Bokko 1 – 4. La defensa de la ciudad de Liang

Analizamos la primera parte del seinen histórico de Hideki Mori, que tiene que ver con la defensa de una pequeña ciudad de labriegos contra un ejército de más de quince mil hombres

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Comenzamos nuestra tarea de reseñar, agrupados por sagas, los diferentes arcos argumentales que Hideki Mori plantea en su manga histórico Bokko.

Para aquellos lectores recién llegados es necesario señalar que existe una primera entrada, a modo de presentación, en la que comentamos todo lo referente al contexto exterior (editorial) e interior (histórico y filosófico). Recomendamos encarecidamente su lectura antes de lanzarnos a comentar, tomo a tomo, el desarrollo de la serie para tener una idea previa de la misma.

Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación trata el desarrollo minucioso de la obra que pretende analizar y por lo tanto, pese a que no se presentan grandes spoilers, puede enturbiar la lectura de la misma.

El primer arco argumental que podemos distinguir del resto, y por lo tanto analizar aisladamente, es el que Hideki Mori desarrolla durante los primeros cuatro tomos de su serie: La defensa de la ciudad fortificada de Liang.

A lo largo de casi 880 páginas asistimos a los continuos intentos de asedio de un ejército de 15000 soldados, comandados por un feroz general que no ha conocido derrota, a una ciudad defendida por apenas 5000 habitantes organizados por un solo hombre que hará lo necesario por preservar el equilibrio de la paz.

Personajes que hacen su aparición en esta saga
Ge Li es el héroe de esta historia. Un decidido guerro-monje Mo Zhe que hará lo necesario por mantener el equilibrio de la paz gracias a su inteligencia e infalible astucia. Superviviente nato, nuestro protagonista es un estratega soberbio que prefiere la defensa al ataque y que posee una gran destreza en el combate cuerpo a cuerpo.
Liang Xi. Excéntrico y derrochador, Liang Xi es el monarca de la ciudad fortificada de Liang. Inepto e incapaz de ver percibir la realidad de su pueblo escondido entre las paredes de su palacio, es una simple marioneta en manos de su grupo de consejeros. Su necedad no sólo pondrá trabas al trabajo de Ge Li, sino al destino de su pueblo.
Liang Shi. Hijo de Liang Xi, Liang Shi es el príncipe de Liang. Joven altivo y desconfiando, en un primer momento recela de Ge Li pero, conforme avanza la contienda, su admiración hacia éste irá an aumento. Con el desarrollo de la trama se convertirá en el líder que su pueblo merece.
Cai Qiu. De aspecto viejo y rostro castigado por el duro trabajo del campo, Cai Qiu es un joven campesino de Liang que, aunque en un primer momento se comporta de forma cobarde, pronto aprende de Ge Li y se convierte en el principal apoyo del monje-guerrero en la ciudad.
Liang Kui. Hijo desterrado del rey hace muchos años por sus deudas de juego, Liang Kui es un bravo y corpulento guerrero que, a diferencia de Ge Li, prefiere el ataque a la defensa. Bebedor y derrochador hasta decir basta, sus imprudencias pondrán en peligro el destino de Liang.
Xiang Yan Zhong. Frío y calculador, Yan Zhong es el general estrella del reino de Zhao al que se le ha encomendado la misión de tomar la ciudad de Liang. Nunca ha conocido la derrota y su orgullo le impide reconocerla. Gran estratega, se igualará a Ge Li en capacidad táctica y pondrá a nuestro héroe en diversos apuros.
Wei Xiang. Mano derecha de Yan Zhong, el comandante Wei Xiang cuenta con la devoción y el apoyo de sus soldados, que pone a disposición de su superior. Fiel subordinado, en ningún momento duda de la habilidad estratégica de su general y sería capaz de caminar junto a él hacia la muerte.
Yuan Yu. Personaje peculiar de gran destreza física, Yuan Yu es un superviviente nato. Las habilidades de este ser mitad hombre-mitad topo al servicio del ejército de Zhao supondrán uno de los mayores peligros para la denfesa de Liang. Jugará un papel fundamental en el deselance de la saga.
Xue Bing. Enigmático y de semblante siniestro, Xue Bing es otro miembro de la orden Mo Zhe a la que pertenece Ge Li. Subordinado directo del actual líder de la orden, será uno de los mayores peligros a los que se enfrentará Ge Li, tanto en ésta como en sagas posteriores. Principal sospechoso de la sombra de corrupción que se cierne sobre Mo Jia.

Comentarios detallados sobre la saga

Las primeras páginas del manga nos sitúan rápidamente en el contexto histórico de la obra comentando algunos datos sobre el momento de la historia china conocido como El período de los reinos combatientes (S. V – III a.C.).

Uno de esos estados, el poderoso reino de Zhao, decide invadir el reino vecino de Yao, al norte, apoderándose de la ciudad fortificada de Liang, próxima a la frontera.

La ciudad de Liang es un bastión estratégico en decadencia que, con apenas 4500 habitantes (labriegos en su mayoría, de los que menos 1500 están en condiciones de luchar), no cuenta con milicia alguna que pueda defender la ciudad. Además, los muros de la misma se encuentran un estado lamentable debido a la falta de mantenimiento.

El rey de la ciudad de Liang es un monarca inepto que, encerrado entre los muros de su palacio, hace poco más que una marioneta manejada por sus consejeros mientras disfruta de excéntricas fiestas llenas de fastuosos banquetes y mujeres. No obstante, ante la ofensiva del estado vecino decide pedir ayuda a Mo Jia.

Como ya vimos en la entrada de presentación, Mo Jia es una orden de guerreros-monje que, siguiendo las ideas de Mo Zi, prestan sus avanzados servicios de defensa estratégica militar a aquellos reinos pobres acosados por ejércitos mayores, sin recibir nada a cambio, con el único objetivo de preservar la paz y el equilibrio entre las personas.

La vanguardia del ejército de Zhao -una tercera parte del grueso total- se sitúa al otro lado de un río próximo a la ciudad de Liang mientras establece los campamentos de cara al asedio. Pese a contar con una ventaja apabullante (5000 avezados guerreros profesionales contra 1500 labriegos), el comandante Wei Xiang decide esperar a su general, que llegará dentro de un mes. Este oficial es Xiang Yan Zhong, un orgulloso y ardiente estratega al mando de 10000 hombres.

La razón pora la que el ejército de Zhao toma tantas precauciones a la hora de atacar una pequeña ciudad en decadencia se debe a que corren rumores de que el rey de Liang ha pedido ayuda a Mo Jia, que ha decidido enviar entre 50 y 100 de sus habilidosos guerreros.

Pese a lo nimia que sigue siendo la cifra defensiva de la ciudad aún sumando cien hombres más, el lector podrá comprender que los Mo Zhe no son soldados comunes y que su fama de inteligentes estrategas defensivos basta para que el ejército enemigo tenga que afinar al máximo su ataque.

Mientras la vanguardia enviada por el general Xiang Yan Zhong se asienta al otro lado del río para preparar el que parece un asedio fácil, a la ciudad de Liang llega un hombre con aspecto de vagabundo, que apenas porta equipo alguno consigo, más allá de unos ropajes desgastados y viejos. El enigmático vagabundo, de mirada penetrante, pide audiencia ante el rey de Liang y se descubre como Ge Li, el guerrero-monje enviado por Mo Jia.

Ante tal imagen, tanto el rey de Liang como toda su corte no pueden hacer otra cosa que tomárselo en broma y tomar a Ge Li como a un pobre loco muerto de hambre. A nuestro protagonista, que ha estado estudiando la vanguardia enemiga antes de llegar a la ciudad, le bastan unas pocas palabras para demostrar que es un Mo Zhe auténtico y que es la única persona que su orden ha enviado para socorrer a los habitantes de la ciudad. Además, Ge Li exige una autoridad superior a la del mismísimo monarca para encargarse de la defensa de Liang de manera plena, sin trabas.

Molestos ante lo que consideran una tremenda ofensa, tanto el rey de Liang como su hijo, el príncipe Liang Shi, deciden dar alojamiento al Mo Zhe en uno de los establos de la ciudad, junto a los campesinos.

Los habitantes de la ciudad de Liang, entre los que pronto corre el rumor de que Mo Zi les ha abandonado a su suerte, tampoco guardan esperanza alguna ante la aparencia de Ge Li. El rechazo de los monarcas, por otra parte, se suma a la sensación de abandono que sienten los campesinos de abandono total.

Así pues, los primeros compases de esta trepidante historia versan entre la creciente amenaza que se cierne sobre Liang y la necesidad de Ge Li de imponerse entre los habitantes de la ciudad como el líder que necesitan para repeler la cometida del ejército rival.

En los días siguientes, el destacamento de Zhao comienza a desgastar psicológicamente a los habitantes de Liang con argucias que van desde clavar cabezas de lobos en picas, situándolas próximas a las murallas, hasta infiltrarse entre la población creando rumores falsos con el fin de acrecentar el miedo y la desesperanza en la ciudad. Los soldados de Zhao también comienzan a hacer uso de las cosechas próximas de la ciudad con el fin de dejar a sus habitantes sin suministros.

La máxima de aprovechar los contratiempos para convertirlos en ventajas es una constante en la figura de Ge Li quien, relegado a vivir entre los labriegos tras el desprecio de la monarquía, se hace pasar por campesino para interceptar y repeler, con sus propias manos, tanto a los infiltrados del ejército enemigo como a los soldados que merman las cosechas de los habitantes de Liang.

Esta serie de éxitos le sirven a Ge Li para hacerse respetar entre el pueblo, quien pronto lo acepta como su protector. Entre estos habitantes encontramos a Cai Qiu, un joven labriego que en un primer momento intenta escapar junto a su mujer pero que pronto se convertirá en el apoyo principal de nuestro héroe en la ciudad.

La creciente admiración que los campesinos sienten por Ge Li, en comparación con la cada vez menor confianza que estos depositan en sus monarcas, llevan al príncipe Liang Shin a desafiar al Mo Zhe con el fin de aclarar quién asumirá el mando total sobre las acciones defensivas de la ciudad.

Nuestro protagonista supera sin muchas dificultades las pruebas que le impone el príncipe y, haciendo uso de originales e inteligentes ideas, consigue numerosas mejoras en la capacidad defensiva de la población. Estos progresos irán desde rehabilitar las murallas de la ciudad (prácticamente en ruinas) hasta ganar el pleno poder de organización y mandato sobre la ciudad de Liang.

El monje Mo Zhe decide abolir todas las diferencias de clases y pone a trabajar a todos los habitantes sin distinción. Gracias al duro trabajo de todos ellos, la ciudad pronto vuelve a tener moral y ciudadanos dispuestos a luchar.

No obstante, estos progresos se verán constantemente zancadilleados, para desgracia de Ge Li.

El primero de estos golpes vendrá con la aparición de Liang Kui, el hijo desterrado del rey quien, pese a la negativa inicial de su padre, llega a la ciudad para organizar la defensa de la misma.

Liang Kui es un guerrero corpulento cuya apariencia y actitud rezuman poderío y bravura. Todo lo contrario a lo que aparentaba Ge Li en un primer momento. Aunque en un pasado fue desterrado de su propio pueblo, ahora vuelve bajo arengas de esperanza y ánimos combativos.

Hideki Mori presenta en este personaje a la antítesis total de Ge Li, no sólo en lo físico, sino en lo estratégico. Liang Kui planea una estrategia abiertamente ofensiva y propone instruir a todos los habitantes en el combate directo, usando cañas de bambú afiladas como lanzas.

Muchos de los habitantes de Liang, que piensan que hasta ahora no han hecho más que trabajar duro bajo las órdenes de Ge Li, comienzan a escuchar los cantos de sirena de Liang Kui y deciden seguirlo, temerosos ante la falta de práctica en combate.

Ge Li comienza a perder popularidad de nuevo y el pueblo comienza a dividirse. Ante esta situación, que amenaza con estancar las obras y con ellas toda la estrategia defensiva propuesta, el Mo Zhe decide reunir a todo el pueblo e imparte una clase magistral de lógica armamentística y militar.

De nuevo triunfal ante los sorprendidos ciudadanos, Ge Li vuelve a imponerse como el candidato perfecto para defender la ciudad de Liang y demuestra cómo incluso el hombre más pequeño, con decisión y astucia, puede vencer al fuerte.

A pocos días del asedio final, un emisario del ejército de Zhao (más tarde descubriremos que es el mismísimo general Xiang Yan Zhong, que en realidad se acerca a Liang para estudiar sus nuevas murallas) llega a la ciudad para proponer una rendición fácil a los habitantes de la misma, sin bajas. Ge Li decide no creer sus palabras, pese a lo que muchos campesinos consideran una salida fácil, y sigue adelante con su plan de repeler a los 15000 soldados de la facción enemiga.

Comienza entonces un asedio que durará varios meses, a lo largo de encarnizadas batallas, en los que podremos disfrutar de algunas de las mejores viñetas bélicas que ha dado el cómic.

Esta batalla, situada hace más 2300 años en el tiempo, no cuenta con la espectacularidad de las armas de hoy en día, pero sí con hombres dispuestos a darlo todo por defender su vida. Las imágenes son fuertes, los enfrentamientos encarnizados, y en más de alguna ocasión el lector no podrá evitar apartar la mirada ante escenas de soldados ensartados, estampados, quemados o directamente destrozados. El lector que se meta de lleno en la lectura (la acción es trepidante e invita a ello) podrá incluso escuchar el sonido de la carne desgarrándose o de los huesos rompiéndose. Sin llegar a ser un manga excesivamente gore, sabe transmitir los horrores de la guerra de manera gráfica, directa y sin rodeos.

Nos encontramos ante una obra antibelicista en la que su autor, Hideki Mori, utiliza la heroicidad de su protagonista (un pacifista empedernido) que no dudará en tomar aquello a lo que quiere poner fin (las batallas) como medio para acabar con la guerra. Ge Li tiene el deber de defender al acosado, de mantener el equilibrio entre pequeños y grandes, y a ello se limita en esta primera parte de la obra.

Es importante remarcar que en Bokko las escenas de lucha son tan impactantes como las que suceden a estas. Ge Li ordena a los aldeanos enterrar a los caídos en el combate tras cada batalla (tanto del propio bando como del rival). Aparte de ser una muestra de respeto por aquellos que han dado su vida valientemente, es una forma de evitar insalubridad y enfermedades debido a la masiva descomposición de los cuerpos que se producirá en días posteriores a la lucha, alrededor de la ciudad.

Con esto, el autor nos obliga a presenciar el lado menos conocido de las guerras que, lejos de ser épicas o gloriosas, son sumamente sucias y oscuras. Durante las batallas que aparecen en Bokko, por cierto, es más frecuente presenciar escenas de muertes torpes y soldados llorando o meándose encima que momentos heróicos. La crudeza de lo real y la fragilidad del hombre golpean, una vez más, a los mitos que se vanaglorian de la épica encarnada en el sufrimiento y la muerte humana.

Después de la primera batalla entre el numeroso ejército de Xiang Yan Zhong y los valerosos campesinos de Ge Li, hace su aparición un extraño personaje que, en tramas futuras, cobrará un gran peso.

Se trata de Xue Bing, otro Mo Zhe que acude la ciudad para comunicar a Ge Li que Mo Jia ha cancelado su ayuda a Liang y que, por lo tanto, debe retirarse. Ge Li, impactado y sin palabras (nunca antes Mo Jia había negado su ayuda a ningún pueblo digno de ella), adivina al instante cuales son las intenciones de este extraño personaje: la cúpula de la orden Mo Zhe se ha corrompido y gusanos como Xue Bing están desviándola de los ideales de su fundador.

Nuestro héroe desenmascara rápidamente a Xue Bing y este desvela sus intenciones reales: Mo Jia va a aliarse con el reino de Qin y, después de que éste consiga su victoria, asesinará a su rey y se hará con el poder sobre todo el país. Para ello necesitará su ayuda.

Horrorizado, Ge Li repudia a Xue Bing y se niega a seguir sus planes. Pese a que por dentro desea matar a lo que considera un gusano, antes de que siga pudriendo la fruta de Mo Jia, Ge Li aguanta impasible su expulsión de la orden y deja marchar al que ahora considera su rival. Ahora que está más solo que nunca, nuestro héroe decide concentrarse al máximo en defender la ciudad de Liang.

El asedio continúa y el general Xiang Yan Zhong, por su parte, decide cambiar de estrategia: si su ejército no puede atravesar las murallas de Liang, tendrá que sortearlas. Y lo hará por debajo.

Se producen entonces una serie de estrategias, a cada cual más ingeniosa, por parte de ambos bandos.

El ejército de Zhao, bajo tierra, cuenta con la ventaja de tener a sus servicios a Yuan Yu; un hombre que, debido a sus malformaciones, se ha pasado la vida escondido bajo tierra, haciéndola su hogar y convirtiéndose en un topo. Pronto descubriremos que este personaje formó parte del pasado de Ge Li el cual, para nuestra sorpresa, no es tan idóneo como a nuestro héroe le gustaría.

La trama avanza y la acción no decae ni fuera de las batallas. Entre combate y combate, el ejército de Zhao no deja de enviar espías y asesinos para mermar las filas de Liang o para asesinar directamente a su protector. Ge Li debe afinar al máximo las precauciones y la forma que tiene de encontrar a los intrusos entre miles de habitantes no dejará de sorprender al lector. El autor, junto a su colaborador, nos demuestra que dominan la narración de la trama dentro y fuera de las líneas principales de la misma.

Hacia la mitad de este arco argumental, Xiang Yan Zhong vuelve a fallar en su estrategia de invadir Liang bajo tierra y, sumamente frustrado, comienza a perder los nervios. Por si fuera poco, un emisario venido de la capital del reino de Zhao le entrega unas órdenes mediante las cuales debe retirarse: su estado está siendo atacado por un país enemigo y requieren su presencia y la de sus hombres de manera urgente.

Ante esta encrucijada, en orgulloso Xiang Yan Zhong decide desobedecer las órdenes y disuelve su ejército. De esta manera, el general de Zhao deja bien claro que no piensa irse hasta ganar o morir. Muchos de sus soldados abandonan filas y regresan a su país pero muchos otros, en cambio, deciden seguir los pasos de su general, quien siempre los ha llevado hacia la victoria y nunca los ha tratado mal. Asistimos a una muestra de lealtad admirable por parte de un grupo de hombres que, como su general, no admitirán la derrota aunque eso signifique morir. Aún desgastados y mermados tras meses de largo asedio y la desintegración del ejército, los hombres de Xiang Yan Zhong siguen siendo numerosos y están más decididos que nunca a cumplir sus objetivos.

Al otro lado del río, el desgaste de una larga guerra también está pasando factura a los habitantes de Liang. Tanto Ge Li como sus hombres no gozan de ningún descanso pues, tras cada batalla, deben reparar insistentemente los daños causados por la misma a las infraestructuras. Además, las incursiones de espías y asesinos venidos del bando contrario son cada vez más frecuentes y están empezando a escapar del férreo control de Ge Li.

Una serie de asesinatos cometidos por estos infiltrados, que tocan tanto al populacho como a algunos miembros de la monarquía, son suficientes como para que el rey de Liang, harto de no poder acceder a los lujos de los que le ha privado nuestro protagonista, decida expulsar al guerrero Mo Zhe.

Ge Li debe abandonar la ciudad de Liang (su código sólo le permite ayudar mientras le pidan ayuda) y los campesinos, sin ningún héroe al que seguir, comienzan a perder la moral.

La milicia se desestructura y los trabajos se paralizan mientras que los infiltrados, aún sin localizar, siguen comiendo todo tipo de actos atroces: desde asesinatos indiscriminados contra hombres, mujeres y niños hasta la quema de víveres y recursos.

Xiang Yan Zhong, aprovechando esta situación, se lanza en un último y desesperado intento contra la ciudad de Liang y, sin la organización defensiva de Ge Li, pronto consigue irrumpir en la ciudad, causando numerosas bajas entre los habitantes de la misma.

No obstante, pese a hacerse con lo que aparenta una victoria, el general de Zhao no se queda contento y decide tomar a todos los aldeanos de la ciudad como rehenes hasta que aparezca Ge Li y entregue si vida a cambio de la del pueblo.

Por supuesto, nuestro héroe aparece. Y lo hace sólo, sin ningún tipo de arma ni ejército que le respalde. El Mo Zhe, en realidad, nunca se había marchado y, durante el último asalto de Yan Zhong, ideó una estrategia que dará la vuelta a la situación y liberará a los aldeanos de la ciudad de Liang

Las últimas páginas, que ponen fin a esta primera parte de Bokko, suponen un maravilloso despliegue de ideas, argumentales y estilísticas, que muestran hasta qué punto tanto Hideki Mori como el personaje de Ge Li están dispuestos a luchar. El primero por crear el que a día de hoy es sin dudas uno de los mejores seinen históricos que ha dado el manga, altamente documentado y trabajado, y el otro por preservar el ideal de la paz que tantos hombres buenos han anhelado a lo largo de la historia.

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