#ZNLibros – Michael Cimino: Las Puertas de América

Reseña sobre Michael Cimino: Las Puertas de América, libro monográfico dedicado a la carrera del cineasta de El Cazador, La Puerta del Cielo o Manhattan Sur

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cimino

Edición nacional/ España: Cine Ultramundo
Autor: Varios
Formato: Rústica
Páginas: 483
Precio: 27€

 

Después de dos estimulantes propuestas como fueron Rob Zombie: Las Siniestras Armonías de la Sordidez y Terminator: El Imperio de Skynet el equipo del blog Ultramundo encabezado por su creador Miguel Díaz González edita su tercer libro relacionado con el mundo del séptimo arte. En esta ocasión el proyecto ha sido editado bajo el sello del mismo blog (recordemos que los dos ensayos previamente citados fueron publicados bajo el sello de las editoriales Tyrannosaurus Books y Applehead Team respectivamente) y como trabajo supone la primera entrega de una colección titulada Cineastas Ilustres y Malditos. Este primer volumen tiene como protagonista a uno de los directores más peculiares de la historia del celuloide reciente, el norteamericano Michael Cimino, autor cuya carrera ascendió al Olimpo de los Dioses con la misma velocidad con la que descendió del mismo sólo unos pocos años después, quedando su prometedor futuro como uno de los realizadores con más proyección del Hollywood de los 70 y 80 maltrecho y llegando a convertirse en un profesional denigrado y maltratado por motivos que en ocasiones no se adscribían estrictamente al medio cinematográfico.

La elección de Michael Cimino para empezar esta nueva colección es un gran acierto y una declaración de principios ya que la carrera del italoamericano, que como sabemos falleció a los 77 años el pasado año 2016, es una de las más interesantes de la historia del cine reciente por motivos tanto profesionales como personales. Después de escribir varios guiones para obras ajenas Michael Cimino debutó en el mundo del cine de la mano de Clint Eastwood con Un Botín de 500.000 Dólares para pocos años después saborear las mieles del éxito con la mítica El Cazador, cinta protagonizada por Robert de Niro con la guerra de Vietnam como telón de fondo que triunfó allá donde se estrenó aumentando exponencialmente la popularidad y prestigio de su autor. Tras ella llegaría la debacle con la incomprendida epopeya La Puerta del Cielo, enorme superproducción que supuestamente hundió a la United Artists y cimentó la fama de Cimino como realizador megalómano, excesivamente perfeccionista e intratable. A partir de ahí su carrera nunca fue la misma, aunque llegó a tener algún que otro repunte de calidad y crédito como su siguiente película, la muy recuperable Manhattan Sur (Year of the Dragon).

Michael Cimino: Las Puertas de América aborda toda la carrera del director desde sus inicios hasta sus últimos trabajos detrás de las cámaras desglosando este trayecto profesional y vital de manera pormenorizada. Ya desde la preciosa ilustración de Nacho Castro que copa todo el protagonismo en la portada del libro o la de uno de los mejores carteles de La Puerta el Cielo que hace lo propio en la contraportada podemos ver el cariño y la meticulosidad con los que el trabajo ha sido abordado por sus autores. Después del prólogo a manos de Antonio Rico hablando sobre la esencia de la obra de Cimino y otro capítulo escrito por Miguel Díaz González explicando la gestación del proyecto y los pormenores que sufrió el desarrollo del mismo llega la introducción de Iván Suarez que nos pone en contexto para comenzar con la lectura del trabajo que ha sido abordado por un puñado de viejos conocidos de la reseña cinematográfica en nuestro país como Jorge Fonte, Antonio Pardo Larrosa, Jordi Revert, Sofía Carlota Rodríguez, Joaquín Vallet Rodríguez o el ya citado Iván Suárez, comandados todos por Díaz González en labores de coordinación.

El primer capítulo del libro propiamente dicho está dedicado a los orígenes de Cimino y se centra en su vida desde su nacimiento en 1939, pasando por su formación académica y abarcando sus influencias tanto cinematográficas como literarias. Aborda su pasión por la arquitectura (que más tarde extrapoló a su obra como cineasta) sus primeros pasos en Hollywood (donde pudo codearse con dos de sus pasiones, las mujeres y los coches) y coqueteos prematuros con el mundo del séptimo arte. El segundo, a cargo de Iván Suárez y Miguel Díaz, se centra en los dos guiones en los que intervino para films de otros directores como los de Naves Misteriosas (Silent Running) o Harry el Fuerte (Magnum Force). El primero era una atípica cinta de ciencia ficción (con notable mensaje ecologista en su subtexto) dirigida por el experto en efectos especiales Douglas Trumbull y el segundo era la primera secuela de las aventuras policiales de Harry Callahan para la que reescribió un libreto que había ideado el célebre John Milius y en la que mantuvo contacto por primera vez con quien sería su mentor a la hora de debutar como cineasta sólo un año después, Clint Eastwood.

Una vez que Michael Cimino: Las Puertas del Cielo se adentra en la filmografía como director del norteamericano y al igual que sucedía con los dos anteriores libros editados por el equipo de Ultramundo la estructura a la hora de analizar cada uno de los largometrajes es el de las famosas “MegaCríticas” nacidas en dicha web. Un tipo de extensa reseña en la que se incluyen ficha técnica/artística, sinopsis, la crítica propiamente dicha y apartados muy jugosos y abundantes en información como los “Así se Hizo” que en la obra que nos ocupa copan gran parte del interés debido a las innumerables anécdotas que añaden sobre la gestación, rodaje y estreno de los films. Dichas disecciones se las reparten varios de los autores del libro como Joaquín Vallet Rodrigo o Jorge Fonte y un omnipresente Iván Suárez que se responsabiliza, unas veces en solitario y otras acompañado, de los ya citados making of que enriquecen considerablemente la visión que se da de los distintas películas. Todo ello estructurado de una manera homogénea en la que unos textos y otros forman un cohesionado todo en el que no sabemos cuando acaba el trabajo de uno de los escritores y empieza el de otro.

De esta manera no sólo encontramos en el ensayo opiniones bien formadas y fundamentadas sobre todos y cada uno de los trabajos de Cimino, también llegamos a conocer anécdotas curiosas sobre Un Botín de 500.000 Dólares (Thunderbolt & Lightfoot) como el de los conejos en el maletero o la revelación que supuso en la obra un jovencísimo y carismático Jeff Bridges, la dificultosa producción de El Cazador a manos EMI Films (división cinematográfica de la famosa discográfica) cuando decidió coquetear con el mundo del celuloide y la repercusión social y política que tuvo la cinta una vez se estrenó con seguidores y detractores de la misma. Pero es de recibo hacer una parada en el capítulo dedicado a La Puerta del Cielo, el posiblemente mejor de todo el libro, en el que llegamos a conocer de primera mano cómo fue el controvertido, caótico y descomunal rodaje del neowestern con vocación de clásico instantáneo que supuso en su estreno uno de los mayores fracasos de la historia del séptimo arte y el fin de la “relación de amor” entre Hollywood y los directores del nuevo cine americano nacido durante los 70 a manos de autores como Francis Ford Coppola, George Lucas Martin Scorsese, Steven Spielberg, Brian de Palma o el mismo Cimino.

Aunque un servidor, así como muchos otros seguidores de Michael Cimino, considera Manhattan Sur (Year of the Dragon) uno de sus mejores trabajos bien cierto es que su filmografía post Las Puertas del Cielo es menos interesante. Pero contra todo pronóstico los autores del libro saben sacar oro de trabajos que no cumplieron las expectativas depositadas en ellos como el remake de 37 Horas Desesperadas, El Siciliano o su testamento cinematográfico, Sunchaser. Iván Suárez y Jorge Fonte aúnan fuerzas para que los episodios dedicados a dichas producciones mantengan el nivel de los que hablaron previamente de los tres primeros trabajos del italoamericano mencionando curiosidades, incluyendo declaraciones de miembros de los equipos técnicos y artísticos de todos los films y finalmente dando una opinión estimulante y profesional sobre una segunda parte de la carrera de Cimino que no estuvo a la altura del enorme talento que atesoraba como narrador de historias, realizador detallista y amante de su trabajo.

Una vez se ha diseccionado la filmografía oficial del cineasta encontramos otros capítulos que siguen abarcando su carrera profesional. El primero habla de los últimos años de Cimino posteriores al paupérrimo estreno y recibimiento de Sunchaser, hablando de su última incursión detrás de las cámaras, un muy olvidable corto dentro del largometraje coral Chacun Son Cinéma, los malintencionados rumores sobre su abuso de la cirugía plástica o su cambio de sexo y haciendo especial hincapié en la revalorización con el paso de los años, no sólo de La Puerta del Cielo cuando se estrenó el montaje del director, sino también de la carrera de Cimino en general como una de las más incomprendidas del cine contemporáneo. El segundo hace un breve, pero interesante, repaso por todos los proyectos truncados del protagonista o en los que trató de implicarse para después desvincularse de ellos con piezas tan dispares como una nueva adaptación de la novela El Manantial de Ayn Rand, Footloose, La Zona Muerta o Nacido el 4 de Julio. Con estos dos episodios termina la inestimable aportación de Iván Suárez a un proyecto del que fue uno de sus principales impulsores.

Los dos últimos capítulos están acometidos por Antonio Pardo Larrosa y Sofía Carlota Rodríguez. El primero habla de la relación profesional de Cimino con los compositores musicales de sus largometrajes, otro de los más interesantes del ensayo, en el que Pardo Larrosa muestra unos profundos conocimientos musicales que utiliza para diseccionar las bandas sonoras de El Cazador, con su famosa Cavatina a manos de Stanley Myers e interpretada por el guitarrista John Williams (nada que ver con el célebre compositor norteamericano), la preciosa partitura del por aquel entonces joven David Mansfield en La Puerta del Cielo que también trabajó en los tres proyectos posteriores de Cimino y mencionando también a su último colaborador, el francés Maurice Jarre, que puso notas musicales a Sunchaser. Para finalizar Rodríguez aporta una interesante entrevista al realizador que le realizó en el año 1990 con motivo del estreno del que por aquel entonces era su film más reciente, 37 Horas Desesperadas, para que el trabajo desarrollado en el ensayo termine con palabras en primera persona del cineasta.

Finalizado este somero repaso por todo el contenido de Michael Cimino: Las Puertas de América sólo queda hacer mención a sus virtudes y defectos. Como previamente apuntábamos desde la misma portada del libro se nota el mimo y la dedicación del equipo de autores a la hora de abordar el proyecto. Todos los escritores muestran, no sólo un considerable conocimiento de la obra del autor de El Cazador, sino también el respeto y la admiración que profesan por su obra, aunque sin llegar en ningún momento a la mitificación exagerada o la condescendencia con sus obras menos destacables. Esta labor se ve especialmente incrementada con el buen trabajo de coordinación a la hora de dar cohesión a la obra interconectando con acierto los diferentes textos y tonos de los autores para que formen un producto compacto en el que no desentone una visión con respecto a otra. Esta competente ejecución del trabajo transmite una sensación de profesionalidad que no todos los libros corales consiguen, ya que fallar con respecto a este apartado puede hacer tambalear los cimientos mismos del proyecto.

Pero con respecto a los aciertos lo más destacable por parte de Michael Cimino: Las Puertas de América es que el equipo de Ultramundo ha eliminado los dos fallos más notorios de sus dos anteriores libros, la maquetación y la saturación de información. La maquetación de Rob Zombie: Las Siniestras Armonías de la Sordidez y Terminator: El Imperio de Skynet tenían el encanto de parecer la de un blog sobre cine en el primer caso y la de un fanzine retro en la segunda, pero ciertamente eran mejorables en varios aspectos. En cambio la labor de maquetación en el libro que nos ocupa supone un paso de gigante con respecto a aquellos trabajos, con uso de imágenes a todo color, un diseño de las fichas técnicas/artísticas soberbio y un exquisito gusto a la hora de elegir las numerosas fotografías que pueblan las páginas del libro. Por otro lado en los dos ensayos previamente citados anteriores al que nos ocupa los copiosos datos que sus autores aportaban en ocasiones se antojaban algo farragosos, nos “sobreinformaban” y a veces era difícil digerirlos, pero en Michael Cimino: Las Puertas de América ese defecto se ha subsanado gracias a la adecuada dosificación del contenido, convirtiéndose en el libro de Ultramundo que se lee con más ligereza y fruición, casi 500 páginas que se pasan en un suspiro.

Como defectos, pocos, el único destacable es que si bien el capítulo Las Sociedades Musicales de Cimino, como previamente mencionábamos escrito magníficamente por Antonio Pardo Larrosa, es uno de los mejores de todo el libro también es cierto que está desarrollado de manera que desentona un poco con el resto del contenido del trabajo, ya que el autor hace mención a obras y detalles relacionados con la filmografía del cineasta que ya nos habían sido apuntados sustanciosamente en capítulos previos dedicados a su carrera y en ese sentido se pierde un poco el sentido de estructuración sólida que el destacable trabajo de coordinación había mostrado hasta ese momento cayendo en cierta redundancia innecesaria. Más allá de este detalle, que en ningún momento ensombrece los aciertos de ese apartado en concreto o la obra en su conjunto, nada más reprobable vemos en un trabajo como el que han realizado los implicados en un libro tan bien diseñado y ejecutado como el que protagoniza esta entrada.

Michael Cimino: Las Puertas de América es uno de los mejores libros relacionados con el séptimo arte de este año 2017, un producto indispensable no sólo para los fans del controvertido director, sino también para todo aquel aficionado al mundo del cine que quiera conocer una filmografía ecléctica repleta de éxitos y fracasos y cómo funcionan los, en muchas ocasiones, nada sencillos entresijos de la maquinaría hollywoodiense, normalmente propensa a cortar las alas de verdaderos autores como Michael Cimino por miedo a que puedan tomar el control total de los proyectos en los que se implicaban como sucedió con incontables clásicos de la época dorada del cine estadounidense. Los muchachos de Ultramundo se han marcado un magnífico homenaje al autor de El Siciliano o Un Botín de 500.000 Dólares con el que es hasta ahora el mejor de los libros que han ideado y poniendo con él la primera piedra de una colección sobre cineastas destacados y recuperables que promete bastante en un futuro próximo.

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