AL FILO DEL MAÑANA
«Nueva York huele a basura caliente…»
Después de un breve descanso llegamos al final de nuestro repaso de la última etapa de Veneno. Habiendo comenzado en 2021 el volumen llegaba a su fin en 2024, y lo hacía bastante cambiado en comparación a lo que habíamos podido ver en aquel inicio. Por algún motivo probablemente relacionado con el éxito de Rey de Negro, Marvel decidió terminar esta etapa con un evento editorial con un nombre a la más vieja usanza marvelita, Guerra Veneno, y si bien en este caso la escala de dicha iniciativa era considerablemente más pequeña el simbionte logró abrirse paso hacia otras colecciones por medio de diversos cruces y ‘tie-ins’. Este es el caso del cómic que nos ocupa hoy, quizá el cruce más importante del evento pues se da en la colección donde se origina todo el conflicto, que recoge los últimos cuatro números de la colección a cargo de Torunn Grønbekk, autora que heredó las labores de guionista en la serie de Ram V, mientras Al Ewing se encontraba ocupado escribiendo la miniserie central del evento.

La trama sigue a un viejo Dylan Brock que, luciendo una cicatriz y una melena plateada, inmediatamente recuerda a Cable. Esto sirve para situarnos de cara a la historia doblemente, sabemos que estamos viendo un futuro lejano y apocalíptico, y ya se deja entrever para evitarlo el protagonista tendrá que hacer uso de viajes temporales. Inmerso en una guerra contra máquinas simbionte que no puede ganar Dylan viaja al pasado para encontrar un arma que pueda ayudarle en su lucha y para solicitar el apoyo de viejos aliados que aún no conocen el destino que les depara. Desde aquí comienza para Dylan todo un viaje a través del universo Marvel, en el que tendrá que hacer frente a todo tipo de obstáculos.
El guion de Grønbekk es, en mi opinión, su mejor trabajo en la colección, y probablemente lo mejor que he leído de la autora en la editorial. La escritora noruega ha jugado un papel poco agradecido en la editorial, recogiendo las piezas que Donny Cates dejaba en la colección de Thor y como ya he mencionado haciendo lo mismo en Veneno tras la marcha de Ram V, y se ha ido buscando su propio protagonismo. En este sentido precisamente es donde fallaba en entregas anteriores, la trama de Viuda Negra tomando un simbionte y las aventuras por las que pasaba Dylan se distanciaban demasiado del resto de la epopeya que parecía querer crear Ewing. Es una separación que existía antes de su llegada a la colección, pero que se estaba volviendo demasiado grande. Sin embargo, en estos números Grønbekk se muestra completamente capaz de acercar ambas vertientes y combina el viaje de Dylan con la batalla temporal contra su padre. La autora construye misterios que se resuelven poco a poco según revela información, manteniendo un control notable del ritmo y logrando una lectura satisfactoria, a pesar de que la conclusión principal tenga lugar en la miniserie del evento.

En el apartado artístico volvemos a tener a CAFU, que explota su estilo al máximo con una combinación de realismo y claridad visual gracias a la atención que el dibujante pone sobre la anatomía y al trazo grueso de sus siluetas. Un gran trabajo que se ve elevado gracias a los colores de Frank D’Armata, que a mi modo de ver tiene en CAFU a uno de sus mayores aliados. Los tonos de D’Armata se compaginan muy bien con el entintado de CAFU y contribuyen a la limpieza visual del conjunto. Además de CAFU contamos con Germán Peralta para el dibujo, con un estilo de trazo más fino en el que destacan sobre todo las expresiones faciales. El trabajo de D’Armata sobre el arte de Peralta es más inconsistente, con viñetas sobresalientes y otras de aspecto más enturbiado por un baño de grises.
En definitiva, un cómic bastante solvente. Grønbekk hace un buen trabajo lidiando con el evento al tiempo que entrega unos números que se sienten como parte de la serie, aunque no se puede dejar escapar la realidad de que en estas páginas no encontramos el auténtico final de la serie. Desde esta perspectiva resulta un poco frustrante el no poder disfrutar dentro de la cabecera de la conclusión del conflicto que se lleva preparando desde el primer arco argumental. Una de las cosas que, por desgracia, pone de manifiesto esta etapa es la dificultad creativa que rodea al personaje de Dylan. Sus secciones tienden a ser las menos interesantes y ya desde su creación con Cates las tramas que le siguen fuerzan la separación de los Brock, quedando la dinámica padre-hijo casi inexplorada aún después de años.
Lo mejor
• El dibujo de CAFU.
• El guion de Grønbekk es su mejor trabajo en la colección.
Lo peor
• No poder disfrutar dentro de la cabecera de la conclusión a la historia de Eddie.
Correcto
Guión - 7.5
Dibujo - 8
Interés - 7
7.5
Un cómic bastante solvente.








