lo podemos ver muchísimo mas ampliado en “Say Hello to Black Jack” (no confundir con otra obra de médicos de Tezuka, Black Jack, imprescindible), editada por Glénat, donde un médico en prácticas va pasando por distintas áreas médicas de un hospital, encontrándose historias dramáticas y un estrato social dentro de la medicina japonesa del que se desmarca creando situaciones difíciles y preocupación en su entorno.

Otro rasgo que encontramos a menudo en este viaje a lo mas bajo de la condición humana es el racismo. Esta obra, publicada en los años 70, vio la luz en una época donde el racismo era aún el pan nuestro de cada día, sobretodo en los países donde había dos razas mayoritarias. El racismo lo encontramos bajo dos formas distintas, aunque las dos tienen por objetivo degradar al prójimo distinto. Cuando Urabe viaja a Sudáfrica para conocer más detalles de la enfermedad, el jefe de la obra donde han aparecido más casos de algo parecido a Monmo trata a Urabe de “chinito”, como si todos los asiáticos fuesen iguales y sin ser dignos de mención. La doctora que le acompaña le protege, pero ya queda claro el ambiente xenófobo que había en esa zona durante esa época. Este es el racismo clásico, de alguna forma. Pero también nos encontramos con ese racismo que degrada los enfermos de Monmo a un nivel hipohumano. En el castillo de Mang, los apestados son gente como Reika, lo que ahora llamaríamos nimfómana, o acróbatas y contorsionistas, todos actúan para divertir a Mang y sus invitados en continuas fiestas. La degradación es total, mas que en el racismo clásico, y podemos ver una relación de este aspecto con una película magistral de 1932 de Tod Browning, la magnífica “Freaks, la parada de los monstruos”, donde un grupo de apestados por ser distintos (en algunos casos, en la actualidad aún lo serían, como el hombre salchicha sin extremidades, por ejemplo), se rebela contra la musa del espectáculo, una rubia espectacular que se ríe de todos y que tomará de su propia medicina. Esta película, que escoge la vía del puñetazo en el estomago para revolver conciencias (y mucho más en esa época), mantiene un puente con la obra que nos ocupa, auque lo trate de forma distinta. Si el autor vio esta película o alguna otra similar y decidió incluir todo el arco argumental de Mang como una crítica a los que menosprecian lo distinto simplemente por serlo, nunca lo sabremos. Pero es posible, ya que otra gran obra de este autor que revolucionó el cómic en su país, Metrópolis, adaptada al cine y vista en España por el no menos conocido en el mundillo Rin Taroo, está basada en la imagen promocional de la película homónima de Fritz Lang, de 1927. No podemos saber si vio o no Metrópolis o Freaks, pero igualmente este puente que une dos obras con 50 años de diferencia nos hace pensar que no hemos evolucionado mucho. De hecho, el propio autor no se libra de este sentimiento, aunque sea un racismo “inverso”: En los viajes a Sudáfrica, y en la importante reunión de médicos para escoger el próximo director, los personajes que proceden de Europa están todos dibujados de forma no caricaturesca, pero si deformes: son muy altos, y pensándolo bien bastante gordos. Sobretodo vemos al doctor alemán, a la doctora que acompaña a Urabe en Sudáfrica, y al propio jefe de obra del que la mujer protege a Urabe. Esto puede entenderse como una representación grafica de ese sentimiento de inferioridad que dicen que tenían los japoneses después de la Segunda Guerra Mundial. Los nipones son dibujados siempre delgados, con poca entidad (excepto el político), como si voluntariamente se considerasen poco importantes o menospreciables.

Otro aspecto a destacar de la obra es la enfermedad en sí: En algunos pasajes se ve claramente que Monmo es un sustituto del SIDA. Si hacemos un poco de memoria, recordaremos la polvareda que se creo cuando el actor Rock Hudson reconoció tener el SIDA, ser homosexual y posteriormente morir de esta enfermedad en 1985. En ese momento el mundo descubrió una de las peores lacras del siglo XX, y se escribieron ríos de tinta intentando tranquilizar a la población blanca (léase blanca como superior o raza primogénita, perdonadme el atrevimiento): que si solo era cosa de gays y lesbianas, que lo de Hudson era una excepción y que era mayoritariamente en negros, para después confirmarse que podía ser en cualquier raza, pero también con desinformaciones, como que si se transmitía por aire, por moscas, etc. Pues en el cómic que nos ocupa pasa algo parecido: la visita de Urabe a Johannesburgo sirve para demostrar el racismo que había en esa época, pero también para mostrar que los blancos creían que eso del Monmo era sólo de apestados y de razas inferiores. Las reacciones de la doctora que acompaña a Urabe, aparte de manifestar un claro desconocimiento de la cultura japonesa, son de miedo e irascibilidad: esta enfermedad no puede afectar a los blancos, y se acabó. Esta subtrama del argumento no está más desarrollada, pero lo suficiente como para fijarse en ella.

Otro aspecto a destacar de la historia es el peso de la religión en el relato, pero también del ateísmo. Estos dos puntos están representados básicamente por Helen, afectada por Monmo, que se agarra a su fe para no perderse en la locura o el suicidio, y por otra parte el propio Urabe, que no puede entender esa fe, aunque la respeta. Curiosamente estos dos polos opuestos acabaran tocándose, primero de forma bárbara y después con mas sentimiento mutuo. Para no perder demasiado el norte de la reseña del cómic, os emplazo a quien quiera de vosotros profundizar un poco más sobre este aspecto a algún post que realizaremos en un futuro próximo.

Una vez concluído el desenlace, nos encontramos con una especie de anexo, donde Kirihito y todos los que han muerto son resarcidos, y él puede pasear por la calle a cara descubierta. Después de meses desaparecido, esto parece la muerte y resurrección de Cristo, con lo que tenemos otro detalle que liga aún más la religión al relato. Además, en este anexo podremos comprobar si la enfermedad es hereditaria o no. El final, un poco brusco, quizá por problemas de espacio (se publicaba originalmente en revistas, con un número de páginas por semana establecido. Incluso así, en gran parte de la historia, no se nota ningún corte en la narración), deja abierto el origen de la enfermedad, aunque durante la historia cada lector podrá posicionarse hasta cierto punto por una opción u otra. Es también un final lleno de esperanza, mirando hacia el futuro, tal vez como acabaría un cómic o relato actual sobre el SIDA.

El dibujo es el característico de Tezuka, que a la vez es decir bastante peculiar: mezcla con maestría momentos de humor con momentos de tragedia o solemnidad, trazo caricaturesco (caramba, no veo ni un cerdito, los que hayan leído mas obras del autor sabrán a que me refiero, algo parecido a las colillas de Ibáñez en sus cómics) mezclado con viñetas muy trabajadas y detallistas, sobretodo algunos primeros planos. Quien sepa un poco sobre cuánto revolucionó Tezuka el cómic en Japón, no podrá evitar intentar descubrir, en las primeras páginas, cuando el argumento aún no ha despegado del todo, formas, maneras de hacer, composiciones de pagina, uso de líneas cinéticas, extralimitación de la viñeta, vamos, juegos con el medio. Y no defrauda: Tezuka hace buen uso de contrapicados, composiciones de página que delatan estados de ánimo o información adicional, como espirales, figuras a contraluz, figuras metafóricas en todo lo referente al sexo, juegos de luz exquisitos, difuminación de la línea de tinta al despertarse de una operación, etc Una vez en el núcleo de la narración, nos atrapa y vamos encontrando estos juegos con el medio de la historieta aquí y allá, pero siempre puestos con delicadeza y en el momento justo.

Conclusión: Estamos delante de una gran obra, que además marcó en Tezuka el inicio de sus últimas obras maestras en cómic adulto, como Adolf. La publicación por parte de Otakuland hace justicia a la obra, dándola a conocer al publico español. Y aunque tenga unos cuantos fallos (los más importantes, las palabras juntadas quitando los espacios y la rotulación mecánica), es fácil pensar que como mínimo la podemos leer y disfrutar. El nivel de reproducción de las planchas no es muy bueno pero se entiende en una obra publicada hace unos 30 años. Destacaríamos como lo mejor, la cohesión del guión, estudiado y calculado, sin notarse cortes debido a la publicación serializada en revistas, con dos frentes claramente abiertos que van avanzando hasta la conclusión final. Aspectos negativos pocos hay en nuestra opinión, quizá un final no precipitado pero si brusco, y una posición enfrente a la religión entre la admiración y el temor, un poco trasnochada hoy en día.
Un manga recomendable a todos los que quieran leer una buena historia, con personajes con trasfondo emocional y con un argumento original y que te atrapa rápidamente. Tal como ha pasado en otras ocasiones, sería una pena que la obra no traspasara los muros del mundillo del manga, como han hecho otras obras como Adolf, Monster, etc. Revistas periódicas en papel y webs de información o weblogs personales tendrían que darse eco de ella. Personalmente le pongo un 8,5, muy cerca de grandes obras maestras del propio autor como la misma Adolf, Astroboy, Jungle Taitei o Black Jack. No os la perdáis.

PD: Como vereis, este es mi primer post. Con este manga estreno mis colaboraciones con Zona Negativa. Quiero agradecer públicamente a Toni la confianza y paciencia depositada en mí para que esto se haya convertido en una realidad. En cuanto al texto, se que no hay imágenes, ya que por internet no hay scans de esta obra. Quería escanear alguna página yo mismo, pero aun no tengo por la mano como subir las imágenes y ahora mismo no tengo los volumenes, ya que Toni se interesó por la historia y le he dejado los 3 tomos. No todas las reseñas serán tan largas, tranquilos 🙂 También me gustaría poner información adicional, pero no es fácil encontrar información en un idioma legible de autores japoneses. Espero poder encontrar recursos en la web que me permitan incluirlo en la próxima reseña. Tanto Jordi como yo esperamos que los aficionados a los superheroes puedan verse interesados en historias totalmente distintas en su forma de narrar y realización, y sin comerlo ni beberlo se encuentren con un manga en la mano. Como decían hace años en las películas editadas por el sello MangaFilms,…. “Larga vida al manga!!!”

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