Los locos del gekiga, de MATSUMOTO Masahiko

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Edición original: Gekiga Baka-tachi!! (Seirinkogeisha, 2009)
Edición nacional/España: Los locos del gekiga (Satori Ediciones, 2021)
Guion: MATSUMOTO Masahiko
Dibujo: MATSUMOTO Masahiko
Traducción: Marc Bernabé
Formato: Rústica con sobrecubiertas. 320 páginas
Precio: 21,00€

Cuando el manga se convirtió en arte

“¡¡Conseguiremos que Japón entero quede sepultado debajo de montañas de manga!!”

Hoy en día, el manga está presente de manera constante en nuestra sociedad, bien sea de forma directa a través de la lectura de las numerosas series que se publican cada año alrededor del mundo, con presencia en las plataformas de cómic digital, o de manera indirecta, a través de productos derivados de los mismos, como sus adaptaciones a cine y televisión que podemos encontrar en las plataformas de streaming, videojuegos, libros de ilustraciones o merchandising de diversa naturaleza. Sin embargo, sería un error pensar que siempre gozó de este estatus o que este éxito se produjo de forma espontánea y como producto del azar, como si no hubiese un ingente esfuerzo detrás de ello, como si no hubiese personas que sacrificaron su vida y lo dieron todo por lograr que su trabajo obtuviese el reconocimiento que merecían.

Precisamente el mes pasado Satori Ediciones publicó Los locos del gekiga, un título que nos lleva a conocer el origen de este movimiento, que contribuyó en gran medida a que a día de hoy el manga goce de tan buena salud. Y lo hace de primera mano, ya que su autor, MATSUMOTO Masahiko, fue uno de los protagonistas de esta revolución cultural. Este manga vio la luz en las páginas de la revista Big Comic Zōkan, de la editorial Seirin Kōgeisha, en la que se serializó entre 1979 y 1984, y a pesar de tener un final abrupto, que hace sospechar que la intención del autor era seguir relatando nuevos episodios de esta historia, no carece de un sentido pleno ni de un gran valor artístico e interés para el conocimiento del desarrollo histórico del manga.

Tras la II Guerra Mundial, la incertidumbre se cernía sobre Japón, que inició un proceso de democratización y desmilitarización, caracterizado por una serie de profundas reformas políticas, económicas y sociales, y su población tuvo que hacer frente a la pérdida de sus seres queridos y soportar largos años de penurias. En ese duro contexto de miseria se erigió el manga como un medio de entretenimiento de masas, que abandonó el carácter panfletario conferido por el régimen político en las décadas anteriores. El principal responsable de esta proeza fue el legendario TEZUKA Osamu, que con la publicación de La nueva isla del tesoro, a la que se alude en esta historia con un breve cameo del dios del manga, introdujo nuevos elementos en la narración secuencial de historias, influido por las producciones animadas, especialmente las de Walt Disney.

Como fruto de la creciente popularidad del manga y la imposibilidad de que fueran adquiridos por el grueso de la castigada población japonesa, encontraron cobijo en las kashihon, librerías de préstamo en las que podían alquilarse libros y mangas por un módico precio. El progresivo aumento de este tipo de establecimientos y la consolidación de una red de kashihon a lo largo y ancho del archipiélago japonés propició que surgieran editoriales que tenían por objetivo satisfacer su necesidad de un flujo constante de nuevo material. En este contexto es en el que arranca la historia que hoy nos ocupa, la aventura de tres jóvenes mangakas que trabajaban en una de estas editoriales con unas deplorables condiciones laborales, los cuales soñaban con cambiar el rumbo de la industria del cómic japonesa y obtener el reconocimiento que creían merecer.

TATSUMI Yoshihiro, SAITÔ Takao y MATSUMOTO Masahiko (1959)

En este trio de protagonistas destaca la figura de SAITÔ Takao (Wakayama, 1936), quien lleva la voz cantante y del que conocemos diferentes anécdotas de su juventud, quizás como agradecimiento de Matsumoto por haberle conseguido la oportunidad de publicar esta obra cuando su popularidad había descendido. Hijo de un barbero, decidió vender el negocio familiar para dedicarse a su sueño de ser mangaka, comenzando su carrera profesional como dibujante en el año 1955. Tres años después se trasladó a Tokio, donde creó su propia empresa de producción de mangas, que llegó a tener una veintena de empleados. En 1968 vio la luz la que ha sido su gran creación, Golgo 13, un manga que sigue los episodios de la vida de un asesino profesional, de la que recientemente ha publicado su tomo recopilatorio número 201, convirtiéndose en el manga más longevo de la historia.

El segundo de los componentes del trío de protagonistas es TATSUMI Yoshihiro (Osaka, 1935), quien ha trascendido como el gran padre del gekiga por haber sido el que acuñó el término, algo a todas luces injusto, como puede verse en esta historia, puesto que en todo momento se trató de un movimiento colectivo. Precisamente este autor dio su propia visión de todo este episodio de la historia del cómic japonés en Una vida errante, manga serializado entre 1995 y 2006 que narra los mismos hechos con algunas diferencias que son muy interesantes de confrontar, además de haber sido el artífice de mangas de culto, como Tatsumi, una antología de relatos cortos que incluye algunas de sus producciones más emblemáticas, también publicada por Satori Ediciones.

Cierra el reparto de personajes principales MATSUMOTO Masahiko (Osaka, 1934), el propio autor de esta obra, quien lejos de glorificar su figura, se muestra más reservado y reflexivo que sus compañeros. En nuestro país pudimos disfrutar hace unos años gracias a la editorial Gallo Nero de La chica de los cigarrillos, una recopilación de historias cortas realizada durante su momento de mayor madurez artística.

La historia comienza mostrando las dificultades de estos tres autores para hacerse un hueco en el sector del manga de la ciudad de Osaka, en la que trabajaban para una de las editoriales dedicadas a surtir de material a las kashihon. A lo largo de la historia veremos cómo surge en ellos la aspiración de llevar a cabo historias más complejas, que bebían de otras fuentes como el cine, y en las que comenzaron a abordar temáticas más complejas, como los relatos detectivescos y policiacos con un componente de suspense, a prescindir del humor, a plantear un dibujo más realista con viñetas más pequeñas y a retratar la situación social y económica que atravesaba el país. En las páginas del manga hace acto de presencia otros maestros de la escena osakense, entre los que destaca el singular UMEZZ Kazuo, autor de Aula a la deriva, El chico de los ojos de gato o La casa de los insectos, entre muchos otros, habiendo sido publicadas las dos últimas también por Satori Ediciones.

A diferencia de otras obras, que requieren de una contextualización previa por parte de los lectores, Los locos del gekiga propone una narración bien estructurada y ordenada, que permite comprender la importancia que los hechos que en él se narran tuvieron para la evolución del manga como medio artístico. Matsumotointroduce pequeñas dosis de información relativa a la red de librerías kashihon, la conceptualización social del manga como un producto para niños carente de valor artístico, la situación de precariedad laboral y pobreza en la que se encontraban quienes se dedicaban a realizarlos e incluso refleja diferentes problemáticas sociales de la época, como la necesidad de las mujeres de recurrir a la prostitución durante la posguerra, la importancia de la posición social en el seno de la familia, la situación de la vivienda en el país nipón o la visión del suicidio como solución a los problemas de la vida.

El dibujo de Matsumoto es un perfecto exponente del tipo de manga que él mismo y sus compañeros concibieron conceptualmente y desarrollaron en las páginas de sus mangas, caracterizado por un estilo realista, que contrastaba con el estilo cartoon imperante, que introducía temáticas más maduras y complejas y las representaba gráficamente, y con una narrativa secuencial mucho más pausada, próxima a la de un medio como el cine japonés de la época, en el que constantemente buscaban influencias, como queda reflejado en las páginas de esta historia.

El formidable catálogo manga de Satori Ediciones continúa aumentando con títulos de gran calidad, que como siempre cuenta con una excelente edición, poniendo cuidando hasta el más mínimo detalle y presentado un libro muy atractivo, elaborado con materiales de gran calidad. La editorial gijonesa publica este título siguiendo los patrones establecidos para todos sus mangas, por lo que nos encontramos ante un volumen en formato A5 (15×21 cm), con una robusta encuadernación rústica, vestido con unas preciosas sobrecubiertas, que presenta las páginas originales a color y que incluye un bonito marcapáginas, como acostumbran en cada uno de sus títulos. De la traducción se encarga Marc Bernabé, que además de ser un referente gracias a su amplia trayectoria profesional y realizar un trabajo excelente, es también una voz autorizada en la materia, puesto que como fruto de su labor divulgadora ya se había encargado de dar a conocer esta obra y destacar sus bondades en su blog, Mangaland, hace ya más de diez años.

Con Los locos del gekiga Matsumoto propone un recorrido histórico a través de un momento clave en el desarrollo del manga y la creación de este vital movimiento artístico, ilustrando a la perfección los momentos decisivos que permitieron evolucionar al cómic japonés hacia lo que conocemos hoy en día, pero también propone un recorrido emocional, que desentierra los recuerdos del pasado y transmite con gran sensibilidad las dificultades a las que tuvieron que hacer frente para dar a conocer su visión de lo que debería ser el medio y las penurias que sufrían los dibujantes en aquel entonces, algunas de las cuales se mantienen hoy en día, como las interminables jornadas de trabajo.

Lo mejor

• La dignificación de la profesión de dibujante que propone en sus páginas.
• El recorrido histórico que hace del medio en Japón, rescatando del pasado uno de los episodios que lo definió como un arte.
• Su carácter didáctico, que se manifiesta desde los cuadros de información hasta la mímesis con la que emula el estilo de otros dibujantes y lo contrapone al suyo propio, manifestando gráficamente las características del gekiga.

Lo peor

• Su precipitada conclusión da la impresión de que la historia podría haber dado más de sí y abarcar un período temporal más amplio.
• En alguna ocasión se produce un salto temporal que no está bien delimitado.
• Que una obra de esta importancia haya tardado tanto en llegar a nuestro mercado.

Edición original: Gekiga Baka-tachi!! (Seirinkogeisha, 2009) Edición nacional/España: Los locos del gekiga (Satori Ediciones, 2021) Guion: MATSUMOTO Masahiko Dibujo: MATSUMOTO Masahiko Traducción: Marc Bernabé Formato: Rústica con sobrecubiertas. 320 páginas Precio: 21,00€ Cuando el manga se convirtió en arte "¡¡Conseguiremos que Japón entero quede sepultado debajo de montañas de manga!!"…
Guión - 8.5
Dibujo - 8.1
Interés - 8.8

8.5

Los locos del gekiga es un apasionante retrato del germen del manga dirigido a lectores adultos, una crónica de los duros días en que tres mangakas se forjaron a sí mismos y que mediante su trabajo llevaron a cabo una revolución que cambió el cómic japonés para siempre.

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Abandoné la Logia Negra y llegué a la ciudad de Málaga en 1984. Mis primeras lecturas fueron los clásicos francobelgas y los cómics de un ratón y unos patos que, años más tarde, gobernarían un vasto imperio. Devoré tiras de prensa, hasta que un niño con cola de mono apareció en mi televisor buscando unas bolas mágicas y el manga me atrapó. Pasé años en blanco y negro, pero los superhéroes llenaron mi vida de mallas y capas de colores. Sobreviví a la Era Hiboria en compañía de un bárbaro y su espada salvaje. A finales de los 90 sentí vértigo, el arenero me llevó al mundo de los sueños y caí en los oscuros abismos del underground. Viajé en el tiempo a través de la banda de Moebius, desde el salvaje Oeste al Largo Mañana. Un mago de Northampton me contó grandes historias y su hijo calvo me dio setas alucinógenas. En Italia probé el fumetto y un marinero maltés me llevó hasta la Pampa argentina, donde tuve mi último recreo antes de conocer al hombre eterno. He estado en Camelot en los días del Rey Arturo, en el planeta Mongo y en las letras del Oceáno Atlántico. En mis aventuras siempre estuve acompañado por un asombroso grupo de profesionales españoles. Los escritos del maestro Eisner me revelaron los secretos de un nuevo lenguaje y ahora solo veo el mundo en viñetas... Cómic camina conmigo.
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