
La libertad no es un estado sino un proceso: solo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe. Solo la cultura da libertad.
«Venimos a acercar a las aldeas lo mejor de la República.»
La frase que he elegido para titular esta reseña es de Miguel de Unamuno y sirve como perfecto resumen de lo que buscaba la Segunda República cuando comenzó el proyecto de las Misiones Pedagógicas. Una iniciativa que trato de acercar la cultura a unos sectores de la población que la tenían vedada por diversos motivos, normalmente una mezcla de factores económicos a los que se unía el vivir muy alejado de las ciudades. Unos años en los que, a diferencia de lo que sucede ahora, no saber o poder leer era motivo de tristeza y pena no de orgullo como sucede ahora, como hemos podido comprobar recientemente con alguna influencer o varios deportistas de elite a los que seguramente habría que ofrecerles alguna iniciativa similar para expandir sus mentes. Esa iniciativa suponía un enorme progreso para la población, pero, como sucedido con tantas otras promovidas por el gobierno democrático de la Republica quedo en el olvido cuando el fascismo gano la Guerra Civil y se encargó en revertir muchos de esos avances aplastando muchos de los derechos conquistados. Así que tras cuarenta años de dictadura muchas de esas iniciativas han quedado en el olvido y muy poca gente tiene conocimiento de ellas. Por eso es bueno que se den a conocer en obras como el cómic de Enrique Bonet (Málaga, 1966) y Joaquín López Cruces (Granada, 1957) El otro mundo que publicó a finales de agosto Astiberri.
Enrique Bonet (El juego de la luna, La araña del olvido) y Joaquín López Cruces (Por el camino yo me entretengo, Vietnam y Camboya, Bajo un rayito de sol) toman como base para El otro mundo las experiencias reales de la Misión Pedagógica desarrollada en varios pueblos de la Alpujarra granadina en agosto de 1933 en la que figuras conocidas de la cultura como el cineasta José Val del Omar y el escritor y poeta Antonio Sánchez Barbudo llevaron a esos pueblos aislados la cultura a través de libros, películas, teatro, pinturas, música, avances tecnológicos y científicos, además de charlas sobre educación cívica que les enseñaban sus derechos. Una tarea que no era nada sencilla, ya que se tenían que enfrentar tanto con los caciques locales y los curas que querían que nada cambiará y el pueblo siguiera siendo mayoritariamente iletrado para proteger sus privilegios como con los prejuicios de muchas de las personas para las que se habían ideado las misiones. Una lucha entre el progreso y el inmovilismo interesado que nos permite ver el choque cultural entre dos formas de ver el mundo totalmente antagónicas que explica a pequeña escala lo que luego serían los dos bandos que se enfrentarían tras el golpe de Estado.
El cómic pone el valor la importancia de la cultura para conseguir ser los más libres posibles, ya que para los regímenes totalitarios las ideas que transmite la cultura sobre posibilidad de transformación social son un peligro de primer nivel. Por eso a lo largo de la historia siempre han atacado a la cultura y han tratado de silenciarla o vender un falso discurso en el hablan de una cultura neutra discurso, que es una forma elegante de llamar a una cultura afín a su ideología. Un ataque a la cultura que vemos a diario en EE. UU. y que también tiene algunos adeptos en nuestro país. Pero la obra también nos habla del miedo al cambio y de los complicado que es cambiar según que creencias, por eso vemos que los niños son los grandes aliados de los miembros de las Misión Pedagógica que protagonizan el cómic ya que ellos tienen una mirada más limpia libre de prejuicios. Otro choque frontal con la tradición era la forma en la que se impartían esas nuevas enseñanzas donde no había ningún resquicio para los castigos físicos ni los malos modos.

Además de explicarnos lo que hacían las Misiones Pedagógicas El otro mundo nos permite vislumbrar un reflejo de la realidad de las poblaciones más rurales a principios del s. XX y una organización social que era similar en todas las poblaciones pequeñas donde las “fuerzas vivas” (el cacique, el alcalde, el cura y la guardia civil) regían con mano de hierro el destino de todo el pueblo. Aunque Neveros, el pueblo en el que se desarrolla la historia, es ficticio como algunos de los personajes principales lo que nos nuestra es una realidad común a todo el país. Un mundo rural que, antes y ahora, está demasiado abandonado y solo nos parece importar lo que sucede en las grandes ciudades, pero no todo el mundo pensaba así y grandes figuras de la cultura pusieron mucho empeño en cambiar la situación.
La trama del cómic de Enrique Bonet y Joaquín López Cruces se articula en torno a tres personajes femeninos María, una maestra que forma parte de la Misión, Tizná, una niña que vive en el pueblo en una situación de extrema pobreza, y el fantasma de una anciana que acaba de morir. Ellas representan el presente, futuro y pasado del pueblo y del país, pero también el contraste entre la ciudad, el pueblo y onmipresente mundo de la muerte. Las tres tiene algún elemento en rojo que marca un fuerte contraste con los colores apagados que vemos en el resto de obra que nos remiten al sepia de las fotografías y al blanco y negro de los documentales de la época.
En el apartado gráfico Joaquín López Cruces hace un trabajo maravilloso recreando los pueblos de la época. Siempre con una economía de líneas y claridad que no supone una merma para el detalle con el que los refleja. El estilo de dibujos nos recuerda inmediatamente a la línea clara de cabeceras como Cairo en la que vieron la luz algunos de sus primeros trabajos y que mezcla la limpieza de la línea que mencionábamos con anterioridad con una claridad narrativa que provoca que la obra se lea con extremada facilidad, incluso para aquellos que no están familiarizados con el lenguaje del medio. También hay que destacar la maravillosa portada que sabe reflejar la fascinación y sorpresa que los campesinos sentían al contemplar algunas de las maravillas que les enseñaban los miembros de las Misiones.
La edición cuenta con la calidad habitual de los cómics editados por Astiberri, como extras el volumen incluye un extraordinario apéndice escrito por Enrique Bonet que permite conocer mucho más la labor de las Misiones pedagógicas.
Con El otro mundo Joaquín López Cruces y Enrique Bonet sacan del olvido todo lo que hicieron las Misiones Pedagógicas, una iniciativa que quiso llevar la educación y la cultura a todos los rincones del país para hacer a sus habitantes más libres. Pero también nos dejan ver el caldo de cultivo que llevo al país a una dictadura que representaba todo lo contrario a la libertad que defendía esta maravillosa iniciativa de la Segunda República.
Lo mejor
• El reflejo del choque entre dos mundos antagónicos.
• El retrato de la realidad del pueblo tanto a nivel visual como social.
• Lo bien que se ve la importantica de la cultura como camino hacia la libertad
Lo peor
• Que una iniciativa como esta quedara en el olvido.












