Portada No es mi trabajo de Simonides y Jabier Etxagibel

Edición original: No es mi trabajo (Autsaiders Cómics, 2025)
Guion: Jabier Etxagibel
Dibujo: Simonides
Corrección de textos: Eduardo Bravo
Formato y precio: Rústica con solapas. 136 páginas. 17€

La jubilación como gincana.

«El procedimiento es el procedimiento.»

Tras años de contribuir a un sistema de pensiones – injustamente e interesadamente denostado en los últimos tiempos como parte de una campaña que busca hacer caer el estado del bienestar para privatizar muchos de sus recursos- que nos debería garantizar vivir nuestros últimos años con confort, cuando se alcanza la edad de jubilación el proceso se convierte en una sucesión de viajes por ventanillas, recopilación de documentos y tramites digitales que hacen del proceso algo realmente complejo, por las trabas que pone el sistema y lo poco que ayudan algunos funcionarios que muchas veces no tienen las aptitudes ni actitudes para desempeñar un trabajo de cara al público. Una mezcla de edadismo, brecha digital, burocracia farragosa y falta de profesionalidad que no hacen sencillo el proceso de recibir algo por lo que hemos trabajado toda la vida y que es uno de los grandes logros de los trabajadores. Una situación que Jabier Etxagibel (Arrasate, 1960) vivió de primera de primera mano hace un tiempo y que ha convertido en el guion de un cómic titulado No es mi trabajo que se ha encargado de dibujar Simonides (Murchante, 1952), apodo artístico de Ernesto Murillo, uno de los grandes nombres del combativo underground patrio que se forjo en la década de los setenta y con él que había colaborado en la novela gráfica Dolor de dientes hace más de veinte años. Este cómic nos llega de la mano de Autsaider, una de las editoriales que mejor recogen un espíritu combativo igual de necesario en estos días. Y entre muchas de las cualidades que adornan este cómic está la combatividad y el afán de denunciar las dificultades que tienen las personas mayores, pero sin dejar de lado la diversión.

En un divertido ejercicio de autoficción Jabier Etxagibel nos relata con el dibujo heredero de la línea chunga de Simonides como tiene que enfrentarse a todo tipo de trabas administrativas cuando decide jubilarse comenzando un peregrinaje por un sinfín de ventanillas y conversaciones con funcionarios. Un terreno muy poco explotado ya que, si la realidad de los jubilados apenas tiene eco en la ficción, las vicisitudes del proceso mucho menos y sirve para que la obra aborde temas como las dudes en cuanto a la duración de un sistema de pensiones que es básico y hay que defender con uñas y dientes de los recortes, además de las ya mencionadas trabas administrativas. Un parte que resulta muy realista, pero que quizás ocupa demasiado espacio haciendo que el protagonista experimente muchas veces las mismas situaciones.

Hacia la mitad del cómic se produce un surrealista y sorprendente giro de guion que lleva al alter ego de Jabier a acabar formando parte de una sección de la Ertzaintza como agente infiltrado haciendo que la historia incluya una crítica a algunas de las practicas más controvertidas de las fuerzas de seguridad como la corrupción, los abusos de poder y las formas de reventar manifestaciones. Una parte que funciona mucho mejor y que conecta de lleno el cómic con las delirantes situaciones que vivíamos en los cómics más contrasistema de los años setenta y ochenta publicados en cabeceras como El Víbora o Makoki, en las que colaboro Simonides lo que nos lleva a pensar que tuvo más peso en esta parte de la historia, que nos deja con ganas de que hubiera ocupado más espacio. Aunque como hemos dicho la trama se vuelve más surrealista, no deja de ser una parodia que bastantes visos de realidad de algo similar a lo que sucede con algunas actuaciones policiales y que deja ver a los grupos de jubilados que llevan años luchando no por sus pensiones si no por las de los que iremos detrás y que ya no tienen la difusión en medios que se merecen.

No es mi trabajo tiene dos partes bastante bien diferenciadas, aunque el espíritu reivindicativo, la mala leche y el humor negro con un punto socarrón se mantienen en ambas. Algo que con junto al estilo de dibujo de Simonides dota de coherencia y unidad a una obra que destaca por la fluidez narrativa fruto de una composición de página en la que abundan la estructura de tres tiras con dos viñetas y unos personajes muy expresivos y reconocibles.

En un mundo ideal tras muchos años de trabajo y contribución al sistema de pensiones, el proceso de jubilación debería ser sencillo. Sin embargo, en los últimos años la ola neoliberal y profundamente egoísta que recorre el mundo tiene como objetivo acabar con el estado de bienestar que se ha construido en Europa occidental en las últimas décadas para que los que más dinero tienen no tengan que contribuir de una manera proporcional y justa. Por eso es necesario que existan cómics como No es mi trabajo en el que Jabier Etxagibel y Simonides nos recuerdan con mucho humor pagamos impuestos para aseguramos unas prestaciones y una sanidad de calidad y no para engordas las arcas de novios de presidentas de comunidad y las cuentas de resultados de empresas de seguros y salud.

Lo mejor

• La acida critica a la burocracia.
• El reflejo desde l humor de una problemática real como es el peligro que corre el sistema de pensiones.
• El humor de toda la historia.

Lo peor

• La primera parte del cómic es algo repetitiva.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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