Marvel Limited Edition. Especial Escuadrón Supremo

Llegan los ochenta a la línea Marvel Limited Edition y con ellos la recuperación del genial Escuadrón Supremo de Mark Gruenwald, Bob Hall y Paul Ryan, cortesía de Panini Cómics y SD Distribuciones

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Nadie duda que los años ochenta están de moda. Cine, televisión, música.. un completo revival que hace que se mire con buenos ojos cualquier cosa surgida por aquellos días. Una época que trae la consiguiente ración de morriña, invocando lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Los que tuvimos la suerte de vivirla, recelamos de algunos recuerdos. Ponemos en suspenso que alguien eche de menos las hombreras, los tupés y cardados con olor a laca, los calentadores y demás elementos desfasados (como tener solo dos canales de televisión o esperar una media hora entre pantalla y pantalla de tu juego preferido de ordenador). No es la función de este redactor dedicarse al acervo cultural de esa década. No, aquí hemos venido a hablar sobre cómic. Y en los ochenta había una ingente cantidad de muy buenos tebeos. Por eso, Panini y SD Distribuciones han pensado que quizás fuese una gran idea dedicar una parte de la línea Marvel Limited Edition a la producción de esos años. Y voilà, dicho y hecho, ya tenemos disponible en tiendas el primer Marvel 80`s Limited, con el Escuadrón Supremo como protagonista.

El Escuadrón era un concepto que había comenzado como un simple juego privado entre amigos, y terminó siendo un asunto relevante en la editorial. Mark Gruenwald recogió mucha de esa tradición y dispuso una de las primeras obras donde se ponía en duda la infalibilidad del superhéroe. Una concepción mucho más atrevida que el cómic al uso, que provocó que se convirtiera en una obra de culto. Ante la magnitud de la historia y de su recopilación en España, por primera vez incluyendo la Marvel Graphic Novel, se ha preparado esta entrada como un especial. Si se permite, me voy a recrear en la vida y milagros de una figura especialmente querida para un servidor, el editor y guionista Mark Gruenwald. Posteriormente, vamos a ponernos en antecedentes con lo que ha representado el Escuadrón Supremo a lo largo de su vida editorial. Por último, y no menos importante, cerramos en post con la reseña del MLE.

Mark Gruenwald, enciclopedia viviente y garante de la continuidad

Marvel en los setenta era un hervidero de creatividad. Nuevas ideas, renovados proyectos y hambrientos autores forman un combo muy especial. A mediados de esa década, se produjo una renovación importante en las filas de la editorial. La llamada “tercera ola de creadores” supuso la llegada de savia fresca. De aquella, ahora casi todos son reconocidos estrellas del medio. Gente como Roger Stern, John Byrne, Frank Miller, Mary Jo Duffy y tantos otros. En ese grupo también localizamos a nuestro protagonista primordial, el gran Mark Gruenwald, aunque hay que precisar que su entrada es algo más tardía, concretamente en 1978. Don Mark era un fan declarado del medio desde la más tierna edad. Lector entusiasta de superhéroes, fue uno de esos aficionados a los que no les bastaba quedarse en la superficie de la dinámica superheroica. Siempre buscaba algo extra para dar sentido a sus lecturas, por lo que pronto pasó a formar parte de los movimientos alrededor de los cada vez más numerosos fanzines.

Gruenwald era fan de todo el género, de Marvel y de DC, que es básicamente lo que había de surtido en EEUU en tan lejana década. Por lo que leía y escribía de lo más variado. En 1977 llega su gran proyecto, una publicación amateur denominada Omniverse. En ella, Mark y compañía analizaban pormenorizadamente conceptos tan complejos como continuidad o multiverso, mucho más evidente este último en DC, con el tema de las tierras paralelas, pero también incipiente en Marvel (la irrupción del Escuadrón Siniestro o la serie What If? son ejemplos muy claros de ello). En este opúsculo, que apenas duró dos ejemplares, teníamos artículos que trataban con una rigurosidad envidiable aspectos que a buen seguro ciertos editores pasaban por alto como detalles nimios. Cualquier pequeño pormenor era recogido por Gru y sus acólitos para explicar y contextualizar, con arreglo a los universos de ficción de aquellos momentos. Parecía mentira que tal caudal de sapiencia pudiera ser realizado por aficionados. En las altas instancias editoriales, lo de Omniverse no pasó desapercibido. En ese mismo año 77, Gruenwald debe dejar su fanzine debido a la llamada de una major: formaría parte del staff de “The Amazing World of DC Comics”, dedicando parte de su trabajo a la historia de la Liga de la Justicia, su grupo predilecto de superhéroes.

Formar equipo con una de las grandes estaba bien, pero hay que admitir que ser miembro oficial del fanzine de DC no es que fuese a lo que aspiraba Gruenwald. Por eso, cuando Jim Shooter le sondeó en 1978 para incorporarse a Marvel como editor asistente, Mark lo tuvo muy claro; cogió sus bártulos y se pasó a la acera de enfrente. Ahora podía jugar en primera división. Las tareas de editor asistente tampoco es que fuesen muy reconfortantes, básicamente dedicados a correcciones. Pero Gru fue cumpliendo su cometido de manera eficiente, lo que permitió que se le fueran dando oportunidades en el terreno de los guiones. Algunas de sus primeras asignaciones se localizan en Spider-Woman (1978), Marvel-Two-in-One (1979), Thor (1980) o What If? (1981), por no hablar de los numerosos fill-in de urgencia a los que tuvo que hacer frente, ante situaciones de necesidad.

Jim Shooter estaba contento con el bueno de Mark, por lo que en 1982 es ascendido al puesto de editor, a tiempo completo, algo de bastante entidad en el organigrama de la compañía. Trabajo bien hecho que recibía su recompensa. El mandamás lo colocó en puesto de responsabilidad para cabeceras de primer nivel, tal y como son los Vengadores de Roger Stern o el Capitán América de J. M. DeMatteis, por citar dos de las más relevantes, dado que su trabajo en la edición es extensísimo. En los Avengers de su colega Sterno sugirió un ciclo, protagonizado por la Visión, donde se tocarían aspectos como el poder y su influencia, un tema que sería de especial importancia para nuestro editor y guionista. Esta misma cuestión se ampliaría de manera palpable en su maxi serie del Escuadrón Supremo, uno de sus hitos, o como parte interesada en el desarrollo de la Novela Gráfica Emperor Doom, datada en 1987 (dibujada por Bob Hall, el mismo que inició Squadron Supreme). El cómo el poder puede afectar a sus portadores se puede notar como una constante en sus inquietudes.

Ese año 82 se considera, a efectos prácticos, como su punto de consolidación. Ya no será alguien de paso en la compañía, sino un nombre con poder de decisión y rutilantes proyectos para el futuro, tanto en la escritura como en la edición. Así, se le puede señalar como uno de los responsables e ideólogos del primer gran evento de Marvel, Contest of Champions, que se produjo en 1982, junto a Steven Grant y Bill Mantlo. También se hizo cargo de la primigenia mini serie en solitario de un secundario muy querido, Hawkeye, en 1983. Pero en el aspecto de guion se le recuerda principalmente por dos colecciones, la limitada del Escuadrón Supremo y su longeva etapa en Captain America, que se pusieron en marcha ambas en 1985.

Del Escuadrón vamos a hablar largo y tendido, por lo que no es necesario detenerse. Respecto a Steve Rogers, tenemos una etapa de 10 años, con más de cien números en su haber (ahí es nada), donde Gruenwald probó prácticamente de todo con el Capitán, desde sustituirle por una versión bastante pasada de rosca, el excesivo John Walker, tomando una vertiente digamos más política, hasta la pura ciencia ficción, con la legendaria saga donde el Capi se volvió un hombre lobo. Obviando la tesitura del trasfondo de sus aventuras, el interés del guionista pasó por ahondar en la ética del superhéroe y Steve se convirtió en su arquetipo, el sujeto pasivo de la investigación. Su pasión por el Abanderado marcó su recorrido en Marvel Comics, hasta el punto de generar conflictos con sus propios compañeros. Como editor de los Avengers, exigió a Stern, el guionista titular, que sustituyese a la Capitana Marvel por Steve en el liderazgo del equipo. Esto no gustó nada a Roger, que se negó en redondo, lo que provocó que saltara un conflicto en el Bullpen. Gruenwald, que recientemente había sido ascendido a editor ejecutivo en esas fechas (hablamos de 1987), impuso su rango para que Stern fuese despedido de Vengadores, además de bloquear posibles asignaciones. El resultado del drama es que Roger Stern tuvo que abandonar Marvel, por su propio sustento. Hasta ese punto llegó el bueno de Gru por imponer al Capitán.

Es cierto que su principal labor se centró en la edición, pero, como hemos ido viendo a través de estas líneas, siempre sacó tiempo para guionizar alguna etapa relevante, siendo el caso de su satisfactorio proyecto con Quasar (casi sesenta números) o de D.P.7 (treinta y dos ejemplares), una serie del Nuevo Universo de Shooter (alguien que le era muy afín). Aun así, es justo celebrar su mayor aportación al entorno compartido, y esa es la confección del Official Handbook of the Marvel Universe. Un compendio enciclopédico donde Gru establecía las características básicas de todos los personajes de la editorial y los ubicaba en continuidad, hilando cualquier cabo suelto. Así, por poner un ejemplo, si en los años 40 surgieron dos Marvel Boy, el bueno de Mark trataba de diferenciarlos, otorgando una visión singular de cada uno de ellos……cuando los creadores originales no lo hicieron. Esa era su grandeza; un conocimiento mastodóntico sobre la historia del Universo Marvel y el empeño de poder materializarlo de forma física. El Official Handbook es la mayor carta amor que jamás se ha realizado a la obra de Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y tantos otros que dieron origen a este maravilloso universo compartido. Y muchos nos preguntamos cómo encajaría el bueno de Gruenwald los desmanes de los últimos años en cuanto a la continuidad. Más vale dejar esa inquisición sin respuesta para cubrir un tupido velo al respecto.

Mark se mantuvo atado a Marvel Comics durante toda su carrera. Fue ascendiendo desde lo más bajo, para ser uno de los mandamases editoriales de los años 90, alguien con un peso muy fuerte en la empresa. Desgraciadamente, la década de los noventa no fue muy halagüeña en la Casa de las Ideas. Desde la seguridad de su despacho, Gruenwald vio los movimientos empresariales que se hacían cargo de la editorial, para organizarla al antojo de un puñado de incompetentes, y como los jefazos ponían a disposición de Jim Lee y Rob Liefeld los juguetes más importantes para destrozar, de un plumazo, todos los años de coherencia editorial. El buen Gru no pudo comprobar in situ como Heroes Reborn se convertía en un fracaso, puesto que recién iniciado el movimiento, don Mark moría de un ataque al corazón en 1996. Un defecto congénito le pasó factura a la pronta edad de 43 años. Como pueden suponer, su pérdida fue un completo mazazo para la industria.

Lo que no se puede negar es su impronta y su legado. Gruenwald era alguien muy querido en el mundillo. La gente que le conoció habla maravillas de él, debido a su carácter afable y risueño. Eso es debido a que pocos saben que el bueno de Mark era un bromista redomado, un comediante metido a editor y escritor de cómics. Incluso, intentó hacer carrera con ello al presentar el proyecto Cheap Laffs, un programa cómico para la tv pública de Nueva York que apenas tuvo relevancia. La gente le respetaba y prueba de ello son los constante homenajes que le hicieron sus compañeros en variadas viñetas. El más famoso puede que sea su papel como dirigente de la Agencia de Variación Temporal, que Walt Simonson se sacó de la manga en su etapa en Thor. Toda una muestra de cariño hacia el editor, resaltando su más reconocida faceta, ser el garante de la continuidad oficial. En 2006, diez años después de su muerte, Marvel lo nombró, de forma oficial, como el “Santo Patrón de los marvelitas”, un título a los que muy pocos podían aspirar.

El convertirse en un importante escritor no fue su única función en el apartado creativo. Si miran bien los créditos de determinadas obras, aparece como dibujante (la mini serie de Ojo de Halcón es lo más relevante) o incluso colorista. El amor de Gru hacia los cómics no tenía parangón. Y ese sentimiento nos lleva hacia la postrera anécdota de este punto. El último deseo de Mark fue ser incinerado y juntar sus cenizas con la tinta de un cómic. No se le puede negar la voluntad a un hombre moribundo por lo que su mujer, Catherine, cumplió su cometido. La primera edición que aglutinaba de manera íntegra el Escuadrón Supremo tiene el honor de contener las trazas de su creador. Un impactante acto de amor por parte de uno de los mayores entusiastas que jamás ha trabajado en el noveno arte. Así lo expone su esposa en la intro del volumen: “Mark era original, incluso en algo tan absurdamente macabro, y siempre había disfrutado jugando con las ideas preconcebidas acerca de la vida después de la muerte y los espíritus. A ese respecto, ha probado una vez más que siempre ha sido alguien inteligente y nunca aburrido. Permaneció fiel a su pasión por los cómics, y verdaderamente se hizo uno con la historia, mezclándose con cada fibra del cómic en su deseo de originalidad y de una pincelada de inmortalidad”.

Gruenwald y su esposa, Catherine

Mark Gruenwald pasó al estatus de leyenda debido a su fallecimiento. Como todo creador, tiene sus luces y sus sombras. Sobre estas últimas, recordar el bochornoso incidente acerca del liderazgo de los Vengadores o su empecinamiento en mantenerse contra viento y marea en la colección del Abanderado, pese a que era evidente que ya no tenía más que ofrecer. Aun así, el apartado positivo es lo bastante extenso para que nos mostremos como entusiastas de su trabajo en Marvel. Sin duda, uno de esos factores por el que le tenemos que querer es el MLE que tenemos entre manos, el Escuadrón Supremo. Una obra que rompía moldes, que buscaba algo más que la simple diversión y que además estaba protagonizado por unos trasuntos de personajes muy queridos para el editor. En el siguiente punto vamos a tratar de explicar de dónde surge el concepto Squadron Supreme y qué recorrido tuvo en la editorial Marvel.

Escuadrón Supremo. Contexto e historia

Squadron Supreme no es invento de Mark Gruenwald. La idea de este grupo proveniente de un universo alternativo comenzó casi veinte años antes de la publicación de la serie limitada. Sí es cierto que Gru había declarado su amor de infancia por la Justice League, aspecto que no podía tocar, debido a su compromiso permanente con la Casa de las Ideas. Pero esas versiones, más o menos evidentes, de los grandes héroes de DC suponían lo más cerca que nunca iba a estar de guionizar a la Liga. No era cuestión de dejar escapar la ocasión. Para eso aprovecha una situación reciente, un momento donde el supergrupo actúo como secundario en los Defensores de DeMatteis, para plantear las tramas. Por tanto, el lector profano puede verse un poco desconcertado si no es consciente de ciertas especificaciones. Debido a ello, hemos pensado que es necesario conocer las diferentes encarnaciones del equipo, como ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, hasta llegar a nuestra misma actualidad. Y a ese menester nos dedicamos, de una manera muy somera.

Escuadrón Siniestro

A finales de los sesenta, Nueva York era una fiesta. No en general, que lo suyo habría también, nos referimos al mundo del cómic. Se habían superado los años 50, donde una crisis galopante casi asola al medio. Jóvenes autores, que habían mamado desde su más tierna infancia la dinámica de los superhéroes, se veían en la tesitura de actualizar sus aventuras en un clima más propicio. Los creadores eran relativamente escasos pero se llevaban muy bien entre ellos, participando en guateques varios, ya pertenecieras al staff de Marvel o de DC. Roy Thomas era uno de los nombres a tener en cuenta, como representante de la Casa de las Ideas. Pero Roy nunca ha escondido su admiración por la Golden Age deceíta. Pues bien, en una fiesta en 1969 se juntó con Denny O’Neil, nada menos que el guionista oficial del mayor supergrupo de héroes del cómic americano, la Justice League. Roy se ocupaba de la versión marvelita, los Avengers. O’Neil y Thomas fantasearon en cómo podía ser un crossover entre ambas formaciones, algo del todo imposible por motivos editoriales. Pero a la imaginación no se le pueden poner puertas. Se podían introducir asociaciones veladas, poco o nada estridentes, en cada una de las cabeceras que ambos guionizaban, que funcionarían como guiño al lector versado y así de paso hacer disfrutar a la parroquia. De ese encuentro surgió el Escuadrón Siniestro, en las páginas de Marvel Cómics.

Thomas se puso manos a la obra, prácticamente al minuto, y para Avengers #69-71 (octubre a diciembre del 69, fechas de portada), un ciclo dibujado por Sal Buscema, ya tenía listo para debutar a sus contrapartidas deceítas. La trama comienza como un simple juego, como ocurrió en la vida real. El Gran Maestro, un Primigenio del universo, se enfrenta a Kang utilizando cada uno de ellos a unos paladines preseleccionados. Los Vengadores eran reclutados por el Señor del Tiempo, mientras que el Primigenio se trae de otro universo alternativo al Squadron Sinister. Este grupo era la respuesta de Roy a la Justice League. En él teníamos a Hiperión (Superman), Halcón Nocturno (Batman), Doctor Espectro (Green Lantern) y Zumbador (Flash). Como tales, la agrupación es derrotada por los Héroes más Poderosos de la Tierra, dado que se presentan como villanos, una versión retorcida de los iconos deceítas.

Thomas lo había tenido realmente fácil, ya que en Marvel se respiraba un clima de mayor libertad. La jugada de O’Neil fue mucho más suavizada que la presentada por su compadre. Julius Scharwtz no era un editor fácil de engañar y jamás hubiera permitido tales fruslerías. Denny simplemente introdujo versiones malvadas de la propia Liga en Justice League #75, que a veces utilizaban muy sutiles referencias a los colegas de la competencia, pero que casi nadie pudo interpretar como versiones alternativas de los Vengadores. De mayor valentía hizo gala Mike Friedrich cuando en 1971 nos hacía partícipe de la existencia de los Campeones de Angor, una traslación bastante evidente de Thor (Wandjina), la Bruja Escarlata (Silver Sorceress), Mercurio (Jack B. Quick) y Chaqueta Amarilla (Blue Jay), todo ello relatado en Justice League #87. A pesar de este último estoque, parece que la victoria recayó en el lado marvelita, ya que el concepto del Escuadrón ha perdurado a lo largo del tiempo, establecido como una cuestión recurrente, cada cierto periodo.

El Escuadrón Siniestro cumplió con su papel en Avengers#70, para teóricamente desaparecer. Aunque nosotros sabemos que no fue tal que así. El equipo, e incluso sus miembros por separado, fueron utilizados por los guionistas del Bullpen. Lo más interesante puede ser la conversión de Halcón Nocturno en un reformado héroe tras su encuentro con los Defensores, grupo en el que terminó integrado hasta su práctica defunción. También se debe hacer referencia a la transformación del Zumbador en Demonio Veloz en las páginas de Amazing Spider-Man, por lo que acabaría añadido a su galería de villanos, olvidándose en muchos casos su pasado con el Escuadrón (véase Superior Foes of Spider-Man). Doctor Espectro e Hiperión apenas tuvieron alguna aventurilla como villano de día, siendo el trasunto malvado de Superman recuperado por el propio Gru para las páginas de su serie limitada. Parece evidente que el Escuadrón Siniestro fue un primer paso, una puerta para abrir universos alternativos, y Roy Thomas no tardaría en darle otra vuelta de tuerca.

Escuadrón Supremo

Esto parece que nos suena más. Roy Thomas se mostraba encantado con la experiencia de recrear a los héroes de la Liga en las páginas de Marvel. Pero le había quedado un cierto mal sabor de boca al presentarlos como simples villanos. Thomas dirigía enérgicamente los destinos de los Vengadores, acompañado por los hermanos Buscema en la parte artística. Por tanto, estaba en completa disposición de arreglar ese pequeño entuerto. Aprovechó un viaje multiversal a la tierra de Arkon para mandar a los Avengers a un Nueva York alternativo, donde rigen como ocupantes de la Mansión un grupo sospechosamente parecido al Escuadrón Siniestro. Pero no, no son exactamente los mismos. Tenemos de nuevo a Hiperión, Halcón Nocturno, Zumbador y Doctor Espectro, a los que habría que añadir a Pulgarcito (Átomo), Águila Americana (Hawkman), Lady Alondra (Canario Negro) y Ojo de Halcón (Green Arrow). Antes de generar confusión en el lector, el nombre de Ojo de Halcón estaba libre en aquellos momentos, ya que Clint Barton operaba bajo el pseudónimo de Goliath, imbuido de partículas Pym. Aparte de la ampliación del elenco, hay otro dato que el guionista se afana en aclarar: esta renovada versión tiene un matiz heroico; se trata de los buenos de la Tierra 712 (o Tierra S, como fue denominada en sus inicios). Pese a eso, no se puede evitar el típico enfrentamiento de rigor entre las dos formaciones, aunque tras esta saga las cosas acabarían bien para los dos grupos de superhéroes (Avengers #85-86, fecha de portada 1971). Roy Thomas ya tenía a su trasunto heroico de la Liga de la Justicia; qué más se podía pedir.

El siguiente paso sería la consolidación y eso descansaba en los hombros de alguien que no fuera el bueno de Thomas. Steve Englehart había suplido a Roy como responsable literario de los Vengadores desde el #105, ya que el antiguo guionista debía ocupar la plaza de editor jefe dejada por Stan Lee. Englehart se sabía al dedillo toda la historia de los Avengers y entre sus aportaciones y novedades, no dudó en introducir los correspondientes homenajes. Uno de ellos tendría como protagonista al Escuadrón Supremo, realizado entre los años 1975 y 1976. Acompañado al dibujo por un gran George Pérez, Steve recupera las esencias del Escuadrón para montar una trama con sus convenientes malentendidos. Nuestros héroes están tras la pista de la misteriosa Corona de Serpiente, un objeto ancestral que Roy Thomas había introducido en su etapa con Namor, lo que les lleva a las oficinas de Roxxon. Cuál es la sorpresa de los Vengadores cuando se dan cuenta que la corporación tiene bajo su mando al grueso del Escuadrón.

Englehart monta una larga trama, donde incluso tuvo que hacerse un parón para dar descanso a Pérez (Avengers #141-144, #147-148), tratando de explicar el motivo del enésimo enfrentamiento entre el Supremo y los Avengers. Resulta que los héroes de la Tierra S estaban al servicio de su amado presidente, desconocedores a su vez de que éste se encontraba bajo el dominio de la Corona de Serpiente, que ansiaba deshacerse de los Vengadores. Ahí tienen el punto de conflicto. El guionista mantiene las esencias marcadas por Thomas respecto al trasunto de la JLA, solo que cambia un par de nombres, Ojo de Halcón por Arquero Dorado y Águila Americana por Capi Halcón, y añade un nuevo miembro, el injustamente olvidado Aquaman, que en la versión marvelita se conoce como Anfibio. Englehart también se preocupa de actualizar lo que estaba ocurriendo en la otra acera. La Liga, dirigida por Gerry Conway, se había trasladado a un satélite, en el exterior del planeta. Steve decide hacer lo mismo con el Escuadrón, por lo que los reubica en esa misma posición en su Tierra 712. Tras las tortas de rigor, Squadron y Avengers se separan en completa sintonía, a la espera de su siguiente encuentro.

Este acontecimiento no tendría, en este caso, como protagonistas a los Héroes Más Poderosos de la Tierra, cogiendo el testigo el no-grupo favorito de la editorial. El Escuadrón Supremo volvió a aparecer en las páginas de los Defensores de J.M. DeMatteis a finales de 1982 (números 112 al 115). Sus más afamados integrantes, Halcón Nocturno e Hiperión, piden ayuda a los Defenders para que les ayuden con una casuística en su mundo de origen: un poderoso alíen llamado Mente Maestra (Overmind) tiene dominado al presidente de su nación, lo que incluye el arma más potente que el gobierno dispone, el propio Escuadrón Supremo. Por supuesto, los Defensores harán todo lo posible para ayudar a sus colegas de Tierra S. DeMatteis continúa con la tradición de ir añadiendo nuevos miembros al plantel del Escuadrón. Así, en este caso tenemos las adiciones de Princesa Poder (Wonder Woman), Arcana (Zatanna) y Nuke (Firestorm). Y no solo eso, Jean Marc se atreve a introducir la Argonita como su versión de la Kryptonita, dejando abierto un claro punto flaco para Hiperión, el Superman marvelita. Tras esta trama, las consecuencias no son baladíes. Los actos de Mente Maestra han dejado muy tocado el mundo de origen del Squadron Supreme. Su base violentada y su credibilidad mermada….. no es una situación nada propicia.

Es este el instante en el que recoge Mark Gruenwald para dar comienzo su maxi serie sobre el Escuadrón, ya en 1985. Es importante tomar como punto de partida esa saga en Defenders, puesto que sus presupuestos parten de allí. De todas formas, Gruenwald, Hall y Ryan montaron una macro historia que no tiene ninguna otra conexión con el Universo Marvel. El tándem artístico sabe aportar un grado de madurez pocas veces visto en un producto mainstream. Se puede aseverar que la obra de Gru legitima el concepto Escuadrón Supremo, coronado con una novela Gráfica que vio la luz en 1989. A partir de aquí, poca cosa. Mark Gruenwald sacó algunos de sus integrantes en Quasar, para que el lector tampoco los olvidase tan fácilmente. En 1998 se le dedicó un especial, Squadron Supreme: New World Order, escrito por Len Kaminski y dibujado por Anthony Williams. En él se establecía la reunión del equipo, otra vez, olvidando viejas rencillas, aunque la cosa no pasó de aquí. A pesar de lo que aparentan mis palabras finales, el grupo era parte de la mitología de Marvel Comics. Desde el año 1969 se había recorrido un largo camino, pero el Escuadrón había venido para quedarse.

Supreme Power

A inicios del S.XXI, el guionista de televisión J.M. Straczynski decidió probar en el mundo del cómic. Recibió la llamada de Joe Quesada, flamante editor jefe de una Marvel que aspiraba a dejar atrás vicios del pasado, para iniciar su aventura en el mundo del noveno arte. “Strac” destacó en su aportación al mito de Spiderman, pero sí algo tenía clavado en su mente era poder enfrentar una serie donde seres humanos normales tomaban conciencia de la llegada de elementos superpoderosos, y como estos afectan a su día a día. En la editorial le cedieron esa posibilidad y el guionista dio comienzo a Supreme Power, unos personajes enclavados en Tierra 31916 y que tienen unas innegables conexiones con el Escuadrón Supremo, pese a ser moldeados y cincelados desde su mismo inicio. Es lógica esa asociación, puesto que el plot de la historia conectaba con los grandes referentes de los vigilantes, el Squadron Supreme de Gruenwald y el Watchmen de Alan Moore; sin embargo, hay mucho de novedoso en el concepto de Supreme. Straczynsky tenía muy claro que se iba a tomar su tiempo, definiendo las complejas personalidades de esos poderosos héroes y que no pondría ninguna cortapisa a la narración. Violencia e imágenes sugerentes serían partes fundamentales del relato, por lo que esta cabecera se publicaría con el marchamo de la Línea MAX, el sector adulto de la Casa de las Ideas de primeros de siglo.

Nos encontramos en un mundo donde no se conoce al superhéroe. Esto cambia a finales de los setenta cuando una extraña nave espacial cae en terreno de los EEUU. En su interior, hay un niño humano, en apariencia. Mark Milton, nombre que se le otorgará al infante, pasa a ser tutelado por subordinados del gobierno, sabedores de la importancia de un elemento exógeno desconocido. Mark se convierte en el “Proyecto Hiperión” y poco a poco fue mostrando síntomas de poderes sobrehumanos, hasta convertirse en un instrumento al servicio del poder, el “supreme power” que reza en el título. Pero la eclosión de Hiperión da lugar a que los elementos con extrañas habilidades se multipliquen: Doctor Spectrum, Princesa Poder, Borrón o Anfibia son algunos de estos superhéroes que pululan por las páginas de la serie. Gente que trata de encontrar su lugar en el mundo y muchas veces, hasta su propia razón de ser. Entre toda esa fauna destaca Kyle Richmond, un empresario con recursos que ve como esos seres repletos de poder alteran su ecosistema natural. Él carece de habilidades, pero en secreto se ha construido una personalidad de vigilante, el Halcón Nocturno.

Straczynski, acompañado al dibujo por un portento como Gary Frank, nos dejó dieciocho números donde se cocinaba a fuego lento la confección de personalidades superpoderosas pero carentes de objetivos comunes. Solo de cara al final de la serie, enfoca ese pequeño detalle para dar lugar a la siguiente fase de su plan, la consolidación del Escuadrón Supremo de la Tierra 31916, ahora ya al servicio de los poderes gubernamentales. Por tanto, a los nombres ya conocidos tenemos que añadir los de Inercia, Arcana o Nuke, renovados superhéroes que se integrarán bajo la bandera del Squadron Supreme. Este segundo proyecto contaba con el equipo creativo original, “Strac” y Frank, pero su camino quedó abortado de manera abrupta en el #7. Por razones desconocidas, no se llegó a completar la colección, ya que ese último número termina con un claro cliffhanger, lo que nos indica que se tenía pensado proseguir. Hablamos del año 2006 y ese debe todavía no ha sido resuelto, por lo que no esperen que se haga a estas alturas.

Lo que sí decidió Marvel Comics es otorgarle un segundo volumen al Supreme Power, a cargo de otros autores y tratando de que se pasara de puntillas por la finalización de Squadron Supreme de Straczynski. Los afortunados de hacer frente a esta patata caliente fueron Kyle Higgins, en el terreno del guion, y Manuel García, en el apartado artístico. Un equipo nada rutilante que en 2011 apenas nos legó cuatro números, que es el total de lo que consta este efímero segundo volumen.

Supreme Power fue un concepto bastante exitoso durante la primera década del S.XXI. Straczynski logró que los viejos resortes del Escuadrón Supremo se mantuvieran en el candelero editorial, con una serie adulta y profunda, repleta de tintes sociopolíticos. También se aprovechó para lanzar mini series a go-go, como las de Hyperion, Nighthawk o Doctor Spectrum, en las que participaron varios autores, a la par que se cruzaba esta tierra paralela con otra alternativa, el Universo Ultimate, crossover que se encargó de realizar el mismo “Strac” con la colaboración de Jeph Loeb. En 2007, como un evidente canto de cisne, se publicó Hyperion vs. Nighthawk, una mini de cuatro ejemplares escrita por Marc Guggenheim y dibujada por Paul Gulacy. Los dos elementos más significativos del Supreme se enfrentaban en una historia autoconlusiva, que no respondía a los interrogantes que quedaron pendientes en el camino. A renglón seguido, en 2008, comenzó un proyecto de Howard Chaykin donde mantenía la fusión de elementos del Supreme Power con la Tierra 1610, que además se considera el volumen tercero de Squadron Supreme. Por último, indicar ese segundo volumen de 2011 que apenas nadie recuerda. Y partir de aquí, Supreme Power se convirtió en un agradable recuerdo para una generación de lectores. Solo Jonathan Hickman, apasionado del concepto multiversal, los trajo de vuelta brevemente para ser conscientes de que acabarían engullidos en toda la vorágine de las incursiones, ya que el guionista estaba preparando las nuevas Guerras Secretas.

Escuadrón Secret Wars

Todo lo que conocemos ha desaparecido, fusionado, reescrito por los deseos del Doctor Doom, la mente que rige Battleworld, un conglomerado de distintas tierras paralelas. Aquí fuimos testigos de las diferentes variantes del Universo Marvel, durante las Secret Wars de Jonathan Hickman y Esad Ribic. El Escuadrón no fue olvidado en la composición de esta gran macrosaga, por lo que lo volvimos a recuperar en 2015, en forma de Escuadrón Siniestro. Retornamos a los inicios, a aquellos personajes que se sacó de la manga Roy Thomas como versiones malvadas de la Justice League. Por supuesto, esta elección tiene un sentido ya que el equipo artístico, formado por Marc Guggenheim y nuestro Carlos Pacheco, tenía pensado contar una historia de villanos y traiciones en toda regla. Veamos cómo se ambienta la serie.

Entre todos los dominios de Mundo de Batalla tenemos Utópolis, una región dominada por el rey Hiperión, que gobierna con mano de hierro, ayudado por su fiel Escuadrón. Para Hiperión las normas de Muerte son cortapisas; no les dejan expandirse como es debido. Por eso deciden saltarse cualquier especificación e ir atacando territorios limítrofes, como Supremia, Provincia de Sombra o Europix. Esto hace que llame la atención de la ley, que en este mundo pertenece al cuerpo de los Thors. Disensiones en el grupo, suspicacias, agendas personales e incluso traiciones serán un continuo en la breve duración de esta colección.

Secret Wars: Squadron Sinister permaneció en quioscos cuatro números, la duración habitual de las mini series pertenecientes al evento. En tan poco espacio de tiempo, no hay mucho más que añadir. Cualquiera que conozca los mimbres del equipo sabe reconocerlos al instante, desde la complicada relación entre Hiperión y la Mujer Guerrera hasta la rivalidad entre el Superman marvelita y Nighthawk, donde Pacheco no puedo evitar introducir guiños al más famoso enfrentamiento entre sus originales deceítas. Lo más importante que podemos decir acerca de este breve experimento es que posibilitó la entrada de nuevo del Escuadrón en la Tierra resultante tras el cierre de las Secret Wars.

Escuadrón Now!

En 2016 todavía nos estábamos recuperando de lo que habían supuesto las Guerras Secretas. La Tierra 616 quedaba borrada del mapa para dar lugar a la Tierra Primordial, básicamente la misma que la anterior pero con unos añadidos importantes. Conceptos traídos de otros universos alternativos (¡¡hola Miles Morales!!) podían ser introducidos en continuidad sin mayor explicación. De hecho, casi todas las series comenzaban ocho meses después de la conclusión del evento, un espacio prudencial para ser capaces de dar explicaciones, si estas fueran necesarias. Lo que a nosotros nos interesa es el Escuadrón, que como han supuesto, tendría una nueva oportunidad en Marvel Now! De esta forma da comienzo el volumen cuarto, con unos integrantes provenientes de diversas tierras paralelas, todas ellas desaparecidas, lo que les granjea un punto de unión común para comenzar sus aventuras.

Los responsables de esta serie serían el guionista James Robinson, un gran trabajador de la continuidad, y el dibujante Leonard Kirk, con un trazo limpio y clásico, perfecto para este tipo de encargo. Robinson selecciona a sus protagonistas del continuo espacio tiempo marvelita; la totalidad de ellos con una significación interesada. Así, tenemos al Kyle Richmond de la tierra del Supreme Power (la 31916), un Nighthawk violento y dispuesto a todo por conseguir sus objetivos. También contamos con una integrante clásica del Escuadrón de Gruenwald, la Princesa Poder de la Tierra 712, por no hablar de Borrón de la Tierra 148611, o lo que es lo mismo, el Nuevo Universo aquel inventado por Jim Shooter a mediados de los ochenta. Todavía nos falta Hiperión, un Marcus Milton rescatado por I.M.A. cuando su universo, la Tierra 13034, estaba a punto de fenecer, tal y como vimos en las páginas de los Avengers de Jonathan Hickman y Adam Kubert. A partir de ahí, quedó integrado en el grueso de los Héroes más Poderosos de la Tierra, pero ahora ha decidido que alguien debe pagar por la destrucción de su hogar. Por último, la Doctora Espectro de la realidad que estaba protegida por la Gran Sociedad, la Tierra 4290001, una versión del Escuadrón Supremo que también nos presentó Hickman en New Avengers, y cuyo conflicto con los Iluminatti marcó el inicio de la destrucción de las tierras paralelas.

Esta última parte quizá sea la más importante pues nos marca el punto de unión entre estos distintos elementos multiversales, la venganza contra aquellos que destruyeron sus mundos de origen, personalizada en la figura de Namor. El Príncipe Submarino se transforma en el objetivo a abatir en el inicio la colección, generando no poca controversia entre sus colegas superhéroes, como los Imposibles Vengadores o los Nuevos Invasores. Como claro representante de las realidades alternativas, el Escuadrón viajará a Weirdworld, donde cruzarán sus caminos con Thundra, que no tardará en unirse a sus filas. El grupo terminará integrándose en la actualidad de la editorial, cruzando caminos con variados superhéroes y participando en los típicos eventos, como Civil War II.

Squadron Supreme consiguió arribar hasta los quince números en su serie regular. No es para tirar cohetes, pero tampoco es un fracaso en un panorama en el que montones de series se cancelaban apenas seis números después de echar a andar. El Escuadrón Supremo de Robinson era algo de innegable potencial que quedó diluido por no saber otorgarle una voz propia. Unos refugiados superpoderosos que debían tener un objetivo claro, que no se supo afinar, convirtiéndolos en redundantes. Se puede considerar el último intento de perpetuar un concepto que lleva con nosotros desde finales de los sesenta. Antes de despedirnos, vamos a consignar una pequeña rareza y es que pese a su corto recorrido editorial, a la colección le dio tiempo a albergar un par de spin off. Casi podíamos pensar que se pensó en montar una subfranquicia a su alrededor. Vamos a verlos de manera muy rápida.

Los spin off

Squadron Supreme vol. 4 #15 terminaba con unas páginas finales muy reveladoras. En una de ellas veíamos a la personalidad de Nighthawk, vestido para la ocasión, en la zona de Chicago. Así, teníamos a un nuevo superhéroe en la ciudad. Por otra parte, Mark Milton se deshacía de su traje de Hiperión y se dedicaba al noble arte de ser camionero en la América profunda. Un toque idílico para una personalidad machacada por la pérdida. Estas dos visiones realizadas por Robinson servirían para dar salida a los proyectos propios de cada uno de esos dos integrantes del Escuadrón, Hyperion y Nighthawk. Ambas fueron mini series muy breves, cortadas de manera abrupta por las bajas ventas, tras cinco y seis números, respectivamente. De hecho, es material muy accesorio que ni siquiera ha publicado Panini en España, por lo que se pueden apercibir de la marginalidad de estos proyectos.

Hyperion fue encargada al escritor de ciencia ficción Chuck Wendig, muy asociado a la franquicia Star Wars, y a la artista Nik Virella. Su objetivo inicial sería mostrar al vida de Mark mientras intentaba labrarse una vida sencilla como camionero. Pero claro, Hiperión es Hiperión y cuando observe de cerca la injusticia, aunque le cueste, vestirá su traje de nuevo para luchar al lado del oprimido. En realidad, la historia es muy simple y se reduce a un solo argumento. Una chica joven huye de una troupe de circo que la busca para traerla de vuelta. De alguna forma, esa muchacha sabe que ha encontrado a Hiperión y se empeña en que la lleve en su camión, sabedora de que es su mejor opción. Cuando los perseguidores localicen a su presa, Mark será consciente que no son personas normales, están imbuidos de una maldad sobrenatural. Pese a sus reticencias de volver a enfundarse las mallas, Hiperión deberá afrontar su cometido de héroe.

Se trata de un mini bastante mal organizada, caótica e incompresible por momentos, solo rescatable por el talento de Virella. Wending deposita su fuerza en el enfrentamiento de Hiperión contra una suerte de circo de los horrores de segunda. Ni siquiera la muchacha, a la que se empeña en dar minutos y minutos, logra captar nuestro interés. El guionista trata de incorporar la relación con Thundra o el conflicto con el resto del Universo Marvel, en forma de un Iron Man que busca prender a Hiperión en solitario. Final apresurado o personajes fuera de registro son algunas de las sensaciones con las que te quedas a la finalización de la obra. Un producto muy poco satisfactorio.

Mucho mejor es el Halcón Nocturno de David F. Walker y Ramón Villalobos. Ya hemos comentado que Kyle Richmond se había mudado a la ciudad de Chicago, donde, con la ayuda de la ex villana Tilda Johnson, se propone una lucha sin cuartel contra los bajos fondos. Esta colección sabe de qué va, no es nada complicado observar que se mantiene a nivel de suelo, con problemáticas que pueden asolar a las grandes ciudades norteamericanas y un villano retorcido, manteniendo el interés de la historia hasta su conclusión. Gran trabajo el de Walker y Villalobos como colofón al repaso editorial del Escuadrón Supremo.

Hasta aquí el desarrollo del concepto Escuadrón, ya sea Siniestro, Supremo o alguna de sus otras variantes. Lo que había comenzado como una simple diversión entre creadores ha terminado siendo algo muy asentado en el catálogo editorial. Gran parte de las gracias hay que dárselas a Mark Gruenwald, debido a su extraordinario trabajo con los personajes en la serie homónima que se publicó entre 1985 y 1986. Y no es ni más ni menos que el motivo que nos ha traído hasta aquí, la publicación de la maxi serie y su Novela Gráfica conformando el siguiente MLE.

Marvel Limited Edition. Escuadrón Supremo

 

Edición original:.Squadron Supreme #1-12, Captain America #314 y MGN. Squadron Supreme: Death of a Universe
Edición nacional/ España:.Panini Cómics y SD Distribuciones
Guión:.Mark Gruenwald
Dibujo:. Bob Hall, Paul Ryan y otros
Entintado:. V.V.A.A.
Color:.V.V.A.A.
Formato:. Tomo en tapa dura
Precio:.

43,95 euros

 

A mediados de los años 80, Marvel era la editorial puntera en el sector. Regentada por Jim Shooter, el editor jefe había tratado de que funcionase como una máquina bien engrasada. Los años de experimentación quedaban atrás; ahora era el momento de acertar en cada decisión. Uno de los principales motores para la estabilidad en el Bullpen fue el trabajo de edición de Mark Gruenwald, el responsable oficial de todo el entramado de la continuidad. Gru se encargaba de editar una ingente cantidad de páginas al mes, pero desde la década anterior se había ganado el privilegio de guionizar aquellas cabeceras por él seleccionadas. Proyectos puntuales o largas etapas, como la que acometió en Captain America. La limitada protagonizada por el Escuadrón Supremo fue un requerimiento personal, que Shooter aceptó de buen grado. En ella, el bueno de Mark pretendía plasmar su visión de cómo afectarían las decisiones de los superhéroes al común de los mortales; qué dudas éticas se plantean al respecto, cuando detentas tal nivel de poder. En arreglo a esto, Gruenwald se dirigió a su amigo Ralph Macchio, con el que tenía muy buena sintonía desde sus tiempos de Marvel Two-in-One, para que se encargase del proceso de edición. Fue éste el que asignó al dibujante titular, Bob Hall, aunque se producirían relevos por el camino (Paul Ryan y John Buscema), que luego explicaremos pormenorizadamente. El resultado es una serie de doce números que han recogido Panini y SD Distribuciones para presentar el primer ejemplo de Marvel 80’s Limited, la sección de los MLE centrada en aquella década. Además, también se ha incluido la Graphic Novel, publicada por primera vez en nuestro país, que pese a estar datada en 1989, recoge la trama justo a continuación del cierre de la serie. Ya solo por esto, es un tomo muy a tener en cuenta.

Como ya sabrán aquellos que me hayan seguido en la narración, el Escuadrón no es concepto precisamente novedoso. El equipo venía con su tradición a cuestas. La última vez que supimos de ellos fue en The Defenders, donde un poderoso alienígena había dominado al grupo de superhéroes, propiciando una muy mala prensa para los veteranos enmascarados. Es en este preciso punto donde nos sitúa Gru como lectores, para que dé comienzo la historia. El argumento viene a ser tal que así, los doce miembros del Escuadrón tienen ante sí la responsabilidad de arreglar el destrozo que ellos mismos han causado, gracias al influjo de Overmind. Hiperión, como destacado líder, propone ir un poco más allá. No solo deshacer todo el mal que han hecho, sino influir en el desarrollo global del planeta para transformarlo en una utopía. El razonamiento de Hiperión viene por aquí: si se tiene el poder de hacer lo correcto, ¿por qué no desplegarlo? La mayoría de los integrantes del club parecen estar de acuerdo, con ciertos reparos, excepto Halcón Nocturno. Richmond es uno de los más perjudicados en este entuerto puesto que ostentaba el cargo de presidente de gobierno, como personalidad civil. No está de acuerdo en este nivel de influencia y decide dimitir. No más Nighthawk en el Escuadrón. Comienza así el nuevo proyecto de una sociedad idílica, pensada e ideada por un pequeño reducto de seres superpoderosos. Si es correcta o no la decisión tomada lo iremos viendo conforme avancen las páginas.

Portada de Alex Ross para la recopilación

El guionista va desplegando poco a poco los hilos argumentales principales, que le ayudaran a llegar al desenlace estimado. Pequeñas subtramas que van definiendo las posiciones de los distintos integrantes del grupo. El conflicto entre Nuke y Pulgarcito a cuentas del cáncer, la tensión entre Nuke y el Doctor Espectro, ese extraño triangulo amoroso entre Arquero Dorado, Lady Alondra y el Águila Americana….. con ello Gruenwald va introduciendo variados conflictos en las filas del Escuadrón, el grupo que se supone que figura como garante de la paz mundial. La acción queda concentrada en el interior del Escuadrón Supremo, mientras que los únicos que parecen resistir son los típicos villanos y Kyle Richmond, como elemento opositor de entidad. De esta manera, el autor alejaba la imagen de unos protagonistas perfectos a los que el lector debía acompañar en su ejercicio de superioridad, sabedores de que hacían lo correcto. Desde el #1 de la colección, el aficionado percibe que hay zonas grises, situaciones que no son fáciles de solventar a simple vista, y que los héroes también pueden fallar.

No es un objetivo sencillo el que se había marcado Gruenwald. Como luego ahondará en su larga etapa en Captain America, la moral de los superhéroes en un tema que se destapa de manera evidente en esta obra. ¿Pueden las mejores intenciones justificar un acto inmoral? ¿El fin, de verdad, justifica los medios? Ante esa tesitura coloca el escritor a los confiados lectores, sabedores de que se encuentran ante un mundo de fantasía, pero cuyas enseñanzas pueden calar muy profundo. No es extraño que Gru opte por hacer que una de las primeras decisiones del Escuadrón sea la eliminación de las armas de fuego en todo el país, ya que uno de los objetivos de la formación es acabar con la guerra. Pero Mark no se olvida de que existe un derecho fundamental en la nación con relación a las armas de fuego. En palabras del propio autor: “el problema de esta utopía es que los derechos individuales chocan con el bien de la sociedad…. Por ejemplo, cuando prohíben la guerras, la única forma de llevar eso a cabo es realmente es…. deshacerse de las armas de guerra…. Y, por supuesto, esto viola los derechos civiles tal y como los conocemos en América hoy día”. Otras disquisiciones pueden ser hasta qué punto es lícito llegar para curar enfermedades o qué hacer con los malvados para que estos se reintegren en la sociedad. Todo ese subtexto subyace por las conversaciones entre personajes, por las diferentes acciones de cada uno de ellos, dejando la respuesta final en manos de cada lector.

El bueno de Mark no era tonto. Llevaba en el negocio mucho tiempo para saber que hacer este tipo de cómic era un riesgo, sin saber regular la mezcla entre reflexión y acción, pura y dura. Squadron Supreme es un tebeo de superhéroes, más refinado que la mayoría de los que podíamos encontrar en la época, pero de género al fin y al cabo. No esperen una obra sesuda y reflexiva, de manera continuada, porque se llevarán un chasco. Por tanto peleas y dinámica superheroica las van a tener, en cantidad, que no haya ninguna duda. Volvamos a las palabras del creador original: “no significa que vayan a estar combatiendo la causa social del mes…eso es solo el trasfondo de lo que están haciendo”. Y nosotros destacamos también la justa mezcolanza que contiene este tomo: acción, humor, drama, subtextos sociales, filosóficos, etc.; en definitiva, un clase magistral de un gran guionista como es el caso de Mark Gruenwald.

La maxi serie concluyó en agosto de 1986. El Escuadrón quedó en una especie de limbo en el que ningún autor supo proponer continuación alguna. A ese respecto, toca tirar de nuevo de equipo estelar porque Mark Gruenwald y Paul Ryan se harían cargo de una novela gráfica donde ahondar en las consecuencias de la serie limitada. Las Marvel Graphic Novel fue una apuesta de Jim Shooter como editor jefe, que fueron capaces de sobrevivirle en el tiempo. Se trataba de un pequeño sector donde se publicaban obras más refinadas, al estilo europeo. En 1989 se da luz verde para la salida al mercado de la MGN con el Escuadrón como protagonista. En este caso, Gru abandonaría los conceptos sociales y morales, para centrarse en un cataclismo de nivel cósmico. Lo que queda del equipo, que prácticamente se está recomponiendo y lamiéndose sus heridas, debe enfrentar una catástrofe que les va a llevar directos al espacio profundo. Aquí Mark se muestra diestro en organizar el relato para que el nuevo lector no se pierda por el camino, sabe sacar lo mejor de las relaciones que se establecen entre los diferentes protagonistas, ya que esta obra se puede considerar coral, además de manejar con calidad la tensión ante un acontecimiento apocalíptico, que puede fácilmente terminar con la realidad que el Escuadrón conoce.

Esto es, a grandes rasgos, lo que contiene el MLE de rigor. Los doce números de la limitada y la MGN que le siguió a continuación. Pero Panini y SD han incluido también un episodio del Capitán América. Lo cierto es que esta trama tiene su entronque con la historia del Escuadrón Supremo pero no es nada necesaria para su comprensión. Es un argumento con Kyle Richmond, que acude a la Tierra 616 para buscar ayuda en su intento de detener a sus antiguos compañeros. Guionizada por Mark Gruenwald, como era de esperar, y dibujada por Paul Neary y Dennis Janke, pone el énfasis en la decisión de los héroes de nuestra realidad, si de verdad deben inmiscuirse en los asuntos de una tierra paralela, extrapolando el mensaje subyacente de la maxi serie del Escuadrón.

A nivel de guion, la valoración que podemos hacer del trabajo de Gruenwald es harto positiva. Nos encontramos ante el llamado “Watchmen marvelita”, por poner sobre la mesa un renovado papel para el concepto de héroe justiciero. Tampoco pretendemos engañar a nadie, no llega a los niveles de profundidad de la obra de Moore y Gibbons. Aun así, Gru realiza un trabajo más que solvente, tanto en la maxi serie como en la Novela Gráfica. Más dudas dejan su episodio del Capitán América, que bien parece una llamada de atención para que los seguidores del Capi se interesasen por las correrías del Escuadrón, más que una trama con entidad propia. No es un mal número, pero sí bastante intrascendente si lo comparamos con el resto del volumen.

Interiores a cargo de Bob Hall

En el aspecto gráfico, contamos con la aportación de tres lápices con solera: Bob Hall, John Buscema y Paul Ryan. Hall se encarga de los cinco primeros números para retornar puntualmente en el #8. Su narrativa clara, junto a su línea limpia y detallada, nos introducen en los primeros compases de la maxi serie. A partir del #6 entra en acción Paul Ryan, que se mantendrá hasta el final, quitando ese #8 de Bob Hall y el #7, a cargo de un Buscema muy apresurado, que tuvo que terminar de arreglar en el entintado Jackson Guice. Lo cierto es que la entrada de Ryan hace subir enteros la parte artística. Cualquiera puede percibir las mejores características de su arte: sólidos conocimientos de anatomía, atención al diseño y la utilización de la perspectiva, y un magnifico sentido de la narrativa. Esto se puede hacer extensible tanto a su trabajo en la maxi serie como en la Novela Gráfica, cuyos créditos comparte con el veterano Al Williamson, encargado de las tintas. Por último, citar a Paul Neary como responsable del episodio del Capitán América. Más acostumbrado a las labores de entintado, Neary era uno de esos profesionales abnegados que cumplían los plazos, lo que agradaba y mucho a las compañías, cuyo trazo no molesta, pero tampoco enamora.

En el apartado de tinta y color, tenemos el habitual baile de nombres que participaban en proyectos como este. Los plazos de entrega se volvían implacables y para una serie regular de doce números se necesitaron cuatro entintadores distintos, destacando los nombres de Sam de la Rosa y John Beatty como aquellos que más aportaron al proceso. De coloristas, igualmente, tenemos un popurrí de autores; de entre ellos, Christie “Max” Scheele y Bob Sharen son los más relevantes. Si acaso, vamos a elevar el trabajo de Paul Becton sobre el resto, como el colorista de la Novela Gráfica. Su acabado pictórico le da ese aire refinado que se le presuponía a estos productos tan particulares. Solo hay que compararlo con la cuatricromía habitual del resto del volumen para observar el salto de calidad.

Arte de Paul Ryan, Al Williamson y Paul Becton para la MGN

Pasando al apartado edición, no hay mucho que resaltar. Lo habitual de la línea Marvel Limited Edition. La reproducción es excelente y el papel se ha adecuado a las necesidades de un cómic surgido en los años ochenta. En cuanto a extras, el tomo viene muy flojo. Las introducciones habituales, con textos de Eduardo de Salazar, Catherine Gruenwald o Ralph Macchio, junto con un reportaje publicado en Marvel Age#29, donde Gru se explayaba sobre sus aspiraciones con el Escuadrón, y pare usted de contar. Por otro lado, como no podía ser de otra forma, al publicarse de manera conjunta, la Graphic Novel ha sufrido la obligada reducción de tamaño, debido a que estas MGN estaban planeadas a un tamaño mayor que el comic-book. Es un aspecto nimio, que no reduce ni la calidad de la reproducción, ni del total de la obra.

Resumiendo, que ya va siendo hora de cerrar, no podemos más que alabar la calidad de este Escuadrón Supremo, que inaugura la vertiente de los 80`s Limited. Una excelente piedra de toque para que nos sigan sorprendiendo con nuevos anuncios en esta senda. Desde luego, es más difícil encontrar material minoritario en esta década que en la anterior, la de los setenta, más dada a experimentos y rarezas. Puesto que la línea Epic de Marvel queda descartada, al revertir los derechos originales a sus creadores, ¿qué más puede venir por aquí? ¿Hulka, Ka-Zar, Power Pack? Solo Panini y SD nos podrán sacar de nuestras dudas. El caso es que el futuro se adivina dichoso y estaremos aquí para contarlo.

Nadie duda que los años ochenta están de moda. Cine, televisión, música.. un completo revival que hace que se mire con buenos ojos cualquier cosa surgida por aquellos días. Una época que trae la consiguiente ración de morriña, invocando lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Los que tuvimos…

Escuadrón Supremo

Guion - 8.5
Dibujo - 7.5
Interés - 8.5

8.2

Valoración Global

Uno de los productos señeros de los ochenta. Un clásico que merece más atención. Una obra sobre el papel de los vigilantes y su uso del poder. Gruenwald en lo mejor de su concepción del medio.

Vosotros puntuáis: 6.64 ( 9 votos)

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Mr. Cesar
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Un trabajo muy meticuloso y que se agradece después de las muchas versiones que del mismo equipo se han realizado a lo largo de los años, Arturo.

Mi primer contanto con el Escuadrón fue en un “Poker de Ases” de Bruguera dedicado a Los Defensores. Allí aparecía Halcón Nocturno (personaje que desconocía del todo, pero que me recordaba al Batman de DC de una manera algo soterrada). Después, con los años, me hice con la miniserie de 12 números que Forum publicó en grapa y me enamoré del grupo y del concepto (no es de extrañar, pues mi amor por los cómics de DC siempre ha sido mayor que por el de los de Marvel). Sin embargo, pese a que la leí después de Watchmen, en ese momento no até cabos con los parecidos razonables entre una obra y otra (no así con esa gran serie que es Injustice, y que sí le debe mucho a esta etapa del Escuadrón). Con los años he ido reuniendo en mi tebeoteca casi todo lo que he podido del Escuadrón, tanto la etapa de Straczynski (que si que me recordó a Watchmen) como esta última de Robinson. Hasta me hice con los 4 números de Clásicos Marvel de la Saga de la ContraTierra y el especial de 1999 con los Vengadores.

Mi pregunta es: teniendo como tengo la miniserie de 12 números, ¿merece la pena hacerse con este tochal de MLE únicamente por la Graphic Novel y el número del Capi? Como nunca he tenido referencias de la misma, me gustaría una opinión externa para poder valorar así esta compra, que por otra parte no es que sea barata. Gracias por adelantado y un saludo.

Omar Little
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Omar Little

Grandioso como siempre, Sr. Porras. La maxi-serie de Gruenwald la leí hace relativamente poco tiempo y la disfruté como un enano.

Dynamo
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Dynamo

Otro gran artículo con el sello de calidad Porras ©️.
No soy muy amigo de versiones alternativas pero la fama de la obra de Gruenwald le precede y que gente como Pacheco y el autor del artículo la alaben no hace más que aumentar el interés.He vuelto a disfrutar del proceso interno del bullpen. Conocía la historia de las cenizas del amigo Gru, pero siempre resulta impactante.
Gracias de nuevo!!!!!

ParkerLewis
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ParkerLewis

Me ha encantado. Una aclaración Christie Scheele y Max Scheele, hasta donde yo sé, se trata de la misma persona. A veces, se podía ver “Colorista: Christie “Max” Scheele”

Mimico
Lector

Una vez más, genial artículo sr. Porras. Leído el mismo día que se publicó, pero no he podido comentar hasta ahora. Le hace usted entrar las ganas de leer este “Watchmen de la Marvel” a cualquiera. Debería ser compra obligatoria, fiándome de su buen criterio, pero tengo aún demasiadas cosas pendientes en la lista de la compra.

¡Un abrazo, camarada!

Bea Bordez
Lector
Bea Bordez

Es algo tarde, pero no quiero pasar sin dejarle mi habitual felicitación por tremendo trabajo, a ver si me hago con el tomo un día de éstos.
Breve historia personal con el grupo, como seguidora entusiasta de cierto mago marvelita, no es raro que terminara leyendo a los Defensores y por mérito propio de cada uno de los implicados acabé adorando al no- grupo, bueno lo gracioso del asunto es que lo último que leí de su colección fue el cruce con el escuadrón que no termine de leer, fue en el número 112 o 113 creo, sigue pendiente hasta hoy.
Un saludo, tardío, y cordial Se. Porras