Marvel Fanfare nº 40 (segunda historia): ¡Un trato con el diablo!

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Edición original: Marvel Comics – octubre 1988
Edición España: Comics Forum – junio 1989
Guión: Chris Claremont
Dibujo: Craig Hamilton
Entintado: Rick Bryant
Color: Petra Scotese
Portada: Craig Hamilton
Precio: 250 pesetas (historia incluida en La Patrulla-X Especial Verano 1989)

 
Prólogo: treinta años no es nada

Parece que fue ayer, pero han pasado treinta años desde que esta historia, publicada como complemento en un especial veraniego de La Patrulla-X se editó por estos barrios. En aquellos días, era Comics Forum la responsable de traer a España las colecciones de Marvel, usando para ello los más variopintos formatos, trucos y complementos. La diferencia respecto de la publicación podía abarcar años y había cabeceras que, directamente, carecían de contrapartida a este lado del océano. El caso de Marvel Fanfare era, probablemente, uno de los más representativos de aquella situación. Se trataba de una serie antológica, con más páginas y mejor calidad de papel, en la que se daban cita autores consagrados y jóvenes talentos. Su contenido era el de historias auto-conclusivas de uno o varios capítulos, combinado con ilustraciones y portafolios. Todo esto sirvió al equipo responsable de Forum para que ese material acabara viendo la luz aquí y allá, convirtiéndolo en un complemento de lujo para sus distintas cabeceras. En el caso del relato que he escogido para la ocasión, se trata de la segunda parte del número cuadragésimo de la colección estadounidense que, junto con la primera, sirvió para «engordar» el especial estival que, hace tres décadas, rescataba también otro número anual inédito de la serie de la imposible Patrulla-X. Las protagonistas eran Tormenta y Mística -jefas respectivas de dos equipos mutantes enfrentados entre sí- y los autores, un Chris Claremont que aprovechaba la ocasión para volver sobre la historia en la que Ororo perdía sus poderes y un Craig Hamilton que se daba un garbeo con sus aperos de dibujo por la escudería-X.

El relato es una de esas vueltas de tuerca con las que el timonel mutante volvía de cuando en cuando sobre sus pasos, para añadir algún detalle a aventuras de las que dejaban huella. En el caso de Tormenta, el guionista -secundado por diversos dibujantes y por su editora, Louise Simonson- había hecho evolucionar al personaje, hasta convertirla en líder de la Patrulla-X. En un momento determinado y, siguiendo la tradición de llevar a sus criaturitas por la senda del drama, maese Claremont orquestó la caída de Ororo desde los cielos cuyos elementos dominaba -otorgándole estos un estatus cuasi-divino- hasta el estatus de mera humana. La pérdida de sus habilidades innatas sirvió para que asistiéramos a una nueva respuestas a la pregunta de qué es lo que hace que una persona sea heroica o no, al tiempo que sometía a la señora Munroe en blanco de nuevas tragedias -su encuentro y enamoramiento del talentoso mutante conocido como Forja, para luego descubrir que fue el artífice del instrumento de su desgracia- y de arteras tentaciones -el ofrecimiento de Loki de devolverle sus poderes a marchamartillo-. En la historia corta que firma junto a Hamilton, don Chris vuelve atrás en el tiempo para narrar un encuentro entre una Tormenta que aún no ha sufrido la pérdida de sus poderes y una Mística que la advierte de la existencia del artefacto que, al fin y a la postre, causará esa ruina. Una y otra se han enfrentado en el campo de batalla al frente de sus respectivos equipos, los cuales reflejan dos caminos bien diferenciados de afrontamiento del destino mutante. En Días del futuro pasado, Ororo ha sustituido a Cíclope al frente de la Patrulla-X, en tanto que Raven ha ocupado el lugar de Magneto, recreando su antigua Hermandad. Sin embargo, donde los grupos originales expresaban una dicotomía plena, Claremont presenta una escala de matices en los que la audiencia puede llegar a sentir incomodidad cuando «los buenos» están en disposición de cruzar ciertas líneas y «los malos» pueden tener razones justificables. La relación entre ambas, siempre hostil, se verá sometida a una nueva prueba cuando Pícara, la hija adoptiva de Mística, decida pedir ayuda a Charles Xavier, al ser incapaz de controlar sus poderes. Darkholme sigue siendo enemiga de la Patrulla-X, pero su amor maternal está por encima de su animadversión por todo lo que Tormenta representa. Desde este punto de vista, la trama principal de esta historia auto-conclusiva no aporta nada nuevo, pero es su epílogo el que tiene un muy especial valor, al presentar con meridiana claridad cuál es la relación entre Mística y su compañera de Hermandad, la vidente Destino.

Una pareja, una familia

Aquellas personas que a finales de los ochenta tuvieran uso de razón y, como en mi caso, emplearan esta en la lectura de tebeos de súper-pijamas, podrán recordar cómo se trataba el tema del amor entre personas del mismo sexo. Si tomamos como referencia el año en que la historia se publicó por primera vez, aún faltaban dos para que la Organización Mundial de la Salud eliminara a la homosexualidad de su clasificación internacional de enfermedades. En los institutos aparecían las primeras clases y servicios de orientación sexual, en los cuales se intentaba hablar al alumnado adolescente y ayudarle a comprender mejor ciertas cosas de la vida, al tiempo que se luchaba por eliminar ciertos tabús, bien insertos en la sociedad de entonces. La tarea no era para nada sencilla: eran los tiempos en los que la palabra «sida» era otra forma de referirse a la muerte y el colectivo homosexual -identificado e individualizado en la figura del actor estadounidense Rock Hudson- era doblemente estigmatizado por ser uno de los grupos sobre los que se había abatido aquel virus con tintes de plaga mitológica. La horquilla del trato a homosexuales y lesbianas se movía entre la persecución (con normas de naturaleza penal que castigaban las «relaciones contra natura») y la tolerancia despreciativa (en la que tal elección personal era ignorada, en el sentido de ser tratada como si no existiera). Así las cosas, parecía impensable que en la industria de los tebeos súper-heroicos se trataran abiertamente estos temas, mucho menos en aquellos años, pero hubo quien lo intentó. Una mirada rápida a la Marvel de la década de los ochenta lleva al inmediato recuerdo del enfoque que John Byrne dio en Alpha Flight a Estrella del Norte. El prolífico autor fue dejando pistas aquí y allá que, poco después, su sustituto en la parte literaria -el malogrado Bill Mantlo- se encargó de reforzar haciendo referencia a unos problemas de salud que, inevitablemente, apuntaban hacia el VIH. Sin embargo, el mismo guionista tuvo luego que sacarse de la manga una explicación de corte élfico para salir por peteneras de un tema que la Comics Code Authority veía en esos días con muy malos ojos. Ahora bien, mientras Jean Paul Beauvier atraía las miradas, Claremont iba dejando también sus pistas y, de paso, presentando ideas que, vistas desde el punto de vista actual, eran mucho más arriesgadas.

Mística y Destino hicieron su primera aparición conjunta durante Días del Futuro Pasado. La primera ya había hecho su debut en las páginas de la colección protagonizadas por Ms. Marvel, de la mano del propio Claremont. La segunda parecía llamada a romper unos cuantos estereotipos: en un mundo en el que héroes y villanos parecían vivir en el apogeo de su vigor físico, Destino era una anciana cuyos poderes mentales, de naturaleza precognitiva, la hacían engañosamente débil para una liza. Además, su identidad civil -Irene Adler- era toda una declaración de intenciones, pues llevaba el nombre de la única persona capaz de derrotar a Sherlock Holmes en su propio juego. En sus sucesivas apariciones -ya plenamente incorporadas al gran escenario de la Patrulla-X- quedó patente que la relación entre Raven y e Irene trascendía la membresía en una hermandad enmascarada y tenía tintes familiares. Juntas habían tomado bajo su tutela a una joven mutante, incapaz de controlar sus poderes: Pícara. Una mirada superficial llevaría a la conclusión de que estábamos ante una comunidad compuestas por mujeres de tres generaciones distintas. Una lectura retrospectiva arroja un resultado muy distinto: dos mujeres que han adoptado a una hija, ya crecidita y con los problemas de la adolescencia en versión mutante. Donde, conforme a los esquemas clásicos, se hubiera presentado a una joven descarriada, manipulada por una villana artera, tenemos aquí una relación más compleja. Mística ha enrolado a Pícara en su Hermandad -en una versión actualizada y corregida de la relación inicial entre Magneto, Mercurio y la Bruja Escarlata- pero reconoce que, quizá sus mayores enemigos puedan ayudarla allí donde ella y Destino no han podido. La relación con la Patrulla-X se volverá más compleja: por un lado, la marcha de su hija reforzará su animadversión hacia Xavier; por otro, debe de asumir que la continuidad de la lucha con sus enemigos la llevará inevitablemente a un conflicto con una de las personas que más quiere. En todo caso, durante su período de convivencia, las tres mujeres conformarán lo que se ha dado en llamar, en fechas recientes, una familia 2.0. Esta muestra puede ser, a día de hoy, parte de un paisaje cada vez más heterogéneo pero, treinta años atrás, era una singularidad, expresada claramente en el baile que Irene y Raven comparten al final de la historia. Esas viñetas eliminan definitivamente cualquier atisbo de duda que pudiera quedar en torno a la relación que las une.

Una pareja excepcional (en muchos sentidos)

La historia de amor de Destino y Mística -trágicamente terminada durante la aventura Disolución y renacimiento- es un ejemplo de cómo un cómic súper-heroico o, mejor dicho, sus responsables -creativos y editoriales- se atrevieron a hacer algo que rompía unos cuantos tabúes. En primer lugar, tenemos el hecho de una relación lésbica que, además, sirve de base para la fundación de una familia. En segundo lugar, está el detalle de que la pareja se conforme entre dos personas con una aparente diferencia de edad, en un tiempo donde se miraba con mofa y desprecio a las mujeres que salían con alguien más joven que ellas. En tercer lugar, encontramos el hecho de que los poderes metamórficos de Mística le permiten adoptar todo tipo de aspectos humanos, haciendo que la construcción de su género plantee multitud de matices, que van más allá de la dicotomía sexual. En el baile que cierra la historia, Raven asume un rol masculino, lo que lleva a reflexionar sobre otro de esos cabos sueltos que tío Claremont solía dejar aquí, allá y acullá, para deleite o cabreo del respetable. Durante Días del Futuro Pasado, Rondador Nocturno se topó con Mística por primera vez. El obvio parecido entre ambos llevó a Kurt a formular una pregunta obvia, a la que Darkholme respondió con una evasiva referencia a la madre adoptiva de Wagner. Eso llevo a la lógica especulación del vínculo que unía a ambos. La opción evidente llevaba a una relación materno-filial, pero otra posibilidad llevaba a la conclusión de que Mística no sería la madre de Rondador sino su padre, habiendo sido concebido junto a Destino. Desgraciadamente, poner negro y cuatricomía sobre blanco esta idea era, cuando menos, arriesgado y, finalmente, la primera elección fue la que se convirtió -de momento- en canónica, como consecuencia de una de las tramas más horrendas, de cuantas se recuerdan en la franquicia mutante.

El hecho de que Destino muriera a manos de Legión -controlado por el Rey Sombra y en los últimos compases de la larga primera estancia de Claremont en la escudería-X- no ha impedido que el patriarca mutante haya vuelto, de cuando en cuando, a tratar al personaje y, de paso, su relación con Mística. En honor a la verdad, hay que decir que los periódicos regresos de don Chris hacen bueno el dicho de que segundas partes casi nunca son buenas. La historia de los diarios de Irene Adler -empezada a contar en X-Treme X-Men- fue una premisa curiosa que se fue diluyendo conforme pasaban los números, al tiempo que dejaba sin efecto el asunto de la diferencia de edad entre Destino y Mística. Los poderes de esta última la hacían virtualmente inmortal, más allá de lo que su aspecto básico pudiera sugerir. A cambio, convierte la relación entre Raven e Irene en una historia de amor que trasciende las décadas y que, pese a matizaciones, cambios y adendas por exigencias de guion, se contó por primera vez en unos tiempos en los que hablar de lesbianismo en un medio de estas características era territorio prohibido.

Raven e Irene
Conversaciones de pareja

  Edición original: Marvel Comics – octubre 1988 Edición España: Comics Forum – junio 1989 Guión: Chris Claremont Dibujo: Craig Hamilton Entintado: Rick Bryant Color: Petra Scotese Portada: Craig Hamilton Precio: 250 pesetas (historia incluida en La Patrulla-X Especial Verano 1989)   Prólogo: treinta años no es nada Parece que…

Irene y Raven

Guión - 7.9
Dibujo - 7.9
Interés - 8.9

8.2

Amor

Un capítulo en la historia de dos personas que encontraron en la otra a la pareja de su vida.

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Tengo el Especial Verano 1989 de la Patrulla X en uno de esos retapados de especiales Forum (que creo que eran obra de la distribuidora) en los que arrancaban las portadas (sic) y añadían unas pastas de cartón. Debo haber leído esta historia hace 15 años y no me acuerdo de ella para nada. Es un buen momento para repescarla. Por cierto, ojalá un poquito de retconeo del bueno para que Destino y Mística fueran la madre y el padre de Rondador, como tenía planeado Claremont.

Drury Walker
Lector
Drury Walker

La primera vez que lo lei (en una edicion posterior a la que comentais que agrupaba distintas historias sueltas, esta destacaba muy por encima del resto quitando quizas una de steve ditko que te presentaba como la
primera historia Marvel de mutantes) me sorprendió por dos cosas: su valentia en el planteamiento de las relaciones, muy avanzado en su época como comentas, y el lugar donde Mistica citaba a Tormenta, poco habitual en el mainstream del momento. Otro momento que me impactó (por cuestiones muy distintas obviamente) de la andadura de Claremont es cuando de resultas de un ataque del Club Fuego Infernal Emma Frost ocupaba el cuerpo de Tormenta y se daba un morreo con Sebastian Shaw celebrando su exito. Siempre sospeche que con lo perversos que eran en aquella epoca y que con su inclinación a dominar y humillar tuvieron algo más con el cuerpo de Tormenta. No creo que Shooter disfrutase con estas cosas.

La verdad es que Claremont siempre metia distintos temas sociales o no en sus comics que hacian de la patrulla algo especial. Coloso haciendo un trío en la Tierra Salvaje una de ellas después madre soltera, la relacion de Coloso con Kitty, el rollo hitchcockiano de Ciclope con Madeline Prior, el pasado como victima nazi de Magneto, el nudismo y la bisexualidad de tormenta, el impacto sobre Picara de sus poderes (y su perdida en Genosha…), el control por el gobierno y como predomina la real politik a la justicia con el Acta de Registro Mutante y la constitución de la Fuerza de la Libertad llegando a invertirse los papeles de héroe y villano… Cuánto ha cambiado el tema en la franquicia a los años de hacerse franquicia!

Es un lugar comun que el regreso de Claremont podia haberse ahorrado. Es cierto que su regreso para un arco de Lobezno fue mediocre y confuso y que su reinicio en la Patrulla fue un tanto sin alma grupal y muy apegado a Matrix para parecer moderno, pero poco a poco iba despegando (el numero despues de la muerte de Moira por ejemplo es estupendo. Extreme empieza bien, pero las interferencias editoriales hacen mella casi de inicio y va a remolque de Morrison. En general Claremont Necesita espacio, libertad y un poco de tiempo para levantar una red de tramas y personajes. Pero la industria no está en ese punto y su momento parece por tanto que ya pasó