#ZNSeries – Juego de Tronos. Séptima temporada. La redacción opina

Los redactores opinan sobre lo mejor y lo peor de la última temporada de Juego de Tronos y la guerra por el Trono de Hierro

 
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Género: Fantasía, Drama
Creador: David Benioff y D. B. Weiss
Reparto: Peter Dinklage, Nikolaj Coster-Waldau, Lena Headey, Emilia Clarke, Kit Harington, Aidan Gillen, Carice van Houten, Sophie Turner, Maisie Williams, Rory McCann, Liam Cunningham, Nathalie Emmanuel, Isaac Hempstead-Wright, Kristofer Hivju, Gwendoline Christie, Jonathan Pryce, Alfie Allen, Gemma Whelan, David Bradley
Producción: Home Box Office (HBO) / Management 360
Canal: HBO
País: Estados Unidos

 
Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación desvela detalles y secretos de Poniente. Si nos has visto la séptima temporada de Juego de Tronos, o las visiones en el fuego de Azor Ahai, te recomendamos no traspasar este muro.

La penúltima temporada de Juego de Tronos concluyó hace un par de semanas con uno de esos finales impactantes y espectaculares ya habituales de la cabecera. Esta producción fantástica inspirada en los libros de Canción de Hielo y Fuego del escritor George R.R. Martin llegará a su final en su próxima y última temporada, marcando, sin duda, el final de una época. Pero hoy todavía tenemos mucho por desgranar de esta séptima temporada que nos ha vuelto a dejar escenas y personajes para el recuerdo, con unas tramas que han dado lugar a un nuevo terreno de juego sobre el que se moverán los últimos supervivientes de la historia. La temporada, más corta de lo habitual, ha sido el regalo de David Benioff y D. B. Weiss a los aficionados de la cabecera y el universo de Juego de Tronos.

En ZN, incondicionales de esta ficción, no podíamos dejar pasar la oportunidad de dar nuestra opinión e impresiones sobre esta última tanda de capítulos. ¿Y vosotros? ¿Ya estáis al día con la guerra por el Trono de Hierro? ¿Qué os ha parecido esta temporada?

Dejen paso a la acción, por Alejandro Ugartondo

 

La séptima temporada de Juego Tronos ha sido la primera que ha contado con material íntegramente escrito por David Benioff y D.B. Weiss (con la supervisión de George Martin, se entiende) y eso se ha dejado notar en la forma de desarrollar las tramas, en las que la acción espectacular ha ganado peso y la evolución de los acontecimientos se ha precipitado a velocidades nunca antes vistas en la serie.

Durante muchas temporadas nos hemos acostumbrado a disfrutar de una serie donde los acontecimientos se desarrollaban a base de tensas y complejas conversaciones entre personajes que acababan desembocando en el algún momento de acción épica que suponía el momento álgido de dicha temporada. Esta forma de abordar las tramas permitió desarrollar los personajes con una gran profundidad y dibujar con esmero un gran tablero donde tenían lugar los acontecimientos que iban a marcar el destino de este mundo. Este desarrollo tenía dos pilares fundamentales: un presupuesto holgado pero que no daba para grandes excesos visuales y el material literario de Martin que permitía insuflar una enorme carga emocional a todos esos extensos diálogos que tan bien habían servido a la serie hasta el momento.

Llegados a la presente temporada las circunstancias han cambiado. Los personajes y el escenario están perfectamente asentados y son bien conocidos por los espectadores. Todavía quedan algunos misterios por descubrir pero básicamente se había llegado al punto que se había presagiado desde la primera temporada. Por un lado el retorno de Daenerys para reclamar el trono de los Siete Reinos y por otro la llegada del temible invierno y del ejército de la muerte que llega con él. Así pues ya no había margen para más desarrollo y tramas alargadas, las piezas estaban en su sitio y la acción debía comenzar y eso es lo que los responsables de la serie han hecho: desatar la acción y pisar el acelerador camino del final de esta inmensa epopeya.

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Este cambio de enfoque ha tenido algunas consecuencias negativas que pueden haber contrariado a más de un espectador. Una de las más evidentes es la sensación que las distancias en Westeros se han acortado o que los personajes parecen haber desarrollado el don de la teletransportación. Otra es la tendencia a concurrir en el mismo espacio de personajes de distintos orígenes dando lugar a encuentros o coincidencias hasta cierto punto forzadas. Todo ello son, en efecto, defectos de una forma, por otro lado necesaria, pensada para avanzar la acción y llevarla hasta el punto que se necesita. Personalmente creo que aquí hay otro factor en juego y es la falta del material de referencia de Martin a la hora de escribir los guiones. Es una suposición, pero diría que Martin ha dado unas líneas maestras para indicar por donde deben ir los personajes y las tramas, pero sin el material literario del escritor los guionistas se han visto desprovistos de una de sus mejores herramientas para crear escenas de calado. Esto se nota sobre todo en algunas escenas donde se echa en falta la intensidad de la prosa de su autor (en el juicio de Peter Baelish sería un buen ejemplo).

El lado positivo es que estos siete capítulos nos han dejado algunos de los momentos más espectaculares jamás vistos en una serie de televisión, con un notable aumento del presupuesto dedicado a los efectos visuales que nos ha permitido ver en todo su esplendor a los ejércitos de Daenerys, a los dragones y a los temibles caminantes blancos. También destacaría la gran capacidad que han tenido estos capítulos para enganchar a los espectadores dándoles en cada uno de ellos motivos para el goce, la sorpresa y engancharlos para la siguiente entrega. Diría que en ninguna otra temporada se ha hablado tanto sobre la serie y por donde iban a evolucionar las tramas.

En definitiva, esta ha sido una temporada notable que ha ofrecido un espectáculo visual de primer orden y que ha cumplido sobradamente con lo que se esperaba de ella. No ha sido una temporada perfecta pero sus aciertos superan sus defectos y nos ha dejado bien preparados para una temporada final que se intuye apoteósica.

Lo mejor – La capacidad de sus creadores de ser fieles al espíritu de la serie a pesar del cambio en la forma de desarrollar las tramas y de mantener la atención de los espectadores en todos los capítulos de la temporada.
Lo peor – El carisma de Emilia Clarke y Kit Harington. Aunque ya es difícil imaginarse a sus personajes sin la cara de los actores que les dan vida, esta temporada con dos actores de más talento que estos dos hubiera ganado unos cuantos puntos.
Los 3 momentos de la temporada – 1) El ataque de los dragones de Daenerys a las tropas de los Lannister donde se demuestra el poder de esas criaturas en combate. 2) – La muerte y resurrección del dragón Viserion, poniendo en juego una pieza clave para la tan ansiada caída del Muro. 3) El juicio del Meñique por lo sorprendente aunque es una escena que hubiera podido dar mucho más de sí.

 

De reencuentros e incestos, por Cristian Miguel Sepúlveda

 

Es prácticamente inevitable que una serie tras siete temporadas no se vuelva previsible, máxime cuando quedan pocos capítulos, y muchos personajes y tramas que cerrar que al final sigue un camino lógico para cualquier espectador. Si a eso le sumamos el hecho de que Benioff y Weiss ya no tienen un material literario concreto en el que basarse, más allá de los apuntes que haya podido darles Martin, estamos ante una serie que evidentemente ya no puede alcanzar las cotas de calidad. Y sin embargo, opino que esto último no tiene tanto peso, ya que la temporada pasada ya se había metido en terreno inexplorado en las novelas y nos sorprendieron con una de las mejores, sino la mejor temporada de la serie. Por lo que, el hecho de que esta temporada no sea tan brillante, seguramente se deba más al hecho de la celeridad con la que tienen que cerrar la historia. Tampoco ayuda la innecesaria reducción de capítulos, que en términos de minutaje realmente solo se restan dos con respecto a otras temporadas, pero que se nota bastante es según qué tramas.

Y hablando de tramas, la del norte no ha sido precisamente la mejor escrita. La confrontación entre las hermanas Stark, previo reencuentro en Invernalia junto con su hermano Bran, solo se sostiene por la enorme interpretación de Maise Williams y Sophie Turner, amigas íntimas fuera de las cámaras, y que consiguen transmitir un ambiente de tensión mascable desde el primer minuto. Pero la resolución que acaba con la muerte de Meñique, un personaje que por cierto se agradece que desaparezca porque llevaba tres temporadas dando bandazos y no sabían lo qué hacer con él, es precipitada, como casi todo en esta temporada y mal narrado, que no explicado ojo. Es evidente que algo ha fallado ahí, confirmándose después con la revelación de que hay una escena eliminada entre Sansa y Bran en la que éste le cuenta las maquinaciones de Lord Baelish.

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Más tramas. Lo de Jon y Daenerys es otro cantar, algo inevitablemente previsible, como lo que ha ocurrido con Meñique o la caída del muro, pero que pese a todas las limitaciones, se ha llevado con la mayor naturalidad posible, sin ser desde luego la pareja más carismática, romántica, sensible y apasionada que se haya visto en la serie, pero que al menos culmina en uno de esos incestos que ya casi echábamos de menos. Tampoco se le puede pedir mucho más a dos de los actores más limitados de la serie, Emilia Clarke y Kit Harrington, que además posiblemente no hayan coincidido en un set de rodaje hasta esta temporada, y que poco tiempo han tenido para mejorar un poco una química que ni siquiera la propia trama permite desarrollar demasiado. Aún con todo, la escena de la cueva es sin duda el mejor momento entre ambos. Un Harrington que por cierto, tiene su mejor interpretación en una escena final con Theon, en uno de esos reencuentros extraños que nadie espera, y que se convierte en una de las escenas mejor escritas de toda la temporada con diferencia. Capítulo aparte merece la trama de Desembarco del Rey, en el que Lena Headey vuelve a brillar una vez más haciendo malabares entre el conflicto militar, ecónomico y familiar, en el que Jaime Lannister por fin se libra de las ataduras de una relación tóxica que hace tiempo que está lastrando su vida y al personaje en general. Aún con todo, insisto, bastante e inevitablemente previsible. Parece que el efecto cliffhanger tan característico de Juego de Tronos se ha perdido un poco esta temporada.

Poco más ha dado esta temporada que, eso sí, una vez más vuelve a brillar a nivel técnico de una manera espectacular. Parece que últimamente salen muchos expertos en CGI, y yo no soy uno de ellos, pero aún así me parece que no se le puede poner ni un pero a los dragones, y a esos excelentes y trepidantes momentos de acción y llamas durante la batalla del camino de las flores, uno de los mejores episodios de la serie, la batalla contra los caminantes y finalmente la caída del muro. Una vez más, Juego de Tronos vuelve a demostrar su poderío técnico sobre otras series de televisión, o incluso sobre el cine actual, lo cual ya es mucho decir.

Esperemos que en los seis capítulos que nos quedan, y el año y pico de espera, se cierre de la mejor y más digna forma posible, que si ya es difícil de por sí darle un final a una serie tan longeva, se multiplica exponencialmente cuando se trata de una de las mejores series de la historia así como uno de los mayores fenómenos de masas que la cultura ha conocido, por lo que las expectativas, pase lo que pase, nunca van a ser satisfechas por todos. Que se lo pregunten a una parte del fandom de Lost.

Lo mejor – La espectacularidad en las escenas de acción es apabullante. El nivel técnico sigue siendo sublime.
Lo peor – Las limitaciones y reducciones de los episodios lastran muchísimo el guión.
Los 3 momentos de la temporada – 1) El episodio cuatro en sí, uno de los mejores de serie, especialmente por la batalla del camino de las flores. 2) La genial conversación en la última escena entre Jon y Theon. 3) Cualquier escena en la que salgan los dragones, sencillamente molan mil.

 

La Temporada del Fanservice, por Daniel Gavilán

 

Tras la prueba de fuego que supuso la temporada pasada -en la que la serie basada en Canción de Hielo y Fuego demostró ser capaz de mantenerse a un nivel excelente, aun sin la guía de los libros de Martin-, Juego de Tronos se desmelena del todo en esta séptima vuelta, con una temporada que se antoja enteramente marcada por el afán de darle al fan todo aquello que ansiara ver. De igual lo nimio o lejano que fuera este anhelo. En un empeño nunca antes visto por satisfacer hasta los más recónditos sueños húmedos de sus seguidores, el nivel de eyecandy de esta nueva temporada de la serie de HBO se ha disparado hasta unos niveles tan insólitos, que hasta las mismas leyes del tiempo y el espacio parecían mostrarse prestas a combarse, siempre y cuando hubiera ocasión de ofrecer un momento deseado.

¿Llevabas años aguardando que esos personajes que tanto te molan se encontrasen? Ahí lo tienes. ¿Qué tal el regreso de ese otro por el que llevabas preguntando en todos los foros y grupos de aquí a los Siete Reinos? Dicho, y hecho. ¿Y si ahora, de repente, todos los personajes que te gustan se aliasen para formar un frente común? ¡Todo tuyo! ¿Te moló La Batalla de los Bastardos y quieres otro episodio Age of Empires similar? No te preocupes, que no nos hemos olvidado de ti. ¿Y qué pasa con todas esas teorías que llevaban años pululando por la red? No se lo digas a nadie, eh. Pero tu pide que (se te concederá).

Llegando a tal punto de sinvergonzonería y total falta de complejos, que hasta se atreven a colarnos una suerte de dream team a lo D&D, es imposible resistir el bombardeo de fanservice de está séptima temporada, sin alcanzar cierto grado de extrañamiento. Un claro caso de lo tomas o lo dejas, en el que no queda más opción que mirar al vacío de la existencia preguntándose que fue de la serie que se caracterizaba por hacernos sufrir con la crueldad de sus inesperados giros, o dejarse llevar por la euforia colectiva guiada por este nuevo empeño por conducir las tramas pendientes hasta su conclusión más lógica, pasando por todos y cada uno de los momentos de cara la galería que se puedan atravesar. Es como si los fans hubieran tomado como rehén a G.R.R. Martin en su estudio, y se hubieran apoderado de su criatura, con la intención de librarlos de su tiranía y brindarles el final feliz que consideran que se merece.

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Así dicho, lo fácil sería pensar que David Benioff y D.B. Weiss han terminado por desecrar el legado de Juego de Tronos. Pero lo cierto es que la montaña rusa emocional a la que nos arrojan no solo es endiabladamente adictiva, sino que -revisada en retrospectiva- sigue manteniendo la solidez de un elefante de guerra de la Compañía Dorada. Una solidez tramposa como ella sola, es cierto. Pero, ¿cuando no lo ha sido Juego de Tronos? Quizás no tanto en el tema de la facilidad con la que los personajes se desplazan de un punto ‘A’ a uno ‘B’, pero sí en lo que respecta a hacernos pensar que cierta trama va a ir encaminada en cierta dirección, para que en cuanto menos esperemos golpearnos con algo que teníamos desde el primer momento delante de nuestras narices, llevándola en otra completamente diferente.

Esto es aplicable tanto a todo lo relativo a las indagaciones de Ned Stark en la primera temporada de la serie, como a la trama de sus cachorros en esta, y que a servidor le han hecho gozar de dos de los momentos que más he disfrutado en toda la Historia de la televisión. No ya solo por el momento en sí, que también. Los paralelismos con los que se han jugado hasta llegar a dicho momento, la forma de dosificar la información, y la nueva situación que se nos conduce -pasando de el hombre que dicta la sentencia debe blandir además la espada a un lema que hunde sus raíces en aquella camada de huargos con la que empezaba la serie- difícilmente podrían haberse ejecutado de una forma más genuinamente brillante. Conclusión aplicable también a otras resoluciones como el resurgir de Theon Greyjoy, el imperturbable rumbo de colisión al que se dirige Cersei Lannister o todo lo desarrollado en torno a la política de Rocadragón con Jon Nieve, Daenerys Targaryen y Tyrion, en general, la séptima temporada de Juego de Tronos puede describirse como un vibrante subidón de recocijo, antes de que la llegada del largo invierno nos devuelva al sufrimiento.

Una temporada que, aun con sus altibajos, ha terminado brillando tanto por el conjunto global como por su impecable episodio broche. Quizás no haya llegado a las excelsas cotas de la sexta, tercera o cuarta, pero desde luego mantiene a la serie en un nivel difícilmente superable, como aspirante a gran referente generacional para los amantes de la fantasía heroica, y la ficción televisiva en general.

Lo mejor – Todo lo relativo a los Starks. Especialmente, el extremadamente satisfactorio final de su trama. Cuando la nieve cae y el viento blanco sopla, el lobo solitario muere, pero la camada sobrevive.
Lo peor – Las poco camufladas trampas a costa de los tiempos y distancias.
Lo inclasificable – Los montajes divertidos con Samwell Tarly en la mierda.
Los 3 momentos de la temporada – 1) Que satisfecha m’e queda’o, con que el tío s’haya muerto. ¡El hijo la gran puta! 2) El arrollador asalto de Daenerys y sus tropas contra el imbatible ejército de los Lannister. 3) El encuentro entre Arya y Nymeria. Aviso del invierno que todavía está por llegar. Bonus track, concesiones tan irresistiblemente frikis como los Siete Magníficos que cruzan El Muro, o esa suerte de tablero de ajedrez que improvisan en Poza Dragón, con todas las piezas bien posicionadas de cara al gran final que nos aguarda.

 

Fuego y Sangre, por Francisco Miguel Espinosa

 

Adoro Juego de Tronos. La serie, los libros, todo. La serie puede que sea la mejor adaptación de unos libros a la pequeña (y tal vez a la grande) pantalla. Y no lo digo porque respete el guión original, que no lo hace, ni porque haya sabido innovar allí donde terminaron las novelas (que lo hace de maravilla), sino porque ha sabido traspasar toda la esencia de la historia a un medio visual. Dicho esto, puede que esta haya sido mi temporada favorita de la serie.

Con un arranque que quita el hipo y empezando a atar todos los cabos que se fueron abriendo a lo largo de seis años, esta séptima temporada parece enfocarse en los conflictos que se deben ir solucionando. Y menos mal. En momentos en que la serie parecía caótica en la sexta temporada, los guionistas han sabido ahora enfocar las tramas hacia donde deben ir, aportando los maravillosos cliffhanger a que nos tenían acostumbrados y manteniendo la tensión de un capítulo a otro. La profundidad de algunos personajes se ha visto enormemente aprovechada, como Jon Nieve, Bran Stark o Sansa. Los verdaderos protagonistas de esta han sido los reencuentros, y la tensión y las batallas que han traído consigo. Como mención especial, la aparición de personajes que estaban olvidados, la revelación de la verdadera identidad de Jon Nieve y las épicas batallas, que parecen rodadas en forma cine y que aportan una espectacularidad que no recuerdo haber visto en otra producción televisiva.

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Como puntos negativos, el tratamiento del tiempo en la serie. Se cubren grandes distancias de una escena a otra, pasan meses entre algunas de estas, pero no creo que esto quede bien reflejado al espectador y que quede constancia de ello. Da la sensación de estas algo precipitado, de acercarse al final a grandes zancadas y con menos tiempo que nunca para hacerlo. Una pena este sentimiento de precipitación que a veces no deja que la trama respire con tranquilidad. Aún así, insisto en que esta ha sido mi temporada favorita hasta ahora.

Lo mejor – Los reencuentros; emotivos y llenos de luz y sombras.
Lo peor – El tratamiento del tiempo
Los 3 momentos de la temporada – 1) La revelación de la identidad de Jon Nieve 2) La muerte de Meñique 3) La caída del Muro

 

Rápida y furiosa, por Jordi T. Pardo

 

Esta temporada Juego de Tronos ha puesto la directa para conducirnos a las puertas de su desenlace. Los libros son ahora un apoyo tangencial, dado que Vientos de Invierno sigue sin tener fecha de publicación a estas alturas. Pero lo que si tienen más a mano David Benioff y D. B. Weiss son las teorías de los seguidores de la cabecera y las directrices de George Martin. La combinación de estas dos fuentes para ser la base de los guiones de esta temporada-. Esto ha allanado un camino lleno confirmaciones que pro sabidas y previsibles han restado algo de emoción a algunos puntos clave de sus tramas. Por suerte, la cabecera de la HBO está siendo coherente con la historia y los personajes que hemos conocido en temporadas anteriores. No nos han hecho un Perdidos, ni parece que esa sea la intención de sus creadores. Una cuestión que solo se puede agradecer y respetar a estas alturas.

El problema de esta séptima temporada pasa por su ritmo. La velocidad de crucero en la que se ha adentrado la serie. Da la sensación de haber prisa por liquidar la historia y las escenas se suceden de una manera que narrativamente resta verosimilitud al conjunto. El montaje junta escenas que estarían pensadas para darse un espacio, para ser contadas con más calma. Los personajes hacen gala de una capacidad de teletransporte que rompe la inmersión de los espectadores. Sabemos que lo que se nos cuenta no sucede realmente de forma tan rápida y tampoco en el mismo espacio y tiempo pero las tramas que se han ido liquidando en los últimos tiempos no han sido acompañadas de un reajuste en los guiones que tengan dicha cuestión en importancia. Esto se suma a un afán por la interconexión que resta más que añade en algunos casos, haciendo de Poniente un universo realmente pequeño en el que todo el mundo se conoce. En ocasiones, sin mucho que decir u aportar. Es un mero fanservice de cara al espectador y lector y un regalo a los actores que llevan tanto tiempo sobreviviendo en la serie.

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Si bien, la evolución de los personajes, y de los acontecimientos, sigue siendo lógica y coherente. Se nota que David Benioff y D. B. Weiss no quieren desilusionar a los aficionados. Esto les ha llevado a no centrar todo su presupuesto en una gran batalla como hemos visto en otras temporadas. En este caso, todo está más repartido, lo que nos permite disfrutar mucho más de los dragones y las escenas de más allá del muro. Por otro lado, esta es una temporada de transición, en la que las piezas se han ido moviendo para situarse en su posición final de cara al jaque mate que será la última temporada de Juego de Tronos. En definitiva, la serie de la HBO ha perdido algo de consistencia narrativa, pero la historia, a pesar de algunos giros no del todo bien calculados, mantiene la coherencia y evita entrar en subterfugios innecesarios. Dada la debacle en la que se podría haber inmerso Juego de Tronos al separarse de su referente principal lo cierto es que el resultado está siendo mejor de lo esperado.

Lo mejor – Que se mantenga la coherencia de la historia y sus personajes.
Lo peor – Lo precipitado de la narración de la mayoría de acontecimientos de la temporada.
Los 3 momentos de la temporada – 1) La confirmación de la teoría de Jon Nieve como Targaryen. 2) La reunión de paz con lo más granado de Poniente. 3) La confabulación de Sansa y Arya contra Meñique.

 

Be Quick or Be Dead, por Juan Luis Daza

 

Ya podemos hablar globalmente de la séptima temporada de Juego de Tronos y la segunda en la que sus showrunners, David Benioff y D.B. Weiss, no han tenido la prosa de George R. Martin como base para estructurar su material audiovisual. Si bien la sexta temporada demostró la competencia de los ideólogos de la serie a la hora de volar libres sin traicionar la esencia y el discurso del autor de la saga literaria Canción de Hielo y Fuego, también dejó en evidencia algunos agujeros de guión y altibajos de ritmo que denotaban la importancia y el peso de Martin a la hora de dar solidez a la narración del programa aunque no fuera de manera directa. Esas carencias argumentales (al menos en cuanto a los fallos narrativos) se han hecho más evidentes en esta séptima tanda episodios, la más corta y de mejor ritmo de todas las del show de HBO, pero también la más cuestionable en cuanto a su escritura y las licencias que esta se toma para que el espectáculo y las secuencias memorables, que las hay a puñados, tomen forma en pantalla.

Ya en la pasada temporada supimos que la llegada de los Caminantes Blancos comandados por el Rey de la Noche iba a suponer un punto de inflexión en Juego de Tronos de cara a que los distintos bandos enfrentados por años de traiciones, sangre y muerte se unieran para afrontar la mayor batalla de la historia de Poniente. Esta temporada se ha ocupado de ir colocando las fichas de ajedrez estratégicamente sobre el tablero para que esa alianza tome forma, pero el camino ha sido dificultoso y arduo a todos los niveles. Las intrigas palaciegas, los secretos susurrados en angostos pasillos de descomunales castillos y los “juegos de tronos” se han visto reducidos al mínimo exponente durante esta temporada y es algo que se ha criticado a los creadores de la serie, pero es lógico que durante este prólogo de lo que será la gran guerra el ritmo se acelere y la acción prime, ya conocemos a los personajes y sus aspiraciones, de modo que sólo queda que la estrategia y el ataque para dar empaque a la serie.

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Primero me voy a centrar en los temas más controvertidos de la temporada, los mismos que se han convertido en la comidilla de las redes sociales. Por un lado se han criticado notablemente, y no sin motivo, las transiciones temporales del todo improbables que pueblan el metraje y aunque los creadores de la serie y el mismo George R. Martin las han defendido es indudable que las prisas por dejar todo preparado para la octava temporada han dado pie a estas incongruencias que se hacen notables en pantalla, con personajes con poderes cercanos a la ubicuidad u otros que corren a una velocidad que ni Flash o Quicksilver. Por otro lado el famoso y muy mencionado fanservice también ha sido puesto en tela de juicio, afirmando más de un fan de la rama dura de la serie, y los libros, que esta temporada está llena de concesiones de cara a la galería para satisfacer a los seguidores del producto. Esto es totalmente cierto, pero no lo es menos que ver a todos los personajes que se dan reunión en el último episodio en Desembarco del Rey, por poner sól un ejemplo, es un regalo para los que llevamos siguiendo la historia de Poniente desde sus inicios.

Teniendo en cuenta todas estas cuestionables características que merman en cierto modo el conjunto de la producción el que esto firma no puede hacer otra cosa que admitir lo mucho que ha disfrutado de esta última temporada de Game of Thrones. La interacción de los personajes se ha antojado sobresaliente, las secuencias de batallas multitudinarias colosales y los pasajes para el recuerdo como el ataque suicida de Jaime contra Daenerys, la conversación entre Tyrion y Cersei, la revelación de la traición de esta última a la alianza, la batalla entre los Greyjoy (¡qué grande es Pilou Asbæk!) la última confesión de Olenna Tyrell cn respecto a la muerte de Joffrey, la muerte de Viserion a manos del Rey de la Muerte o la última secuencia de la temporada son desde ya algunos de los mejores momentos de la historia de la serie. Sí, es cierto que las prisas han hecho mella en esta tanda de episodios y que Benioff y Weiss se han bajado los pantalones para satisfacer a los fans, pero el que esto firma ha disfrutado igualmente del viaje a pesar de los baches y la conducción temeraria.

Lo mejor – El encadenado continuo de pasajes para la estantería del recuerdo
Lo peor – Las trampas de guión y la simplificación de la complejidad narrativa que siempre ha sido una de las señas de identidad más importantes de la serie
Los 3 momentos de la temporada – 1) Olenna Tyrell 2) Cersei y Tyrion 3) La muerte y resurrección de Viserion

 

Lo que había que contar, por Nacho Teso

 

Llega un momento en que las historias deben dirigirse hacia su inevitable final. En el mundo televisivo, con un poco de buena suerte, ese momento llega cuando toca. Con menos buena suerte, se añaden más temporadas de las necesarias y el descenso en calidad es evidente. Ninguna de estas dos cosas son males que vayan a aquejar a Juego de Tronos. El principal problema de esta temporada y la siguiente es que está casi todo el pescado vendido en lo que a sorpresas, giros de guión y revelaciones se refiere. Esto significa que hay una serie de caminos sobre los que los lectores vienen debatiendo desde 1996, y que una vez se andan no se deben interpretar como fanservice, sino como el destino que siempre fue.

Esto no quita, claro está, que presumibles adiciones por parte de los showrunners trastoquen lo que, en principio, en manos de George R. R. Martin, serán conceptos mejor desarrollados cuando se publiquen Vientos de invierno y Sueño de primavera. Pero la séptima temporada de Juego de Tronos cuenta lo que había que contar, sin más. No obstante, hemos pasado de diez a siete capítulos, y eso ha tenido consecuencias directas en el ritmo de la historia.

En Juego de Tronos hay dos clases de personajes: los que se teletransportan y los que se teletransportan un poco más lento. Una de las cosas que me fascina de Canción de Hielo y Fuego es que el viaje es tan interesante como el destino. Aquí esa ya parece dar absolutamente igual, con una temporada que va colocando a los jugadores clave donde los necesita sin preocuparse de la lógica temporal. Un desastre que en más de una ocasión distrae por lo obvio que resulta.

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Otro desastre: el romance entre Jon Nieve y Daenerys Targaryen, que podemos colocar ya a la altura de otros grandes clásicos como el de Anakin Skywalker y Padmé Amidala. Los dos actores alcanzan nuevos niveles de inexpresividad mientras el guión no sabe cómo hacernos creer que se enamoran de una manera que no sea exposición en boca de otros personajes. Jon Nieve sigue alejándose cada vez más de su contraparte literaria, mientras sigo sin entender cómo puede ser alguien al que nadie siga. Sirvan de ejemplo sus acciones más allá del Muro.

Manteniéndonos en el Norte, la trama de Sansa, Arya y Meñique ha sido llevada de una manera, cuanto menos, extraña. El desenlace más o menos logra compensar lo anterior, pero lo cierto es que ha faltado savoir faire en cada paso de la trama. Los que sí que han estado geniales son Jaime y, sobre todo, Cersei Lannister, MVP de las dos últimas temporadas. Nada que objetar aquí, mucho que disfrutar, especialmente en el último episodio.

Y es que, a pesar de sus fallos, Juego de Tronos se disfruta. La serie sigue sabiendo emocionar y ofrecer batallas intensas. Te sigues preocupando por los personajes y su mundo sigue siendo tremendamente interesante. Siete capítulos se hacen cruelmente cortos, igual que la espera a la próxima temporada. HBO nos sigue ofreciendo un producto que disfrutar sin problemas. No tienen la calidad de los libros, y ya dejó de tener sentido pedírsela.

Lo mejor – La espectacularidad. Cersei. Algunos momentos y revelaciones largo tiempo deseados.
Lo peor – El romance entre Jon Nieve y Daenerys Targaryen. El continuo teletransporte.
Los 3 momentos de la temporada – 1) Cersei revela su plan y amenaza a Jaime con matarle. 2) El Rey de la Noche derriba el Muro. 3) El asalto de Daenerys al ejército Lannister.

 

El fuego derrite el hielo, por Pedro de Mercader

 

Y el invierno llegó. La séptima temporada arrancó con toda la expectación que se puede llegar a tener. Tras los espectaculares últimos episodios con los que cerraron la temporada anterior, como espectador, estaba deseando ver el evento seriefilo (mainstream) del año: el enfrentamiento defintiivo de todas las casas por el trono de hierro. El climax para el que nos han estado preparando durante todas las temporadas anteriores. ¿Ha estado a la altura? Lamento que no voy a mostrarme especialmente optimista.

Si bien la temporada anterior ganó como portento estético (para el recuerdo quedan la sucia batalla de los bastardos o la magnífica secuencia de montaje del décimo episodio, aderezada por un inesperado piano que puso banda sonora a buena parte de mi verano pasado), lo cierto es que argumentalmente he sentido que la serie se ha visto resentida por la ausencia de la figura inmisericorde de George RR Martin. Ahí ví el origen de muchos de los males que son aun más patentes en esta temporada: el fan service, la alteración de sus propias reglas del juego, cierto desgaste y complicidad mal entendida, una dirección que tira más por lo espectacular a toda costa que otra cosa (echando de menos el pulso de Miguel Sapochnic, (probablemente el que mejores episodios ha dirigido entre el amplísimo plantel de directores que ha tenido la serie)…

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Y es que, desgraciadamente, esta séptima temporada ha estado lejos de estar a la altura de lo que prometía. Y, lo que es peor, se le ven las costuras sin hacer demasiado esfuerzo. El hecho de que el ritmo se haya visto alterado arbitrariamente, los ex machinas de manual, la construcción forzosa de las relaciones entre personajes, los planes absurdos de las distintas casas: ¿Un hombre con mil hazañas militares a sus espaldas como Jamie Lannister, Va a encarar de esa forma a Daenerys? ¿En serio a estas alturas creen nuestros protagonistas que van a convencer a Cersei, desviarla de sus verdaderos objetivos, de nada? ¿Y no hay mejor forma de hacerlo que arriesgar la vida del mismísimo rey del norte yendo a una misión suicida? ¿A ninguno de los que se embarcan a la misión se le ocurre llevar vidragón o fuego? ¿En serio nos tenemos que creer el manejo temporal desde de Gendry sale (desarmado, porque, por supuesto, no se va a encontrar ningún obstáculo) hasta que Daenerys acude al rescate? ¿Meñique, maestro de la manipulación, va a llevar a cabo un plan tan facilón, y no ha tenido en cuenta el escenario más que evidente de que se le puede volver en su contra? ¿Es verosímil toda la estrategia de Cersei en el último episodio? Me temo que la respuesta a todo es que no, pero como a los guionistas les conviene que las cosas deban suceder aunque atenten a la lógica argumental, es lo que tenemos.

Pero, aún así, a este león todavía le quedan garras. A pesar de haberse convertido en una caricatura. A pesar de los mil y un sin sentidos que ha contenido esta temporada. A pesar de que todo se precipita lo suficientemente ágil como para que el espectador no se plantee nada. A pesar de todo ello, la serie sigue teniendo momentos dorados como todo el encuentro entre los personajes, los movimientos de Euron Greyjoy, el plano de la caída de Jaime al lago, las conversaciones entre los distintos personajes en el episodio 6, el reencuentro entre Tyrion y Cersei, la psicopatía deshinibida que exhibe la reina a lo largo de esta temporada… Y son esos pequeños detalles donde todavía queda un ligero vestigio de lo que es Juego de Tronos: una serie de personajes. No de dragones que vuelan mejor que nadie ni de batallas multitudinarias por el poder (que no deja de ser mera peripecia, acciones que llevan a cabo dichos personajes para conseguir su objetivo)… No es suficiente como para salvar la temporada en su conjunto, pero sí para que sigamos viéndola. Y, con esto, parecen conformarse de cara a la recta final.

Lo mejor – Lena Headey.
Lo peor – El exceso de complaciencia con los fans, a costa de la lógica argumental.
Los 3 momentos de la temporada – 1) La emboscada de Euron 2) El encuentro de TODOS los personajes 3) Los momentos previos a la batalla con los caminantes blancos

 

Juego de Prisas, por Raúl Gutiérrez Martínez

 

Antes de comenzar mi análisis de la séptima temporada de Juego de Tronos (el cual incluirá spoilers, por lo que si no queréis saber nada de lo que ocurre, por favor, no leáis mi crítica), pongo sobre aviso a la comunidad de ZN: Soy muy fan de los libros y relatos de este universo, los he leído todos varias veces, pero ello no significa que vaya a hacer un análisis en el que juzgue la serie en comparación con los libros. Literatura y Televisión son dos mundos diferentes que se comunican en lenguajes diferentes con su público objetivo, y mi intención es juzgar la serie como lo que es, un producto televisivo. Si hay quien desprecia la serie porque ésta no se parece a los libros que adapta, como ocurre en estas ocasiones, basta con no verla. Sin embargo, cuando una serie no funciona como el producto televisivo que es (independientemente de si su origen está en una obra literaria o no) es que algo falla.

Entiendo que lo primero que la comunidad pensará al leer la última frase que acabo de escribir, es que estoy equivocado. Que es evidente que la serie funciona como tal. Y es que, es innegable que su audiencia es enorme, que su comunidad fan crece temporada a temporada, y que es la serie de la que todo el mundo habla, ya sea al día siguiente mediante “memes” en las redes sociales, o simplemente para alabarla o ponerla a parir.

Pero sí, sigo manteniendo que la serie no funciona como tal. Y es que, por muy grande que sea la audiencia de la misma, para mí eso no es suficiente, no como el espectador que soy, que exige que una serie de este calado, con tantísimo dinero invertido por capítulo, tenga un guión que como mínimo sea coherente.

En efecto, este es el principal problema de Juego de Tronos: Su deficiente guión. Las cosas ocurren porque sí, porque tienen que ocurrir, porque es lo que se espera que ocurra, y porque son bombazos que encantarán al espectador. Pero el problema no es el “Qué” si no el “Cómo”. Realmente, esta situación no es algo que me sorprenda, pues era algo que ya venía pasando desde más o menos la cuarta temporada, cuando la serie se siente incapaz de gestionar tanto personaje junto y tira de tijera y de momentos espectaculares para seguir encandilando al lector.

El problema es que en esta séptima temporada (de la que recordemos acabamos de ver su primera mitad, faltando la segunda mitad y final de la serie) la serie se aproxima a su conclusión, aquella en la que la gran batalla entre el Hielo y el Fuego tendrá lugar con el resultado que proceda, en la que el Bien y el Mal en términos absolutos se enfrentarán a muerte, por lo que ya no ha lugar a tramas palaciegas, o a discutir qué Rey debe sentarse en el Trono de Hierro, siendo ya hora de que todos entiendan que existe un enemigo común más grande que todo eso.

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Y otra vez, ese no es el problema. Como he dicho antes, no es el qué, sino el cómo. No pasa nada porque se vayan cerrando estas tramas de corte por mucho que nos gusten, pues es obvio que la serie se dirigía a esta gran confrontación más grande que cualquier complicación política desde su primer capítulo, en el que dos Hermanos Negros mueren a manos de muertos resucitados más allá del muro, sin que nadie en Poniente les crea. La cuestión es que estas tramas se cierran a toda mecha, sin dejar tiempo al espectador para que respire y obviando toda lógica en el guión de la serie, o en el juego de los tiempos que marcan la trama.

Yéndonos a ejemplos concretos, en el capítulo 5, Davos va desde Rocadragón a Desembarco del Rey, vuelve a Rocadragón y Jon Nieve sale de dicho enclave junto con Gendry para ir al Muro. Todo eso en un capítulo. A Bran Stark le costaba temporada y media llegar desde Invernalia hasta más allá del muro, pero cuando a la serie le conviene, el mapa encoge de tamaño.

Otro ejemplo, y podría dar al menos dos por episodio, es que las cosas ocurren porque tienen que ocurrir, y así, por casualidad, Samwell Tarly se encuentra en la Ciudadela de Antigua (de la que es un simple novicio sin acceso legítimo a sus muchos documentos que por lo visto no están custodiados) con un libro aleatorio que guarda uno de los secretos más importantes de todo Poniente, el del linaje de Jon Nieve. Este secreto se completa con la revelación de Bran Stark, la cual decide dar a Sam nada más verlo después de varios años, pero no a sus hermanas o a otro personaje.

Como en Juego de Tronos no utilizan la técnica del resumen previo a cada episodio (más que aquella vez en la quinta temporada en la que nos recordaron como Robert comentaba a Ned Stark su odio por Rhaegar Targaryen) y es una serie con muchísimos personajes, por lo que es lógico que el espectador medio, que no es lector de los libros de George RR Martin, y que sólo ha visto la serie una vez no recuerde del todo quién es quién, sobre todo cuando hay un lapso de un par de temporadas entre la última aparición de un personaje concreto y su regreso. Por ello, al no existir la técnica del resumen, los personajes tienen que recordar todo lo ocurrido mediante diálogo, generando situaciones muy artificiales y raras en pantalla, en la que parece que los protagonistas tienen que hacer ejercicio constante de memoria.

Daenerys, esa gran Emilia Clarke que siempre nos brindó una Joven Dragona con más valor e integridad que muchos grandes señores de Poniente, incluso cuando no tenía nada, se ha convertido en esta temporada en un personaje bipolar y borderline que hoy te otorga piedad, y mañana te quema vivo.

De todas las tramas que conforman esta temporada, la única que me resulta medianamente creíble es la del complot de Meñique en Invernalia y la resolución de éste, ¿por qué? Porque es la única que se cocina a fuego lento, y por tanto es verosímil.

En conclusión, es evidente que hace tiempo que Juego de Tronos decidió dejar de apostar por un guión trabajado y con sentido común, habida cuenta de que las audiencias se disparaban año a año con independencia de la calidad de éste, por lo que esta temporada no ha sido sino una consecuencia lógica de este mal hacer que la serie lleva arrastrando desde al menos su cuarta temporada, dando la impresión de que todo lo que importa es sacar Caminantes Blancos o Dragones haciendo de las suyas, porque HBO es consciente de lo mucho que eso emociona al espectador.

Es por ello que la serie tiene a mi juicio un 4, una nota bajísima para una producción de estas características, a la cual no le pongo un 1, porque en lo que respecta a efectos especiales y a las coreografías de batalla, sigue siendo la más espectacular.

Lo mejor – Como siempre, el tratamiento del CGI y de los efectos especiales
Lo peor – La prisa que se masca toda la temporada, dando lugar a un guión nefasto, lleno de incoherencias y fan service
Los 3 momentos de la temporada – 1) El reencuentro entre Arya y Nymeria. 2) El fin de Meñique. 3) Los dragones no son invulnerables.

 

Poniente, entre lo espectacular y lo incoherente, por Rubén Merino

 

Ha finalizado la séptima temporada de Juego de Tronos, la más atípica no solo por su duración, sino también por algunas de las decisiones de los creativos. No se me caen los anillos al reconocer que la serie es, sin duda, una de las mejores adaptaciones literarias que se han llevado al medio audovisual, con un mérito enorme debido a la complejidad de plasmar debidamente un mundo tan rico y plagado de matices como el de Canción de Hielo y Fuego. Pero el problema para una gran adaptación es el momento en el que te quedas sin nada que adaptar y además esa sequía de material original te llega en el momento decisivo de transición al clímax de la obra. Con esa diatriba de qué dirección tomar en cada trama que lleva persiguiendo a Juego de Tronos desde la quinta temporada nos presentamos en la penúltima, y si en la temporada anterior el resultado global fue bastante satisfactorio viendo el camino que iba tomando la historia, esta séptima nos deja un global repleto de luces y sombras, de aciertos y desatinos que agrada a unos y no termina de convencer a otros, entre los que me incluyo.

Vaya por delante que entiendo mucha de las decisiones tomadas por los guionistas, enormemente condicionados por el hecho de tener solo dos temporadas más (y cortas para más inri) para rematar una obra tan magna como esta, y que el ir con el acelerador pisado y no ser tan detallado en muchas tramas es algo casi obligado. De hecho es algo que también temo que le ocurra a Martin en la obra original, que en solo dos libros sea incapaz de ser tan sumamente preciso y pueda cocer tan a fuego lento cada hilo que teje en la trama de esta novela río y el final de la saga me resulte apresurado. En algún momento hay que meter la directa para llegar al colofón final, pero para mí esto ha hecho que la serie pierda parte de la esencia que la hizo grande en las tres primeras temporadas, ese arte de ir colocando poco a poco todas las fichas en el tablero para sorprendernos con un jaque mate que nadie veía venir. Entiendo la necesidad de ir más al grano, pero creo que la serie patina al utilizar unos guiones y unas tramas demasiado previsibles, demasiado comunes, demasiado fanservice. Creo que esta séptima temporada solo hemos tenido un momento evidente de sorpresa, en la parte dedicada al Muro, mientras que el resto no eran más que confirmaciones de teorías que todos teníamos en mente y pasos de puntillas sobre tramas que, en otro momento, hubieran tenido un desarrollo más pausado y satisfactorio, regalándonos momentos aun más memorables.

Quizá lo más notorio de todo esto ha sido el paso total a una fantasía épica de manual, a una historia de dragones y mazmorras muchas veces vista, del bien contra el mal, perdiendo por el camino todo ese mundo de matices que caracterizaban a la serie. Ahora tenemos bandos muy claros y hay poco espacio para la traición, la maquinación, el uso del caos como una escalera. De hecho eso se hace evidente en el prescindir o eliminar a ciertos personajes que eran los máximos exponentes del Juego de Tronos. Grandes como Varys o Meñique, que antaño movían los hilos en las sombras y ponían el picante a cada temporada, han quedado reducidos a la mínima expresión, porque el ritmo de la serie ya no aguanta su manera de actuar, demasiado directa para ellos. Aun así ha habido un intento de dar un final digno al menos al “bueno” de Petyr Baelish, con una trama que si bien dista de ser perfecta, al menos trata de mantener el disfraz de conspiración, con un final adecuado para el personaje, pero algo insípido y falto de sentimiento en ese juicio llevado a cabo por las lobas de Invernalia. Lo que en otra temporada hubiese sido todo un culmen, como lo fue el de Tyrion acusado de envenenar a Joffrey, queda eclipsado por el paso a la acción y la espectacularidad.

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Ese giro en el ritmo y el enfoque ha hecho que por el camino solo veamos de soslayo tramas que podrían haber sido mucho más: demasiado fugaz la aparición de Roca Casterly, el apresurado paso de Sam por Antigua solo para utilizarle como excusa para dar a conocer secretos difíciles de ser vox populi sin la intervención de él o de Bran, la sanación exprés de la psoriagrís de Jorah, los cameos de ese Euron reimaginado que parece más un capitán Sparrow que un rey de las Islas del Hierro, la rápida culminación del plan de batalla de Daenerys y sus tropas, la potente presencia de Cersei en el Trono de Hierro… Comprendo que es difícil demorarse mucho en cada trama cuando hay tanto por cerrar y una guerra contra los muertos por plantear, pero la manera de resolver la mayoría de estas, con deus ex machina y acelerones de guión de por medio, me ha dejado bastante decepcionado. No solo eso, sino también el hecho de pasarse por el arco del triunfo la geografía de Poniente solo para poder tener las fichas en el lugar del tablero necesario en cada momento me ha parecido demasiado exagerado e incluso confuso en ocasiones. Se ha premiado el espectáculo por encima de la coherencia en muchos momentos, y eso es algo que rechina en una serie con el pasado que tiene esta.

También se ha perdido ese miedo a enamorarte de un personaje porque nadie estaba a salvo de la muerte en esta serie, ahora es enormemente complicado que alguien doble la rodilla, y eso hace que los momentos de clímax pierdan algo de empaque al saber que la muerte es solo una amenaza artificial, efectista. Solo en un par de momentos en la temporada, con Tormund más allá del Muro y en la fantástica despedida de Jaime de Desembarco del Rey he sentido miedo real de perder a dos personajes que me importaban. Quizá eso es algo de lo bueno de la temporada, que pese a todos los sacrificios de la esencia necesarios para llegar al final, los personajes en su mayor parte siguen manteniendo su carisma, su capacidad de llegar al espectador. Vemos a un Jaime muy cercano al literario, una fantástica Olenna, un Theon que sale poco pero que se come la pantalla, una Cersei superlativa a la que es imposible no amar y odiar a la vez… Es cierto que otros personajes se han desdibujado y son mucho menos de lo que esperábamos, como Bran, Arya o Sansa, que aunque cumplen con su cometido, me han resultado por debajo de las expectativas, quizá por su previsibilidad. Pero en general los personajes y el desempeño actoral me han parecido muy satisfactorio en estos 7 episodios.

Lo mismo digo del nivel de la producción, a nivel visual, localizaciones, efectos, música… Todo eso ha sido muy redondo esta temporada y pocos peros se le pueden poner, llegando a mostrar escenas que sin duda serán icónicas de la serie (la muerte de Vyserion, la caída del Muro, la escena final de Ellaria Arena, Jaime saliendo de Desembarco bajo las primeras nieves del invierno, algunas entre Jon y Daenerys, la confirmación del famoso R+L=J…). En definitiva, tengo una sensación agridulce con esta séptima temporada de Juego de Tronos, que ha acelerado su ritmo y ha tirado por el camino fácil para resolver la mayoría de las tramas y poner a todos en la línea de salida para el gran colofón. La serie ha ganado en espectacularidad, y entretiene, pero ha perdido mucho de la esencia de la saga en pos del aplauso fácil, resolviendo muchas cosas con un deus ex y rompiendo en ocasiones sus propias normas. Se nota demasiado la falta del material de Martin más allá del punto final en el que saben que tienen que terminar las cosas y han optado por no arriesgar. Aun así la sensación general es de ser una buena temporada, que pese al cómo ha conseguido llegar a un desarrollo lógico del argumento y que deja con muchas ganas de conocer el desenlace.

Lo mejor – El gran nivel de producción de la serie, a nivel de localizaciones, efectos y música ha sido una de las mejores temporadas.
Lo peor – Se nota demasiado la ausencia de material literario, los guiones son previsibles y traicionan la esencia de la serie, premiando la espectacularidad y el fanservice a la coherencia.
Los 3 momentos de la temporada – 1) La caída del Muro 2) La despedida de Lady Olenna 3) Gilly y su descubrimiento de la anulación matrimonial de Rhaegar Targaryen

 

Elipsis de hielo, por Sergio Fernández

 

Una vez hecha la digestión de esta séptima temporada, mis sensaciones son un tanto frías y, me temo, no tiene que ver con la cacareada llegada del invierno. Juego de Tronos ha sido, es y será uno de los mejores productos en la historia de la televisión. Debido a esto y con el paso de los años, las expectativas para con la serie son muy elevadas. Actualmente nos encontramos en la fase de desenlace por lo que las intrigas palaciegas han dejado de reinar en Poniente para dar lugar a la acción más desenfrenada ¿Es esto un problema? En absoluto. ¿Qué ha ocurrido para que mi efusividad haya bajado varios enteros? El tiempo, amigos lectores, y no me refiero al atmosférico…

Gracias a la suspensión de la incredulidad disfrutamos de la ficción en general dejando de lado las posibles incoherencias que una obra pueda tener para, de esta forma, poder disfrutar de la misma adentrándonos en ella. Debido a las constantes elipsis temporales (lo del episodio 6 resulta sonrojante) los guionistas han conseguido sacarme más de una vez del visionado con el consiguiente Pfff brotando de mis labios. Da la impresión de que todo se podría haber solucionado si en vez de 7 capítulos hubieran utilizado los habituales 10 por temporada. Pero como dijo Bill Clinton en la campaña electoral de 1992 “¡Es la economía, estúpido”! Poderoso caballero es don dinero y el tema de la renovación de los contratos (Peter Dinklage, Kit Harington, Lena Headey, Emilia Clarke y Nikolaj Coster-Waldau han pasado a cobrar 500.000 dolares cada uno por cada episodio en el que aparecen en las dos últimas temporadas) ha podido ser la principal causa del comentado recorte y, en consecuencia, de la calidad menguada del producto final.

Ha sido esta una temporada en la que varios personajes que no habían cruzado sus caminos por fin han podido hacerlo. El encuentro más sonado ha sido el de Daenerys y Jon Nieve (¿o deberíamos llamarle Aegon a partir de ahora?). No soy una de esas personas que detesten que la Madre de los Dragones y el Rey en el Norte acaben juntos, pero el calzador con el que han forzado la relación es del tamaño de Invernalia. Hablando de la cuna de los Stark, aquí también hemos podido ¿disfrutar? de los fríos encuentros (el verano les sentaba a todos mejor en este reino) entre hermanos. Bajo la atenta mirada de Meñique (¡¡por fín se hace justicia con este malparío!!), hemos podido comprobar como Sansa tiene hechuras de gobernanta, como a Arya ya no la reconoce ni su huargo y como Bran… bueno Bran ha tenido muy mal crecer. La adolescencia en un cuervo de 3 ojos nunca fue sencilla.

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Lo que si que me ha gustado, y mucho, es la tensión in crescendo entre Cersei (la madre de todas las malas) y Jaime. Los Lannister siempre pagan sus deudas y estos dos, después de años compartiendo cama, parece que van a acabar pagándolo el uno con el otro. ¿Las apuestas? A) Jaime mata a Cersei o B) Arya mata con la cara de Jaime a Cersei. Por cierto, hay una parte de la conversación entre Tyrion y su hermana mayor en el último capítulo que, estoy seguro, no se nos ha mostrado y puede resultar clave para lo que nos espere en la octava y última temporada.

Me he quedado con ganas de ver más en acción a los caminantes blancos. Aunque ya nos contaron su origen, ansío seguir descubriendo su funcionamiento y objetivos. El giro haciéndose con el dragón y su posterior transformación me pareció genial. Confieso que la forma de fundir el muro en el último capítulo para así poder cruzar me pilló de sorpresa.

Se me antojan muy pocos los 6 capítulos que quedan para cerrar tanto la guerra en el norte como el destino del trono de hierro y los principales opositores al mismo. No obstante, albergo mis esperanzas en que volvamos a tener un capítulo con la epicidad de “La batalla de los bastardos”, un capítulo con la agonía de “Las lluvias de Castamere” o un final a la altura de “Vientos de invierno”.

“Deja un lobo vivo y las ovejas nunca estarán a salvo.” Arya Stark.

Lo mejor – El episodio 3 en general y la venganza en plato frío que Cersei (el mejor personaje, de largo, de la temporada) le sirve a Ellaria Arena en particular.
Lo peor – Los viajes a la velocidad de la luz por tierra, mar y aire. Lo poco y mal desarrollado que está el enamoramiento entre “Danny” y Jon (Ay! Si te viera Ygritte… no sabes nada Jon Nieve…)
Los 3 momentos de la temporada – 1) Olenna (te echaremos de menos) despidiéndose a lo grande 2) El dragón de hielo fundiendo el muro 3) Game Over Meñique

 

Bien, pero…, por Víctor José Rodríguez

 

Esta temporada nos ha maravillado, emocionado, fascinado y … en parte, defraudado, pues aunque han pasado muchas cosas importantes la manera de contarlas en esta ocasión no ha estado, en mi opinión, a la altura de lo que nos tenían acostumbrados en años anteriores. Han faltado más escenas intensas, conversaciones que giraban la trama, batallas más épicas y, en cambio, han sobrado escenas que han rellenado minutos y contado muy poco en demasiado metraje, o al revés, han tirado de demasiadas elipsis narrativas. Vayamos desarrollándolo.

He disfrutado enormemente del encuentro, tan esperado, entre Jon Snow (a partir de ahora será Aegon Targaryen) y Daenerys, con ese primer cara a cara tan intenso, en el que ambos se echan en cara el pasado de sus familias y reclaman mirar hacia adelante, con la madre de dragones exigiendo al Rey en el Norte que se arrodille y le jure lealtad como legítima heredera de los Siete Reinos. También con la unión de los ejércitos de los Inmaculados, Dothraki, Greyjoy, Tyrell y Martell/Sand, para dividirse la conquista de Westeros. Pero me decepcionó la rápida derrota de la flota comandada por Yara, la huida de Theon y el secuestro de Ellaria Sand y la superviviente de sus hijas a manos de Euron Greyjoy para luego desaparecer de la trama, así como la ausencia de metraje sobre la batalla entre los Tyrell y los Lannister, aunque Olenna tuvo una despedida digna. Otro asunto que no me ha convencido ha sido la eliminación de algunos personajes que prometían más, como las hijas de Ellaria Sand, la muerte de Thoros de Myr, las de Randyll y Dickon Tarly, realmente esperaba que todos esos personajes hicieran algo con mayor relevancia.

Me han encantado los regresos y reencuentros de los Stark en Winterfell, ha sido muy emotivo ver a los pequeños, ya crecidos, volver a casa después de vivir y sufrir un sin fin de aventuras y calamidades que les han hecho madurar, crecer y, sobre todo, evolucionar. Me encanta Sansa, para mi, uno de los personajes que más y mejor han evolucionado. Ha pasado de ser una niña rica con aspiraciones de princesa a una auténtica líder política y férrea defensora del Norte, de su casa, sus tierras y sus gentes. Jon será el rey elegido por las casas del norte, el líder militar, pero en esta temporada Sansa ha sido la mano que mece los hilos necesarios con cabeza para mantener unidas a todas las casas frente a la verdadera amenaza que viene más allá del muro. En muchos lugares de la red la han calificado como la Cersei del Norte, me parece un apelativo de lo más acertado, pues si algo podemos decir de la actual reina es que siempre ha velado por los intereses de su familia, cueste lo que cueste. Algo a valorar, por supuesto. Arya, por su parte, ha jugado un papel que no me ha terminado de convencer, con muchas escenas fan service para lucir sus nuevos dones tras su adiestramiento en Braavos. Así como su empeño en perseguir injustamente a su hermana, acusándola de preocuparse solo por el poder. Sobre el Bran Cuervo de Tres Ojos solo diré que podrían haber enfocado su carácter de una manera menos modorra y que han aprovechado, hasta ahora, muy poco sus poderes.

Las aventuras de Jon Snow y la compañía del anillo la Hermandad Sin Estandartes, Jorah Mormont y Gendry en el norte, en busca de un caminante blanco para llevárselo a Cersei y pedir su apoyo me estaban encantando hasta que llegó esa resolución tan desastrosa. Antes de eso, ¿qué pretendían Thoros de Myr, Beric Dondarrion, El Perro y los demás yendo al Muro? ¿Iban a luchar ellos solos contra todo el ejército del Rey de la Noche? ¿Por qué no se mostró su encuentro con Tormund y los acontecimientos que los llevaron a esa celda? En cuanto a la resolución de la trama: ¿a qué velocidad corre Gendry y vuela el cuervo? ¿Y el Dragón? Son pequeños detalles que podrían pasarse por alto en favor de la trama, pero que me sacan de la misma. En otras temporadas se jugaba perfectamente con los tiempos, para que el espectador entendiera que unos acontecimientos y otros transcurrían con un espacio en el tiempo. Es un detalle que molesta, como que Ser Davos vaya a King’s Landing en una barquita con Tyrion a buscar a El Toro (que por cierto, vaya solución a su misterio más sin sabor y qué alejada queda su versión del personaje de las novelas) y parezca que vuelve en el día a Dragonstone quita lustro a la serie. Al igual que ver a Jaime Lannister salir del fondo de un lago con toda la armadura y la espada envainada. ¿En serio? ¿Bronn tiene poderes para levantar a peso muerto a un tipo de su embergadura con una armadura de metal? ¿Dónde han quedado las leyes de la física y el rigor?

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Volviendo al tema de la búsqueda del caminante blanco, me decepcionó la llegada de Daenerys en el último segundo. Estuvo bien, claro, pero no fue tan épica como la llegada de Sansa, Meñique y el ejército del Valle en la Batalla de los Bastardos, pues se estuvo anunciando durante todo el episodio que iba a ir. Además, la vimos subir al dragón antes de marchar. Es un detalle que indica que la serie ha perdido su capacidad de sorprender, girando más hacia una historia de aventuras que empieza a tornarse predecible. Por último, la aparición del tío Benjen para salvar a Jon y el regreso in extremis de este tuvo el mismo problema de edición que la carrera de Gendry por la nieve. Me falta un poco más de cuidado en la narración para que no parezca que están a cien metros del muro. Pequeños detalles…

Entiendo que el recorte de episodios ha provocado que la historia deba avanzar más rápidamente. Y eso es muy positivo, era algo que la serie necesitaba, acercarse a su final. Pero de ahí a recortar tanto el tablero del juego sin mimo va un trecho. Si miramos cómo ha quedado el resultado, eliminando la mayoría de subtramas y centrando la acción sólo en la amenaza de los caminantes blancos, con la traición al pacto de Cersei de fondo, nos queda una muy buena situación de cara a la última temporada, pero el camino hasta llegar aquí no ha sido todo lo perfecto que esperaba. Hemos tenido una temporada en la que el planteamiento de la acción creaba expectativas pero siempre se han cumplido las resoluciones más evidentes. Al menos, en la mayoría de los casos. Se han enamorado Jon Snow y Daenerys, los caminantes blancos han cruzado el muro, en Winterfell gobiernan los Stark, los Tyrell se han quedado fuera del juego, Jaime ha abandonado por fin a su hermana… son cosas importantes, sí, pero se han desarrollado tal y como se veían venir, apenas ha habido giros de guión que sorprendieran. A excepción del último episodio, donde sí se vieron momentos de tensión y alguna sorpresa.

El descubrimiento de que Jon Snow es hijo legítimo de Rhaegar Targaryen, pues su boda con Lyanna Stark fue válida, su nombre real es Aegon Targaryen y es el legítimo heredero al Trono de Hierro ha sido un momento culmen de la temporada. Tardó en llegar un poco de luz sobre este asunto, pero lo hizo de manera muy emotiva. Ahora bien, los lectores de los libros saben que hay un Aegon Targaryen que es hijo del primer matrimonio de Rhaegar con Elia Martell. Es un personaje interesante que, seguramente, se quedará fuera de la serie, como tantos otros. De todas formas, dejando las novelas a un lado, se me plantea una cuestión acerca de la identidad de Jon Snow: ¿realmente George R. R. Martin tenía este plan para él al principio de las novelas? ¿Y al principio de la serie televisiva? ¿Han improvisado con él en función de su éxito y popularidad? ¿Será coronado como fan service?

Ya lo veremos. Aunque tendremos que esperar demasiado para verlo.

Lo mejor – El avance de la historia
Lo peor – La falta de cuidado en los detalles de edición
Los 3 momentos de la temporada – 1) El primer “dracarys” de Daenerys a lomos de Drogon 2) La última conversación de Cersei y Jaime 3) La sorprendente ejecución de Petyr Baelish.

 

¡Es la hora de la encuesta!

¿Qué te ha parecido la séptima temporada de Juego de Tronos?

  • Notable. Han sabido seguir muy bien la historia. (27%, 48 Votes)
  • Regular. Tiene agujeros del tamaño de un dragón. (25%, 44 Votes)
  • Buena. Todo va bien... Tyrion sigue vivo. (22%, 39 Votes)
  • Excelente. Ya casi ni echo de menos los libros. (21%, 38 Votes)
  • Mala. Los responsables deberían ser sacrificados al Señor de la Luz. (5%, 8 Votes)

Total Voters: 177

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  Género: Fantasía, Drama Creador: David Benioff y D. B. Weiss Reparto: Peter Dinklage, Nikolaj Coster-Waldau, Lena Headey, Emilia Clarke, Kit Harington, Aidan Gillen, Carice van Houten, Sophie Turner, Maisie Williams, Rory McCann, Liam Cunningham, Nathalie Emmanuel, Isaac Hempstead-Wright, Kristofer Hivju, Gwendoline Christie, Jonathan Pryce, Alfie Allen, Gemma Whelan, David…

Valoración Final

Alejandro Ugartondo - 8
Cristian Miguel Sepúlveda - 7.8
Daniel Gavilán - 7.5
Francisco Miguel Espinosa - 9.5
Jordi T. Pardo - 8
Juan Luis Daza - 8
Nacho Teso - 6.8
Pedro de Mercader - 4.5
Raúl Gutiérrez - 4
Rubén Merino - 7
Sergio Fernández - 7
Víctor José Rodríguez - 6.7

7.1

Buena

La redacción llega a la conclusión que pese a lo que se podría temer la séptima temporada de Juego de Tronos no ha sido un total desastre. No llega al notable de otras temporadas pero en términos generales la producción de la HBO sale bien librada en esta nueva tanda de capítulos. Por otro lado, muchos redactores coinciden en algunos de los problemas de esta temporada: la aceleración de sus tramas, el exceso de guiños de cara a los seguidores, la deriva de algunos personajes, etc. Una cuestiones que no minan por conocer el desenlace de esta epopeya que nos ha mantenido intrigados durante tanto tiempo.

Vosotros puntuáis: 8 ( 23 votos)
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Barcelona (Septiembre, 1980). Mordido por una viñeta adquirí un asombroso interés por el mundo del cómic y sus galaxias cercanas. Los Clásicos Ilustrados que adaptaban novelas de misterio y aventuras fueron mi primer pasaje a este universo. Luego llegarían Mortadelo y Filemón, Superlópez, Spider-Man, Dragon Ball y V de Vendetta. Para comienzos del siglo XXI había desarrollado una ecléctica pasión por el medio. En la actualidad, disfruto especialmente del cómic independiente estadounidense y el manga. En está, mi segunda casa, colaboro como reseñista y articulista hablando de cómics, cine y series.
Nací en el sur de España, aunque desde pequeño tenía la cabeza perdida entre mundos de fantasía. Descubrí los cómics a través de un baúl en casa de mis tíos, y nunca he salido de aquel cofre del tesoro. Enemigo de la nostalgia pero amante de la Historia, mis fascinación por cualquier medio de narración ha ido puliéndose hasta transformarse por pasión por el cómic en general y el universo Marvel en particular. Redactor de Zona Negativa desde 2010, es imposible mirar atrás sin pensar en este periodo compartido con vosotros como una experiencia irrepetible, de esas que dejan huella.
Nacido en Alicante y adoptado por Madrid. Es autor de las novelas Encerrado (Atlantis, 2009), XXI (Ediciones B, 2011), Cabeza de Ciervo (Dolmen, 2014) e Infernorama (Dolmen, 2015). Ha ganado premios y ha sido traducido al inglés en la antología The Best of Spanish Steampunk. Entre su labor creativa también escribe cómics y videojuegos y colabora con medios como El Pais, Ambito Cultural y Zona Negativa. @FranciscoMEsp
Nací en Linares (Jaén) en 1982, desde bien temprano sentí la llamada del cine y los cómics. En 1994 mi vida cambió cuando Philadelphia de Jonathan Demme me hizo interesarme por primera vez por la gente que había detrás de las cámaras. Mis directores favoritos son Luis Buñuel, David Cronenberg, Paul Verhoeven, Oliver Stone, Stanley Kubrick, Terry Giliiam, David Lynch, Quentin Tarantino o Roman Polanski entre otros. Dentro del mundo de las viñetas guionistas como Alan Moore, Grant Morrison, Warren Ellis, Frank Miller o Garth Ennis me iniciaron en el cómic de autor que me trajo a Zona Negativa.
Empecé con series animadas como 'Spider-Man y sus Asombrosos Amigos' y el 'Spider-Man' de los 90. En las viñetas, mis primeros números fueron unos 'Marvel Team-Up' de Bill Mantlo, Chris Claremont y John Byrne. A eso le siguió Gerry Conway en 'Amazing Spider-Man', con la muerte de Gwen Stacy. El asunto continuó con los 'X-Men de Claremont' desde que se afianzan en Australia, y fui creciendo acompañado del 'Ultimate Spider-Man' de Bendis, cuyos 'Nuevos Vengadores' me abrieron al resto del actual universo Marvel. La Casa de las Ideas es mi sitio, y actualmente disfruto del 'Venom de Cates', el 'Immortal Hulk de Ewing', 'Thor de Aaron'... y de cualquier buena serie que me haga recordar por qué disfruto con esto de los cómics.
(Madrid, 1990). Juntaletras aficionado al manga, cómic, cine, videojuegos... y casi cualquier forma de cultura. Crecí devorando tomos de Super Humor y Dragon Ball y capítulos animados de Tintín. Desde entonces he procurado empaparme un poco de todos los autores y estilos posibles. Alan Moore, Naoki Urasawa, Shuzo Oshimi y Neil Gaiman son mis autores de cabecera. Y Taiyo Matsumoto. Y Suehiro Maruo. Y Ken Akamatsu. Y Boichi... Y... Graduado en Periodismo y redactor en Zona Manga.
Bilbao (1982). Licenciado en Sociología. Soy, desde que tengo uso de razón, un amante empedernido del Cine gracias a Hitchcock y Kubrick. Criado en Corleone, visité la puerta de Tannhäuser como tripulante de la nave Nostromo. Tras una breve etapa en Tatooine y Mordor decidí regresar a Twin Peaks, desde donde disfruto de mis otras pasiones: los cómics, la música y los videojuegos.
Nací en Zaragoza en 1985 y descubrí el mundo de los cómics pocos años después, cuando mis padres me pusieron la película de Superman de Reeve y en los primeros segundos aparecía un número de Action Comics y la voz de un niño lo presentaba mientras pasaba sus páginas. Desde entonces he descubierto cientos y cientos de colecciones de cómics, de cientos de temáticas y de incontables editoriales. Y espero seguir conociendo más y más.
Pedro de Mercader. Barcelonés de nacimiento (noviembre, 1992) hasta que me picó una araña y me fui a habitar a mundos imaginarios. Mi pasión desaforada por los cómics, el cine y los videojuegos me hizo estudiar comunicación audiovisual y creció en mí una necesidad por intentar contar historias en cualquier medio posible y hablar sobre las narraciones ajenas. Quise ser Tony Stark y me quedé en Jarvis. Gaiman, Miller Moore, Morrison, Brubaker y Hickman (entre muchos otros) son mis guías. Estaba perdido en el espacio, hasta que mi nave hizo un viaje interdimensional y acabé en este lugar amigable. Salvo por Annilihus.
Logroño, 1988. Las series de dibujos animados de Spiderman y de La Patrulla X de los 90 me enseñaron a amar a los personajes de cómic. Ultimate Spiderman de Bendis me dio a conocer el mundo del cómic de superhéroes propiamente dicho. A partir de ahí todo fue rodado: Frank Miller, Alan Moore, Mark Millar, Garth Ennis... mi amor por el cómic nunca paró ni de crecer ni de enriquecerme. Colaborar en Zona Negativa es devolverle al noveno arte tan sólo una minúscula parte de lo que me ha dado a mí.
Madrileño del 92, al que se le ocurrió la bonita idea de estudiar Sociología. Amante del cómic desde siempre. Ibáñez me desvirgó, el manga me hizo pasar muy buenos ratos, y finalmente con el cómic americano y especialmente con DC Comics terminé madurando el amor que siento por este arte, por lo que ahora mismo leo de todo, incluso Marvel. Actualmente, encantado de colaborar en Zonanegativa, que me permite disfrutar de mi gran pasión: los cómics, canalizada a través de mi otra gran pasión: la escritura.

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Pau
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Pau

Gracias por vuestras interesantes opiniones. La mia es que ha sido un poco decepcionante, la primera parte del escrito de daniel gavilan expresa mejor lo que pienso de la temporada de lo que yo podria hacerlo. Sin embargo no me satisface tanto y mis sensaciones van mas en la direccion de pedro mercader. Ademas fanservice para todos menos ,previsiblemente, para mi , que queria ver a tyrion a lomos de un dragon y parece que ya faltan efectivos. Nada , salvo lo de meñique ,a sorprendido en toda la temporada . Antes la veias y posiblemente te quedaras pensativo ,ahora es un entretenimiento mucho mas ligero. Siendo justos ,en su contra va que los libros no esten acabados , lo que convierte la historia televisiva en canon ,y es mas facil sentir rechazo hacia ella pues no puedo evitar pensar muchas muchas veces, esto martin no lo habria hecho asi. Con todo pienso en perdidos y en el desatroso final , en parte por lo poco de fanservice que tuvo, y creo que es mejor escapar de esta forma que con jack en el purgatorio 🙂

Esfingo
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Esfingo

Lo citáis varios pero a mi lo de Meñique así como su tratamiento las ultimas temporadas me ha parecido de vergüenza ajena

Save
Lector
Save

Fanfiction de alto presupuesto, justo lo contrario del espíritu de la saga. Los actores y los directores salvando la pésima labor de los guionistas, que han tenido años para preparar el momento en que adelantaran completamente a Martin y ni por esas. El sexto capítulo, un despropósito que casi se carga la serie.

Siempre no quedará Jaime Lannister.