#ZNCine – Crítica de Oppenheimer, de Christopher Nolan

Ya hemos visto Oppenheimer, la última cinta de Christopher Nolan protagonizada por Cillian Murphy, y os dejamos con nuestras primeras impresiones.

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Dirección: Christopher Nolan
Guion: Christopher Nolan, basada en el libro de Kai Bird y Martin J. Sherwin
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: Cillian Murphy, Emily Blunt, Matt Damon, Robert Downey Jr., Florence Pugh, Kenneth Branagh, Josh Hartnett, Jack Quaid, Rami Malek, Dane DeHaan, Michael Angarano, Benny Safdie, Matthew Modine, David Krumholtz, Dylan Arnold, Alden Ehrenreich, Olli Haaskivi, Gary Oldman, Olivia Thirlby, Tony Goldwyn, Casey Affleck, Jason Clarke
Duración: 180 min
Productora: Universal Pictures, Atlas Entertainment, Syncopy Production, Gadget Films.
Nacionalidad: Estados Unidos

Al fin tenemos en la gran pantalla (y puedes asegurar que Nolan quiere que la veas en la mayor pantalla posible) Oppenheimer, la última y esperada película de uno de los grandes directores contemporáneos como es Christopher Nolan; y, como suele ser habitual en su impecable filmografía, el director de Memento, Origen o El Caballero Oscuro vuelve a ser un rara avis en nuestros tiempos trayendo de nuevo una cinta original a la cartelera, basada, eso sí, en el libro American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer, de los autores Kai Bird y Martin J. Sherwin, y transformada en un guion adaptado por el propio Christopher Nolan. Pero, con Nolan, cada película, sea cual sea su argumento, es todo un acontecimiento, y no lo ha sido menos con esta Oppenheimer que es también su primer proyecto alejado de Warner Bros., de la que huyó tras estrenar a duras penas durante la pandemia su anterior trabajo, Tenet, y criticando duramente a la compañía por volcar gran parte de sus estrenos en el streaming; Nolan, uno de los grandes defensores de la experiencia en salas, eligió a Universal como su nueva casa, aunque pocos han pasado por alto la estrategia vengativa de Warner de estrenar a la vez Barbie, dando lugar a una situación que ha sido todo un disfrute en redes sociales pero que, siendo sinceros, no puede alegrar a ninguno de los implicados en las dos películas, con lo vitales que se han vuelto los resultados en taquilla del primer fin de semana, que estará dividida a la fuerza este fin de semana entre dos de las películas más importantes de la temporada. Pero, volviendo a Nolan y a esta Oppenheimer, el director se ha volcado con su estreno (con especial hincapié en el formato IMAX, del que por desgracia estamos prácticamente huérfanos en España). Pero no divaguemos más y pasemos a lo importante: ¿está Oppenheimer a la altura de sus expectativas, o ha sido demasiado incluso para Nolan afrontar el reto de contar la historia de la creación de la bomba atómica durante tres horas en pleno verano? Encendamos nuestros contadores geiger y veamos cuánto nos podemos acerca al viaje de Christopher Nolan al corazón (y el alma) del Proyecto Manhattan.

Hay algo de reverencial, incluso diría de litúrgico si no me acusasen al momento de fanático de su cine, cuando se encienden las luces al final de una película de Christopher Nolan. Es algo que ocurre, sobre todo, desde que el director de Memento decidió abrazar su lado más autoral una vez instalado en las grandes ligas de Hollywood, y me atrevo a decir que pudo haber ocurrido con el estreno de Inception allá por 2010. Y es que, después de aquella fundacional Memento y hasta romper la taquilla con El Caballero Oscuro en 2008, Nolan permanecía agazapado, aunque manteniendo sus convicciones con destellos como los de Insomnia o The Prestige, pero sinceramente creo que fue con Origen (rodada entre The Dark Knight y The Dark Knight Rises) con la que Nolan comenzó a hacer el cine que de verdad quería hacer en Hollywood, y donde comenzó a liberarse de ataduras comerciales gracias al billete dorado que había encontrado en la chocolatina del universo de Batman, convirtiéndole en un autor mimado por el estudio en lo que significaba presupuestos holgados y repartos de relumbrón asegurados, pero sobre todo le daba vía libre para coger al fin ese ídolo perdido al más puro estilo Indiana Jones: la libertad creativa. De ahí en adelante, todos los proyectos de Nolan fueron tremendamente personales y siempre bajo sus innegociables condiciones: de Dunkirk a Interstellar, pasando por Tenet y desembocando en esta inabarcable Oppenheimer, quizás (y lo dice el fanático de Nolan -a quién quiero engañar- que comenzaba este párrafo hablando de liturgias) el punto álgido de la hasta ahora casi impecable carrera del director británico. Porque en Oppenheimer nos encontramos ante una obra en la que Nolan se desliga definitivamente de las expectativas del espectador para ofrecerle un viaje audiovisual y narrativo arrebatador en torno a la figura de Julius Robert Oppenheimer.

Pero no nos llevemos a engaño. Aunque lo parezca en los primeros compases de su narración fragmentada, Nolan no pretende hacer un biopic al uso (ni muchísimo menos), y por descontado cualquier sospecha de hagiografía al respecto de Oppenheimer o del propio Proyecto Manhattan salta por los aires desde el mismo comienzo de la película. La misma figura de Oppenheimer es a la vez un corazón oscuro y gravitacional de la cinta, una figura omnipresente y a la vez esquiva al escrutinio de un espectador que, más que nunca incluso en una filmografía que contaba con un compendio de cómo hacer un truco de magia, asiste incrédulo a un ejercicio maestro de prestidigitación en torno a un personaje como pocas veces se ha visto en la gran pantalla. Todo ello de la mano de un prodigioso Cillian Murphy, secundario habitual con Nolan que aquí recibe al fin el bastón de mando para dar todo un recital de interpretación, habitando la piel de Oppenheimer de un modo que no habíamos visto en ningún protagonista anterior de cualquier película de Christopher Nolan. Es de admirar cómo la película no pierde el foco en Oppenheimer en ninguno de los apabullantes 180 minutos con los que reta a la audiencia, que es invitada a serpentear por un guion denso y una historia que no empieza ni termina donde crees, en un Prestigio demoledor en su tercer (¿o cuarto?) acto que desvela las cartas de una película que ha sabido enseñarlas en todo su esplendor y a la vez guardarlas de manera magistral. Porque Oppenheimer va alimentando la historia a base de mezclar prosa y verso a la manera que mejor sabe Nolan, con explosiones continuas pero siempre girando en torno a esa explosión central de la prueba de Trinity que marca el pasado y el futuro que hemos visto a retazos.

Es encomiable el esfuerzo que hace Nolan en considerar cada nueva película como la mejor de su filmografía, como si cada nuevo proyecto fuera la despedida y cierre de su carrera. El director de Interstellar no está aquí para cubrir expediente, sino para darlo todo desde el primer minuto, y eso es algo que, al menos yo, agradezco infinitamente como espectador. Y, aún así, en esta Oppenheimer encontramos al Nolan más cuidadoso con sus personajes, pero a la vez que esa delicadeza alejada de los brochazos nos encontramos a toda una fiera en el aspecto de la realización, con un portentoso subir y bajar de intensidad entre conversaciones, pesadillas y cuentas atrás, entre fórmulas, convicciones políticas y abrumadores estallidos de sonido: porque Oppenheimer es también una demoledora experiencia audiovisual que no necesita de escenas de acción para mantenerte pegado a la butaca, gracias a un soberbio montaje y apartado sonoro que trabaja en armonía con la que es sin duda una de las grandes bazas de la cinta: la sobrenatural composición de Ludwig Göranssson, que ya experimentó junto a Nolan en Tenet y que aquí nos trae la friolera de 90 minutos de auténtica experiencia extrasensorial para retratarnos las explosiones e implosiones de una historia que pocas veces ha jugado tan bien con la anticipación, el silencio, el estruendo y el sonido como esta Oppenheimer que justifica como pocas su imprescindible experiencia en la sala más grande que puedas encontrar.

No hay término medio cuando nos embarcamos en un viaje con Christopher Nolan, y aquí los menos entusiastas de sus propuestas encontrarán también todos los excesos del director, pero, eso sí, muchísimo más refinados. Nolan sabe controlar la cámara, pero, sobre todo, sabe controlar un libreto que a pesar de la sobredosis de información y líneas temporales, nunca se recrea en lo sinuoso de su narrativa, y eso hace que las tres horas de metraje no se hagan pesadas a pesar de que podían haber estado, ciertamente, más abreviadas en algunos pasajes; aunque, eso sí, esos mismos pasajes que a priori parecen excesivamente alargados en el metraje y el montaje (como la declaración de Oppenheimer ante el tribunal de la renovación de sus credenciales de seguridad), al final corroboran su importancia en el continuo in crescendo de la película. Oppenheimer, a pesar de esta narrada en diferentes niveles y repleta de continuos saltos temporales, acaba siendo un todo completamente satisfactorio, dando la sensación final de que cada pieza estaba puesta con una intención. Cabe destacar también el impecable papel de Robert Downey Jr., imprescindible en la cinta para hablarnos, en definitiva, de los grandes egos de los hombres pequeños, ya sea en la piel de Lewis Strauss, Hitler, Truman o en la del propio Oppenheimer y sus miserias, y que puede servir perfectamente como complemento inesperado y conclusión misándrica a Barbie (quién nos iba a decir que ahí estaba el verdadero enfrentamiento contemporáneo de las dos cintas), tras 180 minutos de hombres hablando sobre quién tiene (o puede hacer) la bomba más grande. Nolan, eso sí, repite aprobado raspado en su gran asignatura pendiente, y es la de los personajes femeninos, que aquí se salvan in extremis gracias a la redención del personaje de Emily Blunt en una escena para el recuerdo.

¿Qué decía al principio de esa sensación litúrgica al encenderse las luces tras una película de Christopher Nolan? Ah, sí, ya me acuerdo. Viene a ser algo así como que ni mi creciente animadversión hacia las salas de cine producto de un carácter huraño a la hora de ver películas que ha ido surgiendo en mí con la edad (y una lejanía física de los cines más cercanos que me obliga muchas veces a quedarme en mi palacio de cristal) puede evitar que ir a ver Oppenheimer haya sido una de las mejores experiencias cinematográficas del año, con lo que me molesta la diferencia en comodidad de la butaca del cine a mi querido sofá de casa. De todos los gurús que intentan recordarme el santuario que debería ser la sala de cine, tengo que reconocer que sólo Nolan es el que me convence definitivamente de que ni loco tenía que haberme esperado al streaming o al formato físico para ver con mis propios ojos cómo se recrea una explosión nuclear sin CGI, o, más importante aún, descubrir cómo aquél que se definió a sí mismo como el destructor de mundos tenía la llave para la salvación del mismo a la vez que de su propia redención. Una de esas historias tan terribles y actuales que nos recuerdan que el cine, en buenas manos, puede ser espectáculo y trascendencia a la vez, una imparable reacción en cadena a 24 fotogramas por segundo que puede llegar a brillar más que una estrella. No apartéis los ojos de la explosión, os aseguro que merece ser vista en pantalla grande. Y hasta aquí puedo escribir esta crítica porque, como bien dice el propio Oppenheimer en la película, la teoría llega hasta cierto punto. Así que ya estáis tardando en sacar la entrada.

Dirección: Christopher Nolan Guion: Christopher Nolan, basada en el libro de Kai Bird y Martin J. Sherwin Música: Ludwig Göransson Fotografía: Hoyte van Hoytema Reparto: Cillian Murphy, Emily Blunt, Matt Damon, Robert Downey Jr., Florence Pugh, Kenneth Branagh, Josh Hartnett, Jack Quaid, Rami Malek, Dane DeHaan, Michael Angarano, Benny Safdie,…
Dirección - 10
Guion - 9
Reparto - 9
Aspecto Visual - 10
Banda Sonora - 10

9.6

Oppenheimer es, posiblemente, la mejor película hasta la fecha de Christopher Nolan, un apabullante estallido audiovisual y narrativo que nos mantiene tres horas pegados a la butaca en una de las películas del año.

Vosotros puntuáis: 7.54 ( 22 votos)
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Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
23 julio, 2023 1:43

Vista recién. Mucho Nolan en todos los sentidos, los que me fascinan y los que no tanto. A falta de salir la de Scorsese y Napoleón (que 2023 la p…madre!!) es LA película del año, eso seguro. Visualmente impecable, bien cada uno de los actores, hermosa banda sonora. Peeero…es una de Nolan.
Pensé que con Dunkerke iba a aflojar un poco el palabrerío y las explicaciones (con un cuadro de film para recordarnos como siempre) pero no, a la septima potencia (por lo menos acá no son para confundir +++ como en Tenet). Y post Kaboom…se convierte en Todos los hombres del Presidente en un cuartito. Por una hora más. Entiendo el estilo pero es muy, muy anticlimático. Un poquitin de recorte le hubiera venido bien. La banda sonora es genial pero allthefuckintime…igual ya maneja un poco mejor los silencios.
Y el Kaboom…es como en Flash, capaz es un tema de expectativa. Me quedo un millón de veces con el episodio 8 de Twin Peaks T3. Eso era sentir el mal desatado en la Tierra. Esto es…Nolan. «Realismo».
Dicho todo esto la pase de puta madre, es un peliculón, un 9 está muy bien. Pero para mi está un pelín abajo de TDK y El Origen.
Y es genial que la gente agote las salas para ver una película así en plenas vacaciones de invierno (digase dictadura de pequeñines). Viva el cine!

Last edited 1 año atrás by Dr Kadok
Florthep
Florthep
Lector
31 julio, 2023 12:02

Una película de Ron Howard dirigida y montada por Christopher Nolan. Como convertir una historia compleja en un thriller político cuando quizás requería un tono más oscuro y operístico (oscuro en el sentido de que se está creando un arma de destrucción masiva), muy poco espacio para secundarios y la vida en Los Álamos. Los silencios no son para expositivos, son efectistas, no ha buscado bien las aristas del personaje. Mujeres, ese gran misterio, ¿tú las entiendes? Nolan tampoco. Oppenheimer, que mente más brillante pero que pena que fuera ROJO, ¿es necesario tener ideas de izquierdas en el país de la libertad? Nolan dice no. Mención aparte merece la explosión, quizás hace 30 o 40 años hubiera sido un logro pero pero no consigue mostrar lo que significa un arma atómica: Miedo y Muerte. Y si, David Lynch lo hizo mejor.

Justiciero Desmesurado
Justiciero Desmesurado
Lector
En respuesta a  Florthep
31 julio, 2023 14:36

– ¿Sabes que pasa cuando veo una película de Nolan?

– No, ¿Que pasa?

– Que Nolan tiendo

Florthep
Florthep
Lector
En respuesta a  Justiciero Desmesurado
31 julio, 2023 16:00

Dónde no hay nada, no hay nada que entender.

nmarango
nmarango
Lector
21 agosto, 2023 7:59

Vista recién y en IMAX. Excelente en todos los aspectos. Nada que agregar a la reseña.

Quizás es la película que necesitamos en medio del debate por la I.A.