
24 horas antes del fin del mundo.
«Dejando que la vida decida. Sin hacer nada. Dejando que la vida decida. Dejando que decida si todo irá bien… dejando que decida si todo irá mal.»
Hace unos años que el mundo está regido por unos dirigentes que toman decisiones sobre las vidas de cientos de miles de personas como niños caprichosos. Una deriva que hace inevitable pensar en lo cerca que estamos que uno de ellos provoque un cataclismo global sin que la gran parte de la población sea consciente de lo que va a suceder hasta que sea una realidad. Así que lo más probable es que horas antes todos estemos ocupados en nuestros quehaceres cotidianos si ser conscientes de lo que nos viene encima, un tema que vimos hace unos pocos meses en la espléndida Meteoros (Salamandra Graphic) y que también aborda Antonio J. Jiménez (Jaén, 1993) en su cómic largo de debut Viene del este que acaba de editar hace unos días Blackie Books. Un proyecto en el que lleva más de una década trabajando y que desde sus inicios como historias cortas se ha convertido una obra larga que ha visto la luz gracias a las ayudas a la creación de Injuve.
En las primeras páginas del cómic vemos como una bomba cae comenzando el principio del fin de la civilización por un conflicto que ha convertido el mundo en un escenario postapocalíptico sin que sepamos muy bien las causas y los responsables, para posteriormente trasladar la historia a nuestros días que es la parte que ocupa el grueso del cómic. En concreto, Viene del Este transcurre durante las 24 horas del pasado 22 de marzo en las que nos sumergimos en las vidas cruzadas de varios personajes que viven en una ciudad sin identificar, aunque hay varias referencias a la Semana Santa que nos hacen pensar que es española, en la que no hay ningún conflicto. Un día que pasa como si nada que tiene la invasión de Ucrania por parte de Rusia de fondo, un conflicto candente cuando Jiménez estaba creando el libro pero que hoy en día ha sido opacado por los ataques de EE. UU. a Irán. Las noticias sobre el conflicto son el ruido de fondo de esas vidas que navegan por la rutina de lo cotidiano de un día que perciben como uno cualquiera donde vemos como lo ordinario y lo extraordinario que nos sucede cada día se entremezclan entre la sensación de normalidad que precede a cada cambio histórico para el común de los mortales.

Jiménez nos regala una historia coral en la que acompañamos a varios personajes con vidas y problemas muy diferentes que le sirven para abordar algunos de los problemas de la sociedad actual. Entre esas vidas entrecruzadas en las que nos metemos en marcha nos encontramos con una rider que reparte de todo a domicilio, un joven estudiante que ayuda a su padre en su tienda, una aspirante a influencer, el trabajador de una librería, un jubilado ciego llamado Anselmo… Un elenco de personas que viven a nuestro lado y que a lo largo de esas 24 horas que los acompañamos se enamoran, se enfadan con un amigo, se aburren, salen de fiesta, etcétera. Todas esas cosas que nos suceden a nosotros y nuestro entorne sin que les demos importancia ni las valoremos. Esos fragmentos de vidas sirven para que el cómic nos hable de temas como la precariedad económica, laboral y habitacional; el individualismo actual en el que nos movemos como sociedad; los problemas de incomunicación que provocan las nuevas tecnologías; o la incapacidad para empatizar con lo que sucede a nuestro alrededor. Una radiografía de una época llena de distracciones que nos alienan y nos impiden disfrutar de la vida convirtiéndonos en personas egoístas y mezquinas. Una visión que conecta este cómic con los de algunos de los autores que mejor han plasmado ese desencanto y abulia como Simon Hanselmann, Miguel Vila o Brecht Evens, aunque Jiménez no hace un retrato tan inmisericorde y deja espacio para mostrarnos algunos momentos de felicidad en las vidas de los protagonistas. Unos protagonistas que resultan tremendamente humanos y que al cambiar la historia de punto de vista continuamente nos permite ver el mundo a través de sus ojos.
Viene del Este es un propuesta ambiciosa y juguetona con el lector tanto por las temáticas que aborda como por la parte artística. Una parte visual en la que brilla el diseño de la ciudad que sirve como hilo conductor de la historia y que nos deja ver su formación como arquitecto con unos edificios perfectamente geométricos, un uso sobre todo de colores planos que junto con un trazo muy pulcro y rectilíneo emparentan su trabajo con el de Chris Ware. Una influencia que es palpable en todo el cómic ya que también vemos un afán por juzgar con el lenguaje del medio y experimentar llenándolo de aciertos visuales que hacen de su lectura una de las más originales y estimulantes del año. La forma de reflejar los estímulos constantes a los que estamos expuestos en cada momento con elementos como bocadillos entrecortados, viñetas cada vez más pequeñas, líneas que no llevan a ningún sitio…llenan de tensión la lectura reflejando el caos y estrés de la vida moderna. Un interés por usar el lenguaje del medio adecuándolo a las necesidades de la historia que hace que cada página tengo una composición única y en varias ocasiones tengamos que poner el cómic en vertical para leerlo, siempre en escena protagonizadas por Anselmo, que además sirven como interludio entre diferentes capítulos. Un cómic con un gran uso del lenguaje repleto de ideas gráficas muy bien ejecutadas que sirven potenciar las emociones que la narración quiere transmitir.
La edición de Blackie Books es muy cuidada como es habitual en ellos con un catálogo de cómics muy reducido, pero lleno de joyas como Cuando el viento sopla de Raymond Briggs. Un cómic con el que el que nos ocupa está mucho más vinculado de los que parece, ya que hablan de lo mismo, pero con un enfoque totalmente diferente. Seguramente por eso incluye una frase del mismo a modo de cierre.
Antonio J. Jiménez firma un increíble debut en el cómic largo con Viene del Este. Una propuesta que disecciona algunos males de la sociedad actual como la falta de empatía y el aislamiento que nos provocan las nuevas tecnologías mientras nos hace reflexionar sobre la importancia de apreciar lo cotidiano. Todo con un apartado visual donde el urbanismo y el juego con el lenguaje del medio tienen una importancia capital. Una obra que, sin duda, le hace un más que firme candidato a figurar como uno de los autores revelación de este año y, quizás, a mucho más.
Lo mejor
• El reflejo de nuestra sociedad.
• Las dobles páginas protagonizadas por Anselmo.
• El apartado gráfico y narrativo.
Lo peor
• La actualidad ha hecho que el titulo se haya quedado algo obsoleto ya que la amenaza del fin del mundo ahora mismo también viene del oeste.










