Marvel Limited Edition. Especial Dracula Lives!

Desmontamos varios mitos sobre el más ilustre ciudadano de Transilvania, a través del legendario magazine Dracula Lives!, publicado en la línea Marvel Limited Edition

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A la memoria de Stan Lee. Tu pasión, tu coraje, tu ilusión guía muchos de nuestros destinos. Gracias por todo y saluda a Jack y a Steve de nuestra parte.

Sangrientos saludos, abnegados y penitentes seguidores de la línea Marvel Limited Edition. Ya hemos podido degustar el ejemplar de octubre y estamos en disposición de contaros nuestras impresiones, en el texto que tienen a continuación. Panini Cómics y SD Distribuciones nos traen Dracula Lives!, el magazine en blanco y negro, por tanto enfocado para adultos, con el que la Marvel de los setenta pretendía cubrir el máximo nicho de mercado con respecto al terror. El viejo conde transilvano se convirtió en toda una estrella, soportando bajo sus hombros variadas cabeceras, prueba del apetito que el público tenía por las historias de vampiros. Durante trece números, llenos de las tramas más diversas, montadas por los mejores profesionales que la editorial tenía en plantilla, el habitante más célebre de Transilvania dejó su huella indeleble en todos aquellos temerarios que se atrevieron a adentrarse en sus páginas.

Pero Dracula Lives! no era la única publicación protagonizada por el conde. Tampoco es que se trate de una historia rio, al estilo de su hermana en comic-book, la Tumba de Drácula. Para explicar un poco su trasfondo y su lugar en el marco de la producción de Curtis, hemos preparado esta entrada como un especial. Primero, nos parecía un debe obligado recordar la fuente original, la creación de Bram Stoker, para comprender mejor el contexto de algunas de las tramas que se incluyen en este volumen. A continuación, veremos que significa Drácula para la editorial Marvel en un ambiente de explosión del género del horror, ubicando esta revista en su lugar histórico correspondiente. Por último, las líneas finales se encargan de analizar la calidad de la obra en sí, para aclarar dudas a todos aquellos que pudiesen tenerlas con respecto a la adquisición del MLE. Un viaje intenso e interesante que da comienzo en las lejanas tierras de Irlanda.

Vida y muerte del más temible de los condes

Cualquier acercamiento a la figura del Drácula marvelita pasa por la fuente original, el inmortal libro de Bram Stoker. Es público y notorio que la concepción del vampiro es muy anterior a la creación del escritor irlandés, dado que es algo que se pierde en la noche de los tiempos y que otros autores ya plasmaron en cuentos sobre chupasangres. Pero es indudable que el aura de obra maestra de la literatura que adorna a su criatura, más una sobreexplotación de la iconografía y trasfondo extraído de la misma, obligan a detenernos con algo más de calma si queremos comprender este Dracula Lives! en toda su extensión. Comencemos por el literato responsable de la creación del conde.

Stoker nace en Dublín en 1847. Como miembro de buena familia del S.XIX, tuvo una vida sencilla (si exceptuamos un problema de salud a los siete años, que le produjo una incapacidad temporal) y pudo cursar estudios superiores, graduándose en Matemáticas y Ciencias. Siguiendo los pasos de su padre, se hizo con un puesto muy acomodado de funcionario público pero había algo en el pequeño Bram que le llevaba hacia la literatura, y muy especialmente hacia el teatro. En sus ratos libres, colaboraba con diarios de la época, donde publicaba crítica teatral. Moviéndose en esos ambientes de la farándula, pudo conocer al prestigioso actor Henry Irvirg e hicieron muy buenas migas desde la primera impresión. El resultado de todo ello es que Stoker dejó su puesto de funcionario en 1878 y se dedicó los siguientes veintisiete años a ser el secretario personal de Irving.

Bram era alguien con inquietudes, por lo que cuando no estaba rematando contratos u organizando el correo personal de su empleador, se propuso una carrera literaria que dio sus frutos con pronta ligereza, puesto que tras la pinitos de rigor, con los típicos relatos cortos publicados en revistas de la época, dio el campanazo con la salida del “Drácula” en 1897. Es su obra más recordada, aquella que le granjeará fama eterna, por los siglos de los siglos. Aun así, es injusto quedarnos solamente con ella, ya que es obligado citar “El paso de la Serpiente” (1890), “La Joya de las Siete Estrellas” (1904) o “La Dama de la Mortaja” (1909) como parte de su producción literaria. Bram Stoker es algo más que su libro más célebre, es un literato brillante, con una excepcional versatilidad, capaz de moverse en los más diversos registros….. pero nunca volvió a alumbrar una obra maestra de la magnitud del “Drácula” y es a ella a la que nos entregamos en las líneas siguientes.

Fotografía de Bram Stoker

Como hemos avanzado un poco más arriba, el tema del vampirismo no era una excesiva novedad. “The Vampyr” de John Polidori, “Varney el Vampiro o Festín de Sangre” de James Malcom Rymer y Thomas Preskett Prest o “Carmilla” de Sheridan Le Fanu son éxitos relativamente recientes con la temática. Pero Stoker se propuso superar a sus anteriores modelos, de los que parece indudable que tomó inspiración prestada, para ir más allá de lo que estas obras decimonónicas ni siquiera se plantearon arribar. La historia de base no es muy ostentosa. Jonathan Harker, abogado londinense, debe acudir a la morada de un noble transilvano pues éste ha hecho unas compras inmobiliarias en la capital inglesa y busca a alguien para que le lleve el incómodo papeleo. Harker, sin saberlo, se va a ver atrapado en todo un mundo sobrenatural, protegido por el conde, pues Drácula lo necesita para obtener información sobre Londres. A estas alturas ya tenemos más que asumido que es un vampiro, un no muerto, rodeado de un ambiente insano que acaba por subyugar a Jonathan, que consigue escapar del castillo con vida, a duras penas. Mientras, el malvado noble parte a tierras inglesas, despreocupadas de antiguas leyendas transilvanas. Aquí entablará una mezquina relación con Mina Murray, la prometida de Harker, del que escasean las noticias desde que partió a Rumanía. Pero no todos en la región son desconocedores del vampirismo, un tal Van Helsing conoce muy bien la experiencia del no-muerto y se propone atajar el problema de raíz.

La novela es un prodigio de composición y caracterización de personajes. Utiliza una gran cantidad de argucias y recursos (diarios personales, noticias de periódicos, informes médicos, etc.) para involucrarnos, de manera profunda, en el entorno vampírico que acompaña a Drácula, dejando en el lector una excelente experiencia literaria. Aunque lo cierto es que el éxito tardó algo en llegar, ya que no todo fueron parabienes de salida. Las críticas, en general, salieron bastante favorables (aunque también las hubo reacias, como las de Athenaum o Punch, que llegaba a definirla como “altamente sensacionalista” -sic!-), destacando la del Daily Mail, que la comparaba con la producción de autores consagrados como Emily Bronte o Edgar Allan Poe. El editorial del tabloide inglés rezaba tal que así: “poderoso y horroroso… El recuerdo de esta extraña y fantasmal historia sin duda nos perseguirá por algún tiempo”. Pero para el público general, la obra se encontraba en el confortable terreno de una buena trama repleta de aventuras y poco más. Esto dio como resultado que las ventas fueran tibias, de salida, aunque la tirada de estas obras del S.XIX no solían exceder de unos pocos miles de ejemplares (en el caso de “Drácula”, la primera edición fueron únicamente tres mil). La mayoría de analistas coinciden en señalar su momento de despegue ya en el siglo XX, ayudada por su traslación a la gran pantalla, lo que catapultó su difusión y que realmente se pusiese en valor como obra señera, no solo del terror, sino de la literatura en general.

Una de tantas ediciones del Drácula, obra de Penguin e ilustrado por Jae Lee

El talento de Stoker fue el impulso necesario para la salida de la novela, eso es incontestable, pero también el ambiente propicio para la temática del horror y el vampirismo, en plena era victoriana y con los últimos coletazos del Romanticismo resonando al fondo, ayudó algo en su camino. El bueno de Bram tomó sus licencias, no solo del género que se propuso emular, sino también de la vida real. La base es algo más que la fértil imaginación del irlandés. De hecho, el germen de la idea proviene de su interés por la historia, vía un amigo cercano que se dedicaba al estudio de la misma, dado que el novelista tuvo conocimiento de un legendario príncipe europeo que le sirvió para configurar al noble conde transilvano. Se tienen asumidos, debido a que han quedado registrados en documentación del siglo XV, los actos de un tal Vlad Tepes o Draculea en la región de Transilvania. Hoy parte del estado de Rumania, lo que para el imaginario popular es una tierra lúgubre y siniestra, en realidad es un paraíso selvático de abundante belleza vegetal, flanqueada por imponentes montañas. En este lugar tan paradigmático, concretamente en la ciudad de Schassburg, nace el príncipe Vlad (el padre de aquel que nos interesa) sobre el año 1430 o 31, puesto que la fecha no está asumida del todo. Como buen aguerrido gobernante de la época, su principal atribución será mantener las fronteras del reino, pero claro, él no era el designado para tales menesteres, sino su hermanastro, Alexandru Aldea, regente de Valaquia, y primero en la línea sucesoria. Al final consiguió someterle por la vía militar y expulsar a Alexandru del territorio, quedándose para sí el título de Príncipe de Valaquia.

A partir de aquí, su principal objetivo será el proteger al pueblo de los constantes ataques el Imperio Otomano, que por la cercanía a la región, no es que fueran escasos. Vlad el mayor se veía en la tesitura, por una cuestión de juramento a la Orden del Dragón, de ser enemigo declarado del sultán otomano. Pero no era obligatorio circular por la senda bélica. Vlad llegó a entablar relaciones amistosas con Murad II, líder de los turcos, y accedió a visitar la corte, siendo éste su más grave error, pues fue apresado junto a sus dos hijos, Radu y Drácula (nuestro Vlad), y obligado a jurar lealtad a los otomanos, bajo coacción. Vlad Drácula quedó rehén en la corte de Murad, para asegurarse de que Vlad el mayor cumplía su palabra. Es aquí donde el joven comienza a adquirir el gusto por el noble arte de la tortura y, siendo esto lo más importante, donde nace su odio enconado hacia los turcos. El padre, en su territorio natal, hacía virguerías para favorecer a sus enemigos sin que sus súbditos lo notasen, algo condenado de raíz al fracaso. El resultado no tardó en verse a las puertas del castillo familiar. Una conspiración dirigida por el boyardo (así se designaba a la nobleza de alta cuna eslava) John Hunyadi derrocó a Vlad el mayor, lo que equivalía a su muerte en diciembre de 1447.

Bran Castle, el que se dice auténtico castillo del Conde en Transilvania

Sin nada que perder, y visto el destino de su progenitor, Vlad Dracul se escapa de la corte otomana en 1448, buscando venganza en esa nobleza que había propugnado el golpe de estado en la zona. Con sus adeptos guardando sus espaldas, algo que incluía un buen número de boyardos contrarios al nuevo orden, consigue recuperar el trono de Valaquia en 1456. A partir de aquí, y cumplida su venganza contra aquellos que se alzaron contra su padre, se propuso el objetivo único e impepinable de combatir al Imperio Otomano con todas las fuerzas del reino.

Se mostró como un diestro militar, rechazando a la armada turca en múltiples ocasiones. Se puede decir que se convirtió en héroe de guerra para los penitentes ciudadanos transilvanos. Poco hay de esta característica de corte heroico en el personaje de Drácula; digamos que Stoker se fijó en otro aspecto más oscuro, que muchas veces subyace en el trasfondo de los grandes nombres de la historia.

Vlad Tepes, modelo del Drácula

Al escritor irlandés le llamó poderosamente la atención el sobrenombre del gobernante, Vlad Tepes (que significaba el Empalador). Y es que tras la imagen de luchador incansable contra los turcos descansa otra de corte sádico y cruel. Entramos en territorio de la leyenda y la especulación, puesto que los datos que nos facilitan ciertos documentos históricos deben ser tomados con reticencias. Se dice, se cuenta, se comenta, que Vlad era un gobernante tiránico para con su pueblo y que su método de castigo preferido era el empalamiento, de ahí su cruento apodo. El ritual es uno de los más crueles de la Edad Media puesto que consistía en atravesar, literalmente, al reo con una estaca, por cualquiera de sus orificios o por su costado, lo que daba como resultado una muerte horrible y dolorosa. Como decimos, el empalamiento no fue exclusivo de la Transilvania de Vlad, pero si añadimos que el total aproximado de sus víctimas se cifra en torno a 200 mil (hay otros datos que oscilan entre 40 mil y 100 mil; como decimos, las fuentes varían el número de muertos con demasiada facilidad), la cosa ya va adquiriendo el cariz de siniestro. En números porcentuales, se estima que bajo su cólera perdió la vida el 40% de la población local, lo que es una auténtica salvajada.

Sabemos que Vlad Dracul fue una persona torturada durante su juventud. Prisionero de las fuerzas enemigas y fuertemente traumado por el destino de su padre, el Empalador regresó a terreno transilvano con ganas de venganza. Gran parte de sus víctimas proviene de los boyardos a los que el gobernante culpabilizó de la revuelta contra Vlad el Mayor, probablemente, muchos de ellos de manera injusta. También se documentan numerosas incursiones en las líneas otomanas, arrasando poblaciones enteras, con ancianos, mujeres y niños por igual, donde igualmente se dio el gusto de utilizar el empalamiento a modo de diversión. Pero, a pesar de toda la crueldad evidente, es difícil compaginar esa imagen con la de héroe nacional que todavía subyace en su figura, como garante de la lucha contra los turcos y el mantenimiento de la identidad transilvana, por lo menos hasta su muerte en 1476. Es muy posible que ese mezcla de grises, héroe y villano al mismo tiempo, animara la imaginación de Stoker para conformar un personaje que debía ser la viva encarnación del mal, pero que a la vez generase un cierto encanto en el lector, una oscura y secreta atracción hacia lo abyecto que representa el conde transilvano. Y lo cierto es que la jugada le salió a las mil maravillas.

La tradición del Drácula sigue viva

Quitando los titubeantes pasos iniciales, que hemos comentado algo más arriba, se puede decir que desde primeros del siglo XX se vive una auténtica fiebre “Drácula”. La cultura popular se apropia de la imagen del Conde a través de una sobrexplotación literaria, con una ingente cantidad de novelas apócrifas en las que el irlandés nunca participó, si exceptuamos el breve relato póstumo titulado “El invitado de Drácula”. Éste, en realidad, era en origen el primer capítulo de la futura novela, pero fue cortado por el propio autor debido a la extensión de la misma, y recuperado a posteriori para mejor gloria del escritor. Y es que los añadidos que se han hecho por el camino han podido desvirtuar y mucho la imagen de la novela original. De manera reciente, de este 2018 mismamente, tenemos en el mercado la única obra autorizada por los herederos de la familia, titulada “Drácula: el origen”, que sirve a modo de precuela. Realizada por J.D Baker, uno de los grandes nombres del terror en literatura actual, con el apoyo de Dacre Stoker, que ha facilitado al escritor notas y textos del legendario creador del personaje, nos introduce en una suerte de novela dentro de la novela, al observar la relación entre Stoker y una misteriosa niñera.

Bela Lugosi….

Sin negar la influencia de la literatura, el medio que más ha ayudado a que se difunda la palabra del no muerto es el cine, eso es algo que nadie puede poner en duda . Más de 160 filmes hay contabilizados con él de protagonista, algunos fechados en años tan tempranos como 1921, con la célebre, por ser un tesoro perdido, Drakula Halála, película de origen húngaro de la que su metraje consta como extraviado y apenas dos fotogramas recuerdan su existencia. Caras tan reconocibles como Bela Lugosi, Cristopher Lee o Gary Oldman han interpretado al malvado conde en la pantalla grande, muchas veces generando nuevas aristas y creando una renovada idiosincrasia, muy alejada de los patrones de la novela original, entre ellos su aspecto físico (el esmoquin, por ejemplo, es atrezo aportado por el séptimo arte). Por aquí tenemos también al cómic, el hermano pobre de estos grandes medios. Aspirando cualquier tipo de influencia, ya fuera de la novela de Stoker, de la producción apócrifa o sobre todo del cine, el viejo aristócrata transilvano dio su salto a la cuatricromía de Marvel cuando el desfasado Comics Code Autorithy transigió en dar un respiro a los creadores, permitiendo su reentrada en el formato comic-book, a inicios de los años 70 del pasado siglo. La editorial acogió al Conde con los brazos abiertos, ofreciéndole un sugerente espacio para poder brillar. Veamos ahora como Drácula se amolda al catálogo de la Casa de las Ideas.

…y Christopher Lee, las caras del celuloide

Demos la bienvenida al Drácula marvelita

El terror no ha sido un género desconocido en el cómic norteamericano. Por lo menos, hasta mediados de los cincuenta, donde el nefasto Comics Code Autorithy irrumpió en el terreno del comic-book para vetarlo en las revistas a color (no así en el blanco y negro, territorio considerado para adultos). Los grandes publishers se plegaron a los designios del Code, por lo que el género del horror, en el que entraría Drácula y el vampirismo, se convirtió en un sugerente recuerdo para los lectores de varias generaciones. Que esto fuera así, por designio obligado, no quiere decir que los creadores simpatizaran con la censura, muchas veces ideando las formas de sortearla para poder sacar las historias en arreglo a sus propios intereses. Podríamos decir que Stan Lee y Roy Thomas son claros ejemplos de este tipo de creativo y ambos pondrán muchos esfuerzos para rebajar las exigencias del organismo censor.

A inicios de los años setenta, se percibe un aroma de cambio en el ambiente. Lee, con una larga trayectoria como editor jefe, observa que hay un repunte importante en el mercado del blanco y negro, con editoriales como Warren y Skywald, que tratan de llenar el vacío dejado por EC Comics, con aparente éxito de crítica y público. Stan chocaba, por aquellos entonces, con las reticencias de Martin Goodman, el dueño y propietario de Marvel, de circular en la dirección de los magazines. No estaba interesado en ese territorio y echaba abajo las pocas intentonas que The Man puso en marcha. No sería hasta la salida de Goodman, allá por 1972, cuando se oficializó un sector de revistas para adultos dentro del organigrama de la Casa de las Ideas.

Roy Thomas era un aficionado de toda la vida al medio que había conseguido su sueño de ser guionista de cómic, por lo que le reconocemos como un activo entusiasta de todos los géneros. A inicios de la década mágica, se encontraba entre los escritores contrastados en Marvel, discípulo aventajado de Lee, por lo que accedía a los mejores encargos en la compañía. En 1971 le cae la patata caliente de continuar el Amazing Spider-Man#100, un episodio en el que Stan Lee y Gil Kane habían convertido a Peter Parker en un monstruo de seis brazos, una imagen muy cercana a una verdadera araña. A Thomas no le gustaba el trepamuros, se puede aseverar que no se encontraba entre sus entusiastas, pero la ocasión le podía resultar propicia para un experimento que llevaba en mente. Esa imagen distorsionada de Spiderman, cercana a la monstruosidad, indicaba que quizás era un momento adecuado para abrir las puertas a una trama cercana al terror. Así que Roy, con el beneplácito de Kane, estructuró un plan donde Spidey se enfrentaría, en una aventura en dos partes, a una criatura de la noche, un vampiro.

Aquello, claro, chocaría de frente con el Code, pero en esas entró el plenipotenciario Lee para sugerir cambios. Thomas y Kane pensaban que ese vampiro fuese el mismo Drácula, rey de los mismos y personaje libre de derechos para poder ser utilizado por cualquiera. El organismo censor no sería tan tonto para dar el visto bueno, debido a que Drácula es una cara fácilmente reconocible. Así que Stan sugirió un aspecto superheroico para el antagonista y que el motivo de su vampirismo fuese algo alejado de lo habitual. Con estas directrices, Roy rápidamente expuso la figura de Morbius, un chupasangres de tipo científico, sin ningún elemento sobrenatural, y con una enrevesada y trágica historia de orígenes. The Man apoyó la trama y la presento ante el Code, sabedor de que quizás no pasara el corte…..pero lo hizo. El Comics Code Autorithy estaba tocado y decidió que para sobrevivir era necesario rebajar sus exigencias, permitiendo la vuelta del género del terror y sus protagonistas clásicos.

La veda se abre en el año 1972, momento en que Marvel Comics accede a la totalidad de los rudimentos del horror, no solo en formato cómic, sino también en magazine. Y Drácula fue uno de los primeros protagonistas en saltar a escena. Dejando aparte la otra gran revista sobre vampiros de la casa, Vampire Tales, en la que se prescindía de su maléfica presencia, la editorial le cedió nada menos que tres cabeceras diferentes, más un extra que luego comentaremos de manera más sosegada. Por otro lado, el viejo conde quedó instaurado en la continuidad marvelita, a disposición de los guionistas dispuestos a sacarle rendimiento. Un panorama dichoso se abría para los colmillos más famosos del género.

La primera de las cabeceras, la que más solera alcanzó, con setenta números publicados entre marzo de 1972 y agosto de 1979 (fechas de portada), es Tomb of Dracula, un cómic publicado a color y con las restricciones (más livianas, hay que apuntar) del Comics Code. Es bien sabido que el inicio de esta cabecera fue perfilado por dos nombres que ya hemos nombrado en el repaso, Stan Lee y Roy Thomas. Los dos establecieron un plot que llevó a término el guionista Gerry Conway, inicialmente el escritor designado para comandar los destinos del conde transilvano. Pero Gerry no tuvo mucho interés en este proyecto, por lo que pronto se sumaron autores interinos, para solventar la situación de urgencia. Nombres como Archie Goodwin y Gardner Fox aguantaron el tipo hasta la entrada de Marv Wolfman en el #7, auténtico revulsivo para la colección y guionista oficial hasta la conclusión de la serie.

En el apartado gráfico hubo menos dudas, puesto que desde que en el Bullpen se supo que se iba a publicar una cabecera con Drácula como protagonista, el decano Gene Colan se postuló para ser su responsable gráfico. El caso es que Stan le había prometido este proyecto a Bill Everett pero Eugene fue un pelín insistente con el tema, lo que al final precipitó la decisión definitiva: Colan, acompañado en el entintado por Tom Palmer, se encargaría de los interiores, dejando a profesionales como Neal Adams, John Severin o Gil Kane la cuestión de las portadas.

Gene Colan define al Drácula marvelita

El equipo formado por Wolfman y Colan es el encargado de llevar la historia de Drácula al estrellato. Conformando la típica diatriba entre buenos y malos, el viejo conde vuelve a la vida en tiempo Marvel actual, para encontrar antagonistas con solera, sacados de los posos de la novela de Stoker, como son Quincy Harker y Rachel Van Helsing, herederos de viejos conocidos para el vampiro, pero también nuevas adquisiciones como el propio Frank Drake, protagonista destacado, o el caza vampiros Blade. Todo un pequeño microcosmos organizado por Wolfman y Colan, pues ambos han declarado que se retroalimentaban creativamente. Es la colección más importante que ha publicado Marvel con el rey de los vampiros, un imprescindible de los años setenta del cómic norteamericano.

Como ya hemos avanzado, la temática del horror se desarrolló en dos vertientes paralelas, la del comic-book y la del magazine, pensado para público adulto. El primer caso lo tenemos cubierto con “La Tumba de Drácula” pero era necesario explotar algo más el fenómeno en la parcela del blanco y negro, territorio de Curtis. Este detalle se subsanó en mayo de 1973 (fecha de portada) cuando echa a andar Dracula Lives! De esta publicación en concreto vamos a hablar largo y tendido en la entrada, pues es el motivo básico de la misma. Solo dejar constancia de que era una revista bimestral en blanco y negro con protagonismo absoluto del Conde Drácula. Cierto es que los ángulos y los enfoques variaban mucho, según la historia, dado a que nos hallamos ante una revista claramente antológica, realizada por una incontable cantidad de autores, en los diversos aspectos creativos. A esto hay que añadir algo habitual de los magazines de los setenta, variados artículos sobre historia, cine o literatura, además de las incomodas reediciones, que no eran más que relleno puro y duro, debido a que la maquinaria de las revistas para adultos no estaba lo suficientemente rodada cuando comenzó todo este fenómeno. Esta publicación duró trece números, cerrando sus puertas en julio de 1975 (fecha de portada).

La tercera de las cabeceras dominada por el vampiro por antonomasia es Tomb Of Dracula, versión magazine, que en el mercado americano se identifica con el volumen dos con esa nomenclatura. Y no le falta parte de razón puesto que es la continuación natural de la cabecera clásica, cerrada por Jim Shooter de una manera abrupta y en abierta confrontación con Marv Wolfman. Dentro de los términos del negocio, se había estipulado que el conde estaba perdiendo fuerza y se suponía que se clausuraba en el #72. Pero Shooter, por su cuenta y riesgo, decidió adelantar ese cierre, que como ya hemos dicho líneas arriba, se produjo en el #70, obligando a guionista y dibujantes a rehacer gran parte del trabajo ya realizado. Esto fue la puntilla definitiva para que Wolfman abandonase Marvel en 1980, rumbo a DC Comics. Pero antes, Marv y Gene tenían apalabrado este proyecto que debía revitalizar la figura del conde, por lo que el equipo creativo todavía puso en marcha La Tumba de Drácula en el terreno adulto del magazine, en octubre de 1979 (fecha de portada). Detalle curioso porque la anterior versión en comic-book finalizó con la muerte del vampiro transilvano, unos pocos meses antes, para revivirle en blanco y negro, casi a renglón seguido. Wolfman se mantuvo únicamente tres ejemplares en la revista, antes de pasar a la Distinguida Competencia, dejando el camino libre a otros guionistas menos asociados al personaje, como Peter B. Gillis, Roger McKenzie o el propio Jim Shooter. No así Gene Colan, que estuvo implicado en la cabecera de principio a fin; dibujó alguna de las historias de la colección en los seis ejemplares que duró, puesto que fue un producto muy breve en el mercado (cancelada en agosto de 1980).

La última de las aportaciones de Drácula tiene una historia propia, que bien merece explicar. Nos referimos a la adaptación de la novela de Stoker serializada por Roy Thomas e imaginada por Dick Giordano. Decimos que tenemos que tratarla aparte porque se trata de un producto especial, que ha sido reformulado con el tiempo y que será publicada en el mercado español de manera separada. La adaptación del “Drácula” de Bram Stoker comenzó en la revista Dracula Lives!, en capítulos de 11 o 12 páginas, aunque nunca de manera fija: las partes iniciales las tenemos entre los números 5 y 8, para luego saltar al 10 y 11, y olvidarse de ella para los restos. Como ya sabemos, la revista se canceló en el #13, por lo que el proyecto quedó inconcluso. Pero, rarezas del destino, un nuevo capítulo aparece en el efímero magazine Legion of Monsters, en ese mismo año 75, que además es una intentona fallida que solo alumbró este ejemplar. La adaptación quedó olvidada durante décadas.

En la cabeza de Roy todavía quedaba viva esa llama y cuando Marvel se puso en contacto con él, ya en el S.XXI, no dudó en convencer a Giordano para ponerse manos a la obra y acabar, por fin, la adaptación. El caso es que la Casa de las Ideas recogió los episodios publicados en Dracula Lives! y Legion of Monsters, los reajustó a tamaño comic-book, les dio color y los sacó de nuevo a la palestra para así unir los puntos con el material inédito, permitiendo que se subieran al barco las nuevas generaciones de lectores. El resultado es una obra con una personalidad propia, que merece ser mentada aparte, ya que es con diferencia el material que más y mejor homenajea la obra original, como no podía ser de otra forma, al tratarse de una traslación fidedigna. Solo recordar al personal que estamos impacientes en disfrutar de la versión que nos han preparado las editoriales patrias, puesto que en el prólogo de este Dracula Lives! nos anuncian su pronta recuperación.

La adaptación de Thomas y Giordano

Como ven, el periodo que va de 1972 a 1980 es la edad dorada de Drácula en la editorial; múltiples cabeceras dan fe de ello. Pero es que, además, el conde es un personaje de pleno de derecho del catálogo marveliano. En cualquier momento podía poder aparecer en una cabecera del Universo Marvel, como por ejemplo en el crossover que le juntó con el Hombre Lobo de la casa (Werewolf by Night#15). Uno de esos instantes, de los más recordados, es el encuentro con la Patrulla-X y su fijación con Tormenta (Uncanny X-Men#159 y Annual#6). Aun así, fuera de su terreno, las revistas de horror, no fue un caracter que se prodigara mucho, por lo que, antes de verlo revolcado por el fango del olvido, Jim Shooter decidió que lo mejor era eliminarlo, a él y a todos los vampiros. Para ello se montó una gran saga en la cabecera del Doctor Extraño, entonces regentada por Roger Stern, que serviría de colofón final a todo su periplo en la editorial. Uniendo piezas de aquí y de allá, principalmente con el Darkhold como motivo último, asistimos a un enfrentamiento descarnado entre el Hechicero Supremo y el rey de los vampiros por la posesión de la Formula Montesi. Al final de este ciclo, el vampirismo queda borrado del Universo Marvel, desapareciendo con él ilustres como nuestro Drácula, su hija Lilith, Hannibal King o Blade.

En los años noventa, el género de terror tuvo su repunte cíclico. Los Hijos de la Medianoche fue un concepto que aglutinó a muchos personajes con una conexión con la temática y se recuperaron nociones de otras épocas. En cuanto a Drácula, lo vimos renacer en la serie que protagonizó Blade en 1994, guionizada por Ian Edginton y dibujada por Doug Wheatley. El primer arco argumental (Blade, The Vampire Hunter #1-3) se lo lleva el Conde como antagonista del cazador británico. Mantiene la imagen que popularizó Gene Colan en los setenta pero los añadidos noventeros resaltan muy especialmente. Lo importante es que ya tenemos al viejo chupasangre recuperado para la editorial y seguirá haciendo de las suyas en todo el entorno sobrenatural de aquellos días.

Ya entrados en el nuevo siglo, hay que decir que a Drácula se le ha ido viendo con cuentagotas. Lo más destacado es que se deja de lado su imagen arquetípica y se le busca un nuevo rediseño, más actual, más atractivo. E incluso ha protagonizado mini series con su nombre en la portada, como la de X-Men: Apocalypse vs. Dracula (fecha de portada, 2006), donde Frank Tieri y Clayton Henry nos mostraban un particular duelo entre estos dos malvados, ubicado en el Londres de finales del S.XIX. Dejando flashbacks del pasado y entrando en materia contemporánea, su mayor alcance en el aficionado marvelita se produjo en los X-Men, puesto que el volumen tres americano se abrió con una gigantesca trama titulada “The Curse of the Mutants” (año 2010, fecha de portada). Victor Gischler y Paco Medina involucran a la Patrulla X, ubicados en esos días en San Francisco, en una cruenta guerra entre facciones vampíricas. Alyssa, Xarus, hijo legítimo de Drácula, y el propio conde transilvano, que contaba como retirado para editorial y es convenientemente resucitado, todos luchando por la dominación total de los no muertos, mientras los mutantes intentan arreglar el desastre (y alguno cayó en la maldición, como nuestra Jubilo, establecida vampira militante desde esta saga).

El noble transilvano también se las tuvo que ver con Hulk durante los eventos de Miedo Encarnado. De nuevo con Gischler al procesador de textos, acompañado al dibujo por Ryan Stegman, se publica una mini serie de tres números, en 2011, titulada Fear Itself: Hulk vs. Dracula. En el medio de un desastre mitológico, el bueno de Banner se había convertido en un avatar de la Serpiente, con su consiguiente martillo y cambiando su nombre a Nul. El tema es que la criatura cayó en terreno del rey de los no muertos, en plena Rumania, lo que suponía un conflicto a gran escala muy difícil de solventar.

En fechas más recientes, parece que se ha asentado en el terreno de Masacre. El Mercenario Bocazas, en el Desafío de Drácula (año 2014, fecha de portada), obra de Gerry Duggan, Brian Posehn y Reilly Brown, fue capaz de robarle a su prometida, Shiklah, y además torpedear su proyecto de hacerse con el submundo monstruoso, con el que pretendía recuperar áreas de influencia en la superficie. Esto lo dejó bastante tocado e incluso le hemos visto arrastrase de una manera penosa (en paños menores y enganchado a videojuegos) en el divertido team-up que comparten Deadpool y Spider-Man. Desde luego, una imagen bastante alejada de la seriedad y trascendencia de su etapa en los setenta. Pero me temo que es el peaje que ha debido de pagar para mantenerse en el candelero.

Seas partidario de la versión clásica o disfrutes de la apariencia moderna del conde, lo cierto es que se trata de un personaje que necesita un trasfondo terrorífico para poder brillar. Puede que se le saque jugo en alguna trama superheroica puntual, pero su gran fuerza está en los rudimentos del horror y, desgraciadamente, la Marvel actual carece de un espacio como ese en su catálogo. Hasta que este pequeño detalle sea subsanado, su incidencia en el panorama editorial va a ser muy tangencial. Nosotros, sabedores de su auténtico potencial, pues conocemos bien las revistas en las que su nombre brilló con luz propia, todavía pensamos que hay un hueco para la mejor versión de Drácula. Quizás, solo haya que mirar al pasado, a Tomb of Dracula o a Dracula Lives!, para contar con la fórmula ganadora. Y a esos menesteres nos dedicamos a continuación.

Dracula Lives!

 

Edición original:.Dracula Lives! #1-13, The Savage Sword of Conan#26
Edición nacional/ España:.Panini Cómics y SD Distribuciones
Guión:.Marv Wolfman, Steve Gerber y otros
Dibujo:.Gene Colan, Neal Adams y otros
Entintado:.V.V.A.A.
Formato:.Tomo en tapa dura
Precio:.

49,95 euros

 

Ya hemos explicado de forma pormenorizada tanto el origen literario como el desarrollo editorial del personaje en Marvel. Con ese bagaje, toca acercarse a este voluminoso tomo de casi 700 páginas que concentra Dracula Lives! en su totalidad. Panini y SD Distribuciones han seguido el modelo de reproducir de manera íntegra los trece ejemplares de la revista, al estilo de lo que se hizo con Vampire Tales o Tales of the Zombie, con algunas excepciones. Se ha quedado fuera de la recopilación los episodios correspondientes a la adaptación de la obra literaria, a cargo de Roy Thomas y Dick Giordano, por buscársele una manera más propicia de publicación. Y también se han suprimido las reediciones, cosa que no ocurría en los anteriores casos citados, donde sí aparecían historias de los años 50. Aquí nos han privado de tal experiencia. Por lo demás, tenemos la habitual representación en viñetas de variadas aventuras protagonizadas por el conde, además de artículos donde se tratan diversos asuntos del vampirismo, ya sean acerca de cine, literatura o historia, editoriales de importantes miembros del Bullpen y el añorado Correo del Lector. Una vez vista la estructura del tomo, análoga al que se ha utilizado en otras ocasiones, observemos qué tipo de tramas localizamos en su interior.

Si hay una característica que defina a esta obra es el carácter autoconclusivo y antológico de la misma. Hay acreditados una cantidad ingente de autores y cada uno de ellos monta los argumentos para que sean degustados de una manera separada. No hay hilo conductor, ni motivo aparente para seguir una dirección, puesto que la cronología también cambia de una historia a otra. De salida estamos en el presente, como tan pronto nos retiramos al comienzo del todo, al S.XV, y al siguiente abrir y cerrar de ojos pasamos a la Revolución Francesa. Esto nos permite una mayor amplitud de miras, pues así podemos conocer los momentos de Vlad ante de ser Drácula o ver la incidencia del conde en acontecimientos históricos, convirtiendo este periplo en una suerte de tratamiento tridimensional del que carecía en Tomb of Dracula. Pero echando un vistazo más pormenorizado, sí podemos encontrar alguna que otra ancla, como es la rivalidad entre el vampiro y el mago Cagliostro. No se puede negar que el puesto de peores antagonistas para el noble transilvano se lo lleva la panda de la Tumba de la Drácula (Harker, Drake, Van Helsing, Blade). Aquí lo que se hace es buscarle una enemistad en el tiempo, una especie de némesis recurrente, cuya acción o recuerdo mortifica al rey de los no muertos. Y en Dracula Lives! esa función corresponde a Cagliostro. Simplemente apuntar que esa figura también tiene una base real, puesto que con ese nombre localizamos a un noble italiano del S.XVIII, muy asociado a la alquimia y el ocultismo, y que ha pasado a los anales como uno de los mayores mentirosos de la historia.

Vlad, antes que Drácula

Conforme se va desarrollando el magazine, se puede decir que las tramas se van refinando y se permiten alguna que otra divida en varias partes (dos o tres a lo sumo), pero la tónica general del tomo será el tipo autoconclusivo. En esa misma dirección, con la revista ya rodada, se introduce otro protagonista en la publicación, para que no todo sea acerca del viejo conde transilvano. Hablamos de Lillith, la hija de Drácula. Este personaje había sido creado por Marv Wolfman y Gene Colan para un especial, el Giant Size Chillers#1 (al que luego siguieron tres números en 1975 como revista de relatos de terror, sin conectar con Drácula). Y por aquellos días contaba con su propio segmento en Vampire Tales, por lo que su participación en esta colección se reduce a un par de ocasiones. La descendiente del conde tiene una historia particular de desapegos con su progenitor, por lo que su forma de actuar es más ambigua, no tan enfocada hacia la maldad, pese a su deseo de sangre. A eso se le añade que Lilith comparte espacio vital con Angel O’Hara, una muchacha de origen irlandés que vive en la Norteamérica de 1975, lo que enreda y mucho su capacidad de actuación. El hecho que la buena de Lilith esté escrita por Steve Gerber en este tomo ya nos indica que no van a ser episodios al uso, puesto que su galería de secundarios da para colar subtextos de tipo social, tan caros para el guionista. Hay otra rareza en Dracula Lives!, un personaje creado por Tom Sutton llamado Sapo, que cuenta con una historia corta de ocho páginas y del que nunca más se supo. En el resto del volumen, protagonismo total para el rey de los no muertos.

Un peculiar invitado de honor en esta recopilación es Solomon Kane. Éste es una de tantas invenciones de Robert E. Howard, de las que para aquellos entonces Marvel había licenciado para publicar a formato cómic. El personaje parte de varias tradiciones pulp pero básicamente hablamos de un puritano del S.XVI, nacido en la Inglaterra de Isabel I, que hacía frente a amenazas sobrenaturales, con su espada y su credo como armas más elocuentes. Roy Thomas era un enamorado del concepto y empezó a colarlo en diversas revistas de la casa, como Monsters Unleashed o nuestro Dracula Lives! Aquí Kane no vive su aventura de manera individualizada, a la manera de Lilith, sino que se trata de un cruce en toda regla con el príncipe de los vampiros. Drácula Vs. Solomon Kane. Nuff said!! Se puede decir que Solomon ha sido de los pocos que le ha puesto las cosas difíciles al conde y que ha podido vivir para contarlo. Este episodio fue tomado como base para una continuación en The Savage Sword of Conan#26, incluido también en este tomo, donde se da un colofón momentáneo al feudo de estos dos contendientes históricos.

¿Y qué tal están las historias a nivel de guion? Bueno, ese sería nuestro siguiente paso. Se hace complicado valorar tal cantidad y variedad de tramas, cada una, podríamos decir, a su bola. Así, el lector es capaz de seguir los intereses del guionista por antonomasia de Drácula, el buen Marv Wolfman, tratando de relatar los momentos iniciales de su cambio de Vlad Teples a príncipe de la noche; vemos a Doug Moench trazar casi un retrato psicológico del conde en el relato en tres partes titulado “El Pergamino de los Malditos”; o nos adentramos en el terreno de la polémica con Steve Gerber, capaz de introducir a nuestro malvado vampiro en la entrañas del Vaticano. Este sería un ejemplo de variación en el tono de cada uno de los argumentos, casi en su totalidad, como hemos referido, centrados en el Conde Drácula. Pero hay más, muchos más autores y muchos más enfoques. En este tomo colaboran como responsables literarios, además de los ya nombrados, los siguientes escritores: Gerry Conway, Roy Thomas, Tony Isabella, Don Glut, Gardner Fox, Mike Friedrich, Len Wein, Rich Margopoulos o Tom Sutton como autor completo. El cómputo general supera la media del bien, dado que nos encontramos en terreno del magazine, un segmento dedicado al público adulto y los creativos trataban de dar lo mejor de sí, ante la responsabilidad de la tarea.

El apartado gráfico es la joya de la corona cuando hablamos de las revistas en blanco y negro. La calidad en la producción de Curtis es uno de los principales argumentos para la compra de estos Marvel Limited Edition. Este caso tampoco es una excepción aunque tenemos unos picos algo más acusados, unas variaciones a las que no estamos muy acostumbrados en este tipo de material. Porque en este Dracula Lives! tenemos la muestra del trabajo de maestros inconfundibles como John Buscema, Gene Colan, Neal Adams o Frank Robbins, auténticos especialistas en el blanco y negro como Alfredo Alcalá, Sonny Trinidad, Tony DeZuñiga o Steve Gan, junto a los primeros pasos de futuras estrellas como Rich Buckler o Paul Gulacy y dibujantes claramente fuera de sus propia zona de confort, como Dick Ayers o Frank Springer, que hacen bajar algo de puntuación a un notable apartado artístico. No es nuestra intención escamotear a nadie en los créditos de la obra, pero debido a la abundancia de nombres, vamos a pasar revista, de manera muy rápida, a los que nos faltan por presentar, para que el lector sea conocedor de todos los participantes en la revista: Alan Weiss, Jim Starlin, Syd Shores, Alfonso Font, David Wenzel, Mike Plogg, Vicente Alcázar, Val Mayerik, George Evans, Ernie Chan, Bob Brown, Win Mortimer, Yong Montano, Tom Sutton y George Tuska. Semejante elenco es una garantía a los lápices, sin ningún género de duda. En cuanto a entintadores, también encontramos una generosa lista, entre los que vamos a destacar a Tom Palmer, Frank Chiaramonte, Pablo Marcos o Mike Esposito. Un gran festín para nuestras retinas, reproducido a tamaño comic-book…… sí, otra vez. A estas alturas tiramos la toalla respecto a la posibilidad de que en cada obra se respete el tamaño original. Casi parece ser una total lotería la elección del formato, cuando en origen estos cómics eran a tamaño magazine.

Mike Ploog, uno de los muchos dibujantes de la revista

Las portadas son otro de los elementos llamativos para el mercado de las revistas en blanco y negro. Era el gancho definitivo para el público adulto eligiese o no el ejemplar correspondiente. Por eso imperaba el estilo fotorrealista, con imágenes sugerentes, para algarabía del lector. Los responsables de este aspecto son algunos de los principales y más reconocidos especialistas en la materia; gente como Boris Vallejo, Jordi Penalva, Neal Adams, Earl Norem, Luis Domínguez, Steve Fabian, Ken Bald y Gray Morrow. Las tenemos reproducidas en blanco y negro, en su lugar correspondiente, dejando para la parte final la versión a color. Eso incluye la del Annual#1, que se trata de material ya publicado en otras revistas, por lo que no lo encontrarán como tal en esta recopilación. El tomo también incluye, como regalo muy especial, un portafolio de Russ Heath, con Drácula y Lilith de protagonistas. Otro argumento más que añadir a la lista de motivos favorables para su compra.

La parte que acabamos de relatar sería el núcleo principal del Dracula Lives!, pero todavía nos quedan los artículos y ficciones narrativas. Los textos informativos van desde biografías sobre actores (Bela Lugosi y Christopher Lee), análisis de diversos film de la Hammer o curiosidades sobre el origen literario del Conde Drácula. Son unos escritos que la mayoría no ha superado la prueba del tiempo, quedando en gran parte desfasados para el lector actual, pese a ser realizados por gente de talento como Marv Wolfman, Doug Moench, Gerry Boudreau, Carla Joseph o Tony Isabella. Los relatos literarios sobre el príncipe de los vampiros tampoco es que sean especialmente memorables, de los que únicamente son tragables los de Chris Claremont, por que los de Thompson O`Rourke (nombre que apesta a seudónimo a kilómetros) o Gerry Conway son directamente infumables. También contamos con el Correo del Lector, una sección que se hace siempre de agradecer, el ver como los aficionados de la época afrontaban las revistas, observar sus preferencias y rechazos, sobre todo si contamos con nombres que luego serían ilustres en el medio (así, en este tomo tenemos misivas de Ralph Macchio o Peter Sanderson). Puede ser llamativo, sin embargo, ver referencias a material que no se encuentra en la recopilación, tal y como es la adaptación literaria o las reediciones.

La triste despedida está próxima a oficializarse, por lo que toca entrar ya en capitulaciones finales. Se trata de un volumen que hará las delicias de todos aquellos amantes del género del terror, el vampirismo y del viejo Conde transilvano. Vamos, la terna habitual. Es otra buena muestra del buen hacer de las revistas Curtis de la época, sobre todo en lo que respecta a la producción en viñetas, porque siendo honestos, el material accesorio (textos, relatos novelados) han quedado superados por mucho, con el paso de los años. También hay que apuntar que su carácter antológico puede jugar a favor o en contra, según los gustos de la audiencia, puesto que tras la lectura del volumen no sentimos que nuestro viaje haya tenido una gran relevancia, más allá de pasar un buen rato acompañando el príncipe de los no muertos en sus sangrientas peripecias. Un periplo que los viejos del lugar agradecerán, ya que estas historias impactaron en la generación Vértice, que publicó la serie en la colección “Escalofrío” durante los años 1974-75. Nuevos o viejos lectores, el tema es irrelevante, lo importante es la atracción que suscita el viejo conde, tantos años después de su recreación literaria. Dracula Lives! nos permite mantener esa llama, a la espera del anunciado Tomb of Dracula Magazine y la adaptación del tándem Thomas-Giordano. Con esto tendríamos cerrado el grueso de las apariciones clásicas del personaje. Quién nos lo iba a decir hace unos años….

A la memoria de Stan Lee. Tu pasión, tu coraje, tu ilusión guía muchos de nuestros destinos. Gracias por todo y saluda a Jack y a Steve de nuestra parte. Sangrientos saludos, abnegados y penitentes seguidores de la línea Marvel Limited Edition. Ya hemos podido degustar el ejemplar de octubre…

Dracula Lives!

Guion - 6.5
Dibujo - 7.5
Interés - 6

6.7

Valoración Global

Historias truculentas, llenas de sangre y terror, bien planteadas en general y mejor dibujadas, que tratan de hacer honor al más pertinaz de los vampiros, el mismo Conde Drácula, en persona.

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billyboy
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billyboy

que a pasado con Lilith,yo recuerdo mucho su muerte por el hechizo de extraño cuando murieron todos los vampiros y creo recordar que revivió ,pero no se por donde anda.

sibaix
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sibaix

Muy buen articulo y reseña, a mi me ha defraudado en guión una pena, gráficamente a ratos brillante, pero entre artículos y fotos (200 paginas del tomo), guiones flojos y algunas historias hacia el final con un dibujo mediocre, una decepción para mi.

magosto
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magosto

Pues yo la tengo en inglés , la compré como hace 5 años o así, pero sin leer , no tuve tiempo, pero lo que valoro de estas reediciones son los artículos y fotos q traía , de echo si no traen los artículos los próximos MLE , pues intentaré pillarmelos en inglés, creo q los artículos contextualizan la obra en la época en la q se hicieron mucho más a veces q una introducción.

sibaix
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sibaix

El problema es que hablamos de películas muy antiguas que a mi en la actualidad no me interesan nada, en su día serian la leche pero el cine ha cambiado mucho en los últimos años, lo que me interesan son los cómics pero como ya digo me han decepcionado por guión y por dibujo hacía el final.

Sergio Fernández Atienza
Autor

Olé Arturo y tu pedazo de artículo!!! Lástima que esta obra no esté a la altura del mismo 😉

Jesusy
Lector
Jesusy

Lo triste del volumen que nos ocupa es la mala reproducción, ya que parece que se ha partido de materiales de baja resolución, tal vez de las ediciones de tamaño reducido que editó Marvel hace unos años. Una lástima, sobre todo para un volumen de 50€.

Dynamo
Lector
Dynamo

Excelente como siempre, Señor Porras. He disfrutado con la lectura, en gran medida con la parte histórica del verdadero Tepes. No recuerdo haber leído nada de lo que ocupa este tomo, pero con los nombres que aparece no puede ser malo. Por mi experiencia lectora claramente la parte de Dracula que más conozco es la que comentas de la patrullaX con Tormenta.
Respecto a los libros hace unos años leí una “secuela” escrita también por Dacre Stoker, en esta ocasión a cuatro manos con Ian Holt, que retoma los hechos unos veinte años después de la novela original, con Quincy Harker como protagonista. Pero tras un inicio interesante la historia descarrila claramente en mi opinión.
Lo dicho, esperando ya el siguiente artículo. Un abrazo.

Raúl Gutierrez
Autor

Como siempre, Sr. Porras, un placer leerle. Increíble los artículos enciclopédicos que trabajas y lo que se aprende leyéndolos. Me quito el cráneo.

Mimico
Lector

¡Soberbio artículo, sr. Porras! De nuevo, una gozada leerlo. No me queda claro, pero, si es una obra maestra o algo pasable, con esa nota… XD

Aquel par de apariciones en la P-X de Claremont eran pequeñas joyas y muestras del estado de gracia del Patriarca Mutante, que si quería era capaz de meter terror en LA serie mainstream de superhéroes del momento. Y no sólo lo hacía, le salía de perlas. Encima dibujadas por Sienkiewicz, si la memoria no me falla.

Por eso resultó aún más decepcionante ese evento de La Maldición de los Mutantes, que sirvió para inaugurar ese nuevo volumen que en inicio no era más que un “X-Men Team Up”…

De nuevo mis congratulaciones, don Arturo y un abrazo bien fuerte!