«En muchas culturas, existen toda clase de mitos sobre los hongos por sus formas extrañas y su naturaleza tóxica en ocasiones»
Aunque en literatura no ha alcanzado la proyección mundial que en Estados Unidos o Rusia ha tenido tradicionalmente el género, la ciencia ficción japonesa ha dado grandes muestras en el manga y el anime, a través de obras de renombre conocidas a lo largo y ancho del planeta, como Astroboy, Capitán Harlock y el resto de obras que componen el Leijiverso, Akira, Mobile Suit Gundam, The Ghost in the Shell, Neon Genesis Evangelion o Blame!. Incluso algunas obras pertenecientes al subgénero de los isekai podría encuadrarse en este género, dado el uso de elementos de carácter científico en contextos de ficción.
Una de las temáticas más recurrentes en las historias de ciencia ficción son las invasiones alienígenas, en las que la Tierra recibe la visita de civilizaciones extraterrestres con el fin de subyugar a la población mundial y conquistar nuestro planeta para satisfacer sus ansias expansionistas, apropiarse de los recursos naturales del planeta o esclavizar a sus habitantes. En la mayoría de los relatos, los habitantes del planeta responden ante los actos de sus invasores defendiéndose y organizando un contraataque que elimine la amenaza venida del espacio, pero en algunas ocasiones estos relatos concluyen de manera desesperanzadora, elevando al máximo exponente la inquietud y preocupación que suponen las alegorías realizadas por los autores a través de ellas.
La edición de manga en nuestro país es aún muy reciente, comparada con la de otras tradiciones de los continentes europeo y americano, por lo que todavía abundan los autores que, por desgracia, no han visto publicada ninguna de sus obras en España. Este era el caso, hasta la publicación de este volumen, de SHIRAKAWA Marina, autor curtido en las kashihon ya, las librerías de alquiler surgidas tras la II Guerra Mundial en Japón, que tuvo un debut tardío. De carácter autodidacta, se especializó en la creación de historias de ciencia ficción centradas en las invasiones extraterrestres y se vio muy influenciado por el cine estadounidense de ciencia ficción.

En el apartado artístico se percibe una gran influencia del dibujo de UMEZZ Kazuo, padre del manga de terror y autor de mangas como Aula a la deriva, El chico de los ojos de gato, Bautismo o La casa de los insectos, y de NAKAZAWA Keiji, autor de la conmovedora Pies descalzos. Shirakawa presenta, por tanto, un estilo de dibujo clásico, propio de la década de los 70, caracterizado por su gran plasticidad, sus formas redondeadas, la gran capacidad expresiva de sus personajes y la habilidad para demacrar su físico hasta convertirlos en grotescas masas parasitadas por hongos que eclosionan desde su interior.
Si bien dichas características suponen para mí un argumento positivo para alabar el dibujo de su autor, también hay que destacar que presenta aspectos negativos, como la falta de habilidad para dotar a las páginas de dinamismo, mostrando un dibujo excesivamente estático que en ciertos momentos no acompaña a la tensión de la obra y recuerda más a unas ilustraciones que acompañan al texto de una novela. Además, esta percepción se ve incrementada por el abuso de páginas estructuradas en una única viñeta, que en ciertos pasajes dan la sensación de ser elementos aislados del desarrollo argumental, sin que se establezca un nexo narrativo entre ellos.
La invasión de los hongos del espacio se publicó originalmente en Japón en 1976. Su argumento comienza con un ovni estrellándose en las montañas de Japón, cerca de una cabaña en la que se encuentran Aoki, un joven estudiante que estaba disfrutando junto a sus compañeros de clase de una excursión a las montañas de Ubagatake cuando sufrió un accidente que le produjo un esguince que le impedía caminar, y el señor Sada, su profesor, que se quedó junto a él en la cabaña de un anciano montañés a la espera de que pudiese caminar para volver a casa.
Al producirse el impacto cerca de donde ellos se encontraban, acuden raudos a averiguar de qué nave se trataba y qué había ocurrido con sus ocupantes. Posteriormente son llevados por los agentes del gobierno, que pretende imponer el silencio y correr una cortina de humo sobre este suceso, escondiéndolo de la opinión pública. A pesar del intento por parte del gobierno de mantener en secreto el suceso y la existencia del ocupante alienígena que viajaba en la nave espacial, en el lugar del impacto comienzan a aparecer hongos que, poco a poco, comenzarán a reproducirse y a parasitar a los seres vivos que se encuentran a su alrededor, transformándolos en abominaciones deformes que se vuelven contra los seres humanos. Ante este horrible panorama, Aoki y el señor Sada inician una carrera para salvar a la humanidad.

En esta obra, Shirakawa usa de manera muy eficaz la figura de los hongos, seres vivos muy diferentes de las plantas y los animales, con unas particulares formas de llevar a cabo su nutrición y reproducción que los convierten, junto a su, en ocasiones, grotesca morfología en un elemento muy útil para producir repulsión y malestar en los lectores. Lo más interesante de todo es que el autor engarza el desarrollo de esta historia de ciencia ficción y terror con el folklore japonés, incluyendo a lo largo de la historia relatos tradicionales en los que los hongos juegan un papel importante y que, además, guardan relación con el desarrollo argumental, aunque de esta manera interrumpe el pulso narrativo de la historia.
Diábolo Ediciones, que lleva unos años haciendo una interesantísima recuperación de grandes obras del cómic americano entre las que se encuentran sus fabulosos volúmenes destinados a recopilar las series publicadas por EC Comics, debuta en la edición de manga de una forma inmejorable con este tomo que recoge de manera íntegra este título de Shirakawa. Se trata de un volumen de tamaño A5 (15×21 cm), de encuadernación rústica con cuadernillos cosidos, por lo que es muy manejable a la vez que resistente. La reproducción de las páginas goza de buena calidad y la traducción de David Heredia Pitarch está a la altura de las circunstancias, ya que con gran acierto la dota de un tono cercano a la ciencia ficción clásica y el folklore japonés, a la vez que se percibe fresca y familiar, como si se tratase de una obra escrita en la actualidad.
Además, la edición cuenta con el valor añadido de incluir dos textos presentes en su edición estadounidense, que funcionan muy bien conjuntamente como prólogo para dar a conocer la figura y la obra de Shirakawa. El primero de ellos está firmado por UDAGAWA Takeo y presenta tanto la aparición y el desarrollo del fenómeno de la ufología en Japón como los episodios fundamentales de la vida del autor de este manga. El segundo ensayo es obra de Ryan Holmberg, una de las voces más respetadas en la divulgación de manga a nivel internacional, en el que hace un repaso de las obras más destacadas de la carrera de Shirakawa.
Dichos prólogos están publicados en sentido de lectura occidental, lo que contrasta con el grueso del volumen, publicado en sentido inverso. Personalmente, y a pesar de ser contrario a nuestra cultura, prefiero que, al tratarse de solo unas pocas páginas, se mantenga el sentido de lectura japonés en todo el libro. En cualquier caso, esto es solo una preferencia personal y no un defecto de la edición, como sí lo es la ausencia de los créditos de rotulación y maquetación del volumen, un aspecto que convendría mejorar en siguientes publicaciones. Este pequeño lunar no empaña la gran labor realizada por la editorial, por lo que espero que den continuidad a la incorporación de manga a su fabuloso catálogo.
Lo mejor
• La inquietante presencia de los hongos a lo largo de toda la historia y su relación con el folklore japonés.
• Su desolador final.
• La cuidada edición de Diábolo, con valiosos textos que contextualizan la obra.
Lo peor
• La dispersión narrativa de Shirakawa, que, a pesar de realizar una interesante relación con la cultura japonesa, distrae de la lectura de la historia.
• Su dibujo es muy estático en ciertas escenas y sus transiciones entre viñetas resultan demasiado abruptas.
• Su precio podría estar más ajustado.









Tiene muy buena pinta, pero se quedó en la librería por el precio. No es que Diábolo sea precisamente la más barata de las editoras, pero con estos precios para el manga no sé cómo les irá.
Ya que mencionas (la falta de créditos de) la rotulación, ¿se traducen y se dibujan por encima las onomatopeyas o se hacen las cosas bien y se dejan en japonés?
Este tipo de manga, en ediciones de tamaño A5 suele rondar ese precio, pero desde luego que ojalá fuese más barato y más gente se animara a leerlos.
Las onomatopeyas se dejan en japonés y llevan una pequeña traducción junto a ellas. Es un aspecto ya tan establecido correctamente que se me pasado nombrarlo. Gracias por recordarlo.
Bueno, las kanzenban suelen ser en A5, con más páginas y algo más baratas (aunque hoy en día sean sólo un par de euros), por eso lo decía. En comparación este tomo es carillo.
Lo de las onomatopeyas lo preguntaba porque, aunque como bien dices es algo muy establecido, llevamos unos años de clara decadencia en ese aspecto. Véanse las últimas ediciones de Paradise Kiss, Shaman King (ambas de Ivrea) o Maison Ikkoku (Planeta), por citar unos pocos casos en los que se borran las originales y se rotulan en castellano por encima, haciendo auténticos desastres.
Por este tipo de manga me refería a los clásicos publicados por Gallonero o Satori, e incluso los de Taniguchi de Ponent Mon. Todos tienen una base de lectores pequeñita y se mueven en estos precios, aunque no por ello dejan de ser caros, efectivamente.
No sabía lo de las onomatopeyas en Maison Ikkoku, porque tengo la edición de Glénat y es con la que me quedo. Qué lástima
Ah, sí, los clásicos (especialmente si no son de Tezuka o algún gran nombre) son todos caretes. Una lástima.
Corrígeme si me equivoco, que la leí hace muchos años, pero juraría que la edición de Glénat también tenía una rotulación de onomatopeyas como no se debe hacer. De verdad que no entiendo cómo a día de hoy siguen descuidando esos detalles… que además dan más trabajo que dejar las cosas como están en el original.
Sí, tanto Lamu como Maison Ikkoku de Glénat tenían las onomatopeyas traducidas.