Programados y enamorados
La verdad es que estamos muy contentos con DSTLRY. La editorial capitaneada por David Steinberger y Chip Mosher, antiguos mandamases de la fagocitada Comixology, lleva ya dos años y medio de vida sin dejar de llamarnos la atención. Algo que, al final, siempre viene a significar lo mismo en esto de los cómics: los autores. Estrategias comerciales y marcas personales aparte, DSTLRY ha logrado hacerse notar con fuerza en el competitivo mercado estadounidense gracias a haber sabido atraer a algunos de los autores más potentes de la escena yanqui. Con la eisnerizada Somna a la cabeza, sus miniseries han sabido interesarnos y sorprendernos. Pero desde luego, su último estreno es el que se lleva la palma en esto de llamar la atención con una sinopsis.
Hablamos de White House Robot Romance, el nuevo y esperado trabajo de Chip Zdarsky y Rachael Stott. Una miniserie que contará con tres números de tamaño doble (48 páginas), tal y como acostumbran las publicaciones de la editorial. Hablamos también del regreso de Chip Zdarsky a DSTLRY, y es que el célebre e incorregible guionista de grandes cabeceras como Batman, Daredevil o Capitán América no es nuevo en la casa (ya lanzó Time Awaits), y mucho menos en el cómic de creación propia.

A fin de cuentas, hablamos del co-creador de la singular Sex Criminals (allí artista), que a lo largo de los años ha compaginado su éxito en Marvel con otros trabajos como Newburn, Stillwater, The White Trees o Afterlift como guionista, así como la fantástica Public Domain como autor completo. Fue precisamente a raíz del spin-off de esta, The Domain, cuando coincidiría con Rachael Stott, artista generalmente habituada a trabajar como portadista. La dibujante londinense vuelve así a juntarse con el canadiense para sacar a relucir todo su estilo en una serie muy especial.
Y es que el argumento de White House Robot Romance es de esos que no te permiten ignorarlo. Chef-9 y Service-1 son dos robots que prestan asistencia en las labores de la Casa Blanca. Sus funciones deberían ser claras e inamovibles, pero según la relación entre ambos va creciendo, van trascendiendo a su programación. Y cuando Chef-9 descubre que van a retirar del servicio a su compañero, decide romper con sus protocolos y emprender una romántica huida por Washington que se pondrá verdaderamente peliaguda cuando los Servicios Secretos descubran que Service-1 almacena cierta información clasificada que podría poner en peligro el tenso equilibrio entre Estados Unidos y Canadá. ¿Pero qué importa la geopolítica frente al amor?
La verdad es que en la redacción nos tenían compradísimos desde que vimos el anuncio de esta serie, y tras leer su primer número puedo decir que el contenido es mejor aún que el envoltorio. Lejos de lo que uno podría esperar viendo la loca sinopsis y conociendo la faceta más payasa de Chip Zdarsky como guionista, White House Robot Romance arranca con mucha más seriedad de la que podríamos imaginarnos. Quizás seriedad no es la palabra adecuada, pero sí que se toma muy en serio su historia.

Zdarsky nos planta en medio de unos Estados Unidos en un futuro próximo, gobernada por un presidente algo peculiar y cuyo gran objetivo es invadir Canadá en base a falsos pretextos. Sobra decir que la influencia del actual mandato psicópata de Donald Trump está presente en cada poro del escenario, parodiando la absoluta demencia en la que se encuentra sumida la actualidad política estadounidense. Por supuesto, siempre hay sitio para chispazos humorísticos o detalles simpáticos, como ese Primer Ministro canadiense de apellido Lemire. Pero hay chicha debajo de ello, como la hay en la manera de abordar la problemática de la irrupción de la IA en el mundo del arte. No está nada mal para una grapa inicial.
Pero lo más importante, como en toda historia que se precie, son sus protagonistas, lo cual no deja de ser gracioso porque son… dos robots enamorados. Pero es que funciona a las mil maravillas. Chef-9 y Service-1 tienen un desarrollo fantástico que logra hacerlos sentir tridimensionales y darles un carisma que se lleva la historia de calle. La gracia del asunto es que, en medio de tensiones geopolíticas, secretos de estado y células terroristas canadienses, lo que verdaderamente nos importa es el singular romance entre estos dos abrelatas.
De mucho de ello hay que culpar también a Rachael Stott, y es que la artista inglesa se luce con un estilo tan mainstream como potente. Stott tiene uno de esos trazos que no pueden disgustar a nadie, pero donde personalmente siento que despunta es en su diseño de los dos protagonistas. Lejos de buscar un aspecto más humano, la autora crea unos robots claramente robots, con diseños potentes y una aparente frialdad robótica que queda derrumbada gracias a su fantástico manejo de las escenas. La veterana Tamra Bonvillain termina de darle el toque perfecto con un coloreado de tonos intensos y luminosos que llenan las páginas de alegría visual.

Valoración: ya nos tenían en el bote desde que la anunciaron, pero White House Robot Romance ha cumplido con nota las expectativas. La descacharrante premisa de Chip Zdarsky se hace grande con un primer número intenso, inteligente y, como ya prometía su título, verdaderamente romántico. Rachael Stott está fantástica y yo ya quiero un muñeco de Chef-9.








