
La quinta del biberón.
«Lo que ocurrió fue que unos militares se sublevaron y nos trajeron las desgracia.»
La batalla del Ebro, que se desarrolló durante 115 días entre julio y septiembre de 1938, fue una de las más cruentas, decisivas y con mayor número de víctimas de la Guerra Civil. Fue una de las últimas intentonas del bando republicano de revertir lo que parecía una inminente derrota de los sublevados gracias al decisivo apoyo de la Alemania nazi de Hitler y la Italia fascista de Mussolini. Para conseguir reunir la fuerza militar necesaria para la batalla, el gobierno republicano ordeno una leva masiva entre los que se encontraban los quintos del 41 que fueron enrolados con apenas 17 años, y que fueron conocidos como la quinta del biberón. Ellos fueron gran parte de las víctimas de la batalla y como es habitual pese a luchar por un gobierno democrático y legitimo han pasado años sin el reconocimiento que merecían. Algo que la escritora y guionista María Castro Hernández (Madrid, 1969) y el ilustrador e historietista Tyto Alba (Badalona, 1975) han querido enmendar con el cómic Aquí donde estoy publicado recientemente por Astiberri y en el que nos cuentan la historia de Gabriel León Honrubia (1920-2021). Para realizarlo con dos fuentes directas como las 54 cartas que envió a su familiar desde el frente y las entrevistas que la guionista le hizo cuando ya tenía 99 años como parte de un documental que se estrenara a finales de año en Filmin. Un valioso testimonio que nos permite conocer de primera mano cómo fue esa batalla para unos niños a los que el fascismo le robo la juventud y obligo a mantener sus terribles vivencias en silencio durante más de cuarenta años de represión.
El título del cómic, y del futuro documental, está extraído del encabezamiento de muchas de las cartas que Gabriel les enviaba a sus familias en las que no podía revelar su posición por si caían en manos enemigas. En sus páginas nos encontramos con una historia contada desde el presente que aborda la batalla desde un punto de vista humano y antibelicista, no como un relato pormenorizado y repleto de datos centrado en los mandos y estrategias que convierten a las víctimas en frio números. Todo lo que nunca encontramos en los manuales de historia. A lo largo del cómic vemos de primera mano cómo fue el insuficiente entrenamiento previo, la falta de material apropiado tanto para combatir como para protegerse de las inclemencias climáticas, las bajas de compañeros cercanos, sus intentos por no preocupar a su familia salvando en sus cartas la censura o la dificultad para realizar actividades básicas como comer o lavarse entre los peligros del frente. Un relato que nos pone frente a frente al horror de la guerra, pero sin la necesidad de mostrarlo de forma explícita. Ese carácter de relato personal es lo que más valor le da al cómic, ya que son unas experiencias que en todo momento se perciben como muy vividas y reales, con ese toque de inocencia de alguien que era poco más que un niño cuando las tuvo que vivir y relatar, pero que marcaron por completo su existencia. Al igual que nos ha sucedido como sociedad por la cantidad de heridas sin curar y muertos sin enterrar que siguen quedando.
Uno de los recursos mejor usados del cómic es que gran parte de la historia se la cuenta un casi centenario Gabriel a un joven actual de apenas diecisiete años que tiene la suerte que el no tuvo de vivir en un país donde puede permitirse el lujo de seguir siendo un simple adolescente. Algo que no valoramos mucho y que deberíamos empezar a hacerlo ante el resurgimiento de las ideologías que dieron el golpe de Estado del 36 acabando con una Democracia de pleno derecho como en la que vivimos hoy en día, por mucho que los herederos ideológicos de la dictadura fascista proclamen casi a diario en una estrategia de bulos, agitación en las calles y falsedades que ya emplearon los meses previos al golpe de estado con la aquiescencia de parte de los poderes fácticos.
Aunque nos relate sucesos terribles el cómic tiene un toque de humor que esta sacado directamente de las cartas que enviaba Gabriel a su familia en las que trataba de ocultarles entre bromas sus vivencias más terribles. En esas cartas no hay espacio para el miedo o la muerte, pero si para chistes sobre los piojos o los bombardeos y, por encima de todo, a sus ganas de volver verlos. Como extras en el cómic nos encontramos con muchas de ellas, algunas usada para realizar y otras no, que sirven para que comprendamos mucho más de sus experiencias. Además, tenemos un prólogo escrito por María Castro Hernández en los que nos habla de la génesis del proyecto y un epilogo del historiador Roc Salvadó Poy.
Como ya hemos podido comprobar en otros cómics de Tyto Alba como las recientes El infinito en un junco (Debate), Jekyll & Hyde (Bang) o El olvido que seremos (Salamandra) estamos ante un autor en plena madurez que domina a la perfección el lenguaje del medio pulsado los resortes necesarios para que historia fluya a la perfección gracias a un narrativa muy bien medida y planificada. en este cómic usa las agudas para dar a las escenas de batalla un toque brumoso que va perfecto como podemos ver en la escena nocturna en la que Gabriel y sus compañeros cruzan el Ebro para fijar sus posiciones. Algo que contrasta con la luminosidad de los momentos en el presente en los que visitan esos mismos lugares.
En Aquí donde estoy María Castro Hernández y Tyto Alba firman un necesario y soberbio ejercicio de memoria histórica que sirve para que las vivencias de Gabriel y sus compañeros de la quinta del biberón no sigan en el olvido para las nuevas generaciones. Además, es un precioso homenaje para uno de esos vencidos que durante mucho tiempo tuvieron que vivir con el peso de represión que ejercieron sobre ellos los franquistas.
Lo mejor
• Gabriel León Honrubia, un ejemplo de dignidad y valentía.
• El humor y la humanidad que desprende el relato.
• La escena del paso del Ebro.
Lo peor
• El olvido en el que permanecen los miembros de la quinta del biberón, como tantos otros luchadores por la República.














