Portada de La caja de Pandora, de Ángel de la Calle

Edición original: La caja de Pandora (Garbuix Books, 2025)
Guion: Ángel de la Calle
Dibujo: Ángel de la Calle
Maquetación:: Gabriel Requeiro
Corrección: Joan Abril
Formato y precio: Rústica con solapas. 240 páginas. 24,95€

Memoria de una revolución a medias.

«Empiezo a creer que no teníamos un plan real para cuando se muriese el jodido Franco.»

Gracias a obras fundamentales como Modotti: una mujer del siglo XX (Reino de Cordelia) – nominado como mejor obra y mejor guion en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona y fue Premio de la Crítica- o Pinturas de guerra (Garbuix) – Premio a la mejor obra española en el Salón del Cómic de Barcelona en 2018, Premio de la Crítica a la mejor obra y el mejor guion en 2019, Selección Oficial de Angoûleme en 2019 y Premio a la mejor obra extranjera en 2022 en Brasil- el veterano Ángel de la Calle (Molinillo de la Sierra, 1958) se ha convertido en una figura indiscutible del cómic actual. Dos obras que la trama se construye a partir de una anécdota aparentemente trivial que se convierte en el nexo de unión entre los fragmentos de varias otras historias ordenadas de forma no cronológica que permiten al lector conocer todas las piezas para resolver el puzle que nos plantea el autor para acabar sumergidos en una historia mucho más grande que la suma de sus partes. Ambas obras tienen una parte de autoficción y memoria personal que se va alternado de una forma orgánica con otras en las que entrelaza y explora la cultura y la política de una época determinada, los años veinte y treinta del pasado siglo en la primera y los sesenta en la segunda. Dos lecturas imprescindibles a las que se le une ahora La caja de Pandora para formar una trilogía que hace un repaso por algunos de los sucesos más relevantes de la cultura y política del pasado siglo. Un volumen editado por Garbuix hace un mes coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte del dictador que lleva como subtítulo Vivir y morir en los tiempos de la Transición lo que nos indica que nos encontrarnos con una visión crítica a una parte de nuestra historia que la versión oficial califica como modélica e incruenta. Unas afirmaciones que, con más de 700 muerte violentas provocados por las fuerzas del orden y grupos terrorista de extrema derecha, izquierda y nacionalistas durante el periodo que va desde 1975 a 1983, resultan más que cuestionables dibujando una realidad que parece tan escrita en piedra como la propia Constitución que se aprobó en ese periodo. Una de las varias razones por las que es necesario abordar y cuestionar el retrato de ese periodo para poder construir una memoria realista y fidedigna en lugar de la versión edulcorada e idealizada que se repite como un mantra aparentemente incuestionable.

El cómic comienza cuando el Ángel de la Calle personaje recibe una serie de llamadas en las que le confunden con un olvidado dibujante de cómics asturiano de sus años de juventud que firmaba como Juan Ángel. A partir de ese momento se obsesiona con él y comienza a investigar su obra y recordar su juventud a mediados de los años setenta cuando la dictadura daba sus últimos coletazos. Un viaje al pasado que le permite ver aquellos años con la perspectiva del paso del tiempo y ver cómo muchos de los sueños y esperanzas por los había luchado como joven militante no se cumplieron con la llegada de la democracia al ser un proceso tutelado por el régimen franquista que hizo todo lo posible para que sus crímenes quedaran el mismo olvido que Juan Ángel. Estas dos historias del presente y el pasado del autor se entremezclan con la del fascinante caso real de los japoneses de la Shindo Renmei en Brasil, ya que es el tema que está investigando de la Calle para su nuevo un cómic. Una estructura similar a las de sus dos trabajos previos que gracias a esos retazos nos permite conocer una visión global del periodo.

Con La caja de Pandora, Ángel de la Calle no busca hacer un relato exhaustivo de la Transición explicándonos los sucesos más transcendentales, sino un retrato más sentimental de la lucha de personajes anónimos que con sus pequeños actos también fueron una parte imprescindible del cambio de régimen, pero vivieron con un enorme desencanto, decepción y malestar como la mayor parte de las concesiones fueron suyas y quienes llevaban años ostentando el poder tutelaron por completo el proceso para salir impunes de todos sus crímenes y no perder ninguno de sus privilegios. Aunque la obra se centra sobre todo en las vivencias del joven de la Calle y sus amigos antifranquistas a lo largo de las páginas que tratan esa franja temporal vemos portadas de periódicos que reflejan toda la violencia que marco la época, de forma que podemos ver los acontecimientos más relevantes desde sus ojos. Pero mientras los grandes hitos del periodo se recuerdan los miles luchadores anónimos que son figuras imprescindibles para el cambio han caído en el olvido y parece que la llegada de la democracia fue únicamente por la voluntad de unos pocos.

Además de las luchas políticas, en las escenas del pasado también vemos como el joven protagonista busca dar sus primeros pasos en el mundo de la contracultura en un país que salía de un páramo cultural durante los años de la dictadura. Siguiendo sus pasos y los de Juan Ángel podemos hacernos una idea de las publicaciones de cómic que comenzaban a surgir en aquellos años que fueron la escuela de muchos de los autores que firmaron algunas de las mejores páginas del boom del cómic adulto que estaba a punto de estallar. Pero ver el recorrido de ambos también sirve para hacer una crítica al mundo del arte y a lo rápido que olvida de quienes no se adaptan al modelo imperante y siguen siendo coherentes con su forma de entender su obra. Una crítica al arte que es la protagonista casi absoluta del último tramo del tomo donde vemos dos vidas paralelas diferencias únicamente por el éxito y la cuna. Al igual que Seth en La vida es buena si no te rindes, es inevitable pensar que Ángel de la Calle, en parte, se está buscando a sí mismo en lugar de a Juan Ángel cuestionándose a sí mismo tanto como a la Transición en sus conversaciones con personas reales como Ignacio Taibo II, Lorenzo Díaz o Norman Fernández.

Aunque la historia de los japoneses de la Shindo Renmei en Brasil es casi un MacGuffin como sucede con la búsqueda de Juan Ángel, pero en la obra se convierte en una alegoría de la Guerra Civil, ya que son personas del mismo país matándose entre ellos y de la que apenas se habla. Una historia que resulta tan fascinante y esta tan bien contada que solo ella ya convertiría a este cómic en una lectura más que recomendable, pero junto al resto de lo que nos encontramos se convierte en uno de los mejores cómics nacionales del año.

Visualmente nos encontramos con el mismo estilo que el autor ha cultivado en sus obras anteriores con ese trazo áspero y duro heredero del underground, pero tan fluido como su narrativa. Una narrativa y composición de página que va mutando para adecuarse a lo que pide cada historia. De esta forma en la historia de los japones en Brasil tenemos un tramo en el que se alternan ilustraciones a página completa de los protagonistas con páginas de cómic, en cambio en la parte que relata su relación con Minerva opta por usar solo dos viñetas horizontales por página. Un par de recursos muy bien usado que son un buen ejemplo del fantástico conocimiento de las herramientas del medio del autor.

Ángel de la Calle firma un cómic fabuloso que sabe construir una historia de retazos de otras muchas para obligarnos a cuestionarnos sobre una época de nuestra historia que decepciono a muchos y que es el germen de muchos de los problemas que aquejan a nuestra actualidad. Un retrato crítico, pero no pesimista ni amargado que hace posible que al cerrar La caja de Pandora todavía quede espacio para la esperanza en unas nuevas revoluciones que se vislumbras más necesarias que nunca vista la deriva que está tomando el mundo.

Lo mejor

• Reflejar cómo vivieron los luchadores antifranquistas de base la Transición.
• Lo bien que refleja la decepción y el dolor que para muchos fueron las concesiones ante los franquistas.
• La perfecta mezcla de tantas historias diferentes.

Lo peor

• Que años después todavía se siga contando una crónica de la Transición que minimiza el número de muertos.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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