La Otra América: Reseña, que algo queda

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DÍA DE MERCADO, de James sturm

El rumbo estilístico que va tomando la obra de James Sturm es precisamente un rumbo en la dirección que personalmente más aprecio en el tipo de cómic que practica. Si en las historias de Encima y debajo, correctamente ejecutadas, se olisqueaba tras las evidentes parábolas un tonillo moralizante, como de advertencia, en El asombroso swing del golem la anécdota cobraba mayor importancia, y aunque continuaba pareciendo querer ser el chico más listo de la clase, Sturm se las arreglaba para no resultar demasiado condescendiente con el lector. Ahora, con Día de mercado, una historia tremendamente sencilla, parece haber encontrado esa nueva vía que tiende más a formular las preguntas adecuadas que a revelar las respuestas intuidas. Día de mercado, como digo, es de una sencillez que desarma. Todo el relato transcurre en un día, en el que asistimos al viaje de un fabricante artesano de alfombras al mercado, donde pretende venderlas para ganarse el sustento. Pero los tiempos han cambiado y su elevada maestría en la confección de alfombras ya no parece ser garantía de venta, mucho menos de venta a un precio justo. De nuevo Sturm recurre a la parábola: ¿os imagináis de qué puede estar hablando un autor de cómic que relata la historia de un artesano, cuyo arte ya no es valorado en un mundo cada vez más materialista e industrializado, que tiene dificultades para salir adelante, que duda si debe prostituir su arte en beneficio de su superviviencia? Exacto. La cuestión es que en Día de mercado se percibe, casi se palpa, la sinceridad, la preocupación, la entrega con la que el propio autor ha confeccionado este cómic, entretejiendo palabras y dibujos para ofrecer un producto bien hecho y “artístico”. También es fácil encontrar cierta sensación nostálgica, cierto ritmo moroso, que acerca este libro, en cierta manera, a la obra Seth. Y por supuesto, tratándose de Sturm, el tema judío está muy presente, y me ha recordado a algunas historias de Sammy Harkham (no a la que enlazo, precisamente).

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Pero quizá lo más interesante de Día de mercado sea el modo en que su propia forma resuena con su fondo, más que en cualquiera de los anteriores trabajos de Sturm, y en gran parte debido a varios cambios en su estilo de dibujo -que ha virado hacia la economía de línea y la rotundidad-, su secuenciación de las escenas -marcando ritmos más pausados, más intropectivos– y su tono naturalista. Una escena, una doble página (justo aquí arriba) , resume una de las ideas más bellas del libro: el protagonista observa el populoso mercado, y en su cabeza las formas y manchas de color que captan sus ojos se transforman en formas abstractas plasmables en una alfombra. Imagino que esto puede suceder a menudo en la mente de un historietista, cuando adapta la realidad, simplificando su complejidad, a su disciplina artística. Solo encuentro un pero a este Día de mercado, y es la secuencia final, que parece tan apocalíptica, tan alejada del tono del resto de la obra, que se hace increíble. Parece como si Sturm necesitase una especie de momento catártico para cerrar un libro que, a lo mejor, se podría haber cerrado con la misma pausa y sosiego con que comenzó. Salvando ese pequeño detalle, Día de mercado es un tebeo muy recomendable y además despierta nuevas expectativas ante el trabajo futuro de su autor.

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OTHER LIVES, de Peter Bagge

Y pasamos de la reflexión en primera persona –con vocación de universal- de Sturm a la comedia ácida coral de Peter Bagge que La Cúpula publicará a finales de este mes. A pesar de que en ocasiones Bagge ha parecido renegar del formato de la novela gráfica y afirma encontrarse muy a gusto en el formato comic book, como tantos otros, ha acabado claudicando y produciendo este libro de más de 130 páginas para el sello Vertigo de DC. ¿Se podía haber contado lo mismo en cinco comic books? Sin duda, pero habríamos necesitado cinco meses para leerlo, y ¿quién necesita la esclavitud de las píldoras mensuales cuando hablamos de una historia autoconclusiva y autocontenida? En Odio, la serie estrella de Bagge, muchos quisieron ver una crítica social, aunque el autor siempre afirmó que su intención no era esa, sino simplemente radiografiarla, o reflejar el ambiente y las gentes de de su entorno (“Buddy siempre es un reflejo de lo que yo era hace diez años”, dice Bagge). Donde sí que encontramos una crítica nada soterrada fue en Sudando tinta –al mundo del cómic- y en Everybody is stupid except for me and other astute observations –al sistema social, político y cultural de su país-, el libro que recopila sus historietas para la revista de ideología liberal Reason.

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Ahora, en Other lives, Bagge recupera, al menos en parte, el tono de Odio, y si en aquella ahondaba en los entresijos de las relaciones interpersonales, la familia, la búsqueda de un sitio en la sociedad, aquí trata de aprehender algo tan inherente a la cultura norteamericana como es la propia construcción de su identidad. No es casualidad que los protagonistas de Other lives sean un nieto de emigrantes rusos, su novia de origen asiático, un hispano y un norteamericano “de pura cepa”. Si a esto sumamos que las propias identidades de estos personajes son “multiples”, tenemos como resultado esa confusión identitaria que en cierta forma define a los Estados Unidos. Tampoco es casualidad que uno de los personajes utilice seudónimo –e investigue el uso de los mismos en internet- y desconozca los secretos de su propia familia, ni que otro lleve –o no, Bagge juega al despiste- una doble vida, que un tercero descubra la libertad a través de su avatar digital en Second World o que el último de ellos viva de cara al mundo –y a sí mismo- en una mentira. Bueno, en realidad todos ellos viven vidas de mentira y guardan secretos en-realidad-no-tan-inconfesables, con lo que el comentario de Bagge sobre la identidad cultural de Norteamérica se refuerza con su comentario sobre la identidad individual. Y no lo he dicho, pero obviamente todo esto está contado con la gracia, con la mala leche y con el estilazo de uno de los más grandes artistas satíricos y humorísticos del cómic de las últimas décadas.

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WEATHERCRAFT, de Jim Woodring

Weathercarft, recientemente publicado por Fantagraphics en Estados Unidos, ha sido mi primera lectura de Jim Woodring y por tanto me muevo en terreno resbaladizo al hablar de esta obra. Seguramente el conocimiento de su trabajo anterior me descubriría nuevas claves con las que interpretar esta fábula sádica sin moraleja, pero en cualquier caso no he podido sustraerme a una sensación de asombro y fascinación al seguir las desventuras del Cerdombre protagonista.

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Y es que el pobre las pasa canutas, manejado por crueles y casi juraría que desalmadas –tal vez ahí radique la diferencia entre el Cerdombre y sus torturadores- entidades superiores, cuando no por seres ameboides y mutantes y mutadores que, dicho llanamente, dan muy mal rollo. Y así es, o me parece que es tras la lectura de solo uno de sus cómics, Jim Woodring. Enigmático y fascinante, puro surrealismo ácido y orfebrería visual, la alternativa dibujada a Robert Crumb, una imaginación desatada con referentes extraterrenos y, sobre todo, un tipo único. Pasada la prueba de fuego del primer contacto, me parece que Woodring va a seguir acompañándome mucho tiempo.

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ESSEX COUNTY 3. LA ENFERMERA RURAL, de Jeff Lemire
HICKSVILLE, de Dylan Horrocks

Dos mini reseñas en una porque, básicamente, el comentario es similar para ambas y porque no me han emocionado demasiado. Guardaba un recuerdo agradable pero confuso de mi primera lectura, allá por 2003, de Hicksville –apenas algo sobre un baile de disfraces en la playa-. La relectura de la opera magna de Dylan Horrocks ha resultado una pequeña decepción, al igual que toda la saga de Jeff Lemire, Essex County, enfermera rural incluida. En ambos casos se bordea eso que a veces se critica de la novela gráfica y que, efectivamente, algunas merecen. Un exceso de pretensiones -lo cual no es malo, claro, hay que ser ambicioso- conjugado con un rango limitado de aptitudes -he aquí el problema. Las carencias del dibujo, lo estereotipado de los argumentos y su desarrollo, hacen que ambas obras parezcan, por poner símiles de rápida asimilación, más una serie de televisión del montón que una elevada novela donde “los hechos trascendentes del pasado configuran la desgraciada-a-la-par-que-enigmática situación presente de los personajes”. Aunque tanto en Essex County como en Hicksville estamos hablando de esfuerzos sinceros y encomiables de dos autores jóvenes por realizar un tipo de cómic dirigido a adultos, con temas que pueden interesar a los adultos, les ha faltado ese paraguas del oficio, ese toque de originalidad, esa pizca de genio. En el caso de Horrocks, además, se percibe perfectamente la maduración producida entre el el grueso de Hicksville y la pequeña historieta realizada para esta nueva edición de su obra. Igualmente, podemos esperar que la maduración de Lemire depare en el futuro un mejor autor de cómic, o al menos uno que haga cómics que me gusten más (es broma). El potencial, las ganas, y algunos detalles positivos, están ahí para avalar a ambos.

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WILSON, de Daniel Clowes

No sé exactamente cuando, pero Wilson, lo último de Daniel Clowes, llegará a España de la mano de Random House Mondadori. Otro autor que renegaba de la etiqueta “novela gráfica” y que se ha rendido a la evidencia: el público considera que Daniel Clowes hace novelas gráficas. Y conviene tener en cuenta que esta es una obra de capital importancia en la carrera de Clowes por varios motivos. En primer lugar, es la primera vez que Clowes publica una obra de cierta extensión en formato unitario, o si lo preferís, formato novela gráfica (Como un guante de seda…, David Boring, Ghost World, se serializaron en su comic book, Eightball; Ice Haven fue una historia publicada en un único número de Eightball después remontada para darle el formato que conocemos en España; la inédita en nuestro país The Death Ray también se publicó en Eightball). También es importante Wilson porque es la primera obra de envergadura del autor desde 2004, fecha en que se publicó su gran The Death Ray, si exceptuamos el Mister Wonderful que realizó para las páginas de The New York Times. Y por último, es importante porque, de alguna manera, tal vez es el más autobiográfico de todos los cómics que ha dibujado, y eso que en todos ellos hay elementos autobiográficos. No es necesariamente la autobiografía del Clowes que todos conocemos, ni está contado a la manera habitual de los cómics autobiográficos, pero muy a menudo da la sensación de que el insufrible protagonista, Wilson, no es más que una careta de Clowes, o de una parte de Clowes.

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¿De qué va Wilson? ¿Es bueno? Me voy a ahorrar muchas letras enlazando tres interesantes reseñas aparecidas ya en España: la de Santiago García, la de Pepo Pérez y la de Álvaro Pons, a las que añadiré algún comentario de mi cosecha. Bajo mi punto de vista, y tal vez cegado por la novedad, Wilson es uno de los mejores trabajos de Clowes y uno de los más complejos precisamente por algo que comentaba Santiago García: lo que se queda fuera del cómic es tan importante, o más, que lo que se muestra. Y esa perfección narrativa solo la puede alcanzar alguien que 1) sabe lo que quiere transmitir 2) sabe como quiere contarlo 3) es un puto genio. Pero es más, y aquí si que me quedo completamente solo en la inmensidad de la fría y oscura blogosfera, Wilson me parece un cómic que, en el fondo, lanza un mensaje positivo y esperanzador sobre el ser humano. A pesar de que Wilson, el personaje, sea cínico, odioso, prepotente, hipócrita, a pesar de que parezca que Clowes recupera de nuevo una de sus señas de identidad, la misantropía, yo no puedo dejar la entrever la actitud narrativa de un autor que ha estado al borde de la muerte (recordemos la operación a corazón abierto de Clowes) y cuyo concepto de la vida, y de sus semejantes, ya no es el mismo. ¿Es esto cierto o me lo invento? Leedlo y me contáis.

Ah, y Wilson es muy, pero que muy divertido.

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BODYWORLD, de Dash Shaw

Si Clowes es uno de los más claros exponentes de la renovación del cómic en las dos últimas décadas junto a Seth y Chris Ware, por citar a la Santísima Trinidad norteamericana, Dash Shaw es el renovador del mañana. En sus manos, el cómic es arcilla fresca: para realizar sus construcciones puede hacer ladrillos de arcilla de muy distintas formas, mientras que autores de generaciones anteriores se encuentran con ladrillos de barro cocido que pueden combinar de muchas maneras, pero cuya forma es ya inalterable. ¿Qué quiero decir con esto? Que Shaw piensa distinto, que no ve los mismos límites que otros autores, que no tiene problemas en realizar constantes experimentos, ni miedo a equivocarse, y que en sus manos y en las de otros como el francés Bastien Vivès, otro alfarero de la forma, o incluso Al Columbia o Yuichi Yokoyama, están muchos posibles futuros del cómic. Ojo, que no tienen por que ser “el futuro”, el bueno, el fetén, pero sin duda algunos de estos autores y otros que vayan apareciendo van a abrir de manera importante el abanico de posibilidades a la hora de enfrentarse a una página –a muchas páginas- en blanco. En concreto Bodyworld nació como un cómic en la red, y de hecho aún puede leerse en la página de Shaw. Posteriormente se realizó una edición en papel que, tratando de capturar algunas de las cualidades pensadas para su lectura online, ha resultado bastante incómoda de leer.

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Bodyworld es un relato entre lo futurista, lo alternativo, lo chamánico, el culebrón y la comedia de instituto. Eso, como poco. Es un relato apasionante, que engancha gracias a un protagonista carismático y a unas plantas alucinógenas. Pero no, miento, lo que realmente engancha es la policromía de Shaw, su ritmo frenético, sus constantes innovaciones formales, su capacidad de representar sobre el papel cosas que casi nadie se había preocupado de representar antes, como las sensaciones. Precisamente aquí radica gran parte de esa habilidad que comentaba al principio. Mientras otros autores se suelen contentar con utilizar una fórmula ya estandarizada para plasmar algo tan poco tangible como una sensación, Shaw rebusca SU interpretación de esa sensación -incluso si se trata de una sensación como… la telepatía. Así pues, a nivel de descubrimientos gráficos y narrativos, Bodyworld sobrepasa de largo La boca de mamá y Ombligo sin fondo, y es una lectura muy satisfactoria. Sin embargo, el caudal de ideas vertidas en las muchas páginas del cómic acaban pasando factura a Shaw, que no remata la historia de manera satisfactoria, como si realmente el relato en sí –y por tanto su conclusión- no le interesase y hubiera sido una excusa para contar, para dibujar, para probar, para descubrir. Los lectores más conservadores posiblemente pueden sentirse decepcionados, pero seguro que Shaw no ha hecho Bodyworld pensando en los lectores más conservadores. Y es más, creo que todas las virtudes de Bodyworld son suficientes como para arrojar un balance final más que positivo. Y, sobre todo, esperanzador.

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EL DESTINO DEL ARTISTA, de Eddie Campbell

Con este mini texto inauguro una nueva categoría: el preview de la reseña. Leí El destino del artista hace al menos dos años y me atrevo a jurar que es un cómic excelente y de un nivel altísimo, pero no a escribir una reseña en toda regla sin una relectura. En la línea de su serie autobiográfica Alec, el genial escocés desgraciadamente más conocido como dibujante de From Hell que por su trabajo en solitario, desgrana el concepto definitivo de la novela gráfica: una autobiografía en la que el autobiografiado no aparece. Campbell lo hace con un excelente sentido del humor y con una aproximación fragmentada y episódica, curiosamente en la línea de lo que hacen Chris Ware, Seth o Daniel Clowes (la Santísima Trinidad, de nuevo). Como ruido de fondo, y cerrando el círculo que comenzaba en la reseña de Sturm, el tema de la propia creación artística, tratado de una forma directa y a la vez lo suficientemente oblicua como para resultar sugerente e interesante, un desafío para el lector.

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Sorprende a estas alturas que Campbell sea casi un desconocido en nuestro país, siendo como es una auténtica lumbrera del cómic adulto. Afortunadamente Astiberri desface el entuerto con la publicación a finales de este mes de El destino del artista. Me muero de ganas de releerlo. Y atentos a las librerías, porque próximamente, la misma editorial pondrá en la calle una edición integral que recopila completa la serie Alec, una obra maestra del cómic moderno, sin paliativos.

Más tebeazos, el mes que viene.

Alberto García Marcos
www.entrecomics.com

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José Torralba
9 junio, 2010 12:42

¡Un repaso sensacional a lo más granado del cómic de autor contemporáneo, Alberto! Lo más llamativo para mí ha sido el Wilson de Clowes, no sólo por la narrativa que maneja el autor –sólo simple en apariencia, pero enormemente compleja si se quiere analizar en profundidad– sino por la abierta comicidad de la obra, que entronca con ese mensaje optimista que dices haber visto y en el que no, no estás solo. Eso sí: aunque se haya rendido a la evidencia de que hace novelas gráficas (yo la entiendo como una etiqueta/formato) no dejo de ver cierta socarronería cachonda en cómo lo ha hecho. Un “sí pero no” para mí intuitivo aunque, por supuesto, de interpretación muy subjetiva.

Respecto al Bagge de Other Lives… a mí me ha decepcionado. No llega a la frescura de Odio y su cinismo se diluye por tópico. Una sátira es tan atractiva como su diana y tan efectiva como su aproximación a la misma. Y esto… buf. En mi opinión, la línea Vertigo se está equivocando con esta introducción de autores provenientes del independiente: ni Bagge aquí, ni Jeff Lemire en Nadie o Sweet Tooth, ni David Lapham con Silverfish o Young Liars han conseguido nada notable. Ya veremos qué tal se le da a Matt Kindt su Revolver.

Ah, por cierto, me he tomado la libertad de añadirle dos etiquetas a este artículo (Vertigo y Vertigo: Bazar) porque me gusta tener bien indexado todo lo que se publica sobre la línea Vertigo en Zona. De paso, he añadido la entrada en la Guía de la línea donde, ni que decir tiene, no sólo hay trabajos míos sino de todos los redactores del blog. Espero que no lo hayas visto muy intrusivo. Un saludo 😉

riplei
riplei
9 junio, 2010 18:25

Alguien me podría indicar por que todavia no se ha publicado Death Ray de Clowes en castellano y si alguna editorial (¿La cupula, Ramdom House?) lo tiene entre sus planes inmediatos.

¿Fecha aproximada de publicacion de Wilson?

gracias