Los peligros del poder.
«Los milagros, amigos, son por definición increíbles.»
Si hay algo que ha demostrado la historia de la humanidad es que no hay nada tan peligroso como darle poder a un tarúpido, algo que ha sido una constante. Por desgracia, otra de las verdades absolutas que nos encontramos es que el hombre es capaz de tropezar un millón de veces con la misma piedra y a diario vemos como desde Estados Unidos y otros territorios del mundo con dirigentes que han tomado como buena una forma de actuar marcada por otorgar poder a quien no es capaz de gestionarlo de forma cabal. Precisamente las consecuencias de poner un poder absoluto en las manos menos adecuadas era el argumento de El hombre que podía hacer milagros, un relato fantástico con toques de humor escrito por H. G. Wells y publicado por primera vez en 1898 en The Illustrated London News. Una historia que ya había sido adaptada al cine en 1936 con un guion coescrito por el propio Wells, otra época marcada por el ascenso al poder de peligrosos imbéciles que estuvieron a punto de destruir el mundo. Pero es un tema que está totalmente vigente, así que tiene todo el sentido que José Luis Munuera (Jaén, 1983) se haya decido a adaptarlo al cómic con la imprescindible colaboración de Seydas en el color. Estamos ante la quinta adaptación al cómic de una obra literaria, todas editadas por
El hombre que podía hacer milagros no cuenta la historia de George McWhirter Fotheringay, un gris oficinista de una pequeños pueblo ingles de finales del s. XIX, que descubre de pronto que puede hacer cambiar la realidad con solo desearlo. Es decir, hacer milagros. Pero lejos de convertirse en una bendición para él, este poder le acaba provocando toda clase de problemas que le fuerzan a comprender las consecuencias de sus deseos. Con esta premisa tan sencilla nos encontramos ante una lúcida y afilada sátira sobre el abuso de poder y a la innata capacidad del ser humano para la autodestrucción que Munuera añadiendo varias capas y ampliando los temas que aborda texto original haciéndolo totalmente suyo, pero sin dejar de ser totalmente fiel a lo que quería decir Wells. De forma que la lección moral y la reflexión metafísica del relato permanecen intactas, pero al añadirse varios elementos nuevos como la aparición de una médium, un psiquiatra y un médico posibilitan nuevas lecturas y preguntas que hacen que los diferentes mensajes que encierra la adaptación sean mucho más actuales.
Esos personajes creados para la ocasión no son el único cambio que ha realizado Munuera, ya que también nos encontramos con un Señor Maydig, el clérigo de la localidad donde transcurre la historia y el segundo personaje más importante del relato, algo más mezquino y mucho más ambicioso. Pero también nos encontramos con cambios narrativos que mejoran el original como adelantar al principio el juego con el lector sobre la destrucción del mundo algo que resulta todo un acierto provocando que estemos ante una obra con una estructura circular que potencia toda la capa de humor muy socarrón e irónico, muy british, que tiene su perfecto colofón con un epilogo también de nuevo cuño. Un sentido de humor no de carcajada, pero sin de permanente sonrisa y reflexión que se mantiene bastante rato después de haber dado por finalizada la lectura.
Narrativamente se nota mucho que estamos ante un cuento breve de unas 12 páginas, así que Munuera tiene espacio de sobra para incluir esos nuevos personajes ya mencionados y hacer la trama no se sienta atropellada. Algo vital en una obra que tiene mucho más de reflexión y diálogos que de acción. Unos diálogos que son esplendidos equilibrando la forma de hablar de la época con la actual, y que contrastan con la voz de ese narrador omnisciente que rebosa una ironía deliciosa que recuerda a la del gran Terry Pratchett. Como es habitual las páginas se leen con una gran fluidez y vemos una gran cantidad de recursos que van desde dobles páginas a combinaciones de diferentes planos y un uso del color como elemento puramente narrativo. La paleta elegida por Seydas está formada por tomo ocres para las escenas de día y gammas de azul para los nocturnos, como siempre sirve para potenciar el dibujo dotándolo de matices. El trabajo de diseño es sobresaliente con un protagonista que representa perfectamente a alguien anodino y gris y toda la ambientación está realizado con espero y minuciosidad. El buen hacer habitual de un historietista que sabe perfectamente que es lo que demanda cada obra.
La edición de Astiberri sigue los parámetros de las del resto de adaptaciones literarias de Munuera con un diseño muy cuidado y una reproducción y tamaño perfecto para disfrutar de la obra. Como extras nos encontramos con un prólogo de Véronique Bérghain y un epílogo de Álex Romero ambos traducidos por Rubén Lardín.
Como ya había demostrado en algunas de sus anteriores adaptaciones, José Luis Munuera tiene perfectamente cogido el punto a esas historias literarias que transcurren en el s. XIX siendo capaz de darles una vuelta de tuerca para hacerlas suyas, pero respetando la esencia de los textos originales. Con El hombre que podía hacer milagros nos ofrece un relato los riesgos de dar poder a la persona menos apropiada y la condición humana que está de plena actualidad.
Lo mejor
• Los añadidos y cambios de Munuera aportan mucho al relato original sin traicionarlo.
• Lo bien escritos que están los diálogos.
• El color y la narrativa.
Lo peor
• Que la humanidad no ha aprendido nada y sigue dando poder enorme a auténticos necios.












