hideshi hino

Edición original: Kaiki! Jigoku Mandala (怪奇!地獄まんだら)
Edición nacional/España:Mandala, Princesa de las Tinieblas (La Cúpula, 2025)
Guion: HINO Hideshi
Dibujo: HINO Hideshi
Entintado: HINO Hideshi
Color: HINO Hideshi
Traducción: Ismael Funes Aguilera
Rotulación: Iris Bernárdez
Formato: Rústica. 196páginas. 11,50€

Esta niña es un demonio

«Ju, ju, ju»

HINO Hideshi nació en Manchuria (1946), zona ocupada por Japón durante la segunda guerra mundial. Su nacimiento y más tierna infancia coincidió con los últimos años de dominio nipón, por lo que vivió de muy pequeño el regreso de su familia al país de origen. Según parece fue testigo (quizás inconsciente aún) de los horrores de la venganza china, llegando a estar su vida en riesgo. Sea como fuere (recuerdos, subconsciente, historias familiares, postguerra) la obra de Hino parece contagiada por estos hechos.

Dolor, tortura, sufrimiento, violencia explícita, niños terroríficos, demonios, fuerzas de la naturaleza, insectos, suciedad, asco y miedo, mucho miedo…todo regado con una buena cantidad de sustancias viscosas y pestilentes y un punto de vista a veces inocente e infantil, otras despiadado y psicopático. Esta mezcla agridulce de terror, niños raros y un retorcido sentido del humor es la esencia de la obra de Hino.

Sin embargo, subyace a su producción una crítica al abuso de poder, evidenciando que a veces los peores monstruos son humanos “normales”, protegidos por un sistema de creencias y prejuicios que marginan al diferente. La obra de Hino tiene mucho de venganza. El manga que nos ocupa, publicado en 1982, llega por primera vez a nuestras tiendas gracias a La Cúpula. Entonces, Hino ya era un autor experimentado, con un estilo propio y característico tanto en lo argumental como el dibujo.

hideshi hino

Sayoko es una niña nacida en las entrañas del averno con un ojo de cuarzo que ve cosas que los demás no ven. Nuestra protagonista es nueva en la escuela y recibe las consabidas burlas del abusón oficial. Sin embargo, Sayoko no solo no se arredra, sino que su capacidad para generar terror hace que el abusón salgo con el rabo entre las piernas, o lo que es lo mismo, que sea humillado al, literalmente, cagarse encima de miedo.

Sayoko deviene en una especie de ángel (caído) vengador, de defensora de los débiles. Sin embargo, su naturaleza “infraterrena” se mostrará en hechos aislados, que evitan que encaje con la idea que tienen los demás de una niña pequeña… se alimenta de insectos.

Hino no puede evitar recaer en una de sus obsesiones, la adoración por insectos reptadores, peludos y viscosos. El amor a lo raro, a lo diferente, a lo repugnante es uno de sus temas recurrentes.

hideshi hino

La trama avanza con unos giros extrañísimos e inesperados. Una rara melena persigue al protegido de Sayoko para convertirse en una serpiente. Una sesión de tortura infernal en la que le sacan los ojos de las cuencas a nuestra protagonista. Un duelo con cuervos vampiro donde contrastan los monstruos de tradición occidental con los japoneses (quizás un subtexto sobre invasión cultural). Etcétera.

Cada capítulo de la misma obra funciona casi como relato corto e independiente del resto, dando una atmosfera de extrañeza y un raro arropamiento por un tebeo que funciona con unos cambios radicales en la trama, dejando al lector atrapado y con ganas de más.

Hino trata muchos temas, destaca el cariño por sus personajes raros y feos, por los niños extraños, adoradores (ni que sea gastronómicamente) de insectos, que sin embargos no poseen malas intenciones. Hay cierta conexión con el Sampei de El Niño Gusano.

Hino retrata personajes apartados del resto por diferentes, que sufren el prejuicio y un etiquetaje peyorativo por su rareza. Otro tema recurrente son los ojos como elementos sobrenaturales, objeto de dolor y… siendo uno de los aspectos más característicos de su dibujo.

El autor no deja de hacer un alegato a la diferencia, al individuo, al aceptarse a uno mismo, a amar la diversidad. Los villanos (además de los demonios del inframundo que no dejan de ser fieles a su naturaleza) son aquellos que reivindican la dictadura de la normalidad, de lo homogéneo, del término medio… del “como dios manda”. Una crítica feroz y soterrada a la opresión de una sociedad (¿capitalista?) que premia a aquel que no cuestiona el funcionamiento de un entorno dominado por la mediocridad y los prejuicios normalizados y normativizados.

Mandala, princesa de las tinieblas es un cómic mucho menos sangriento que la media del autor. Aunque no deja de tener su sesión de explícita violencia (gratuita la consideraran aquellos que disfrutan de las escenas gore del autor de Guinean Pig).

Hino posee una narrativa poderosa, flexible, rápida, que no adolece de timidez. Rompe y rasga la página a su antojo para transmitir la intensidad del momento y la emotividad de la escena. Sorprende la modernidad de su estructura de página. La simplicidad de su trazo es un aliciente que permite al lector identificarse con los protagonistas, además de centrarse en la narrativa, o sea la acción.

Los personajes son dulces, algo ingenuos. Incluso los monstruos tienen un punto tierno, como de garabato infantil o monigote hecho con plastilina. Esto eclosiona en un fuerte contraste entre la violencia y la candidez expresiva, además de ser un vehículo poderoso para esconder el humor socarrón y negrísimo del autor.

Hino trastea con las texturas y las sombras, en un juego expresionista que no tiene piedad ni contención, buscando la máxima intensidad en los personajes y la acción.

Aquellos que consideren que es un mal dibujante por su sencillez, que se fijen en el dominio del blanco y negro, de los planos picados y contrapicados. Son una clase maestra de narrativa, de dominio de la “cámara”.

La edición de La Cúpula es atractiva, con una colorida y magnética portada, de un tamaño adecuado para una lectura cuyas páginas tienen pocas viñetas y un dibujo sencillo (caben en casi cualquier huequito de la estantería). Es ideal y perfecta para la montaña rusa emocional y sangrienta de este manga. Sin embargo, adolece de falta de detalles sobre Hino, la obra y la publicación original. Se pierde la oportunidad de hacer pedagogía de un medio y un género que, si bien goza de un éxito considerable, es impermeable a los ojos de otro tipo de lector.

Pero que los árboles no nos impidan ver el bosque, es una gran noticia que La Cúpula haya traído otra obra del maestro. Un manga que rebosa terror psicológico, “mal rollismo” y una buena dosis de casquearía a la japonesa.

Queremos más.

Lo mejor

• Disponer de más obras de un tipo de autor tan poco habitual en el mercado.

Lo peor

• Algunos aspectos de la edición relacionados con la contextualización de la obra.

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