Pocas series me han resultado tan desagradables y duras de ver como El castillo. Ambientada a comienzos de los años 2000, esta serie de ficción policíaca, inspirada en hechos reales y basada en una investigación sobre el auge de las redes de proxenetismo en España, nos muestra una realidad estremecedora desde una perspectiva que combina la labor de documentación con la dramatización propia de una obra de ficción.
Con un crudo realismo que no es apto para los espectadores más sensibles, El castillo muestra sin ningún tipo de eufemismo el día a día de esas mujeres que llegan a España desde otros países para ejercer la prostitución, siendo víctimas de maltrato físico y psicológico y trabajando como esclavas para proxenetas de nula catadura moral que las mantienen bajo su yugo con la excusa de una deuda contraída con los clubes, que no para de crecer.
El castillo, estrenada hace muy pocos días en la plataforma Movistar Plus+, está basada en el libro El proxeneta, escrito por Mabel Lozano, en el que se realiza una exhaustiva labor de investigación en torno a la figura de un proxeneta arrepentido que proporcionó valiosos datos a la periodista que escribió la obra.
El Castillo
La serie está creada y escrita para televisión por Isabel Peña y Eduardo Villanueva. Peña es una aclamada guionista que ha trabajado en numerosas ocasiones con Rodrigo Sorogoyen y que ha firmado el guion de películas como El reino, Que Dios nos perdone o As bestas, entre otras.
El castillo narra la historia de Claudia (Valentina Vidal), una joven colombiana de dieciocho años con un hijo enfermo al que no puede mantener, que acepta acudir a España para ejercer la prostitución con el fin de ganar dinero para que su hijo pueda curarse y su familia tenga una vida mejor. Todo ello con el compromiso de regresar a Colombia cuando haya obtenido el capital suficiente, algo que le resulta imposible en su país de origen.
Ya en España, pasará a trabajar en el club de Manuel, alias El Suizo (Raúl Arévalo), un proxeneta que, en principio, le dice que el dinero que gane se repartirá a partes iguales entre ambos. La mitad que él se queda se destinará a pagar la deuda que Claudia ha contraído con el club, correspondiente a los billetes de avión a España, así como al alojamiento y a la comida diarios.
Sin embargo, muy pronto Claudia descubre que no puede elegir a sus clientes, que la deuda contraída con El Suizo no hace más que aumentar con nuevos conceptos que este se inventa sobre la marcha y que es una prisionera en un club en el que debe trabajar todos los días, acostándose con clientes repugnantes que la tratan como un objeto que pueden utilizar a su antojo.
Rebelarse contra estas condiciones supone ser castigada con golpes y palizas, por lo que Claudia tan solo puede seguir intentando ganar algo de dinero para enviárselo a su familia, que también se aprovecha de ella, mientras sobrevive como puede bajo las órdenes de su desalmado jefe.
Por su parte, el inspector Liesa (Omar Ayuso), policía de la UCRIF, y su compañera Carmen Osés (Laia Marull) van descubriendo que el panorama de la prostitución está cambiando en España, con grandes redes que mueven cantidades de dinero que, según se plantea en la serie, pueden llegar a igualar o incluso superar las del narcotráfico.
Con esta premisa comienza El castillo, que, mediante una ficción basada en una investigación pormenorizada y exhaustiva, narra el auge de las redes de trata de seres humanos con fines de explotación sexual en España. Esta realidad adquirió una tipificación penal autónoma en el Código Penal español con la reforma introducida por la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, cuya entrada en vigor se produjo el 23 de diciembre de ese año.

Hasta entonces, los juzgados y tribunales podían investigar y perseguir conductas relacionadas con estas situaciones mediante otros tipos penales, siempre que los hechos reunieran los requisitos necesarios para ello, como los delitos de coacciones, detención ilegal o lesiones, entre otros. La ausencia de una regulación penal específica de la trata de seres humanos dificultaba la persecución de este fenómeno.
Todo ello, unido al sesgo habitual en los poderes públicos de considerar que quien ejerce la prostitución lo hace porque quiere y a la falta de reconocimiento de la situación de vulnerabilidad de estas mujeres, a las que durante muchos años se ha considerado menos merecedoras de protección legal que al resto de los seres humanos, convertía estas situaciones en auténticas torturas físicas y emocionales para las víctimas de trata.
El castillo está dirigida y producida teniendo en cuenta hasta el más mínimo detalle. En lo que a este redactor, abogado de profesión, respecta, tengo que decir que las escenas en las que se muestran juicios, deliberaciones judiciales o víctimas presentando denuncias ante la Policía Nacional reflejan, a mi juicio, con bastante fidelidad la realidad. Sí, claro que hay dramatizaciones necesarias, puesto que estamos ante una serie de televisión que debe entretener al público, pero no se ofrece una imagen de la aplicación de la ley que resulte manifiestamente falsa o ajena a los procedimientos legalmente establecidos.
Una precisión procesal que me lleva a recordar otras producciones televisivas españolas, como Fariña o Querer, aunque cada una aborda realidades y cuestiones jurídicas diferentes.
Todo ello me hace pensar que, cuando se muestran clubes de alterne, estos también están representados con gran fidelidad. Además, según se ha señalado en relación con la producción, la serie ha rodado en el interior de algunos de estos establecimientos, elegidos como localizaciones.

En lo relativo al reparto, el ya mencionado Raúl Arévalo (La Isla mínima) es, sin duda, el actor que más destaca en esta producción, cuyo elenco ya de por sí resulta sobresaliente. Tras engordar más de nueve kilos para interpretar a El Suizo, la actuación de Arévalo construye uno de los personajes más execrables y vomitivos que he tenido el gusto de encontrarme en televisión.
El resto de los actores que interpretan a estos desagradables empresarios de la noche, como Marc Rodríguez, Claudio Villarrubia, Xavi Sáez, David Bages o Ángela Boix, entre otros, realizan también un trabajo digno de elogio. Esto, sumado a las interpretaciones de Laia Marull, Omar Ayuso y Valentina Vidal, hace de El castillo una de las series mejor interpretadas que he tenido el honor de ver.

A nivel de rodaje, la serie utiliza un recurso muy original que consiste en no mostrar explícitamente las relaciones sexuales de los clientes con las trabajadoras sexuales. En lugar de enfocar los cuerpos de ellas, muestra principalmente los de ellos, recreándose no en la relación sexual en sí, sino en lo asqueroso y desagradable de los clientes que en ese momento están consumiendo los servicios de las prostitutas.
Todo ello hace de El castillo una de las series más duras, pero también de mayor calidad, de este año. Estoy convencido de que cosechará importantes premios y de que, desde luego, ocupará uno de los puestos más altos de mi clasificación particular de series de 2026.








