Conformismo apocalíptico
Si hay una temática que marcó la década de los 2010 fue sin duda los zombies. No es que no existieran antes, claro. Desde el clásico de George A. Romero de La noche de los muertos vivientes hasta 28 días después, pasando por fenómenos como la saga de juegos Resident Evil, los zombies siempre han estado presentes. Pero nada fue comparable al éxito masivo de The Walking Dead, la adaptación televisiva del cómic homónimo de Robert Kirkman y Charlie Adlard, obra maestra del medio. Durante años se vivió una brutal fiebre (el chiste se hace solo) de historias de muertos vivientes e infectados varios. Pudiera pensar uno que es un tarro al que no le queda nada por rascar, pero siempre hay alguien capaz de sacar algo más.
Ese algo es Everything Dead and Dying, la nueva serie estrenada por Image Comics y gestada bajo la batuta de la Tiny Onion de James Tynion IV. Y ese alguien son Tate Brombal y Jacob Phillips, dos autores que poco a poco se están haciendo un nombre más que interesante en el mercado estadounidense.

En el caso de Tate Brombal, hablamos de un guionista que sorprendió como autor emergente al asaltar el universo Black Hammer con la formidable Barbalien: Planeta Rojo, una miniserie que utilizaba al personaje creado por Jeff Lemire y Dean Ormston para hablar de la época de la crisis del SIDA y su impacto en la comunidad queer. A partir de aquel éxito lo hemos visto en otros trabajos como La Casa Slaughter, Behold Behemoth o The Oddly Pedestrian Life of Christopher Chaos, además de recientes incursiones en DC con Green Lantern: Dark o Batgirl.
Por su parte, Jacob Phillips está consiguiendo ganarse el derecho a dejar de ser referenciado simplemente como el hijo del legendario Sean Phillips. Además de su ya extensa carrera como colorista de su padre desde Mis héroes siempre han sido yonquis, Phillips se lanzó como artista con That Texas Blood, de inminente estreno en nuestro país, así como en su spin-off The Enfield Gang Masacre, ambas junto a Chris Condon. Poco después sumaría a su haber el noir Newburn, guionizado por Chip Zdarsky.
La serie nos presenta a Jack, un granjero con una apacible vida en las afueras de un pequeño pueblo estadounidense que vive feliz con su marido y su hija. Una vida que se vio golpeada por la llegada de un desconocido virus que convierte a la gente en muertos vivientes… excepto a él. Inmune a la infección, Jack continúa con su rutina rodeado de lo que un día fueron sus vecinos y seres queridos, sin valor para acabar con ellos y, hasta cierto punto, sin necesidad. Pero la llegada de un grupo de supervivientes pondrá patas arriba su extraña vida al ver amenazada a su familia, por muy zombies que sean.

Así se nos presenta Everything Dead and Dying, una serie cuyo primer número hemos podido leer y ha supuesto una grata y fresca sorpresa. Y es que lo que Tate Brombal nos ofrece con su guion tiene un envoltorio parecido a las cosas que ya conocemos, pero con un sabor sutilmente nuevo.
No es ningún secreto que la historia del guionista de Barbalien está influenciada por Los Muertos Vivientes (¿y cuál no?), el propio Brombal la cita como obra básica dentro de su bagaje como lector. La serie de Kirkman y Adlard supo darle un toque mucho más crudo a los zombies, convirtiéndolos en una mera comparsa de las miserias del ser humano cuando es llevado al límite.
La gracia de lo que nos propone Brombal es ese tan habitual giro de perspectivas. Porque otras historias ya nos han enseñado el arquetipo del superviviente que mantiene con vida a los caminantes por puro apego a quienes fueron, pero el foco de esas narraciones siempre se ha mantenido sobre los protagonistas y su manera de enfrentarse o de hacer entrar en razón a dicho trastornado. Aquí, sin embargo, el supuesto trastornado es el centro de todo.
Con una narración muy arriesgada, que va dando saltos entre momentos temporales distintos de manera constante, conocemos a Jack, a sus difuntos familiares y sus motivos para vivir como vive. Y de algún modo, siempre dentro de la fantasía de la premisa… resulta convincente. Brombal nos escribe a un protagonista con el que es imposible no empatizar, sentir su profundo pesar y comprenderlo. Y a su vez, nos hace tener constantemente en la cabeza quiénes eran esos zombies que pueblan las páginas, tener presente que fueron personas con sus sueños y sus vidas, y que quizás, en el mundo real, no sería tan sencillo liarse a pegar tiros en la cabeza a aquellos a los que quisimos, por muy zombies que sean.

Por su parte, Jacob Phillips logra ejecutar un trabajo de gran calidad. El estilo del artista de Newburn demuestra un manejo de la narrativa soberbio, máxime teniendo en cuenta el complejo juego de superposición de líneas temporales y ensoñaciones a las que recurre el guion para introducirnos poco a poco en la desoladora rutina de Jack. Y Phillips lo ejecuta con mano de hierro, dirigiendo las escenas con una calma arrolladora que desata una tensión y una inquietud insoportable enmascarada por ese halo bucólico con el que nos intenta engañar la obra. Su estilo es rudo, muy en la línea del propio Adlard o de su padre, y en esta ocasión decide no colorearse a sí mismo para dejarle el sitio a Pip Martin, su habitual asistente de coloreado. Es algo que se nota, porque el color de Phillips suele ser muy característico, pero no para mal: el debut de Martin es muy competente, y la colorista logra entregar un trabajo muy potente.
Valoración: el primer número de Everything Dead and Dying es una de las novedades más frescas de lo que llevamos de año. Tate Brombal y Jacob Phillips le dan un enfoque nuevo al trillado género de zombies y nos introducen en una historia donde lo que prima son las emociones y el sufrimiento de su protagonista, muy por encima de cualquier tiroteo o giro trepidante. Una pequeña joya para la que espero grandes cosas.
Guion - 9
Dibujo - 8.8
Interés - 9
8.9
Amarga
Tate Brombal y Jacob Phillips le dan un giro de tuerca al género zombie con un arranque conmovedor y muy prometedor.








