Distintos significados de convivencia y relaciones
HAYASHI Fumiya ha creado algo especial. La mangaka ya ha sido publicada por Milky Way con la serie Triángulo hereditario, un josei nada habitual sobre una relación de tres personas y el hijo de uno de ellos.
En Más allá de las palabras decide ir un paso adelante y nos plantea una historia sobre dos jóvenes ya adultos que llevaban tiempo sin verse desde el instituto y, por azares, deciden irse a vivir juntos.
Atentos.
Japón, o ya cualquier país, da igual, dos hombres adultos viviendo juntos no se atraen en el aspecto físico ni sexual que imaginamos, ni son pareja. Viene bien explicarlo viendo que en muchos lugares e incluso tiendas lo catalogan como BL cuando no es el caso.
Takeda y Arita, nuestros protagonistas, son muy diferentes entre sí. Por eso, sin darse cuenta, se llevan bien. Nunca han sido mejores amigos, pero la personalidad de cada uno se complementa. Takeda, un joven profesor de secundaria, es muy amable con todos quienes le rodean.
Nunca tiene una mala palabra, pero va siempre con la verdad por delante, aunque no siempre es lo indicado. En cambio, Arita, que trabaja en una floristería, es reservado, habla lo justo, se lo calla todo y casi nunca deja que se vea cómo se siente en general por distintas situaciones.
Estamos ante un josei tranquilo que se lee con mucha calma y paz. Las relaciones de Arita y Takeda, en sus puestos de trabajo, con sus alumnas y clientes o jefes, respectivamente. Por supuesto, no deja de haber un cierto miedo, al menos al principio, sobre qué opinarán los demás al ver dos hombres viviendo juntos, haciendo la compra y demás situaciones de la vida diaria, y más Takeda con sus alumnas.
No siguen el prototipo de familia, relaciones y vida normalizada. Sienten el confort mutuo en la rutina y están tranquilos mientras su vida continúa. Evidentemente, los padres de ambos lo saben y tampoco hacen preguntas; en este punto no sabemos si lo tienen normalizado o no piensan mucho en ello.
El miedo principal de Takeda, que se diluye con el paso de los tomos, es muy significativo porque, siendo profesor, apoya a una de sus alumnas de secundaria de la serie, que va teniendo su protagonismo en tomos pares: Ririko.
La alumna de Takeda, que pronto irá a bachiller, es la representación de muchísimos adolescentes que van a pasar de una etapa de juventud a casi la adultez, y más en Japón. Ocurre que la autora nos plantea un dilema que golpea nuestra memoria y sentimientos.
Las amistades escolares y del instituto muchas se forman porque son necesarias para los años que estamos formándonos como jóvenes en el instituto; otras siguen su curso natural y duran años o toda la vida, y algunas se terminan una vez acabados los estudios, sintiendo un poco de añoranza sobre qué pasará ahora conmigo ahí fuera, qué habrá del lazo que me une con ciertas personas.
Eso también sirve para la relación de nuestros protagonistas. Dos personas que hablaban en el instituto lo justo, se ayudaron en un momento determinado por la forma de ser de Takeda y ayudar a todos porque le salía de dentro sin esperar nada, y eso le trajo problemas. La época pasó y, años después, se reencuentran por un gato que cuidan juntos, van a verse y surge esa chispa que les lleva a vivir juntos.
Tener a alguien que te escuche, compartir gustos, el día a día, la rutina, preocuparse… no quiere decir que seáis pareja. Cierto es que ¿os habéis preguntado alguna vez qué es esto que ocurre con vosotros? Una de las cuestiones que recorren toda la obra en una larga conversación con Hinako, mujer del jefe de la floristería de Arita y amiga de ambos protagonistas desde toda la vida.
Las conversaciones y rutinas en el trabajo, comparadas con las de casa, que nos plantea la mangaka no pasan porque sí. Todas tienen su explicación, su momento y son importantes para entender qué es lo que tienen Arita y Takeda, qué les aporta y qué nos hace ver a nosotros, los lectores: quitarnos los prejuicios por tener dos hombres juntos, las portadas.
Uno de los momentos que más gracia, como lector, me ha hecho y quería dejarlo expuesto en la reseña es el momento que están comiendo en un restaurante de sushi y se cuentan cosas que nunca han podido hacer de niños por el motivo que fuera.
Entonces deciden, al terminar, hacer reparto o comprar cosas que en ese momento no podían, y recrea muy bien esos sentimientos que la gente de esa generación tenemos con ciertos productos, situaciones o tiempos de vivir algo que no pudimos hacerlo y ahora que tenemos la oportunidad lo hacemos, aunque para el resto de la sociedad sean tendencias infantiles.
Nunca se debe perder esa inocencia, ese niño en tu interior y las ganas de sorprenderte con quien más quieres o compartes momentos.
En todo caso, aunque es un josei, si quisiera catalogarlo como queer podría verse como una relación QPR y aroace (queerplatónica y asexual aromántica), dos formas de quererse y entenderse que no tienen que ver con lo sexual ni el entendimiento físico, al menos con nuestros protagonistas.
El dibujo de Hayashi nos retrata una calidez similar a muchos mangas costumbristas, como el fantástico podcast que hicieron hace poco mis compañeros de mangas de este tipo. Claridad, mucho espacio para la calma y que te fijes en lo importante; expresivos, cotidianos del día a día en el que puedes verte reflejado en ciertas actitudes de los momentos de la obra en tu día a día como lector, con unos diseños sencillos de personajes y agradables, con sus propias particularidades.
Para terminar, señalar que la edición de Milky Way sigue siendo tan perfecta como en todas sus obras: perfectamente editado, sin fallos en páginas, buen trabajo para evitar desprendimientos, comodidad en el manejo del manga y la cubierta lisa al tacto que no deja marcas y es flexible. Con una traducción que recoge muy bien la sencillez e importancia de las conversaciones. Fluida y natural.
En definitiva, tres tomos —el cuarto sale a finales de mes— donde tenemos una relación que no es la habitual, narrada con delicadeza, seria, sin ningún drama, haciéndonos ver que pueden existir cosas más allá de lo establecido.
Porque si ya se ha descubierto que el amor no es cosa solo de dos, ¿por qué el convivir y pasar una parte de tu vida con otra persona tiene que ser siempre con ese aspecto íntimo y físico? ¿No puede ser simplemente paz, entendimiento y tener una conexión distinta con esa persona? ¿Que os aportéis compañía de otra forma?
Lo mejor
• La llegada de una obra distinta a lo habitual.
• La forma de exponer de Hayashi las relaciones.
Lo peor
• Que mucha gente se piense que es un Bl o saque conclusiones que no son.















