El detective de la mafia
«Verá Detective, si los hubiera ayudado cuando era poli habría sido un corrupto»
Si bien es complicado dar una definición exacta del género negro, todos tenemos una idea en la cabeza cuando hablamos de “noir”. Escenarios oscuros, juegos morales, corrupción, confrontación de ideales o personajes de aura misteriosa están a la orden del día en sus historias, pero lo cierto es que es un género que, aunque pueda aparecer en su forma más pura, tiene tendencia a mezclarse bien con otros estilos y géneros artísticos. La ciencia-ficción de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la fantasía de Penny Dreadful, el realismo de The Wire… pero si hay algo con lo que se une, hasta el punto de llegar a confundirse entre ellos, es con las historias policíacas. El noir tiene mucho que ver con el mundo del crimen, pero no necesariamente sus historias implican la resolución o la investigación de algún delito. Seguro que se nos ocurren muchos ejemplos. Newburn no es uno de ellos, de hecho es el ejemplo perfecto de mezcla entre policíaco y noir.
Abrir Newburn es abrir la puerta a aquellas series de televisión que llevamos viendo desde pequeños, que han tenido su punto álgido en los ochenta y, de nuevo, en la primera década del presente siglo. Aquellas en las que cada capítulo es la resolución de un caso, mientras poco a poco vamos conociendo más cosas de los misteriosos protagonistas, siendo el hilo que une cada uno de los episodios lo que sucede en sus vidas y cómo algunos de los casos les afectan personalmente. Pero también es abrir la puerta de los tópicos del género negro y las diversas serializaciones que se podían adquirir de forma novelizada o en revistas desde que se popularizó en los Estados Unidos hace ya la friolera de cien años.
Newburn es una serie muy clásica en ambos géneros, el negro y el policíaco. Con esta frase ya debería bastar para que quienes se quieran acercar a este tomo se hagan una imagen mental. Pero lejos de agotarse ahí, hay que admitir que todos esos conceptos están muy bien modernizados, oliendo a rancio cuando tiene que oler y sabiendo fresco cuando es necesario. Con los nombres de sus creadores, quienes estén muy metidos en esto del cómic, es suficiente para saber aquí calidad hay.


Esta colección nos lleva a Nueva York para ponernos en el pellejo de Newburn, un exagente de policía con una gran habilidad para resolver crímenes que se ha reconvertido a detective privado. Pero con un pequeño detalle, que no trabaja para cualquiera, sus únicos clientes son las grandes familias de la mafia de la ciudad.
El personaje se presenta ya avanzado, como un hombre que se siente cómodo jugando a un peligroso juego donde utiliza a todo el mundo, incluidos la policía o la prensa, a su antojo para obtener lo que quiere. Su pretexto, que decida quien lo lea si es algo real o un autoengaño, es que gracias a él las mafias están controladas y no se lanzan unos contra otros. Las dobleces morales están presentes desde el primer minuto.
Newburn es el arquetipo de investigador inteligente, que se las da de intocable pero que siempre acierta en el clavo. Para que entremos bien en su vida y vayamos pelando todas las capas que tiene el personaje, que no son pocas, tenemos a Emily, un personaje que aparece como figurante en un principio y que pasará a ser su ayudante. Un recurso tan trillado como efectivo para que lectores y lectoras entremos de lleno en la historia, dando además un contrapunto moderno e interesante al cómic, sin pasarse de rosca, sin exageraciones y con un toque bastante realista. En algún capítulo llegando a ser más interesante que el propio Newburn.
Sin duda la fuerza de esta historia está en los personajes. Los casos son muy entretenidos, como se podía esperar de estos artistas, pero la evolución de Newburn y Emily, o cómo nosotros vamos conociendo sus múltiples grises morales, es lo interesante de esta serie. Realmente es un tomo que se puede leer con mucha calma, al contrario que la mayoría de series actuales que viven del cliffhanger, el sistema de una historia un cómic le sienta de maravilla, pero se hace difícil no ir a por la siguiente cuando tienes el tomo en la mano. Newburn es adictiva.


Esto no es algo que resulte extraño teniendo como guionista a Chip Zdarsky. Obviando que se ocupó de los supers famosos más ligados al noir, como son Batman y Daredevil, y sus diversos aciertos por esos lares, el canadiense es co-creador de maravillas como Sex Criminals, Stillwatter o la más reciente Dominio Público, tiene en su haber premios prestigiosos y, lo que más nos interesa, una capacidad asombrosa para hacernos sentir a los personajes. En Newburn no es menos. Si te gusta Zdarsky, como mínimo este cómic te va a hacer pasar un buen rato.
Estaba pensando cómo hacer seguir esta reseña sin mencionarlos, pero es imposible porque son los reyes del noir actual y porque Jacob Phillips es digno hijo de su padre. Ed Brubaker y Sean Phillips son los referentes actuales del género negro, en toda su variedad de mezcla de estilos, y es innegable que Newburn encaja ahí como una pieza más. Tampoco se puede negar que se nota que Zdarsky y Brubaker tienen herramientas diferentes para definir a sus personajes, si ambos están o no a la misma altura que lo decida cada uno, pero son dos autorazos y estoy seguro que, repitiendo la frase del anterior párrafo, si sigues a ambos como mínimo este cómic te va a hacer pasar un buen rato.
Pero lo cierto es que el apartado gráfico está muy cerca del trabajo de su padre. ¿Podemos decir que no es muy original? Podemos, pero yo me quedo mejor con dos detalles, que aunque el estilo sea muy similar, que no igual, al de su padre, teniendo en cuenta que aquí se colorea él y que es el colorista habitual de los últimos trabajos de Sean Phillips con lo que el parecido aumenta, Newburn está muy bien dibujado, y que este es su tercer trabajo de creación propia, tras That Texas Blood y su spin-off The Enfield Gang Massacre (que esperemos se publiquen aquí algún día). Jacob Philips es joven, ha entrado muy bien en la industria y le queda mucho camino. Por mucho que se parezca a su padre, en Newburn demuestra herramientas que le auguran un buen futuro.
Seguramente todo esto lleve a la gente a decir, con razón, que Newburn no es una obra muy original, pero con una ejecución como esta se demuestra que en ocasiones la originalidad está sobrevalorada.
El tomo que publica Planeta es el habitual cartoné al que nos tiene acostumbrados, solo que este primer tomo de Newburn contiene ocho números, la mitad de la serie, a 20 euros, lo que no está mal teniendo en cuenta los precios actuales. Esperaremos con ansias el segundo volumen, pero con estos nombres todo parece indicar que vamos a estar ante una serie muy redonda.
Lo mejor
• Newburn y Emily, dos grandes personajes muy bien construidos.
• Cada historia es una pequeña perla.
• ¡Cómo no! El apartado gráfico.
Lo peor
• Quien busque una obra muy original se va a llevar un chasco, está muy apegada al noir y al policíaco.
Guión - 8.2
Dibujo - 8
Interés - 8.2
8.1
Un noir policíaco que merece la pena degustar.








