AMERICAN HISTORY X
“¿Sabes qué es la libertad? No tener miedo.” Sensei Sergio St. Carlos
A finales del siglo pasado, Paul Thomas Anderson firmó dos obras maestras (Boogie Nights y Magnolia) sin haber cumplido los treinta años. Sin lugar a dudas, Anderson se ha convertido por méritos propios en uno de los grandes cineastas contemporáneos. Una batalla tras otra es una muesca más en una filmografía repleta de títulos potentes como Pozos de ambición o El hilo invisible. El director californiano fija una mirada inusual sobre la agitada situación que vive Estados Unidos y que puede extrapolarse al resto del mundo. Como en otras películas de su filmografía, Anderson construye personajes sin relación (en este caso los interpretados por Leonardo DiCaprio y Sean Penn), obligándolos a vivir una confrontación que cambiará sus vidas para siempre.
Una batalla tras otra contó con tres semillas diferentes. La primera de ellas fue la novela Vineland, escrita por Thomas Pynchon. En ella, el autor se centraba en un grupo de personas que tenían que hacer frente a los actos radicales llevados a cabo en los años sesenta. PTA quiso tomar elementos de la novela de Pynchon, quien ya le había servido de inspiración en Puro Vicio, pero realizando una actualización de la historia e incluyendo dos elementos que rondaban en su cabeza desde hacía un tiempo: la historia de una revolucionaria y una persecución de coches por el desierto. Paul Thomas Anderson consiguió hilar estas tres ideas formando un triángulo sin fisuras, un guion marca de la casa maravillosamente escrito. El primer acto, de una media hora de duración, sirve para presentarnos a un personaje destinado a entrar de lleno en el imaginario de la cultura pop: Perfidia Beverly Hills. Una vez finalizado este extenso prólogo, una elipsis de dieciséis años nos sitúa en tiempo presente.
«El 75 francés» es un grupo revolucionario cuyos miembros están muy comprometidos con su causa. La citada Perfidia es quien lleva la voz cantante junto a su amante, experto en explosivos, Ghetto Bob. Sus acciones antisistema van desde liberar a migrantes encarcelados hasta robar bancos para financiar sus fines. El día que se cruza en su camino el Coronel Lockjaw, su futuro dará un giro de 180 grados. Interpretado por un genial Sean Penn, Lockjaw es una especie de Javert incansable en la búsqueda de impartir su particular justicia. Sin embargo, mal que le pese, este militar resulta quedarse prendado por la sexualidad de Perfidia…
Probablemente nos encontremos ante el trabajo con más humor en la carrera de Paul Thomas Anderson. La mayoría de los momentos hilarantes tienen que ver con la figura de Ghetto Bob. La sátira es la forma de expresión elegida por el director de Embriagado de amor, para poner el dedo en la llaga sin que llegue a escocer demasiado. En plena era Trump, Una batalla tras otra resulta tremendamente actual y necesaria. Estados Unidos es un polvorín a punto de estallar como consecuencia de la deriva que está tomando la actual legislatura. ¿Es la revolución la única alternativa para derrocar el fascismo? ¿Están destinados estos movimientos en caer derrotados una y otra vez? Son interesantes cuestiones que nos plantea la película. Dependiendo de las inquietudes del espectador, estas podrán ser abordadas.

«Los Amantes de la Navidad» es la organización que gobierna en la sombra. Este grupo de supremacistas blancos, pero sobradamente preparados, destacan por su capacidad por hacer el mal. El Coronel Lockjaw ansía, por encima de todas las cosas, formar parte de dicho club, aunque antes tendrá que desintegrar secretos del pasado. El racismo, la esclavitud e incluso la expropiación de tierras a los nativos americanos forman parte de una historia que denuncia mucho más de lo que pueda parecer en un principio. PTA nos muestra una sociedad enferma, cada vez más polarizada. Una batalla tras otra tiene hechuras de western fronterizo que apunta en dirección a la caída de un imperio. Una ciudad santuario, el desierto… y una misión con monjas que cultivan marihuana. Puede parecer sacado de una película de Tarantino, pero lo cierto es que Anderson ha sabido desenvolverse como pez en el agua cuando le ha tocado abrazar le hipérbole. Tal vez por esto la Ainara de Los Domingos anhelase entrar en el convento…
Leonardo DiCaprio es el cabeza de cartel en un reparto muy coral. El niño bonito de Hollywood, con permiso de El Renacido, se muestra más desaliñado que nunca. Con un look que recuerda a El Gran Lebowski, DiCaprio da vida a un perdedor con espíritu revolucionario. El actor angelino colabora por vez primera con Anderson. Con apenas 50 años, DiCaprio ya sabe lo que es trabajar a las órdenes de Scorsese, Spielberg, Nolan, Eastwood, Cameron, Tarantino, Iñárritu o Scott. Su talento, unido al reclamo que supone para la taquilla, le facilita elegir proyectos de postín. DiCaprio oposita una vez más al Oscar con un personaje roto capaz de hacer cualquier cosa por su hija, Willa. Aquí entra de lleno la inexperta Chase Infiniti. A la joven actriz, vista en la serie Presunto inocente, se le augura un plácido futuro por delante. Es difícil estar a la altura de titanes de la actuación como son DiCaprio y Penn; Infiniti no solo lo logra, sino que lo hace con nota. Hablando de Penn, hacía tiempo que no disfrutábamos de su presencia en un proyecto de gran envergadura. Encarnando al repulsivo Coronel Lockjaw está superlativo. Tras saborear las mieles del éxito con Mystic River y Milk, no sería de extrañar que consiguiera su tercera estatuilla dorada por un papel en las antípodas de su propia ideología.

Del resto del reparto cabe destacar a ese gran descubrimiento llamado Teyana Taylor. La otrora cantante de rhythm and blues construye un auténtico personajazo al que echamos de menos en buena parte del metraje. Rebelde, explosiva, fuerte, sexual, violenta… Perfidia Beverly Hills traspasa la pantalla para alojarse en nuestro interior por siempre jamás. Ojalá saber más de sus aventuras en México, Cuba o Argelia en formato cómic… En el plantel también nos encontramos a un inolvidable Benicio del Toro metiéndose en la piel de otro personaje excelentemente concebido como es el Sensei Sergio St. Carlos. Casi siempre desde la segunda línea, Del Toro es un robaescenas de manual. Otros rostros conocidos son los de Regina Hall (de la saga Scary Movie), Alana Haim (protagonista del anterior trabajo de PTA, Licorice Pizza) o Tony Goldwyn (el villano de Ghost).
El multidisciplinar Paul Thomas Anderson escribe, dirige, fotografía y monta una de las películas del año. Una batalla tras otra se sustenta sobre la relación paternofilial (Bob-Willa) para ahondar en la polarización del mundo. En estos tiempos de fake news y conspiraciones varias, la película se impregna de la neurosis que nos rodea dando como resultado una obra la mar de particular con muchas capas de profundidad. Las casi tres horas de duración transcurren en un suspiro. Una batalla tras otra parece hacer referencia al conflicto ad aeternum instalado en el país del Tío Sam desde tiempos inmemoriales.
LO MEJOR
+ Paul Thomas Anderson, en todas sus vertientes.
+ Perfidia Beverly Hills y Sensei Sergio St. Carlos, personajes para el recuerdo.
+ Lo solvente que se muestra el reparto en su conjunto.
LO PEOR
– La BSO compuesta por Jonny Greenwood carece de una pieza memorable.
– No poder contar con el personaje de Perfidia durante buena parte de la película.
– Que el humor hilarante e, incluso, la acción pueda difuminar el retrato social realizado por Paul Thomas Anderson.
Dirección - 10
Guión - 9.5
Reparto - 9.5
Apartado visual - 9.5
Banda sonora - 7
9.1
Revolucionaria
Una batalla tras otra es el fiel reflejo de un un mundo cada vez más polarizado. Paul Thomas Anderson dirige una película a la altura de sus grandes obras gracias a un guion escrito a las mil maravillas y un montaje excepcional. Su reparto, liderado por Leonardo DiCaprio, se muestra en estado de gracia.









Peliculón tremendo, a ver si de esta vez coronan a Paul Thomas Anderson con algún Oscar, que ya parece lo que fue en su día Scorsese. DiCaprio y, sobre todo, Sean Penn se lucen (recomiendo 100% verla en VOSE el que pueda). Junto con Boogie Nights y Pozos de Ambición, conforma el trío de ases de su director. Imprescindible.
Los puntos cómicos, rozando la parodia, hacen que sea una peli mucho más amena de lo que parecería por el mensaje, pero este es tan claro que no creo que se pierda. Me sorprende no haber visto más gente enfadada en EEUU por el retrato de su actualidad.
Excelente película, no hay mucho más que agregar respecto a sus virtudes. Eso si, sobre lo que podrían ser sus defectos, discrepo respecto a lo planteado sobre la banda sonora. Cumple perfectamente la labor de mantener tu atención en la película (que con casi 3 horas de duración te exige bastante) y recordarte periódicamente que estás viendo un thriller (esas notas de piano como si un gato caminara por el teclado me provocaban una tensión física).
[spoiler title=»Spoiler sobre Perfidia»] Por otra parte, creo que el personaje de Perfidia cumple el rol que la historia necesitaba que cumpliera: ser la otra cara de la moneda que es Lockjaw, es decir, alguien que disfruta del peligro y la violencia. Por lo mismo se atraen. La única diferencia es que Lockjaw tenía el gobierno detrás, y por eso, cuando Perfidia se enfrenta a las consecuencias de sus acciones, se queda sola y sin apoyo. Así que abandona a sus aliados y huye, dejando al resto de los personajes lidiar con las consecuencias de sus acciones por el resto de la historia. Quizás sea interesante una historia sobre su redención (o su fracaso en conseguirla), pero por lo menos yo no la eche en menos el resto de la película.
Otro punto que me parece interesante de la película es que contrapone dos formas de oposición frente al autoritarismo: por un lado, la revolución armada, representada por los 75 francés y cuyo objetivo es oponerse directa y violentamente a la autoridad; y por el otro, la ayuda comunitaria, representada por el Sensei Sergio, cuyo objetivo es ayudar a su comunidad, aunque eso lo coloque en una posición de ilegalidad frente a la autoridad. Y la historia es bastante clara respecto a cual medio produce más resultados, por lo menos desde la perspectiva de PTA.