La Otra América

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Super Spy (Matt Kindt). Norma, 2009. Rústica. 336 págs. Color. 24 €

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Sobre este tebeazo ya se ha hablado largo y tendido en ZN. Comparto las apreciaciones que en su día hizo sobre él David Fernández en esta excelente reseña, pero no quería que su nombre quedara fuera de esta sección. Si alguien se perdió aquella reseña, es un buen momento para echarle un ojo, y si todavía necesita otro empujoncito para hacerse con el cómic (porque vale sus dineros), que no se pierda la entrevista de (de nuevo) David Fernández con Matt Kindt. Por mi parte, comentar que Kindt logra en Super Spy algo que me parece muy complicado, y es, a partir de cierto momento, aproximadamente el primer tercio del libro, hacernos casi olvidar lo artificial de su construcción. Porque sí, Kindt juega a hacer de hermano pequeño de Alan Moore y le salva el que sea capaz de introducir un elemento emotivo en su relato sin excesivas sensiblerías ni demasiadas explicaciones innecesarias. Los personajes se definen a sí mismos por sus acciones, y se definen tan bien que sus propias contradicciones resuenan tan naturales como las nuestras en el mundo real. Al final, el equilibrio entre los malabares narrativos que hace Kindt para hilvanar su relato en un todo coherente y su capacidad para retratar un entorno y unas reacciones plausibles, confieren A Super Spy de encanto y singularidad, y el lector que haya entrado en el juego del autor, encontrará muchas satisfacciones antes de pasar la última página. Ah, y Kindt ya tiene casi lista su próxima obra, que editará Dark Horse: 3 Story: The Secret History of the Giant Man. En el enlace a su entrevista tenéis páginas de muestra…

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Paul en el campo (Michel Rabagliati). Fulgencio Pimentel, 2009. Rústica. 150 págs. B/N. 22 €

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Este canadiense ya vio publicada otra obra larga suya por la misma editorial hace algún tiempo, Paul va a trabajar este verano, que parece que no funcionó excesivamente bien en lo comercial pero que cosechó críticas bastante positivas. Paul es el alter ego de Rabagliati, a través del cual el autor da salida a sus vivencias, y que álbum a álbum madura y se enfrenta a nuevos retos vitales… Un poco como en Los combates cotidianos, pero sin las pretensiones de Manu Larcenet. Hay que reconocer que en el último álbum de la serie, Paul Goes Fishing, Rabagliati pincha, pecando de sensiblero, de falta de un esquema argumental claro y de excesiva autoindulgencia, pero en el tomo que nos ocupa se reúnen algunas de las primeras historias del personaje, historias cortas aparecidas en diversas revistas y antologías, pequeñas anécdotas, recuerdos, deseos. Precisamente en este caso, en la variedad está el gusto, y esta recopilación (y que yo sepa no existe un álbum similar en Canadá) se convierte en uno de los mejores libros de la saga. El dibujo de Rabagliati recordará a muchos a Dupuy y Berberian y tal vez un poco a Andi Watson, y hay que reconocerle sus capacidades como diseñador a la hora de atrapar con el trazo, aunque narrativamente no despunte especialmente (y tampoco meta la pata ostensiblemente, todo sea dicho). A los que les gustó Paul va a trabajar este verano, es muy difícil que no les guste este nuevo álbum. Y quienes no lo leyeran en su día, tienen ahora una oportunidad de oro de conocer al personaje y al autor a través de sus primeras páginas. Y de esta entrevista.

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El borrón (Tom Neely). La Cúpula, 2009. Rústica. 196 págs. B/N. 15 €

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Esta es la primera obra del autor que me llevo a los ojos, y creo que su primera monografía de cierta entidad, y la impresión no podría ser mejor. En lo estético Nelly bebe de Walt Disney, de EC Segar y de otros clásicos de la historieta y el slapstick. Pero al igual que sucede con las obras de Al Columbia, cuando el autor coloca a estos personajes, que instintivamente nos hacen levantar la guardia, frente a situaciones trágicas e incluso macabras, el contraste enfatiza el mensaje y el impacto emocional en el lector es mayor. Si el dibujo de Neely es divertido, sus temas e intenciones no lo son, ni siquiera un poco, y otros de los referentes que vienen a la cabeza al leer esta obra son Jean Paul Sastre, Herman Mellville o René Magritte. Se puede decir que entre las ideas que recorren la obra, en la que un borrón de tinta persigue al protagonista y lo posee como si fuese un demonio, se encuentran la obsesión, la exclusión social, el terror existencialista y más concretamente el ansia irracional que impulsa la creación artística, un ansia que es tanto motor vital como sanguijuela devastadora de su portador. Apenas sin palabras, con una puesta en escena sobria pero eficaz y unos personajes que rebosan patetismo pero también son capaces de infundir temor (como los humanos reales, vaya), Neely hace que su protagonista atraviese calvarios personales en busca del amor y del sentido de su existencia. Las licencias surrealistas de Neely no son arbitrarias, y aunque es evidente que se puede hacer más de una lectura de los pasajes de este cómic, está claro que el autor sabe en todo momento donde quiere dirigir su pincel. La parábola tiene visos de representar al artista en su contradictoria búsqueda de la singularidad y la aceptación simultánea, aunque cada lector posiblemente encontrará distintos significados. Lo cual, evidentemente, no hace sino enriquecer la obra de Neely.

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Tragame entera (Nate Powell). La Cúpula, 2009. Cartoné. 220 págs. B/N. 20 €

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Este cómic llega a España precedido de buenas críticas en su país natal y el reconocimiento de los premios Ignatz, lo que a priori la hace merecedora de atención y lectura. Si a eso sumamos que trata con cierta seriedad y conocimiento un problema como la esquizofrenia, las razones para leerlo aumentan. Y sí, lo cierto es que Powell da en el clavo más de una y más de dos veces cuando intenta transmitir la angustia, la extrañeza y, sobre todo, la distancia que el enfermo siente de su entorno. Aunque tras la lectura del cómic, tal vez la palabra enfermo no sea la más adecuada, y hablar de trastorno, desarreglo o estado mental no denota más que una serie de códigos aprendidos y aceptados por la sociedad. Trágame entera es un cómic denso y difícil, no de entender, sino de aceptar en muchos momentos, porque algunas de sus verdades no son del todo cómodas. A nivel temático nos encontramos con una obra sólida, potente, con bastantes ramificaciones (adolescencia, relaciones familiares, amistad, responsabilidad, integridad) que no acaban siempre de ser explotadas, y con elementos simbólicos interesantes pero no demasiado trabajados. Hay demasiado de “quiero y no puedo” en este sentido, y algunas páginas menos, algunas secuencias menos, habrían beneficiado al conjunto. También en el reverso negativo encontramos las trabas que el propio autor pone a la comprensión del relato debido a sus carencias como narrador. En más de una ocasión logra transmitir mediante la imagen la angustia, la sensación de peligro e inseguridad, pero en muchas otras alarga en demasía las secuencias o las estructura de manera poco clara. Por comparar con un referente que casi todos conoceréis, esta obra sería lo inverso a Arrugas: la profundidad y ambición a la hora de tratar un tema complejo y serio que le faltaba a la obra de Paco Roca, la encontramos en Trágame entera, que sin embargo carece de los recursos (no sólo gráficos, sino también estructurales, rítmicos y armónicos) de aquella.

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No te olvides de recodar (Peter Kuper). Astiberri, 2008. Rústica. 240 págs. Bitono. 21 €

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Kuper hasta el momento se había dedicado sobre todo al cómic, digámoslo así, político y/o comprometido (La Jungla), cuando no directamente sociológico-filosófico (La metamorfosis), sin olvidar la ración mensual de Spy Vs Spy que desde hace años publica en la revista MAD. En esta ocasión cede a la moda imperante y se marca la “novela gráfica autobiográfica” de rigor, con resultados bastante discutibles. Se puede decir que en líneas generales, No te olvides de recordar es muy anecdótico, centrándose en sus escarceos con el sexo y las drogas en su adolescencia y juventud por una parte y en el momento actual, en el que está a punto de ser padre, por otra. El problema es que su vida no es especialmente interesante, diferente o cargada de simbolismos, y tras terminar la lectura del tomo la impresión es de haber leído algo bastante intrascendente que el autor ha escrito para sí mismo sin preocuparse demasiado por el lector. Es demasiado predecible, sobran páginas y anécdotas, y sorprendentemente pasa de puntillas sobre el derrumbamiento de las Torres Gemelas, del que como neoyorquino fue prácticamente testigo directo. Tampoco parece demasiado acertado el tono elegido y la ruptura constante de la cuarta pared, que aportan un aire impostado a las páginas. Vaya, cuántas cosas malas, ¿no? La verdad es que en realidad tengo que decir que no me he aburrido en ningún momento leyendo este libro, que algún que otro momento me ha parecido brillante, y que muy a menudo es bastante divertido. Tal vez el problema de No te olvides de recordar es que, conociendo otros trabajos e inquietudes de Kuper, uno esperaría algo más intenso y enfocado, y no esta sucesión de gags, anécdotas y pensamientos intrascendentes que hacen un libro interesante pero no imprescindible.

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Gato saliendo de una bolsa y otras observaciones (Jeffrey Brown). La Cúpula, 2008.

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A pesar de que Brown es conocido en España principalmente por su “trilogía de las novias” (formada por Torpe, Inverosímil y Cualquier sencilla intimidad), que para muchos representa el epítome de lo “gafapasta” (historias autobiográficas, carentes de acción y a menudo de argumento clásico, dibujadas de un modo naíf), Brown es un tipo que también sabe hacer cómics de superhéroes muy divertidos (Bighead, Lobezno) y, lo crean o no, es un gran dibujante. Es un gran dibujante porque sabe adaptar su trazo, su nivel de detalle, sus fondos, su planificación y su ritmo a lo que quiere contar, y por eso la “trilogía de las novias” tiene un estilo tan diferente al de sus cómics paródicos y estos a su vez son tan diferentes de este Gato saliendo de una bolsa y otras observaciones. El libro ofrece lo que su título insinúa: observaciones de una o dos páginas, generalmente mudas, de las reacciones de su gato a distintos estímulos. Es decir, Brown se ha sentado en su sofá, se ha quedado mirando a su gato, y después se ha pasado largas horas ideando cómo trasladar al papel el ritmo del movimiento de un gato, su lenguaje corporal (¡incluidos sus gestos!) y, muy especialmente, la sensación que estos animales provocan en sus dueños. Y sin duda Brown ha dado en el clavo, firmando un libro más que interesante donde despliega una cantidad de recursos narrativos apabullante sin necesidad de que en ningún momento lo parezca. O lo que es lo mismo, haciendo que lo difícil parezca fácil y natural. Todo un reto, realizar un álbum a base de pequeñas anécdotas, sin textos de apoyo, sin gestualidad humana, prácticamente sin diálogos, un reto del que Brown sale perfectamente airoso. Seguro que los amigos de los gatos disfrutan mucho de este cómic, porque reconocerán muchas de sus páginas y se sentirán identificados con lo narrado, pero seguro que también los amigos de los buenos cómics (suponiendo que ambos grupos no se solapen) encontrarán en este libro una obra fascinante y digna de muchas relecturas.

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La laguna (Lilli Carré). La Cúpula, 2009. Rústica. 92 págs. B/N. 10 €

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Por algunas páginas que había visto aquí y allá tenía muchas ganas de leer La laguna, de la autora de cómic y también animadora Lilli Carré, y al final el regusto tras su lectura ha sido ligeramente agridulce. En general soy bastante amigo del género de terror y de lo inquietante, y en ese sentido Carré cumple bastante bien con lo que las páginas de muestra prometían. Narrado con la voz con la que se narran los cuentos infantiles, La laguna presenta al monstruo habitante de la idem y las relaciones que entabla con cada uno de los miembros de una familia en apariencia normales pero que en el fondo guardan anhelos y obsesiones muy personales. El tono (amable, relativamente frío y distante) contrasta con la peripecia (extraña, relativamente macabra) y es esta atmósfera sugerente lo más logrado del libro. El dibujo de Carré, que conjuga los negros profundos de Charles Burns con la inexplicable sensación de molestia que desprenden los personajes de Paco Alcázar, funciona bien en la historia, y a la hora de narrar ejecuta un par de juegos curiosos con el ritmo de las secuencias (el ritmo, la música, son elementos importantes del relato), aunque tampoco es que estén especialmente logrados. Toda la obra desprende una tremenda nostalgia que se mezcla con el aire general de demencia dando lugar a sensaciones encontradas difícilmente definibles. La incomunicación es tal vez otro de los puntos que quiere remarcar Carré, y por supuesto el hecho de que nunca llegamos a conocer a nadie de verdad. Cuando decía al principio aquello del ligero regusto agridulce, lo hacía pensando en todo lo que Carré se deja en el tintero, en las oportunidades de desarrollar sus personajes (sus temas, en realidad) desaprovechadas, en lo anecdótico de la trama… Un cómic interesante y prometedor que, sin embargo, no acaba de cuajar a todos los niveles. Una recomendación con reservas.

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Bottomless belly button (Dash Shaw). Apa-Apa Còmics. Rústica. 720 págs. Monocromo (marrón sobre blanco). 27 €

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Oh, vaya, este ya lo comenté el mes pasado… pero no quería dejar de recordar lo BUENO que es y que sale a la venta mañana (y que aquí tenéis un adelanto de 24 páginas). Por cierto, uno de vosotros puede tenerlo gratis.

Y con esto y un bizcocho, hasta el mes que viene.

Alberto García (el tio berni)
www.entrecomics.com

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José Torralba
José Torralba(@jtorralba)
15 abril, 2009 15:37

Interesante repaso. Dicho lo cual, y teniendo en cuenta que tengo en gran estima tu opinión, ese Ombligo sin fondo cae seguro (Super Spy ya lo hizo hace tiempo). También me ha llamado mucho la atención Gato saliendo de una bolsa y otras observaciones (soy amante de los buenos cómics, pero no tanto de estos felinos… soy más perruno).

Como siempre un lujazo tenerte por aquí, Alberto. Nos leemos el mes que viene.

Supra
Supra
15 abril, 2009 16:17

Interesante, me gusta mucho el estilo de «El borron». Algo caera gracias a estas reseñas…

sputnik
sputnik(@sputnik)
Lector
15 abril, 2009 16:57

Ombligo profundo y la laguna me llaman.
Gato saliendo de una bolsa tiene pinta de ser técnicamente curioso, pero no tengo yo efectivo para comprarme lecciones magistrales de narración gráfica sin historia xD. 

Blade Runner
Blade Runner(@blade-runner)
Lector
15 abril, 2009 18:35

Yo tengo tres gatos y continuamente salen de bolsas… y se meten en los armarios, y revuelven los cajones, y lo ponen todo patas arriba…
Si supiera dibujar me daría la experiencia para tres o cuatro tomos ^_^U   Como dice sputnik también ando flojo de efectivo, así que de momento pasaré del libro… a ver si más adelante…
Del resto, el SuperSpy ya lo tengo (of course!) y a los demás sería interesante echarles un vistazo en persona…

Raul Lopez
Raul Lopez(@rlopez)
Admin
16 abril, 2009 23:05

Llego tarde pero llego 😉 excelente aportación Alberto, bienvenido todo lo que sea descubrir obras que de otra forma pasarían por alto, además de sumarme a las recomendaciones de Super Spy el que creo que terminará cayendo es Tragama entera, con lo que has explicado de la obra has conseguido captar mi atención por completo de la obra 🙂

santibilbo
santibilbo
17 abril, 2009 16:18

Pues a mi No te olvides de recordar me ha gustado bastante, no sólo por su brillante humor, sino sobre todo, por la contraposicion entre el estilo expresionista del autor y el slice of life.La cuarta pared derruida ya me parece normal